viernes, 23 de julio de 2021

DEVANANDO LA TRAMA DE LA VIDA

 Un hermoso Cántico, que aparece en el Libro de Isaías, reza así:


Yo pensé: «En medio de mis días

tengo que marchar hacia las puertas del abismo;

me privan del resto de mis años».

Yo pensé: «Ya no veré más al Señor

en la tierra de los vivos,

ya no miraré a los hombres

entre los habitantes del mundo.

Levantan y enrollan mi vida

como una tienda de pastores.

Como un tejedor, devanaba yo mi vida,

y me cortan la trama».

Día y noche me estás acabando,

sollozo hasta el amanecer.

Me quiebras los huesos como un león,

día y noche me estás acabando.

Estoy piando como una golondrina,

gimo como una paloma.

Mis ojos mirando al cielo se consumen:

¡Señor, que me oprimen, sal fiador por mí!

¿Qué le diré y qué pensaré

si Él es quien lo hace?

Huye de mí el sueño

por la amargura de mi alma.

Los que Dios protege, viven

y entre ellos vivirá mi espíritu.

Me has curado, me has hecho revivir,

la amargura se me volvió paz

cuando detuviste mi alma ante la tumba vacía

y volviste la espalda a todos mis pecados.

El abismo no te da gracias,

ni la muerte te alaba,

ni esperan en tu fidelidad

los que bajan a la fosa.

Los vivos, los vivos son quienes te alaban:

como yo ahora.

El padre enseña a sus hijos tu fidelidad.

Sálvame, Señor, y tocaremos nuestras arpas

todos nuestros días en la casa del Señor.

Este hermoso Cántico lleva por título: «Cántico de Ezequías, rey de Judá, cuando estuvo enfermo y sanó de su mal» y lo encontramos en Isaías 38:10-20.

La historia nos cuenta que, el rey Ezequías, un soberano justo y amigo del profeta Isaías, había quedado afectado por una grave enfermedad, que el profeta Isaías había declarado mortal (Isaías 38,1). La palabra dice que «Ezequías volvió su rostro a la pared y oró al Señor. Dijo: "Señor, dígnate recordar que yo he andado en tu presencia con fidelidad y corazón perfecto haciendo lo recto a tus ojos". Y Ezequías lloró con abundantes lágrimas. Entonces le fue dirigida a Isaías la palabra del Señor, diciendo: "Ve y di a Ezequías: Así dice el Señor, Dios de tu padre David: He oído tu plegaria, he visto tus lágrimas y voy a curarte. (...) Añadiré quince años a tus días"» (Isaías 38,2-5). En ese momento brota del corazón del rey el cántico de acción de gracias.

Este hermoso Cántico de Ezequías me hace concluir que, durante algunos días, a Ezequías lo atacó una virosis similar al coronavirus. Esto lo digo porque, yo también sollozaba hasta el amanecer (debido a las altas fiebres que me hacían respirar con vehemencia), yo también sentí que un león desgarraba mis huesos (los dolores musculares y óseos que sufrí me imagino se asemejan a un león desgarrando los huesos de su presa).

A diferencia de Ezequías, yo no piaba como una golondrina, no gemía como una paloma,… yo no me quejaba, porque desde el principio de mi convalecencia YO SABÍA QUE ERA EL MISMO DIOS QUIEN ME HABÍA ACTIVADO ESA VIROSIS. Esto lo llegó a comprender Ezequías cuando dice: «¿Qué le diré y qué pensaré si Él es quien lo hace?». Comprender esta hermosa realidad trae mucho sosiego ante cualquier convalecencia, porque, si Dios es el que causa todas las cosas, qué sentido tiene que «pierda el sueño» pensando en mi futura muerte, si ésta solo podrá ser evitada por nuestro Amoroso Padre Dios.

Al igual que Ezequías, todos somos seres mortales, que como tejedores, devanamos cada día de la vida, algunos tejiendo males y otros tejiendo bienes. Tristemente, la gran mayoría de la humanidad se ha olvidado de que es mortal. La gran mayoría de la humanidad no quiere aceptar que en cualquier momento sus vidas serán levantadas y enrolladas, como una tienda de pastores. La gran mayoría de la humanidad vive como si fueran hacerlo eternamente, muy despreocupados por competir en buenas acciones (Corán 5:48), como si contaran con mucho tiempo para anotar puntos positivos.

MIEDO A MORIR

Resulta que, materialmente ¡NO SOMOS ETERNOS! Nuestra vida material dura lo que nuestro Amoroso Padre Dios determine que durará. ¡JAMÁS DEPENDERÁ DE NOSOTROS EL AÑADIRLE A NUESTROS DÍAS LOS MISMOS QUINCE AÑOS QUE LE AÑADIERON A EZEQUÍAS!!! Pero si está en nuestras manos el acumular la suficiente cantidad de puntos positivos que nos permitan llegar a la muerte en paz, satisfechos de haber cumplido con las misiones asignadas, felices de haber avanzado algunos cuantos escalones.

A diferencia de la mayoría de la humanidad actual, los miedos de Ezequías ante la cercana muerte, tenían sus fundamentos en lo que se creía en aquellos tiempos que ocurría al morir. Según la antigua concepción de Israel, la muerte introducía en un horizonte subterráneo, llamado en hebreo sheol, donde la luz se apagaba, la existencia se atenuaba y se hacía casi espectral, el tiempo se detenía, la esperanza se extinguía y sobre todo no se tenía la posibilidad de invocar y encontrar a Dios en el culto. Por eso, Ezequías recuerda ante todo las palabras llenas de amargura que pronunció cuando su vida estaba resbalando hacia la frontera de la muerte: «Ya no veré más al Señor en la tierra de los vivos». También el salmista oraba así en el día de la enfermedad: «Porque en el reino de la muerte nadie te invoca, y en el abismo, ¿quién te alabará?» (Salmos 6:6). En cambio, librado del peligro de muerte, Ezequías puede reafirmar con fuerza y alegría: «Los vivos, los vivos son quienes te alaban, como yo ahora» (Isaías 38,19). Los temores de Ezequías, ante la cercana muerte, estaban fundamentados erróneamente en que, en el lugar a donde según iban los espíritus al morir, era un lugar en donde no se podía alabar más a Dios y Ezequías deseaba seguir viviendo para seguir alabando a nuestro Amoroso Padre Dios.

En nuestros tiempos, la gran mayoría de la humanidad sabe lo que realmente ocurrirá al morir. Todo la humanidad, de una manera u otra, ha sido instruida en lo que se cree ocurrirá después de morir y, por eso, la gran mayoría de la humanidad tiene miedo a morir, porque inconscientemente sabe que no se están esforzando lo suficiente para lograr los méritos que les ayuden a alcanzar una vida mejor. La gran mayoría de la humanidad intuye (porque sus espíritus se lo recuerdan) que están acumulando puntos negativos, en vez de positivos, y por eso tienen un terrible miedo a la muerte, porque no quieren entregar cuentas ante El Justo Juez.

Hoy recibí los resultados de los exámenes que me realizaron en la clínica. Como era de esperarse di positivo al Covid-19. Luego, eso ya lo sabía yo y estimaba que también mis cercanos. Pero resulta que no, mis más cercanos al enterarse de que yo portaba el Covid-19 se asustaron muchísimo y comenzaron a tratarme como un paria. Las dos personas que viven conmigo se encerraron en sus habitaciones y una de ellas gritaba -como para que yo la oyera- qué cómo era posible que yo tenga Covid-19 y no haya observado las medidas de bioseguridad para con ellas.

Sus quejas me daban risa, porque durante mi convalecencia yo procuraba alejarme de ellas y ellas parecían querer estar cerca de mí. Yo pasé dos días encerrado en mi habitación y ellas pasaban a hablar por teléfono, porque según que en mi habitación hay mejor recepción. Al ver que parecía que a ellas no les importaba que yo tuviera Covid-19, pues yo salía, de vez en vez, de mi habitación, para despejarme un poco. Mientras estaba fuera de mi habitación yo procuraba que ellas no se me acercaran, pero parecía que a ellas no les importaba, porque no observaban las distancias prudenciales que se deben mantener entre las personas, aun sin sospechar la existencia del Covid-19. La que se estaba quejando a viva voz tiene su mesita de trabajo cerca de mi hamaca y, como a mí me encanta estar en mi hamaca, yo alejaba aquella mesa de trabajo para evitar que ella estuviera cerca de mí. Extrañamente, cada vez que me iba a mi habitación a descansar o a leer, al volver a mi hamaca encontraba la mesa de trabajo de aquella quejumbrosa cerca de mi hamaca, lo que me hacía suponer que la quejumbrosa no le importaban las medidas de bioseguridad Covid-19 o no estaba consciente de que yo tenía Covid-19, pese a que siempre se los recordaba. En algunos momentos en los cuales me encontraba en mi hamaca las dos se metían a mi habitación a hablar y se acostaban en mi cama. Yo me asomaba y les decía: “Recuerden que el virus es invisible y que con seguridad esta habitación está inundada de Covid-19 porque yo no acostumbro a abrir las ventanas de esa habitación para que se ventile porque no quiero que entren zancudos”. Ante mis palabras ellas se levantaban dizque preocupadas y decían: “¡Ay sí! ¡Verdad! ¡Vámonos!”. Pero esto ocurrió varias veces, así que no entiendo que vengan a reclamarme medidas de bioseguridad.

La quejumbrosa también grito una extraña queja: “El cargo de conciencia que le va a quedar si yo muero por contagiarme”. Esto también me dio risa porque cómo puedo establecer yo que, si ella se llegara a enfermar, sería porque yo la contagié. En estos días la quejumbrosa se fue a una fiestecita de cumpleaños y yo le sugerí que no era conveniente reunirse en tiempo de pandemia. Ella, con el mal carácter que la caracteriza, me espetó: “Tampoco debemos quedarnos encerrados para siempre. ¡No me voy a convertir en una antisocial!”. Resulta que a los días se enteró que una de las personas que asistió a la fiestecita estaba contaminada de Covid-19. ¿Ahora ella espera que yo me sienta mal si comienza a sufrir de Covid-19? ¡POR FAVOR!!! ¡UBÍQUENSE!!! Yo no tendré cargo de conciencia si se llegan a enfermar porque jamás sabremos en donde se contaminaron y en efecto jamás voy a pensar que fui yo. ¡EL VIRUS ES INVISIBLE!!!, y nunca sabremos en donde realmente nos contagiamos. Aunque en mi caso yo sí lo sé.

Yo entiendo que la quejumbrosa lo que tiene es miedo a morir y esto a pesar de ser una persona muy devota, que suele rezar el Rosario, que asiste frecuentemente a Misa y participa en labores de caridad. Una persona con este perfil religioso debería comprender que la pandemia lo que nos vino a recordar es que todos estamos en las Manos de nuestro Amoroso Padre Dios, Quien Es El que sostiene nuestra respiración. Una persona con este perfil religioso debería tener claro que: “Ni una sola hoja de un árbol se cae sin que Dios lleve cuenta de ello”. Una persona con este perfil religioso debería comprender que las pandemias son activadas por Dios para llamarnos a reflexión, para recordarnos que sin Él nada somos. Una persona con este perfil religioso debería saber que en la Biblia existen muchos casos de pandemias, activadas por Dios, y que suelen durar cerca de siete años, por lo que esta persona con este perfil religioso debería tener claro que todos en el planeta nos vamos a contagiar y, según lo decida nuestro Amoroso Padre Dios, algunos se curarán y otros se morirán. ¿Culpables? Ya nos lo aclaró Ezequías al preguntar: «¿Qué le diré y qué pensaré si Él es quien lo hace?».

Pero como dicen por allí: “El miedo es libre”. Por mi parte yo no tengo miedo a morir porque sé que me he esforzado por avanzar espiritualmente. No tengo miedo a morir porque sé que Aquel que inició su labor de rescate de mi alma no descansará hasta lograrlo, en consecuencia estoy segurísimo que moriré cuando haya acumulado los puntos suficientes para ganarme la Amistad de nuestro Amoroso Padre Dios.

Junto con la confirmación de que mi proceso viral fue a causa del Covid-19, también me llegó el informe médico confirmando que el proceso estaba en remisión. No sé si esto signifique que nuestro Amoroso Padre Dios añadirá 15 o 100 años más a mis días, porque también pudiera ocurrir que en unos días me muera tomándome un vaso con agua. ¡La muerte siempre está a la puerta!, de allí que no importa cuántos años vayamos a vivir, lo que importa es que mientras estemos vivos debemos esforzarnos por anotar puntos positivos en el Juego por nuestros Mundos.

A mi quejumbrosa cercana le pido que no tome a mal estas palabras que he escrito, puesto que no las he escrito por odio sino por amor. Realmente no me afectan tus quejas, pero si me entristece tu deficiente fe, porque el hecho de que aún no  comprendas que todos nos vamos a contagiar de Covid-19 y que se curarán los que nuestro Amoroso Padre Dios determine y que morirán los que nuestro Amoroso Padre Dios determine, habla muy mal del Dios en el cual crees, el cual pareciera no tener en control todo lo que acontece en el mundo. Yo jamás me sentiré culpable si te enfermas porque eso habrá de ocurrir en algún momento, no porque yo te haya contaminado, sino porque todos nos vamos a contagiar. Te pido que te llames a reflexión y evalúes el Dios al cual sirves, porque este Dios debería mantener tu paz espiritual incólume, y un pequeño virus no debería alterarla.

 

     

Escrito por: Noel José Méndez Ydrogo

miércoles, 21 de julio de 2021

TALLER DE REPARACIONES

En mi artículo pasado, se me ocurrió dejar evidencia de una solicitud a nuestro Amoroso Padre Dios y, después que le di publicar, pensé en que ha sido muy osado y riesgoso de mi parte pedirle a nuestro Amoroso Padre Dios algo que Él me quiere conceder pero que necesita de mi autorización para hacerlo. Le pedí simplemente que chasquera sus dedos y me reparara todos los daños leves de mi carrocería. A ver bachilleres: ¿Qué es lo que se repara? Pues sí, las pruebas que no logramos pasar por vía normal.

Después de hacer publica mi petición me dije a mi mismo: ¿Qué hice? y seguidamente me llegó un mensaje a mi celular invitándome a colocarme la primera dosis de la vacuna anticovid. Y en esos momentos pensé: ¿Qué te traerás entre manos? Entonces simplemente me dejé caer En Sus Amorosas Manos y le dije: “Si es de Ti, pues facilítame el colocarme esta vacuna, que no tenga problemas para ir a ese lugar y que no tenga que hacer mucha cola para colocármela”. Esto se lo pedí porque ya tengo muchos cuentos de las muchas dificultades que ha pasado mucha gente para colocarse las vacunas.

Pues resultó que, al otro día un amigo, que nunca tiene tiempo de hacerme un favor, le iba a hacer un favor a las dos personas que viven conmigo y éstas le pidieron que me acercara al lugar en donde estaban poniendo las vacunas y así lo hizo. Cuando llegamos al sitio me dejaron y se fueron ellos a hacer sus diligencias pautadas. Yo me dirigí a la casa en donde estaban poniendo las vacunas y apenas había nueve personas delante de mí, y me indicaron que llegué a tiempo, porque solo quedaban quince dosis de la vacuna. “Mejor llegar a tiempo que ser convidado”, me dije, y me la colocaron en menos de media hora de espera.

Ocurrió entonces que, al quinto día de colocarme la vacuna se me desarrolló un proceso viral en mi cuerpo como tenía años no sentía. Fiebres altas, dolores musculares, dolores óseos, pérdida del apetito, náuseas. La mañana siguiente a esa primera noche lo único que quería comer era frutas, pero poquitas, porque ver grandes cantidades de alimentos me producía nauseas. Esto se repitió por varios días. Encontrarme en esa situación de inanición me hizo pensar en el porqué de lo que me acontecía y determiné lo siguiente, lo cual se los narraré como lo narran en las películas que versan sobre contagios pandémicos:

·        Día 1: Se me ocurrió pedirle a nuestro Amoroso Padre Dios que chasqueara Sus Dedos y reparara todos mis detalles menores de carrocería. En seguida, nuestro Amoroso Padre Dios se trasladó al 20 de junio y contaminó de virus una rica parrilla que me pidieron mis hijas para celebrar el día del padre, con la finura de parte de nuestro Amoroso Padre Dios que únicamente contaminó la mía, ya que yo le había solicitado sus reparaciones. Luego, se devolvió nuestro Amoroso Padre Dios, con la Rapidez que Lo Caracteriza, al día de mi solicitud (28 de junio) y Diligenció lo necesario para que me invitaran a colocarme la vacuna al día siguiente (29 de junio).

·        Día 2: La noche del 4 de julio comencé con fiebres altas y escalofríos. Si sacamos la cuenta, justamente 14 días después de haberme contaminado comenzó a desarrollarse el proceso viral. Esto lo aclaro porque, según los entendidos en la materia, una persona puede estar contaminada y no presentar síntomas sino hasta a partir del día 14 de haberse contaminado. La presente aclaración la hago porque aquellos,       que no tienen fe, les ha dado por concluir que es una reacción a la vacuna, cuando yo tengo claro que nuestro Amoroso Padre Dios me contaminó para hacerme vivir la experiencia y solicitó me colocaran la vacuna para ayudarme a superar la virosis, reforzando mi sistema inmunológico con la vacuna. Recuerden ustedes que los daños leves de carrocería debemos repararnos nosotros con los medicamentos (vacunas, cremas, pastillas,…) que nuestro Amoroso Padre Dios ha tenido a bien darnos a través de la ciencia.

Durante los siguientes días solo me dediqué a analizar lo que me acontecía, y al respecto les recalco lo siguiente: ESTOY EN LAS MANOS DE NUESTRO AMOROSO PADRE DIOS Y TODO LO QUE A MI ME OCURRA SERÁ PARA MI BIEN Y QUIZÁS PARA EL DE MUCHOS. En consecuencia, espero que hayan comprendido que NADIE ES CULPABLE DE QUE ME HAYA CONTAGIADO. Evidentemente mis Amadas Hijas quisieron hacerme un hermoso agasajo, el cual les agradezco mucho, porque tenía tiempo sin comerme una rica parrilla, pero ha sido nuestro Amoroso Padre Dios quien ha contaminado únicamente la mía, para ayudarme a deslastrarme de uno de los pocos vicios que me quedan.

Las señales para mí son claras. En varios artículos he comentado acerca de mi decisión de comer más sanamente, pero en la práctica no he tenido fuerzas para apartar de mí la gula. Siempre me cuesta comer pocas cantidades y evitar frituras y algunos otros excesos dañinos culinarios. Desde la virosis, me tienen que servir en una taza pequeña, porque si veo mucha comida me da náuseas y  se me quita el apetito. He pensado entonces que, nuestro Amoroso Padre Dios me ha puesto un dispositivo bariátrico para ayudarme a evitar el vicio de la gula, despreciando los platos excesivamente llenos de alimentos. Evidentemente, tengo que tener claro que, al igual que ocurre con cualquier dispositivo bariátrico, yo puedo perder el beneficio de ese dispositivo si no lo cuido o si trato de bloquear su funcionabilidad. Es decir, queda de mi parte el no ofrecerle ni aceptar que le ofrezcan a mi organismo grandes cantidades de alimentos, por muy exquisitos que se vean. Si vuelvo a caer ante la tentación me puede ocurrir igual que aquellos que se someten a una cirugía bariátrica y luego la pierden por no aprovechar al máximo los beneficios del dispositivo.

Por cierto que, otras de las señales que se hicieron evidentes es que con la comida de fuera de casa es más factible contaminarse que con la comida de la casa, por lo que les pido a mis cercanos que eviten las comidas de fuera de casa. Preparen todo en casa, lo más higiénicamente posible, para tratar de evitar el coronavirus. Y digo tratar de evitar porque, según lo veo yo a éste virus aún le quedan por lo menos cinco años de actividad, y en consecuencia todos nos vamos a contagiar, pero algunos lograrán superarlo y otros no. Como esta es la Hermosa Realidad de la pandemia, la cual vino a recordarnos que estamos en las Manos de nuestro amoroso Padre Dios, les pido que se cuiden lo mejor que puedan, pero sobre todo prepárense espiritualmente para evitar que el día en que les toque vivir la pandemia no les agarre con miedo a morir, por no estar preparados para hacerlo.

De manera que, con lo anterior queda aclarado el porqué de la pandemia afectándome. Es solo un Hermoso Detalle de nuestro Amoroso Padre Dios para ayudarme a superar uno de mis vicios. Pero tristemente la historia no acaba aquí, porque el hecho de que yo haya sido atacado por un moderno coronavirus desveló en mis cercanos sus enormes deficiencias de fe, de las cuales quiero hablarles ahora.

DE LO MATERIAL A LO ESPIRITUAL

Yo hubiera esperado que mis más cercanos hubieran reaccionado con mayor fe al enterarse que yo estaba pasando por un proceso viral, pero tristemente no ocurrió así. Y esto me entristece mucho porque al parecer, respecto a comunicar la fe que en nuestro Amoroso Padre Dios deberíamos estar viviendo, pues HE ARADO EN EL MAR.

Yo pensé que mis más cercanos ya comprendía que: “Ni una sola hoja de un árbol se cae sin que Dios lleve cuenta de ello”. Yo creía que mis cercanos creían en Dios, pero no, simplemente creen creer en Dios, pese a mis muchos esfuerzos por comunicárselo. Pero claro, si ni siquiera leen mis artículos, que puedo esperar de tanta mohosidad cognoscitiva. QUE PUEDO ESPERAR DE TANTA FLOJERA POR ACERCARSE A DIOS.

Mis cercanos parecieran no querer encontrarse con nuestro Amoroso Padre Dios, porque aparentemente no solo no tienen fe, sino que además se dejan mover fácilmente por los susurros de satanás y pretendían moverme a mí hacia el campo de los incrédulos. La que dice ser mi esposa a cada rato me preguntaba cómo me sentía y pese a que yo le aseguraba que me encontraba muy bien, ella parecía estar sintiendo algo que yo no sentía y me decía: “Pero parece que te falta el aire. ¿Seguro que puedes respirar?” Yo respiraba profundamente y le respondía: “¡Pues sí! Puedo respirar”. Entonces me preguntaba: “¿No te duele el pecho?”. Yo me apretaba mi pecho, respiraba profundamente y le decía: “¡Pues fíjate que no! ¿No me duele el pecho!”.

Inconforme con mis sinceras respuestas, aquella mujer fue y se compró un oximetro para medirme A CADA RATO mi supuesta saturación de oxígeno en la sangre, porque ella no quería aceptar y mucho menos creer que yo estaba bien. A mí me daba mucha risa cada vez que el oximetro le informaba que mi saturación de oxigeno estaba por debajo de lo normal. Entonces, al paso de unos días, los niveles de fe de aquella mujer eran tan bajos que se los contagio pandémicamente a mis cercanos. Mis hijas me llamaron y me armaron un peo diciéndome que yo era un necio por no aceptar que me estaba muriendo, pese a que yo me sentía bien.

Desde allí en adelante la virosis material se convirtió en espiritual. Mis hijas me dijeron que yo tenía un seguro, que ellas estaban pagando, para ayudarme a mantenerme sano, como si yo no estuviera en las Manos de nuestro Amoroso Padre Dios. Amadas mías, cómo me gustaría que ustedes comprendieran que en mi vida no habrá de ocurrirme nada que mi Amoroso Padre Dios no disponga para mi bien. Si he de vivir o he de morir eso será la Hermosa Decisión de nuestro Amoroso Padre Dios.

Mi mami, la que me inició en la fe, me regañó porque yo no debí haberme puesto la vacuna. Me da tristeza que a sus años, después de tanto miles de rosarios y de tanto ir a Misa y Comulgar, aún no comprenda que si alguien me inyectara veneno éste no me haría daño, simplemente porque a un hijo de Dios no hay forma de hacernos daños. Todo lo que nos ocurre es porque nuestro Amoroso Padre Dios lo ha planificado desde antiguo.

Todos mis cercanos se comportaron como los cercanos de Job, quienes al no comprender lo que le ocurría a Job no hacían sino reclamarles por sus excesos de fe. ¿Es que acaso no es lo que deberíamos hacer todos y creer en exceso? ¿Por qué creer tan deficientemente? ¡CUÁNTO LES CUESTA COMPRENDER QUE DIOS EXISTE!!!   

EL “YO SOY”

Sé que para muchos -incluyendo tristemente a mis cercanos- la siguiente aclaratoria resultará ridícula, pero es nuestra Hermosa Realidad: ¡ESTAMOS EN LAS MANOS DE DIOS!!!

Cuando a nuestro Amoroso Padre Dios se le preguntó Su Hermoso Nombre Él simplemente respondió: “YO SOY EL QUE SOY”. En mi primer artículo les recordé que los primeros hebreos escribían este hermoso Nombre iniciando con la letra ‘yod’, que se dibujaba como una rama en forma de ‘brazo fuerte’. La segunda y la cuarta letra era la letra ‘hed’, que se dibujaba como la figura de un ‘hombre tomando aire’. La tercera letra era la letra ‘wav’, que se dibujaba como una ‘estaca en Y’, de aquellas que se usan para mantener una carpa arriba. Hermosamente, esas cuatro sencillas letras se pueden leer como “Aquel que tiene el poder de darte la respiración y sostenerla”. Esta Hermosa Realidad que nos define plenamente a Dios nos debería ayudar a comprender el porqué de la pandemia.

Para mi es hermoso saber que los que mueren a causa del Covid 19 frecuentemente mueren por fallas respiratorias. Como si ocurriera que “Aquel que tiene el poder de darte la respiración y sostenerla”, pues simplemente deja de sostenerla y en consecuencia la persona deja de respirar. Que hermoso es saber que desde el principio de los tiempos nuestras respiraciones están contadas y que cuando “Aquel que tiene el poder de darte la respiración y sostenerla” decida de dejar de contar (de sostenerla) pues ya no hay más nada que hacer.

Esta Hermosa Realidad Existencial debería movernos a acercarnos, cada segundo de nuestras vidas, más y más a nuestro Amoroso Padre Dios, Quien es El único que puede sostener nuestra respiración. No son los seguros, no son los medicamentos,… Nada, absolutamente nada, puede evitar que nuestro Amoroso Padre Dios deje contar (de sostener) nuestras respiraciones. Pero tampoco nada, absolutamente nada, puede evitar que nuestro Amoroso Padre Dios siga contando hasta donde Él Quiera contar, aunque un oximetro siga diciendo que no estoy respirando. ¿Comprenden esa Belleza? Aunque un aparato diga que no estoy respirando, pues les aseguro que estoy respirando y muy bien, porque Quien Sostiene mi respiración es nuestro Amoroso Padre Dios.

Aún no tengo los resultados de todos los exámenes que mis cercanos me obligaron a realizarme como si mi vida dependiera de esos resultados. Yo estoy confiado y tranquilo porque estoy segurísimo que yo he de dejar de respirar cuando nuestro Amoroso Padre Dios deje de sostener mi respiración. Por lo demás les digo que, he quedado muy triste por la poca fe de mis cercanos. Tan triste que me quisiera morir de la vergüenza, al sentir lo infructuoso de mis intentos por sembrar en ustedes la fe en nuestro Amoroso Padre Dios. De manera que, salvo que nuestro Amoroso Padre Dios disponga ocuparme en algo, pues yo estoy dispuesto a partir al más allá, totalmente dichoso por haberme acercado al conocimiento de nuestro Amoroso Padre Dios. Sé que, pese a no haber logrado los objetivos de aumentar la fe en mis cercanos, algunos puntitos positivos he logrado acumular en esta vida para ganarme la Amistad de nuestro Amoroso Padre Dios. ¡ESPERO QUE MIS CERCANOS TAMBIÉN LO LOGREN!!!   

Aunque ciertamente no tengo miedo a la muerte y que de alguna forma siempre la deseo, tengo cierta certeza de que aún me quedan unos cuantos años por delante. Esta certeza me la dan muchas cosas. Por ejemplo, si nuestro Amoroso Padre Dios fuera a dejar de sostener mi respiración, para qué me instalaría un dispositivo bariátrico. También es evidente que aún tengo cosas por comunicarles. Además, estoy seguro que satanás le debe estar pidiendo a nuestro Amoroso Padre Dios que me dé muchos años de vida, porque cada día de vida es una posibilidad para perder puntos positivos y para aumentar los negativos, lo cual le interesa a satanás. Por eso, aunque suene jactancioso de mi parte, con toda seguridad satanás debe estar preocupado de que nuestro Amoroso Padre Dios me cure, porque solo así puede contar que tenga más posibilidades de perder aquello que ya tengo seguro.

Ahora bien, si nuestro Amoroso Padre Dios decidiera que me marche a causa del coronavirus, porque Desea Entregarme mi Hermoso Premio, pues sepan todos ustedes que nada ni nadie podrá evitar que eso ocurra, porque es algo que Quiere nuestro Amoroso Padre Dios y que lo quiero yo también. De manera que, al llegar ese Hermoso Momento, no impidan mi partida hospitalizándome, como queriendo impedir que la Voluntad de nuestro Amoroso Padre Dios se cumpla en mí. Eso de que si se tiene un Seguro hay que utilizarlo va para otros no para mí, porque ¡MI ÚNICO SEGURO ES DIOS Y MI VIDA EN DIOS ESTÁ MUY BIEN!!!

Y créanme, no es que no agradezca el que se preocupen por mí, lo que me entristece es que se preocupen sin tomar en cuenta a nuestro Amoroso Padre Dios, como si Él no tuviera nada que ver con lo que a mí me acontece. Evidentemente estoy claro que, el Seguro, los medicamentos, los te,… muchas son las cosas que ha dispuesto nuestro Amoroso Padre Dios que dispongamos para mantener nuestra nave terrenal funcionando perfectamente, no porque Él no lo puede hacer sino porque esas son las Reglas del Juego que hemos venido a jugar a este maravilloso mundo: Los problemas materiales (particularmente los daños leves de carrocería) deben solucionarse o repararse con cosas materiales (medicamentos particularmente) y el Seguro nos lo provee para daños un tanto mayores, pero esto no quiere decir que, por el hecho de tener un Seguro, vamos a salir desesperados como si el Seguro fuera lo que nos fuera a salvar. ¡SIN DIOS NINGÚN MEDICAMENTO NI SEGURO FUNCIONARÁ PARA SANARNOS!!! ¡Deben aprender a dejarse descansar en las Manos de nuestro Amoroso Padre Dios!!!

Cuando se les presente alguna enfermedad o mal deben quedarse tranquilos, evaluar con calma la situación y luego actuar serenamente (en oración) y aplicar las medidas que se requieran, las cuales con seguridad nuestro Amoroso Padre Dios les revelará, si son personas de fe. En mi caso, al activarse la enfermedad sentía que nuestro Amoroso Padre Dios me decía: “¡No tomes nada! Deja que la vacuna haga su trabajo y tu cuerpo desarrolle las defensas” y así lo hice, pese a que todos me insistían en que tomara algo. Al quinto día, cuando ya me sentía bastante bien, sentí que ya era hora de comenzar a tomarme los medicamentos, y así lo hice. Todo con calma, porque el que está en las Manos de nuestro Amoroso Padre Dios sabe que ni una sola hoja de un árbol se cae sin que Dios lleve cuenta de ello.

Debido al desespero de ustedes accedí a hacerme los exámenes físicos, haciendo el uso del Seguro, los cuales considero innecesarias porque yo sé que mi cuerpo debe estar grave, pero yo no necesito que me lo confirmen, porque es algo que no me interesa, porque estoy absolutamente seguro que es nuestro Amoroso Padre Dios quien sostiene mi respiración. Para que lo tengan claro, yo estoy segurísimo que cuando yo muera y abran mi cuerpo para hacerle la autopsia, los médicos forenses se quedarán pasmados por la cantidad de enfermedades y males que la autopsia revelará se encontrarán en mi cuerpo. Enfermedades y males que habrán sido el resultado de los múltiples maltratos a los que he venido sometiendo a mi transporte material. Enfermedades y males que nuestro Amoroso Padre Dios puede reparar pero que no está obligado a hacerlo, porque son consecuencias de mis faltas a las Reglas del Juego. Sin embargo, estas enfermedades y males que con seguridad anidan en mi cuerpo, no pueden revelarse ni quitarme la vida, porque es nuestro Amoroso Padre Dios quien sostiene mi vida. Lo único que pueden hacer estas enfermedades y males es manifestarse mediante un dolor aquí, otro dolorcito allá, todos para recordarme que debo cuidar mi carrocería.

De manera que, al llegar los resultados confirmaremos que es nuestro Amoroso Padre Dios Quien sostiene mi respiración y que no tenemos nada de qué preocuparnos. Ciertamente, si los médicos indicaran hospitalización obedientemente yo accedería, pero no porque desconfíe de que estoy en las Manos de nuestro Amoroso Padre Dios, sino porque quizás nuestro Amoroso Padre Dios tenga algún plan al indicar que me hospitalicen. Qué se yo, quizás alguien dentro de la clínica necesitará alguna palabra de aliento y nuestro Amoroso Padre Dios quiera dársela a través de mi carrocería. ¡Yo dejo a Dios Ser Dios! Por favor entiendan que yo ya estoy en otro nivel, nivel que espero alcancen mucho antes de morir. Por favor traten de comprender y asimilar lo que les he escrito. ¡Gracias por preocuparse por mí! Pero en lo futuro háganlo tomando a nuestro Amoroso Padre Dios en cuenta. 

VIDA EN ORACIÓN

Bastante rato después de publicado este artículo, me encontraba yo corrigiendo la estructura de una de las novelas, pero como constantemente procuro estar en oración con nuestro Amoroso Padre Dios, comentándole alguna cosita o preguntando algunas otras, frecuentemente satanás logra meterse en nuestras conversaciones y me hace alguna pregunta, para probar mis niveles de fe.

Ocurrió entonces que, una de mis Princesas tardaba en responder el acuse de haber recibido mis bendiciones matutinas, las cuales suelo enviarles por whatsApp. Entonces, mientras recordaba lo que les había escrito en este artículo, satanás preguntó: “¿Y qué harías si unas de tus hijas se contagia?”. La respuesta para mí fue sencilla: “Pues, lo que es el deber de todo padre: a la brevedad posible iría a su casa para atenderle diligentemente durante su convalecencia”.

Ahora bien, para no entrar en detalles acerca de la sarta de preguntas que continuó haciéndome satanás para probar mi fe, simplemente les aclararé lo siguiente: Yo no iría desesperado a casa de mis Amadas Hijas, porque el que ellas vivan o mueran no depende de mí. Por eso dije ‘a la brevedad posible’. Recuerden que yo aún estoy convaleciente y debo evitar ir a casa de otras personas para no contagiar a otros.

Pero ciertamente, en el primer momento que tenga para ir casa de mis hijas pues con seguridad lo haría, sólo para intentar aliviarla un poco en sus dolencias: hacerle su comidita, sus tés, darle sus medicamentos, darle ánimos,… pero por sobre todo para recordarle que, al igual que yo, ellas se encuentran en Las Manos de nuestro Amoroso Padre Dios, por lo que no deben preocuparse, porque lo que habrá de ocurrirles será Su Santa Voluntad y eso siempre es lo mejor para nosotros.

La segura muerte de mis hijas no me aturde, porque estoy segurísimo de que, pese a haber presentados fallas en su fe durante mi convalecencia, sé que creen en nuestro Amoroso Padre Dios y que hermosamente lo procuran. Esas fallas de fe, presentadas durante mi convalecencia, son el resultado de la pregunta que les hizo satanás y al ser tan jóvenes pues fallaron en la respuesta, simplemente porque les da miedo que yo muera. ¡Son hijas y no pueden evitar el querer tener presente a su papá para siempre! Pero por lo demás, sé que mis Amadas Hijas tienen muchos puntos positivos acumulados a su favor y en consecuencia no me preocupa, ni me entristece, si sus tiempos de vida en este mundo se termina antes que el mío.

De manera que, claro que iría a atenderlas, pero despreocupadamente, porque sé que nuestro Amoroso Padre Dios está ocupado en ellas. Todo lo que ocurra será simple y llanamente lo que nuestro Amoroso Padre Dios decida y yo simplemente observaré las señales y en función a eso actuaré: les daré sus medicinas, sus comiditas,… y si llegara a ser necesario las hospitalizaría, no por desconfiar de que nuestro Amoroso Padre Dios las pueda sanar sin llegar a hospitalizarlas, sino porque debo aceptar la hospitalización como una señal de lo que quiere nuestro Amoroso Padre Dios, por alguna extraña razón, que con seguridad se nos revelará más adelante.

En todo caso, siempre debemos hacer parte de nuestras vidas la hermosa oración de Charles de Foucault:

«Padre, me pongo en tus manos, haz de mí lo que quieras, sea lo que sea, te doy las gracias. Estoy dispuesto a todo, lo acepto todo, con tal que tu voluntad se cumpla en mí, y en todas tus criaturas. No deseo nada más, Padre. Te confío mi alma, te la doy con todo el amor de que soy capaz, porque te amo. Y necesito darme, ponerme en tus manos sin medida, con una infinita confianza, porque sé que ¡Tú eres mi Padre!!! ¡Amén! ¡Amén! ¡Amén!»

¡CONFIANZA PLENA EN SU AMOR!!! ¡ES TODO LO QUE ESPERA NUESTRO AMOROSO PADRE DIOS DE NOSOTROS!!!


Escrito por: Noel José Méndez Ydrogo