En estos días una de mis hijas le comentó a su novio que me regalaría por Navidad una botella de whisky. En atención a que mi hija le ha comentado acerca de mi casi extrema inclinación religiosa, su novio se extrañó y preguntó: "¿Tu papá que es tan religioso y toma?". Prontamente mi hija le aclaró a su novio que yo era muy inclinado al culto a Dios pero que no por buscar a Dios dejaba de vivir. Me alegré mucho al percatarme que lo conversado con mi hija no había caído en saco roto.
El caso es que, muchísima gente, por no decir gentuza, le huye a la vida espiritual por evitar ser arrastrado por un inexistente vorágine de mortificación extrema, el cual les han convencido que es necesario para alcanzar a Dios. Y es que, históricamente, movidos por los susurros de Satanás, los líderes religiosos se han dado a la tarea de convencer a sus feligresías que es necesario vivir dándose golpes de pecho y latigazos en la espalda para lograr alcanzar a Dios. Y no digo que en cierta forma no hayan tenido la razón pero hay que tener cuidado con los extremos. ¡Los extremos siempre son dañinos para nuestro crecimiento espiritual! De allí que, el Arcángel Gabriel le comentó a Mahoma que a nuestro Amoroso Padre Dios "no le agradan los que se extralimitan" -(Corán 7:31 / Sura 39)- y ciertamente la "extrema mortificación" es también una extralimitación.
Sé que, existen evidencias históricas de que muchos alcanzaron la Santidad debido a extralimitarse en la mortificación. El ejemplo más emblemático de estos casos es el de San Juan Bautista, de quien la Palabra Divina nos informa que, además de que vivía en el desierto, "... tenía su vestido hecho de pelos de camello, con un cinturón de cuero a su cintura, y sus comida eran langostas y miel silvestre" -Mateo 3:4)-. El simbolismo de lo comentado por Mateo es muy claro: Juan El Bautista vivía alejado y apartado de todo aquello que pudiera alejarlo de Dios. Juan El Bautista, desde muy niño se esforzó por evitar cualquier forma de apego material. Luego, en el caso de Juan El Bautista podemos entenderlo, tanto cuanto, "... si queréis aceptarlo, este Juan era la reencarnación de El Gran Profeta Elías" -(Mateo 11:13)-, por lo que, consecuentemente, después de haber alcanzado un puntaje positivo tan alto en sus vidas pasadas, lo que le mereció ser asunto a los Cielos -(2Reyes 2:11)-, pues era muy lógico que evitara a toda costa embelesarse de las cosas materiales, a fin de no perder ninguno de los méritos alcanzados en vidas pasadas. Pienso que es lo mismo que ocurrió con todos aquellos Santos que procuraron alejarse de los deleites del mundo, para evitar embarrarse, con lo cual habrían perdido muchos de los méritos alcanzados en vidas pasadas.
En los inicios de su búsqueda de Dios, El Gran Iluminado Siddhartha también pensaba que la única forma de acercarse a nuestro Amoroso Padre Dios era mediante la mortificación extrema, por lo que le dedicó gran parte de su vida al ayuno extremo, a la auto flagelación o maltrato físico, ... al desprecio absoluto de las cosas materiales. Sin embargo, todos estos grandes esfuerzos por despreciar las cosas materiales no le ayudaron a acercarse a Dios, sino que por el contrario parecía sentirse más alejado de Dios. Molesto por ésta sensación de abandono o lejanía de nuestro Amoroso Padre Dios, cierto día Siddhartha decidió entregarse a la muerte y se sentó en medio de las enormes raíces de una higuera, mientras le decía a Dios: "¡De aquí no me levantaré y no comeré nada hasta que Tú decidas revelárteme!". Ocurrió entonces que, pasado pocos días, Siddhartha pudo observar y escuchar las palabras de un padre, quien le enseñaba a su hijo a afinar las cuerdas de un arpa, diciéndole: "Ni tan suave que no suene ni tan fuerte que se rompa". Con éstas sencillas palabras, Siddhartha comprendió que, para alcanzar a Dios debemos evitar los extremos de la mortificación y del hedonismo, o lo que es lo mismo: ¡Debemos disfrutando de los bienes materiales pero sin enviciarnos con estos!!!
Nuestro Amado Yeshuá comprendía lo concluido por Siddhartha, por eso, con Su Ejemplo de Vida, nos Dejó Señales de cómo deberíamos vivir. Salvo por los necesarios acontecimientos de Su Pasión y Muerte, nuestro Amado Yeshuá no se extralimitó ni en la mortificación ni en el hedonismo. Nuestro Amado Yeshuá asistía a fiestas -(Juan 2)-, disfrutaba de tomar buenos vinos y de buenas comidas, tanto que, según nos cuenta Él Mismo, muchos pensaban de Él que era un borracho y un comilón -(Mateo 11: 18-19)-. Claro que, nuestro Amado Yeshuá también nos dejó en claro que, la mortificación también era necesaria, pero indicándonos que, como decía Salomón, "¡TODO TIENE SU TIEMPO!!!", por lo que, mientras el novio esté con sus invitados no es lógico que ayune -(Marcos 2:18-20 y Eclesiastés 3)-. De manera que, evidentemente es preciso que hallemos un equilibrio entre la práctica de la mortificación corporal y el disfrute de las 'cosas materiales', comprendiendo que, además de que debemos evitar el abuso de las cosas materiales, debemos compartir sabiamente nuestro tiempo, dedicándole tiempo al disfrute de los 'bienes espirituales' y al disfrute de las 'cosas materiales', equilibradamente. Y no digo 'bienes materiales' porque hay cosas materiales que si no procuramos darles un buen uso pueden convertirse en 'males materiales'.
NOBLE CAMINO ÓCTUPLE
Siddhartha comprendió entonces que, la ‘abstracción meditativa’ o ‘dhyana
(meditación contemplativa / La etimología de ésta palabra hace referencia a ‘aquello
que disipa las tinieblas), era el camino correcto hacia el despertar, ya que el
‘ascetismo extremo’ no funcionó. Siddhartha descubrió lo que en el budismo se
conoce como ‘camino medio’, una
senda de moderación, lejos de los extremos del hedonismo (búsqueda de placer) y
de la mortificación. Esto lo llevó a descubrir el ‘Noble Camino Óctuple’, así llamado y descrito por el Buda Gautama
en su primer discurso.
Conforme al budismo, en el momento de su ‘despertar’, Siddhartha llevó a
cabo una comprensión completa sobre la causa del sufrimiento y cómo eliminarlo.
A esta comprensión se le conoce como las ‘Cuatro Nobles Verdades’, que son los
pilares sobre los que se apoyan las enseñanzas budistas. Al llegar a su
‘iluminación’, Siddhartha comprendió que lo que era una ilusión era ‘el mundo’
y no Dios. Comprendió que ya no pesaba sobre él la ilusión del falso yo o
Anatman (ego sin sustancia real), en consecuencia, Siddhartha había trascendido
el espacio y el tiempo, la vida y la muerte. ¡Para él todo se volvió una
ilusión! En pocas palabras, comprendió que para detener el eterno girar de la
rueda del Samsara (‘Errante’ / Es el ciclo de nacimiento, vida, muerte y
reencarnación), era necesario dominar las ‘Cuatro Nobles Verdades’, a fin de
alcanzar el supremo estado de liberación o Nirvana (‘extinción o cesación’ /
Estado de liberación tanto del sufrimiento como del ciclo de renacimientos). Buda
describió al nirvana como la perfecta paz de una psique (‘alma o espíritu’ / Conjunto
de capacidades, funciones y estados de la persona, que controla el pensamiento,
la emoción y la personalidad), que está libre de todo tipo de: ignorancia,
avidez, odio y otros estados dolorosos o ‘insalubres’ para la psique.
Las Cuatro Nobles Verdades, descritas por Siddhartha en su primer discurso son:
primero, el ‘mundo es sufrimiento’, segundo, éste ‘sufrimiento deriva de los deseos
humanos’, tercero, el único camino hacia la salvación pasa por la ‘renuncia
VOLUNTARIA a ese deseo’ que te causa sufrimiento, ‘la salvación se consigue por la
vía de los Ocho Nobles Principios’, o como lo afirmó Siddhartha, el ‘Noble Camino o Sendero Óctuple’, los
cuales son: uno: la ‘comprensión’
recta, dos: el ‘pensamiento’ recto, tres: la ‘palabra’ recta, cuatro: la ‘acción’ recta, cinco: el ‘medio de
existencia’ recto, seis: el ‘esfuerzo’
recto, siete: la ‘atención’ recta y ocho o
óctuple: la ‘concentración’ recta. Cuando el
verdadero creyente procura seguir estos nobles senderos se consigue con El
Camino del Medio, que abre las puertas a una existencia equilibrada. Es el Camino
que conduce al nirvana, al cual se llega tras el agotamiento del karma. Es
decir, al lograr entrar en el Camino del Medio se logra detener el girar de la
rueda del Samsara, o ciclos existenciales a veces llenos de tantos
sufrimientos.
Siddhartha descubrió que ¡EL SUFRIMIENTO ES TU ELECCIÓN! ¡NO ES UN CASTIGO!,
tanto cuanto el origen del SUFRIMIENTO está en los DESEOS que provienen del
ego, tales como la sed egoísta de ser, de existir, de poseer, el apego a
quienes deseamos, los placeres de los sentidos, la riqueza, la fama, el poder,
los ideales, las opiniones y pare usted de contar. Por eso nuestro Amado Yeshuá
decía: “Bienaventurados los pobres”, porque el pobre evangélico, aquel de quien
nuestro Amado Yeshúa habla en las bienaventuranzas, es aquel que ¡NO DESEA
NADA! El pobre de las bienaventuranzas, es aquel que al no desear nada más allá
de lo que tiene, será feliz con lo que tiene, por eso es un bienaventurado.
Siddhartha nos recomendó que, para extinguir el sufrimiento debemos seguir el
Noble Camino de los Ocho Senderos o simplemente Sendero Óctuple, que consiste
en ocho principios o consejos que se deben comprender para desarrollarse
material y espiritualmente, según las capacidades y al ritmo de cada creyente.
Su finalidad es el desarrollo y el
perfeccionamiento de: la conducta ética, de la disciplina mental y de la sabiduría.
Y a fin de lograr estos objetivos, les recomienda tomar como principios de vida
las recomendaciones de no dañar
criaturas vivas intencionalmente, no tomar lo que no te es dado, no mantener
una conducta sexual incorrecta, o dañina con otros o contigo misma, no hablar
de manera dañina, como por ejemplo mentir, hablar con rudeza, o con
ostentación, o de manera vana, no tomar intoxicántes, que alteren la mente y te
pongan en riesgo de evitar cumplir con las otras recomendaciones.
La mayoría de los verdaderos hinduistas, incluyendo a los budistas, han
llegado a la conclusión de que, al nacer, todos los seres vivos se montan en
una rueda, una especie de tío vivo de un parque de diversiones, que no es tan
divertida, a la cual llaman Samsara. Esta no es más que el ciclo constante de
nacer, vivir y morir, para volver a nacer y continuar nuevamente con el ciclo.
Según Siddhartha, la única forma de bajarse de esa rueda, en otras palabras, la
única forma de no reencarnar, es parecerse
a Dios, a través del desarrollo y perfeccionamiento de
los tres principios del adiestramiento y disciplina budistas, a saber, la sabiduría, la conducta ética y la disciplina
mental, los cuales son los PRINCIPIOS CAPITALES de los ocho
principios, senderos o consejos que recomendó Siddhartha, se deberían seguir
para alcanzar el nirvana.
El principio de la sabiduría
implica seguir los senderos de la Recta Comprensión y el Recto
Pensamiento. La Recta Comprensión es la comprensión de las Cuatro Nobles Verdades (el mundo es sufrimiento’, éste
‘sufrimiento
deriva de los deseos humanos’, el único camino hacia la salvación pasa
por la ‘renuncia VOLUNTARIA a ese deseo’ que te causa sufrimiento, ‘la
salvación se consigue por la vía de los Ocho Nobles Principios). La
comprensión de estas Nobles Verdades, es la comprensión de la ley de la
causalidad, que les recuerda que todo
lo que les ocurre tiene su CAUSA en algo que lo accionó. Comprender la
Cuatro Nobles Verdades nos debe hacer conscientes de la existencia del karma,
además de comprender el principio de la impermanencia, o lo que es lo mismo, comprender
que TODO ES PASAJERO, dado que TODO LO MATERIAL es una ilusión. El Recto Pensamiento es pensar con
desapego o renunciamiento y no con odio o violencia, esto es,
con SABIDURÍA, evitando la ignorancia. Evidentemente, para evitar la
ignorancia es preciso abandonar la flojera y leer, investigar y profundizar
todo aquello que les conduce a Dios. ¡Solo así podrán crecer espiritualmente!
La Conducta Ética implica seguir
los senderos de la Recta Palabra, la Recta Acción y los Rectos Medios de
Vida. La conducta ética,
está basada en la vasta concepción del amor universal y la compasión hacia
todos los seres vivientes, lo cual constituye el fundamento de la enseñanza del
Buda. ¡Si amas toda la creación la tratarás con respeto! La Recta Palabra es ABSTENERSE de emplear formas
de lenguaje erróneas y perniciosas, de hablar negligentemente, de
mentir, difamar, calumniar o dañar a otros, y PROCURAR cultivar las palabras
amistosas, benévolas, agradables, dulces, significativas y útiles. La Recta Acción es cultivar una conducta moral
honorable y pacífica, absteniéndose de matar, robar, relaciones
sexuales ilegítimas y llevar a cabo tratos deshonestos. Los Rectos Medios de vida, lo cual mueve a ganarse la vida
de forma honorable, irreprochable e inofensiva, evitando cualquier
profesión que pueda ser nociva de alguna manera para otros seres vivientes.
El tercer principio capital, para el desarrollo y perfección de la
disciplina budista es la Disciplina
Mental, la cual, para alcanzarla, debemos seguir los senderos del Recto Esfuerzo, la Recta
Atención y la Recta Concentración. El
Recto Esfuerzo implica evitar los malos
pensamientos y si éstos llegasen a surgir pues esforzarte por apartarlos de la
mente, procurando cultivar el surgimiento de buenos pensamientos y
esforzándose por mantener presentes en la mente los buenos pensamientos ya
surgidos. La Recta Atención implica los Cuatro Estados de
Atención Mental. El primero, prestar diligente atención al cuerpo, el segundo,
prestar diligente atención a las sensaciones y a las emociones, el tercero,
prestar diligente atención a las actividades de la mente y el cuarto, prestar
diligente atención a las ideas, pensamientos, concepciones y cosas. La Recta Concentración, les conducirá a las cuatro
etapas de la meditación ascética. En la primera etapa, es preciso abandonar los
deseos y pensamientos apasionados e impuros. En la segunda etapa, se espera
que, al desaparecer los deseos y pensamientos apasionados e impuros, se
desarrolle la tranquilidad y la ‘fijación unificadora de la mente’. Es decir,
¡alcanzarán la verdadera paz existencial! En la tercera etapa, surge la
ecuanimidad (‘imparcialidad o neutralidad / Facultad de pensar y juzgar con
imparcialidad) consciente, que les permite pensar y juzgar con imparcialidad,
todos los acontecimientos de la vida, dando respuestas certeras a cada
acontecimiento que les toque vivir. Hasta que finalmente logran la cuarta
etapa, en donde desaparecen todas las sensaciones que originan el sufrimiento,
permaneciendo en un estado de ecuanimidad y lucidez mental perfectos.
PARA VIVIR HAY QUE TOCAR EL BALÓN
A pesar de que comprendo plenamente a los anacoretas, para mí es evidente que la única forma de figurar en cualquier juego es jugando como verdaderos expertos. Luego, ¿cómo llegaremos a ser expertos si nunca tocamos el balón? Una de las lecciones que aprendí, de las experiencias de vida de nuestro Amado Yeshuá, la resume perfectamente Pablo en su frase: "Todo me es permitido, pero no todo me conviene; todo me es permitido, pero no todo me edifica" -(1Corintios 10:23)-. Pablo nos recuerda que hemos venido a jugar un hermoso pero muy serio juego, en donde todo nos está permitido, pero debemos mantenernos vigilantes porque no todo nos conviene y no son muchas las cosas que nos ayudan a crecer espiritualmente, lo cual es lo que debemos procurar.
Suele ocurrir que, muchos creyentes son movidos a idolatrar a los profetas que esbozaron los principios religiosos sobre los cuales se fundamenta la religión que practican, evitando así que veamos su humanidad. Al colocar un velo sobre la humanidad del profeta se nos imposibilita aceptar que ellos eran como cada uno de nosotros, con los mismos deseos de cosas materiales que nosotros, sólo que con un deseo mejor fundamentado de cumplir con La Voluntad de nuestro Amoroso Padre Dios. La conciencia plena de que Dios Existe es lo que movió a los Profetas a procurarle. Pero ésta conciencia no les impedían sufrir de deseos mundanos, puesto que ERAN HUMANOS. Lo que diferencia a los Profetas del resto de los mortales no es que sean dioses, sino que se esfuerzan muchísimo más que el resto por discernir acerca de la conveniencia de los 'bienes materiales', tanto en la cantidad como en el tiempo de uso.
De manera que, beber licores no es malo, por lo que ciertamente está permitido. Lo que no está permitido es que bebamos licores hasta dejar de ser nosotros mismos y perder la conciencia de nuestra dignidad de hijos de Dios. Consecuentemente, cuando nos inviten a beber licores hagamos conciencia de la cantidad de licor que aguanta nuestro organismo y bebamos la mitad de la cantidad de licor que solemos soportar, para que así no nos convirtamos en los payasos de la fiesta. También tomemos conciencia de que las bebidas alcohólicas en exceso pueden dañar nuestra salud y es nuestra obligación cuidar la salud de nuestros cuerpos.
Si evitamos beber licor, tener sexo, comer exquisitas comidas, … vivir disfrutando de todo los 'bienes materiales', entonces ¿cómo nos haremos expertos en el Juego por nuestros Mundos? ¿Cómo lograr hacernos profesionales del futbol si nunca tocamos el balón? ¿Cómo descubriremos nuestros límites para evitar extralimitarnos? ¿Cómo ejercitarme en alejarme de los vicios si no me permito probar los bienes materiales que pudieran enviciarme? Yo entiendo que la mejor vía de evitar los vicios es evitar probar los bienes materiales, pero, como les comenté, eso es como entrar al campo de juego y evitar tocar el balón.
Lo que yo entiendo es que debemos evitar aquello que produce en nosotros el vicio con mucha facilidad. Hay quienes pueden beberse una caja completa de cervezas sin sentirse mareados, mientras hay quienes con una sola cerveza pierden el sentido. Los segundos deben evitar a toda costa beber, puesto que evidentemente les hace daño. Pero los primeros deben esforzarse mucho por evitar beber porque con seguridad en algún momento caerán irremediablemente en el vicio, o por lo menos con toda seguridad dañarán sus hígados. Beber conmensuradamente es la clave, EVITANDO LOS EXCESOS.
Escrito por: Noel José Méndez Ydrogo
No hay comentarios.:
Publicar un comentario