El Corán nos
recuerda que Abraham le encomendó a sus hijos que no murieran sin ser
musulmanes –(El Corán 2:132 / Sura 87)-. También afirma que “La religión ante
Dios es el islam –(El Corán 3:19 / Sura 89)-. Ahora bien, la palabra ‘Islam’ denota ‘sometimiento o rendición’, y
en éste contexto es el ‘sometimiento a Dios’. De igual
forma, la palabra ‘Musulmán’ hace acepción a ‘el que se somete’. La palabra árabe muslim, del femenino muslima,
significa ‘el sometido o entregado a La Voluntad
de Dios’. De manera que, todo aquel que
ha aceptado la sumisión a Dios, sea de la religión que sea, puede ser llamado
musulmán sin temor a equivocarse.
Es por esto
que, los profetas anteriores a Mahoma, como Abraham, Moisés y Yeshuá, así como
la Virgen María y otros tantos, son considerados musulmanes, por haber aceptado
la sumisión a la Voluntad Divina. Por eso me cuesta aceptar que, a estas
alturas de la historia del hombre, aún existan ‘extremistas’ quitándole la vida
a justos con pecadores. Acaso no les fue revelado que, “MI MAYOR
DESEO es que surja de vosotros una comunidad que invite al bien, ordene hacer
lo que es correcto y prohíba hacer el mal. ¡ESOS SERÁN LOS TRIUNFADORES!” –(Corán 3:104 / Sura 89)-. ¡Los que logren la
unión y eviten tanta discordia y falta de Amor! ¡ESOS SERÁN LOS TRIUNFADORES!
¿Es muy difícil de entender? ¡ÁMENSE LOS UNOS A LOS OTROS! –(Juan 15:12-27)-. ¿Acaso
no somos todos hermanos?
EL MAL ENTENDIDO ISLAM
Lo anterior lo
aclaro porque, según lo veo yo, hay que ser muy solícitos en comprender el
significado etimológico y hasta ontológico de las palabras que pronunciamos. Otra palabra que vale la pena aclarar es ‘someter’.
Esta palabra proviene del latín ‘submíttere’, que etimológicamente está
compuesto del prefijo ‘sub’, que significa ‘debajo’ y el verbo ‘míttere’, que
significa ‘meter’. De manera que, ‘someter’ hace referencia al acto de ‘colocar algo
debajo de otra cosa’. Puedes
‘someter’ un billete de 100$ debajo de una lámpara para que no se te pierda,
puedes meter a un hijo debajo de un paraguas para que no se moje, puedes
someterte a la autoridad de tus padres a fin de ser orientado por el buen
camino, puedes someterte a la disciplina de tus maestros para aprender. En fin,
la palabra ‘someter’ tiene muchas connotaciones realmente buenas, pero el
diablo siempre les hace recordar algunas de las connotaciones más nefasta, como
por ejemplo ¡OBLIGAR a una persona a estar bajo la autoridad de alguien!
Tristemente, cuando se les pide someterse a Dios ésta es la connotación que se
les viene a la mente. Y resulta que,
nuestro Amoroso Padre Dios no quiere a nadie obligado, porque en definitiva Él
no necesita de nosotros, somos nosotros los que necesitamos de Él.
Ocurre
entonces que, al no comprender con propiedad lo que significa
someterse a La Voluntad de nuestro Amoroso Padre Dios, muchos son los que huyen
de la solicitud de Abraham, tanto
cuanto, en el subconscientes de muchos de ustedes, someterse a Dios significa
una obligación y, como a muchos de ustedes no les agrada sentirse obligados,
pues deciden no someterse a La Voluntad de nuestro Amoroso Padre Dios, la cual
es para nuestro bien, ¡Someterse a Dios significa ‘ponerse debajo de su cobijo,
asistencia y protección’! Claro está
que, ‘someterse a Dios’ es sinónimo de ‘aceptar la
Voluntad de Dios como más BENEFICIOSA que tu propia voluntad’. Por eso se dice que ‘musulmán’ es sinónimo de
‘rendido ante Dios’, ¡noooo como se rinden ante un enemigo!, sino como el hijo
que acepta que lo que haya decidido su padre es lo mejor para él y por eso se
¡RINDE! ante las decisiones de su padre. Pero el diablo nos hace recordar que
sólo nos rendimos ante aquel que nos ha vencido en una batalla y al final eso
es lo que realmente ocurre, porque nos rendimos ante el diablo, quien es
nuestro verdadero enemigo, al hacerle caso a sus mormullos y evitar rendirnos ante
nuestro Amoroso Padre Dios, para dejarlo hacer su Voluntad en nosotros, la cual
es el bien de mi alma.
EL MAL ENTENDIDO ORGULLO
‘Orgullo’ es una palabra difícil
de comprender porque, su etimología no nos permite dilucidar si es una virtud o
defecto. Esto es porque, el orgullo puede tener connotaciones tanto positivas
como negativas, dependiendo del enfoque y la situación en que se aplique. Si
nos centramos en la connotación positiva del término, el orgullo se vincula al respeto y a la valoración que un hombre
tiene de su propia persona o de un ser querido, algo que está relacionado a su
intención de vivir de acuerdo a sus valores. Pero cuando este ‘respeto y valoración
personal’ es desmedido -sin control-, entonces el orgullo se transforma en ‘soberbia’.
Luego, como podrán apreciar, la
soberbia se esconde tan bien que, muchos la denominan ‘orgullo’ y, como el
‘orgullo’ tiene una connotación negativa y otra positiva, entonces suelen
pensar que no es malo ser orgullosos, aunque ciertamente estén sufriendo de
soberbia.
La ‘soberbia’ es el producto de abusar del ‘orgullo’ propio de sabernos
seres casi divinos. El ‘orgullo’ propio por nuestra divinidad ontológica, nos
hace creer que somos superiores a los demás, cuando bien sabemos que
espiritualmente todos estamos interconectados y somos UNO CON EL TODO. De allí
que, al abusar del ‘orgullo’, nos hacemos indisciplinados, porque creemos que
todos los demás deben servirnos y obedecernos.
La SOBERBIA se define como 'el deseo de superioridad o de alto honor de una
persona', lo que suele
conducirnos a considerarnos iguales a Dios, para finalmente ponernos en su
contra. Como les comenté, la Soberbia tiene su
origen en una hermosa cualidad humana, que denominamos 'orgullo', la cual nos
motiva a ser mejores cada día, porque nos sabemos capaces de lograr cualquier
objetivo planteado. Luego, esto no es propiamente malo, tanto cuanto
hemos venido a este Mundo a ser mejores cada día, pero el
orgullo excesivo es negativo, por lo que, se hace altamente necesario
procurar un equilibrio que contemple la satisfacción por los logros sin
caer en la soberbia.
Ciertamente, lograr diferenciar entre el necesario orgullo -para crecer- y
la nefasta soberbia -que nos aleja de Dios- no es nada sencillo. Sin embargo, detectar la soberbia es relativamente sencillo porque,
frecuentemente quien sufre de este vicio, suele sufrir de vanidad (que lo mueve
a desear ser apreciado y a quedar siempre bien con los demás), de engreimiento
(creerse muy importante y necesario), de arrogancia (mostrarse superior a los
demás), de auto suficiencia (creer que no necesita a nadie) y de
susceptibilidad (no aceptar crítica o corrección alguna).
Ocurre que, el vicio de la Soberbia es muy difícil de combatir porque se
hace muy fácil acostumbrarse a sentirse igual a Dios, de allí que la táctica
para vencer la soberbia, según nos recomienda Tomas de Aquino es la ‘HUMILDAD’. Esta palabra
proviene del latín 'humilitas', que significa 'abajarse' y de 'humus', que significa 'suelo o tierra'. Es
decir, para vencer la Soberbia es preciso ejercitarnos en caminar inclinándonos
ante los demás o lo que es lo mismo ‘SOMETIÉNDONOS’.
CUESTIÓN DE RANGOS
Nos explica Tomás de Aquino que, el origen de todos los vicios capitales es
la 'soberbia', porque esta tiene su origen en el 'mal entendido orgullo' que
produce en nosotros nuestro origen divino. Ciertamente ontológicamente somos dioses,
¡PERO NO SOMOS DIOS!, y cuando nuestro
origen divino nos hace sentir que podemos tener todo lo que queremos, entonces
comenzamos a creer que es válido hacer todo lo que tengamos que hacer para
lograr obtener aquello que deseamos. ¡PERO NO SOMOS DIOS! y en
consecuencia debemos aprender a controlar nuestros deseos mundanos para
amoldarlos conforme a los deseos de Dios, evitando idolatrar cualquier objeto
material o persona.
Como les explicaba, el orgullo es propiamente
una virtud, porque un individuo debe
tener una valoración personal favorable, construida desde el amor propio.
Actuar con confianza y autosuficiencia contribuye a la dignidad y ayuda a
alcanzar el éxito. Sin embargo, cuando las alabanzas y los elogios, ya sea hacia uno
mismo o recibidos por parte de terceros, son exagerados, es fácil caer en
la altivez y el narcisismo por la inflación del ego, lo que
nos conduce al vicio de la soberbia. Hallar el equilibrio entre el
orgullo y la soberbia no es nada sencillo, pero ciertamente es posible, si
logramos ser francos con nosotros mismos, para determinar si somo movidos por
el orgullo o por la soberbia, en nuestros tratos para con los demás.
Al evaluar el trato que observamos para con los demás, debemos
considerar siempre el rango de aquellos a quienes nos estamos dirigiendo,
vigilando siempre el
necesario respeto por el otro, tanto cuanto, ya sea que sea o no nuestro
superior, ciertamente es un hijo de Dios y hermano nuestro, por lo que debemos
respetarlo. Luego, respetarlo no debe significar evitar cumplir con
las responsabilidades de nuestro rango, tanto cuanto, si somos de rango
superior a aquel a quienes estamos tratando, debemos esforzarnos porque avance
y se desarrolle plenamente, incluso sacando a relucir el carácter que nos llevó
a ocupar ese cargo, pero sin llegar a la violencia y evitando faltar al respeto,
al procurar someter al otro, para que cumpla con sus responsabilidades. Ahora
bien, si este trato digno es necesario para con aquellos de rango inferior al
nuestro, con mucha mayor razón es necesario para aquellos que tienen rango
superior al nuestro, a los cuales les debemos someternos, en atención al rango
que ocupan –(Romanos 13:1 ss)-.
SOMETIDOS A DIOS
Ahora bien, como la soberbia es el capital de los pecados capitales porque
es intrínseco a nuestra propia naturaleza, es preciso tomar en cuenta que, NUESTRO SOMETIMIENTO FINAL ES Y
DEBE SER A DIOS. Esto lo aclaro porque, si bien es cierto que, gracias
al orgullo muchos han alcanzado ocupar rangos superiores a los de la mayoría,
tampoco es menos cierto que, nuestro
‘sometimiento’ a los hombres debe siempre estar en concordancia con La Voluntad
de nuestro Amoroso Padre Dios, por lo que, si aprovechándose de su
rango alguien nos pide que hagamos algo en contra de La Voluntad de Dios, pues
sencillamente debemos negarnos, aunque eso signifique perder la vida por causa
de nuestra desobediencia.
Ocurre que, ligado a la soberbia se encuentra la avaricia, porque el poder
o superioridad material nos lo otorga más eficientemente el dinero o más bien
la acumulación de bienes materiales. La ira es el resultado de nuestra
necesidad de demostrar nuestra superioridad (soberbia) por medio de la fuerza,
la cual es más efectiva si la usamos con violencia. Estos
tres vicios capitales se encuentran ligados por la necesidad de acumular bienes
materiales a los fines de ejercer el poder o la superioridad sobre los demás o
en última instancia por la fuerza. Consecuentemente, quienes sufren
de soberbia suelen sufrir también de avaricia y de ira, motivo por el cual,
muchos que han alcanzado ciertos rangos superiores suelen ser tan soberbios que
comienzan a desear más de lo que tienen y en su afán por tenerlo todo obligan
-connotación negativa de someter- a sus subalternos a cometer actos barbáricos,
a los fines de lograr sus nefastos deseos de tener más poder sobre las personas
y las cosas.
Debido a lo anterior, es preciso que siempre tengamos en cuenta que nuestra
sumisión a los rangos no debe ser nunca ciega, tanto cuanto debe estar siempre acorde con lo que nuestro
Amoroso Padre Dios Espera de cada uno de nosotros, aunque esto vaya en contra
de la soberbia de nuestros superiores. Esto es lo que ocurre, por
ejemplo, durante una guerra. Las guerras suelen tener su origen en el deseo de
poseer más de los gobernantes de las naciones, por lo que, estos gobernantes
llenos de soberbia, al desear tener más tierras, más riquezas, más súbditos, …
más vacas, deciden invadir a otras naciones. La mayoría
de los que llegan al rango de gobernantes suelen creerse verdaderos dioses,
por lo que suponen que el pueblo al cual gobiernan son sus súbditos y le deben
obediencia -connotación negativa de someter- absoluta e inquebrantable, a la
par de que consideran a aquellos que no son sus súbditos como a seres de muy
inferior categoría, por lo que deben ser sometidos a la voluntad de ese
gobernante nefasto. De hecho, estos gobernantes nefastos consideran que si los
habitantes de otras naciones se dejan someter por él se estarán haciendo un
gran favor, tanto cuanto estarán ascendiendo al rango de súbditos.
De allí que, si somos los humildes soldados durante una guerra y nuestro
superior nos pide asesinar a personas que, según nos dicta nuestra consciencia,
son inocentes, pues sencillamente debemos negarnos a seguir tales órdenes,
aunque esto signifique ser fusilados por desobediencia, porque es mejor someternos
a La Voluntad de nuestro Amoroso Padre Dios que a la de los hombres. Durante
las guerras suele ocurrir que, desde los cabos hasta los generales, los índices
de soberbia son altísimos, tan altos que, incluso muchos cabos se creen
generales. En medio del
caos propio de las guerras, las órdenes parecieran ser dictadas por Satanás mismo,
por lo que, los que están ejecutando las órdenes deben tener claro que su
sometimiento es a Dios, Quien Es El Padre Amoroso de todos nosotros, seamos de
la religión que seamos.
Esto es válido no sólo durante las guerras, sino en todas nuestras
experiencias de vida, tanto cuanto siempre debe ser nuestro principal objetivo
someternos a La Voluntad de nuestro Amoroso Padre Dios. Esto lo
aclaro porque, muchos son los padres que, al no saber controlar sus orgullos,
se llenan de soberbia y suelen creer que sus hijos son sus esclavos, por lo que
les giran instrucciones que muchas veces van en contra de los que nuestro
Amoroso Padre Dios Espera de nosotros. Se ha sabido de padres que obligan a sus
hijos varones a tener relaciones con sus hijas hembras, simplemente por el
simple deseo de ver que sus hijos les obedecen más que a Dios. De allí que, los hijos siempre deben estar conscientes de que el
sometimiento a Dios está por encima del sometimiento a sus padres, por lo que,
cuando sus padres les pidan hacer algo que vaya en contra de La Voluntad de
nuestro Amoroso Padre Dios pues deben desobedecerles, así reciban un
castigo extremo, que incluso les pueda ocasionar la muerte, porque es mejor
morir por someterse a La Voluntad de Dios que a la de los hombres.
SIN FALTAR EL RESPETO
Es importante tomar en cuenta que, si se me hace necesario desobedecer a un superior, debo
hacerlo siempre con mucha humildad, tanto cuanto le desobedezco
porque no quiero ir en contra de lo que mi consciencia me dicta que es La
Voluntad de nuestro Amoroso Padre Dios, pero jamás
debo dejarme dominar por la soberbia, atentando en contra de la persona de mi
superior, tanto cuanto debo siempre considerar que, Es Dios Quien Ha
Permitido que esa persona tenga ese rango. Esto significa que, si Dios lo Ha
Permitido es por alguna razón, la cual probablemente es ‘Probar’ mi dignidad de
Hijo de Dios, al esforzarme por hacer Su Voluntad y no la de los hombres,
incluso a costa de mi propia vida.
De allí que, jamás
debo atentar contra la vida de un superior, ni faltarle el respeto, más allá de
desobedecerle por razones de principios, tanto cuanto estos mismos principios
deben moverme a respetar la dignidad de mi superior, el cual ha
llegado a ese rango porque Dios así lo Ha Permitido. De manera que, si bien es cierto que, debo desobedecer toda orden que atente
contra La Voluntad de nuestro Amoroso Padre Dios, jamás debo faltarles el
respeto de mis superiores, injuriándoles o atentando contra sus vidas.
Al respecto les recomiendo que vean la película titulada “HASTA EL ÚLTIMO
HOMBRE”, la cual versa sobre la vida de un hombre que se sintió en la necesidad
de participar en la segunda guerra mundial por motivos de principios
existenciales, pero decidió hacerlo sin usar armas, por lo que se encontró con
la oposición de sus superiores, quienes querían obligarlo a utilizar un arma,
pero él luchó en contra de esa oposición a sus principios, sin faltarle el
respeto a sus superiores.
También es importante tomar en cuenta que, al
sentirse dioses, muchos superiores nos harán creer que lo que ellos nos están
ordenando es una orden directa de Dios, la cual no debemos desobedecer.
De allí que, es preciso tener siempre en claro Que Cosa Es Dios y lo que Espera
de nosotros, tanto cuanto, al comprender y aceptar
que Dios Es Amor, pues ciertamente esperará de nosotros Amor, por lo que se nos
hará más sencillo obedecer las órdenes que impliquen amar y desobedecer
aquellas que impliquen odiar. En una guerra la muerte entre soldados
pudiese considerarse aceptables, dependiendo de aquello por lo cual se lucha,
pero lo que nunca será aceptable es la muerte de inocentes -civiles, ancianos,
mujeres, niños-, que muchas veces nada tienen que ver con la guerra, ni
desearon jamás someter a otros por la fuerza.
¡NO ES FÁCIL, PERO ES NECESARIO!!!
Sé que no es nada fácil desobedecer sin ofender, pero se hace necesario,
tanto cuanto nuestro principal objetivo es hacer La Voluntad de nuestro Amoroso
Padre Dios. La clave para
lograrlo es comprender y aceptar que, por muy duras que pudieran ser las
consecuencias de mi desobediencia a algunos hombres, éstas jamás se pueden
comparar con las consecuencias por desobedecer a Dios, tanto cuanto,
La Voluntad de nuestro Amoroso Padre Dios es que yo sea feliz, ya sea en esta
vida o en la siguiente, por lo que, si por desobedecer las órdenes de algunos
hombres estoy procurando La Voluntad de Dios, pues, aunque
muera por desobedecer a esos hombres, con toda seguridad me estaré ganando una
vida con menos sufrimientos, que aquellos que pudieran infringirme aquellos
hombres soberbios que quieren obligarme a fallarle a Dios.
Les confieso que, me movió a mover este artículo la situación actual entre Palestina
e Israel, en atención a las atrocidades que se están cometiendo, las cuales son
el reflejo propio de la Ausencia de Dios en la vida de muchos hombres. Para mí
no es fácil emitir mi opinión al respecto, pero me es necesario hacerlo, tanto
cuanto es mi obligación de Profeta, condición que adquirí al ser Confirmado
como Creyente. Luego, no pretendo ponerme a favor o en contra de los sucesos,
tanto cuanto son cosas que tienen que ocurrir, dado que son inevitables, en
atención al alejamiento del hombre para con Dios. La caída de la muralla entre
Yayuy y Mayuy eran de esperarse, pero quién es de Yayuy y quién es de Mayuy no
lo sabemos, por lo que es preciso esperar a que se desarrollen los
acontecimientos, para determinar quien forma parte del montón -Mayuy- y quienes
serán parte de los elegidos -Yayuy-. De manera que, para mí no se trata de una
guerra entre árabes e israelitas, sino entre supuestos creyentes en Dios, de
los cuales serán de Yayuy aquellos que realmente se sometan a La Voluntad de
nuestro Amoroso Padre Dios y de Mayuy serán aquellos que se sometan a la
voluntad de los hombres. Luego, el que practiquen el islamismo, el judaísmo, el
hinduismo o el cristianismo, no hace de ti un Verdadero Musulmán, sino que, LO QUE HACE DE TI UN VERDADERO
MUSULMAN ES EL QUE CUMPLAS CON LA VOLUNTAD DE NUESTRO AMOROSO PADRE DIOS AÚN A
COSTA DE TU VIDA.
El caso es que, si bien es cierto que, no estoy de acuerdo con que un grupo
extremista haya bombardeado a Israel, estoy mucho menos de acuerdo con que
Israel esté matando a diestra y siniestra a todo un pueblo movido por el ataque
de un grupo extremista. Ciertamente entiendo al grupo extremista, tanto cuanto
tienen años siendo acorralados por Israel para que abandonen el territorio que
Israel dejó abandonado hace muchísimos años. También entiendo a Israel, tanto
cuanto, como nación, no pueden quedarse de brazos cruzados ante el ataque perpetrado
por el grupo extremista. Pero lo que no puedo entender es que Israel pretenda
hacer pagar a los justos con los pecadores. Esto me hace recordar una anécdota de
algunos Cruzados quienes manifestaron que, cuando ellos les preguntaban a sus
superiores cómo podían determinar quienes eran creyentes y quienes herejes, al
atacar algún pueblo, los superiores solían responder: “Mátenlos a todos y dejen
que sea Dios quien se encargue de separarlos en el Más Allá”. Esta nefasta
actitud me hace preguntarme: “Si los judíos son el pueblo escogido de Dios,
entonces ¿cómo se comportará el pueblo escogido por Satanás?”.
“¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a tus profetas! ¡Cuántas veces he querido
reunirles como reúne la gallina clueca a sus pollitos!”. Hermosa queja emitida
por nuestro Amoroso Padre Dios, a través de la boca de Su Primogénito. Durante
el desarrollo del Gran Juego, nuestro Amoroso Padre Dios se ha escogido para Sí
a algunos Grandes Jugadores, pero tristemente parece ocurrir que los elegidos
se llenan de orgullo, debido a la honrosa selección, y terminan embarrándose de
soberbia. Ocurre entonces que, aquellos que deberían jugar con mayor destreza,
terminan 'embarrados' de los bienes materiales, que se les otorga. Es así como,
aquellos a quienes se les ha otorgado el beneficio de ser los depositarios de
las revelaciones, terminan extraviándose al mal interpretar el depósito que se
les confió. LOS MÁS CERCANOS TERMINAN SIENDO LOS MÁS LEJANOS.
Quisiera poder recomendarles, tanto a palestinos como a israelitas, qué
posición tomar en el desarrollo de esta guerra, pero sólo les puedo asegurar
que, en el Más Allá no existen ni árabes ni israelitas, pero sólo Alcanza a ver
a Dios aquellos que cumplan con Su Voluntad, la cual Es: ¡ÁMENSE LOS UNOS A LOS
OTROS!!! En todo caso, lo que está ocurriendo es lo que está profetizado, por
lo que es inevitable, pero lo que sí puedes evitar es fallarle a Dios
individualmente, aunque colectivamente los acontecimientos sean inevitables.
Escrito por: Noel José
Méndez Ydrogo