Antes de
continuar con la disertación acerca de las Virtudes Capitales, les pido por
favor que primero lean unos consejos
de última hora del Papa Francisco, al inicio de las notas referenciales, al
final de éste artículo.[i]
En la primera parte de
éste Artículo, les conversé acerca de dos de los vicios capitales cuyo
padecimiento nos cuesta aceptar que sufrimos, porque tal y como nos lo comentó Santo
Tomás de Aquino: “los pecados o vicios capitales son aquellos a los que
la naturaleza humana está tristemente inclinada”. Al estar nuestra naturaleza inclinada a estos vicios,
convivimos con estos vicios con mucha naturalidad, porque se esconden detrás de
nuestra propia humanidad. Con tanta naturalidad que, a veces no nos percatamos
del daño que nos están haciendo, pese a que algunos de estos vicios son
altamente evidentes.
La avaricia y la
soberbia, por ejemplo, se suele esconder detrás de la naturalidad del
desarrollo personal. Y claro que no es malo obtener logros cada vez más
gratificantes. Pero si nos olvidamos que
hemos alcanzado esos logros gracias a la Generosidad de nuestro Amoroso Padre
Dios, quien nos CAPACITÓ para alcanzar esos logros, entonces con muchísima
seguridad no le daremos buen uso a esos logros alcanzados. Entonces, quizás
lleguemos a ser jefes pero seremos déspotas con nuestros subalternos,
desarrollando el vicio de la soberbia. Entonces, quizás logremos riquezas, pero
nos hundiremos en la avaricia, al darle malos usos a esa riqueza. De hecho, la
soberbia se esconde tan bien que, muchos la denominan ‘orgullo’ y, como el
‘orgullo’ tiene una connotación negativa y otra positiva, entonces suelen
pensar que no es malo ser orgullosos, aunque ciertamente estén sufriendo de
soberbia.
Algunos vicios son más
evidentes que la avaricia y la soberbia, pero a veces nos cuesta reconocerlos
porque igualmente se esconden detrás de nuestra frágil humanidad. La envidia,
por ejemplo, tímidamente se esconde en pensamientos efímeros, que con el tiempo
nos carcomen. El pensamiento inicial es tan efímero que es casi imperceptible,
como cuando vemos la hermosa camioneta de un vecino, deseando que sea nuestra.
Hay personas de piel clara que envidian a las personas de piel oscura y hay personas
de piel oscura que envidian a las personas de piel clara. ¿Ven lo sutil que es
satanás al sembrar en nosotros los vicios?
Los otros vicios son
ciertamente muy evidentes. Por ejemplo, a la distancia se puede observar a una
persona que es lujuriosa, por la manera tan desordenada de disfrutar de las
cosas. ¿Quién no reconocería a una persona iracunda? Y ¿qué decir del que sufre
de gula? ¿Acaso no estará engordando? ¡Y el que es perezoso se ve a leguas!
Pero ocurre tristemente que, aunque se les ve a la distancia, los que sufren
del vicio suelen no percatarse de estar sufriendo males mortales.
El capital de los
vicios capitales es siempre algo material, o relacionado con la materia. No por
casualidad nuestra naturaleza humana –materialista- se encuentra tristemente
inclinada a procurar las cosas
materiales (fortuna, fama, sexo,…) y luchar
por conservarlas. Esta lucha, por conservar aquello que satisface mi
inclinación, es lo que termina convirtiendo algo que es bueno en un vicio. La
fortuna, la fama,… incluso el sexo no es malo, lo que convierte esas cosas en
algo destructivo es mi lucha desordenada por aferrarme a esas cosas.
Lo triste es que, lo
único que necesitamos recordar para evitar caer en el desordenado apego a las
cosas materiales es que: ¡Nacemos sin
traer nada y moriremos sin llevarnos nada! En consecuencia, ¡EVITA LUCHAR ENCARNECIDAMENTE POR AQUELLO
QUE NO TRAJISTE Y QUE CIERTAMENTE NO TE LLEVARÁS!
Ya sea que se
encuentren muy escondidos en nuestra humanidad o que se vean a simple vista, es
preciso que reconozcamos de qué vicios sufrimos, para poder ejercitarnos en
contra de los males que nos alejan de nuestro Amoroso Padre Dios. En este orden
de ideas, es importante recordar siempre lo que decía San Ignacio de Loyola:
“Ni una sola hoja de un árbol se cae, sin que Dios lleve cuenta de ello”. Esta
hermosa frase nos ha de recordar siempre que lo que nos ocurre es para nuestro
bien, ¡INCLUSO LOS VICIOS!
¡No se asusten! Pues,
aunque les cueste creerlo, si nuestro Amoroso Padre Dios no permitiera que el
diablo sembrara sus vicios en nosotros no nos sería posible desarrollarnos,
fortalecernos,… crecer en las Virtudes. De manera que, para aquellos que
estamos procurando la Amistad de nuestro Amoroso Padre Dios, los vicios
capitales son oportunidades para crecer espiritualmente, pero entendiendo que la
idea es destruir el vicio desarrollando las Virtudes. Lo aclaro porque, algunos
se acostumbran a pedir perdón por sus faltas sin esforzarse un ápice por vencer
el vicio, como aceptando cómodamente que Dios ha permitido ese vicio en sus
vidas y esperando que Dios se los elimine.
Un consejo más: La forma más sensata de vivir la vida es
pensar que mañana moriré y, en consecuencia, hoy me esforzaré por lograr vencer
los vicios que hay en mí, a fin de encontrarme mañana con mi Amoroso Padre Dios,
en las mejores condiciones de crecimiento espiritual posible, para disfrutar de
los beneficios de Su Hermosa Amistad.
- · Contra
la Envidia + Caridad, que nos mueve a amar al prójimo como a
nosotros mismos, deseándole todo bien e interesándonos sinceramente en sus
alegrías y quebrantos.
Aunque ciertamente la
envidia es muy sutil, decidí plasmarla en ésta segunda entrega porque en la
primera entrega ya tenía demasiadas páginas. Además, pese a lo sutil de la
envidia, siempre nos es posible pillarnos en el ejercicio de este vicio,
simplemente evaluemos las cosas que nos gustan, que no tenemos y que otros si
tienen.
Sin entrar en los
pormenores de su significado etimológico, por envidia se entiende aquel sentimiento
de tristeza o enojo que experimenta la persona que no tiene algo que otra si
tiene, y lo desea para sí. La sutileza de este vicio se encuentra justamente en
la sencillez de su definición.
Cuando leemos
‘sentimiento de tristeza o enojo’ pensamos: “Pero yo no me pongo triste ni me
enojo, cuando veo la camioneta del vecino”. Cuando leemos ‘desea para sí’
entonces, acomodamos nuestros pensamientos para esquivar la envidia y, decimos:
“Si, es bonita y claro que ‘me gustaría tenerla’, pero tanto como DESEARLA
¡NOOOO!”. Y entonces concluimos que no
sentimos envidia por el vecino, porque en efecto no nos ponemos tristes ni nos
enojamos y, en apariencia, no DESEAMOS esa camioneta.
¡Desear comienza con un
simple querer! Y ciertamente no es malo ‘querer tener’ una camioneta como la
del vecino, pero a la hora de querer, aquellos que procuramos la Amistad de
Dios, debemos recordar el consejo de San Ignacio de Loyola: “Tanto cuanto te
ayude para llegar al cielo”. De manera que, si deseo la camioneta porque es
ostentosa y altamente llamativa pues ciertamente el tenerla no me ayudará a
llegar al cielo. Pero si deseo una camioneta, parecida a la del vecino, no por
lo ostentosa sino por la utilidad que yo pudiera darle en mi trabajo o para
trasladar a mi familia cómodamente o por cualquier otra NECESIDAD REAL, entonces
estará bien desear una camioneta como la del vecino y pedirle a nuestro Amoroso
Padre Dios UNA PARECIDA, pero ¡no la del vecino! Es decir, debo pedirle a
nuestro Amoroso Padre Dios que me permita tener un vehículo para satisfacer mis necesidades reales, evitando pedir la ostentosa camioneta del
vecino. Si lo pides con verdadera humildad de corazón con seguridad se te
permitirá adquirir una camioneta mucho mejor que la de tu vecino.
¿Pillaron lo sutil del
vicio de la envidia? ¿Pillaron lo sencillo de ejercitarnos contra la envidia? La envidia es casi imperceptible porque
querer es propio de nuestra naturaleza. La forma de combatirla es amoldar
nuestros ‘quereres’ a los ‘quereres de Dios’. ¡TANTO CUANTO NOS AYUDEN PARA
LLEGAR AL CIELO! Pero recuerda: ¡A DIOS NADIE LE ENGAÑA!,[ii]
en consecuencia, evita acomodar tus quereres falsamente, como pretendiendo
hacerlos iguales a los de Dios, en tu cabeza pero no en tu corazón.
Cuando veas la
camioneta (la ropa, los zapatos, las joyas, la moto, la casa,…) de tu vecino,
detente a pensar que es lo que más te gustó de aquello que viste, y si
descubres que lo que te gustó fue lo ostentoso de esa cosa, entonces entiende
que sufres de envidia y modela tus ‘quereres a los quereres de Dios’. Piensa en
otra camioneta, igual de útil pero no tan ostentosa, entonces pídele a nuestro
Amoroso Padre Dios que te permita adquirir ese vehículo que te ayudará cubrir
tus necesidades. Luego, realiza todo lo necesario que debas ejecutar para
adquirir aquello que deseas, pero recordando siempre que la ostentación no es
propia de aquellos que procuramos la Amistad de Dios.
Ciertamente envidiar va
mucho más allá de ‘envidiar las cosas meramente materiales’. Hay quienes
envidian
un título, un cargo, una fortuna, una familia, una mujer, unos hijos,…
una vida, distinta a la que se tiene. A estos sólo les puedo recordar que, ¡Hay
que vivir lo que hay que vivir!, porque en esta vida estas cosechando lo que
sembraste. Si no tienes un título es quizás porque no te esforzaste por ser un excelente
ESTUDIA ANTES, sino que estudiaste después de los exámenes. Si no tienes un
buen cargo es quizás porque no has demostrado merecerlo o porque quizás no
debas ocuparlo, para evitar desarrollar la soberbia. Si no tienes una excelente
familia es porque quizás jamás te ocupaste de evangelizar la tuya. Si no tienes
una buena mujer es porque quizás la que escogiste lo hiciste por su belleza y
no por sus principios. Si no tienes unos buenos hijos es porque quizás no
fuiste un buen padre… Si no tienes una buena vida es porque quizás te ocupaste
de ver cómo vivían los otros, para envidiarles, en vez de ocuparte de vivir tu
vida en procura de lograr tu desarrollo espiritual. ¡BUSQUEN EL REINO DE DIOS Y
SU JUSTICIA Y LO DEMÁS SE LES DARÁ POR AÑADIDURA![iii]
¡ES
FÁCIL!
¡SÓLO
PROCURA AMAR A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS!
¡EVITA
LA OSTENTACIÓN!
- ·
Contra la Lujuria + Castidad,
que consiste en tener controlados todos los apetitos y deseos impuros.
La palabra lujuria
comúnmente se asocia con el ‘deseo sexual incontrolable’. Sin embargo, su
significado etimológico viene del latín ‘luxuria’,
que significa ‘abundancia, extravagante’
y este de ‘luxus’, que significa ‘dislocado’. Si buscamos la etimología de
la etimología de la palabra lujuria, descubrimos que ‘extravagante’ proviene de
verbo latino ‘extravagari’ que
significa errar o vagabundear fuera de los límites. La definición de
vagabundear se refiere al andar, deambular, marchar, transitar o caminar del
vagabundo, holgazán, mendigo. ‘Dislocar’,
proviene del latín ‘dislocare’,
compuesta por ‘dis’ en sentido de ‘oposición’ y por ‘locare’ que significa ‘colocar’
o sea que una ‘dislocación’ es un ‘cambio en el lugar o dirección donde
normalmente debería estar colada una cosa’. Visto lo anterior, podemos
acordar que, ‘lujuria’ es ‘exceder los límites en el uso y disfrute de
las cosas materiales’. ¡Lujuria es
el actuar propio de aquel que perdió el rumbo de su vida!
Ciertamente, las cosas
materiales existen para nuestro uso y disfrute, lo cual no es malo, pero el uso
y disfrute desordenado, sin control,… sin límites es lo que lo que me
convierte en un vicioso.
Los lujuriosos
frecuentemente maltratan a sus cercanos. El que abusa desordenadamente del
sexo, frecuentemente maltrata a su pareja, ya sea físicamente o siéndole
infiel, para satisfacer sus apetitos desordenados. El que abusa del alcohol,
frecuentemente maltrata a sus cercanos con sus comportamientos torpes y
descontrolados. El que abusa del dinero, frecuentemente cree que por tener
dinero todos le deben rendir pleitesía y procura obligar a los demás a
servirles, como si fueran sus esclavos.
Ahora bien, el
ejercicio que nos recomienda Santo Tomás de Aquino es desarrollar en nosotros
la Virtud denominada Castidad, que consiste en tener controlados todos los
apetitos y deseos impuros. Pero ¿cómo controlar lo que es intrínseco en mí?
Pues, evitando los excesos, y para esto
siempre debes recordar lo que nos decía San Pablo: «¿Qué? ¿Acaso nos atreveremos a despertar los celos del Señor? ¿Piensan
que somos más fuertes que Él? Ustedes dicen: “Se me permite hacer cualquier
cosa”, pero no todo les conviene. Dicen: “Se me permite hacer cualquier cosa”,
pero no todo trae beneficio. ¡No se preocupen por su propio bien, sino por el
bien de los demás!»[iv] Y
he aquí la clave del ejercicio que nos permite combatir la lujuria ¡PENSAR PRIMERO EN LOS DEMÁS! Por eso
San Agustín nos decía “Ama y haz lo que quieras”, porque el que ama a su
prójimo sabe que sus derechos terminan en donde comienzan los de su prójimo.
En consecuencia, el que
sufra del vicio de la lujuria debe estar vigilante siempre de complacer a los
demás en sus necesidades. El que le guste mucho el sexo, pues que lo practique
sanamente son su esposa, procurando complacerla a ella, antes de complacerse
así mismo. El que le gusta mucho el alcohol, pues que cuando desee tomar
procure salir con sus seres queridos –en vez de salir con sus amigos viciosos-
y recuerde que lo están mirando, así se esforzará por controlarse a fin de no
ofender a aquellos a quienes ama. El que tiene mucho dinero y le gusta abusar
de esa condición, pues que cada día se levante pensando en que le comprará a
otras personas, incluso a desconocidos, evitando comprarse algo a sí mismo. Y así
sucesivamente, según sea la cosa material de la que disfrutas desordenadamente,
pues has de aplicar un ejercicio en contra, evitando satisfacerte a ti mismo,
¡PROCURANDO SATISFACER A OTROS!
¡ES
FÁCIL!
¡SÓLO
ACOSTÚMBRATE A PENSAR PRIMERO EN LOS DEMÁS!
¡RECONOCER
LA IMPORTANCIA DEL OTRO ES LA CLAVE!
- · Contra la Ira + Mansedumbre, consiste en reprimir
todo deseo de venganza y todo movimiento de ira o indignación
La ‘ira’ es un
sentimiento que se caracteriza por la indignación y que puede causar enojo, rabia
y a veces de cólera, entendiéndose ésta como un sentimiento de rabia muy
grande que nos impulsa a la violencia. Frecuentemente, la persona iracunda –que
sufre de ira- con su comportamiento mueve a los demás al mismo vicio y suele
ocurrir que, al estar dos personas sufriendo de ira, se enfrentan
violentamente, pudiendo llegar a matarse.
De allí la importancia de ejercitar la Virtud de la Mansedumbre, a fin
de evitar llegar a la violencia, que pudiera degenerar en muerte.
La palabra ‘mansedumbre’ proviene del latín ‘mansetudine’ a su vez proveniente de ‘mansus’ que significa ‘quietud”, refiriéndose a aquella tranquilidad espiritual que controla las
emociones. Quien posee la mansedumbre no se desborda en sus emociones,
expresa prudentemente sus convicciones -sin ofender- y no se entrega a las
pasiones mundanas con facilidad. También sabe perdonar, escuchar y proteger,
sin hacer alarde de sus actos. Acepta los designios de Dios y no lo alteran las
ofensas injustas de los demás, para quienes no reserva rencor ni venganza, no
como síntomas de debilidad sino de equilibrio y fuerza de autocontrol.
Al leer lo anterior
muchos pensaran que, la mansedumbre más que una Virtud pareciera un don
sobrenatural, difícil de alcanzar. ¡Pero no se asusten! ¡Es posible alcanzarla!,
porque resulta que la ira es el resultado del odio, y en consecuencia, la clave
está en ¡EJERCITARME EN EL AMOR!
De hecho, todos los
vicios se vencen amando al prójimo, sobre todo a los más cercanos. Pero la ira
en particular necesita de un mayor esfuerzo de nuestra parte por ejercitarnos
en el amor. Lo hermoso de la ira es que obliga tanto al iracundo como sus
cercanos a ejercitarse en el amor. De manera que, no solo el iracundo debe
ocuparse en el amor a sus cercanos, sino que también los cercanos deben
ocuparse en amar al iracundo. ¡EL AMOR DESTRUYE EL MAL!
De manera que, aquella
persona que siempre está como tratando de sacarme de mis casillas, ha sido
puesta en mi camino para que yo me ejercite en el amor, controlando mis deseos
de odio o aversión hacia esa persona, y procurando esforzarme por amarla. Si lo
piensan un poco, aquella persona que suele sacarme de mis casillas es la que
más necesita de mi amor.
¿Recuerdan que les dije
que, si nuestro Amoroso Padre Dios no permitiera que el diablo sembrara sus
vicios
en nosotros no nos sería posible fortalecernos en las Virtudes? También
les dije que, la persona iracunda suele mover a sus cercanos al mismo vicio,
por lo que algunos pudieran concluir que el iracundo ayuda a sus cercanos a
ejercitarse en el amor, al luchar contra la ira que le produce la persona
iracunda. Luego, es importante recordar que: ¡JAMÁS DEBO PERMITIRME HACER EL
TRABAJO DEL DIABLO!, en consecuencia, como hijos de Dios que somos, nunca
debemos prestarnos para ser quienes movamos a los demás a la ira. Ya hay
bastantes demonios en la calle dispuestos a hacer ese trabajo. ¡EVITA SER
INSTRUMENTO DEL DEMONIO! Esto lo aclaro porque hay quienes dicen que son
iracundos porque Dios los hizo así para que los demás se ejercitaran en el amor.
¡Nada más lejos de la realidad! ¡Si eres iracundo es porque no has querido
hacerte manso! Si eres iracundo es porque ¡no has querido ejercitarte en el
amor!
¡ES
FÁCIL!
¡EJERCÍTATE
EN EL AMOR!
¡EVITA
VER A LOS DEMÁS COMO TUS ENEMIGOS Y LUCHA PORQUE LOS DEMÁS NO TE VEAN COMO SU
ENEMIGO!
- · Contra la Gula + Templanza, que consiste en controlar
las inclinaciones y deseos del apetito sensual, del deseo del mundo, sobre todo
el apetito desordenado de comer, beber, dormir, que nos apartan del bien.
Ciertamente, algunas
Virtudes se asemejan mucho en sus definiciones, porque en sí mismas las
virtudes constituyen una lucha espiritual para evitar nuestro desordenado apego
a lo material. También ocurre que, las Virtudes se asisten mutuamente. Por
ejemplo, para combatir el pecado de la Lujuria, debes ejercitar la Castidad,
que consiste en tener controlados todos los apetitos y deseos impuros.
Evidentemente, la Castidad se parece bastante a la Templanza, pero lo que
ocurre es que al ejercitar la Castidad fortalecerás la Templanza y vencerás la
lujuria, y por ende la gula.
Etimológicamente, la
palabra ‘gula’ proviene del latín ‘gula’, que en principio denotaba
simplemente ‘garganta’ y con el
tiempo pasó a significar ‘voracidad’,
al relacionar la palabra ‘gula’ con
la palabra latina ‘gluttiere’, que
significa ‘tragar’, lo que nos
permite definir ‘gula’ como ‘un apetito excesivo en la comida y en la
bebida’.
La gula es quizás el
mejor el ejemplo de lo que les he venido diciendo: “Desear y procurar bienes
materiales NO ES MALO. Lo malo es la procura desordenada y la lucha encarnecida
por mantener ese bien. Evidentemente, alimentarse es algo además de bueno NECESARIO.
Lo malo no está en ‘alimentarse’, sino en ‘comer’ excesivamente.
‘Comer’ es el simple ‘acto de
introducir algo en nuestro tracto digestivo’, sea bueno o sea malo. ‘Alimentarse’ es el ‘acto de introducir en nuestro tracto digestivo ALIMENTOS’, entendiéndose
estos como aquellas sustancias (líquidas o sólidas) ricas en proteínas,
carbohidratos, grasas, vitaminas, minerales y agua, que harán posible nuestra
adecuada nutrición para mantenernos saludables y con energías para realizar las
actividades diarias. Si mantuviéramos en nuestra mente la sutil diferencia
entre estos dos conceptos, y procuráramos alimentarnos en vez de comer por
simplemente tragar, ciertamente evitaríamos la gula.
Claramente entiendo
que, como somos materia nos es difícil pensar solo en alimentarnos. Nuestra
naturaleza humana siempre se inclinará a exagerar un poco el consumo de las
cosas que nos parecen, además de buenas, exquisitas. De hecho, normalmente
expresamos “¡Voy a comer!” en vez de decir “¡Voy a alimentarme!, lo cual no es
malo, pero cuando comer va más allá de procurar alimentarme y comienzo a
engordar enfermizamente es cuando tengo que entender que ya estoy pasando al
vicio de la gula.
Ciertamente comerse un
buen dulce no nos sirve de alimento e incluso pudiera ser dañino para la salud.
Pero disfrutar de un buen dulce de vez en vez no es dañino. Lo que hace daño
del dulce es el exceso al comer dulces. Igual ocurre con degustar un buen vino.
No hace daño de vez en vez compartir con los amigos un buen vino. Incluso los
médicos recomiendan tomar una copita de vino al día. Lo que hace daño es abusar
del alcohol. ¡Es una copita al día, no una botella al día!
Yo no te voy a pedir
que hagas como hacen en algunos grupos hinduistas que comen una sola vez al
día, pero si te exijo que evites comer más de tres veces al día y que por favor
evites los excesos de comida en cada una de las tres comidas diarias. Por tu
bien ¡COME POR RACIONES! ¡EVITA LOS EXCESOS! ¡Y TAMBIÉN LOS ABUSOS! Por abusos
me refiero a comer demasiados dulces y otros tipos de ingestas que ciertamente
son exquisitas al paladar pero que su abuso puede ser nocivo para la salud.
Y otra cosa: Reconócete
que estás en la vía de dejarte arropar por el vicio de la gula cuando comiences
a ganar peso. No hagas como muchas personas que se excusan diciendo que lo que
están es rellenitos. Otros se excusan diciendo que lo que están es fuerte. La
excusa en el juego, de las palabras y de los conceptos, no te deja ver tu
realidad. ¡SI ESTÁS ENGORDANDO ES PORQUE YA ESTÁS EN LA VÍA DEL VICIO!
¡ES
FÁCIL!
¡EVITA
LOS EXCESOS!
¡DISFRUTA
SANA Y CONTROLADAMENTE!
- · Contra la Pereza + Diligencia,
la cual consiste en el constante empeño de servir a Dios con voluntad y
alegría, promoviendo en lo posible su mayor honra y gloria, y cumpliendo
fielmente con nuestras obligaciones.
He dejado para el final
de mi disertación, acerca de las vicios y las Virtudes Capitales, a la pereza,
no por ser la menos importante de los vicios capitales, sino más bien porque es
el ‘vicio capital’ de los vicios capitales’. De hecho, los vicios capitales
hacen fuerte mella en nosotros a causa de nuestra ‘pereza’ para combatirles.
La pereza es uno de los
vicios más comunes. Tan común que parece normal. Y parece normal porque nos hemos acostumbrado a decir que estamos ‘cansados’ del ajetreo diario de
nuestras vidas. Y como estamos ‘cansados’ del ajetreo mundano, pues no tenemos
tiempo para dedicarle a nuestro espíritu.
Si bien es cierto que
una de las derivaciones latinas de la palabra ‘pereza’ es ‘cansancio’ (‘acedi = cansancio’), las connotaciones
latinas de la palabra ‘pereza’ se refieren propiamente a la ‘apatía’.[v] ‘Apatía’ es una palabra de origen griego
(‘apatheia’) que significa
etimológicamente ‘incapacidad para sentir’.
Pudiéramos decir que, la persona perezosa, al tener incapacidad de sentir,
pareciera estar muerta.
Generalmente, ‘pereza’
se define como: ‘negligencia’ (‘falta de aplicación’), ‘astenia’ (‘falta de
fuerza’), ‘tedio’ (‘falta de ánimo’) o descuido en realizar alguna actividad.
Es concluyente que, la pereza va más allá de un simple cansancio.
Luego, la pereza no es
una enfermedad. Tampoco es un bien que se nos haya otorgado para ejercitar
alguna Virtud. La pereza es simplemente el resultado de nuestra propia
naturaleza. ¡Es el vicio hacia el cual se encuentra más inclinada nuestra
naturaleza humana! En consecuencia, es el vicio sobre el cual debemos estar más
vigilantes para contrarrestarlo, ‘ejercitándonos
diligentemente’ para desarrollar en nosotros las Virtudes, que nos
permitirán alcanzar la Maravillosa Amistad de nuestro Amoroso Padre Dios.
Diligencia proviene de
la palabra latina ‘diligentia’,
compuesta del prefijo ‘di’, que
indica ‘separar para’, el verbo ‘legere’ que significa ‘escoger’ y el sufijo ‘nt’ que indica la existencia de un ‘agente’ o ‘ejecutor de alguna acción’. De manera que, ‘diligencia’ etimológicamente se refiere a ‘separar algo para escogerlo’. De allí que, ‘diligencia’ se define como ‘poner
todo nuestro empeño y afán en la dedicación a algo o a alguien’.
Hermosamente, la
palabra latina ‘diligere’, de la cual se deriva ‘diligentia’, significa ‘bien amado y apreciado - elegido entre los
demás – objeto de toda nuestra atención y afán’. Por eso, la ‘diligencia
como virtud’ es el esmero y el cuidado en ejecutar algo. Una prontitud de hacer
algo con gran agilidad tanto interior como exteriormente. Como toda virtud se
trabaja poniéndola en práctica.
En su calidad de
Virtud, la ‘diligencia’ abarca a Dios, a uno mismo y a los demás, en el sentido
de que debemos esforzarnos por acercarnos a Dios para conocerle, ejercitándonos
en las obras de piedad (para con Dios y para con nuestros cercanos) diligentemente,
evitando caer en la pereza, a fin de lograr desarrollar las Virtudes, que nos
acercarán cada día más a nuestro Amoroso Padre Dios.
Creo que a estas
alturas de la disertación van comprendiendo que la ‘diligencia’ propiamente no
se ejercita, porque realmente se alcanza al alcanzar aquello que procuro. La
diligencia es mi empeño por obtener aquello que quiero. En consecuencia, debo
sentarme a valorar dignamente aquello que quiero para que el empeño por
obtenerlo crezca en mí. Si no comprendo que, aquello que quiero es realmente
importante para mí, pues no me empeñaré en obtenerlo. Y para obtener la Amistad
de Dios es preciso ejercitarse en las Virtudes. De manera que, cuando tu afán
sea alcanzar la Maravillosa Amistad de nuestro Amoroso Padre Dios, evidentemente
te empeñarás por ejercitarte diligentemente en todas las Virtudes.
¡ES
FÁCIL!
¡VALORA
DIGNAMENTE
LA
AMISTAD DE NUESTRO AMOROSO PADRE DIOS!
¡ESFUÉRZATE
POR OBTENERLA!
Para cerrar esta
disertación acerca de las Virtudes Capitales, muy dichoso les invito a leer el Capítulo 17 del Evangelio de
San Juan, en el cual Yeshúa ora a nuestro Amoroso Padre Dios, pidiéndole por
aquellos que le pertenecen, desde el principio de los tiempos. Si perteneces a
ese Maravilloso Redil, espero te esfuerces por ejercitarte en las Virtudes
Capitales para lograr la Maravillosa Amistad de nuestro Amoroso Padre Dios. Si
perteneces a ese Maravilloso Redil y decides no esforzarte, porque no has
aprendido a valorar dignamente la Amistad de nuestro Amoroso Padre Dios, permíteme
decirte que tienes un enorme problema, porque nuestro Amoroso Padre Dios no
descansará hasta complacer a nuestro Amado Yeshúa en su Hermosa Petición, ya
sea en ésta vida o en las que siguen. ¡TÚ
DECIDES CUANTAS VIDAS QUIERES SUFRIR! Yo por mi parte te recomiendo:
¡RINDETE!, en esta vida para que desde ya comiences a disfrutar del Infinito
Bien que provee la Maravillosa Amistad de nuestro Amoroso Padre Dios.
Permíteme aclararte,
para que no te entristezcas, que ciertamente somos materia, por lo que desear y procurar bienes materiales no es malo. Lo que hace malos a los bienes
materiales es nuestro desorden al procurarlos o al defenderlos como que fueran
más importantes que nuestra alma. Los bienes materiales se convierten en vicios
cuando nos aferramos a ellos desordenadamente, olvidándonos que nos han sido
proveídos por nuestro Amoroso Padre Dios para nuestro sustento y deleite, pero
sobre todo para compartir y ayudar a otros en sus necesidades, a fin de ejercitarme
en las Virtudes, que me permitirán ser ¡AMIGO DE NUESTRO AMOROSO PADRE DIOS!
Sólo me queda
preguntarte:
¿Ya sabes de qué vicios
sufres?
¿Sabes cuáles son las
batallas que debes librar para alcanzar la Amistad de nuestro Amoroso Padre
Dios?
¿Te aplicarás
diligentemente en deslastrar los vicios que hay en ti?
San Juan Bautista de La
Salle, pedagogo francés, que consagró su vida a formar maestros destinados a la
educación de niños pobres, solía decir:
¡RECUERDEN
QUE EL EXAMEN FINAL ES ACERCA DEL AMOR!
¡TRATA
DE SACAR LA MEJOR DE LAS NOTAS!
¡HE
AQUÍ LA CLAVE PARA DESTRUIR TODOS LOS VICIOS!
¡AMOR!
[i] Este artículo finalicé de escribirlo el día
siguiente al Miércoles de Cenizas del año 2020. Antes de publicar el artículo en el Blog me
llegó un mensaje, con un interesante comentario acerca de unos
Consejos que dio el Papa Francisco para
vivir una Cuaresma de Verdadera Conversión.
Decidí anotar estos Consejos al finalizar éste artículo por la amplia
relación que guardan estos preciosos consejos, en procura de la Maravillosa
Amistad de nuestro Amoroso Padre Dios. El Papa Francisco propone 15 sencillos ‘actos
de caridad’ que él ha mencionado como manifestaciones concretas del Amor de
Dios:
1.- Saludar (siempre y en todo lugar)
2.- Dar las gracias (aunque no debas
hacerlo)
3.- Recordarle a los demás cuanto los amas
4.- Saludar con alegría a esas personas que ves
a diario, como si tuvieras tiempo sin verlo.
5.- Escuchar la historia del otro, sin
prejuicios, con amor
6.- Detenerte para ayudar. Estar atento a
quien te necesite
7.- Levantarle los ánimos a alguien
8.- Celebrar las cualidades o éxitos de otro
9.- Seleccionar lo que no usas y regalarlo a
quien lo necesita
10.- Ayudar cuando se necesite para que otro descanse
11.- Corregir CON AMOR, no callar por miedo
12.- Tener buenos detalles con los que están cerca de ti
13.- Limpiar lo que uso en casa
14.- Ayudar a los demás a superar obstáculos
15.- Llamar por teléfono a tus padres, si tienes la fortuna de tenerlos
Además recomendó que, en vez de ayunar
carne en Cuaresma:
·
Ayuna de
palabras hirientes
y transmite palabras bondadosas
·
Ayuna de
descontentos
y llénate de gratitud
·
Ayuna de enojos y llénate de
mansedumbre y de paciencia
·
Ayuna de
pesimismo
y llénate de esperanza y optimismo
·
Ayuna de
preocupaciones
y llénate de confianza en Dios
·
Ayuna de
quejarte
y llénate de las cosas sencillas de la vida
·
Ayuna de
presiones
y llénate de oración
·
Ayuna de
tristezas
y amargura y llénate de alegría el corazón
·
Ayuna de egoísmo y llénate de
compasión por los demás
·
Ayuna de falta
de perdón
y llénate de actitudes de reconciliación
·
Ayuna de
palabras
y llénate de silencio y de escuchar a los otros
Hermosas recomendaciones de un gran
líder eclesial.
[v] ‘Pereza’ es un término que procede
de ‘pigritia’, un vocablo latino,
que se utiliza muchas veces como sinónimo de ‘acedia’ o de ‘accidia’,
que significan propiamente ‘apatía’.