En mi artículo pasado, se me ocurrió dejar evidencia de una solicitud a nuestro Amoroso Padre Dios y, después que le di publicar, pensé en que ha sido muy osado y riesgoso de mi parte pedirle a nuestro Amoroso Padre Dios algo que Él me quiere conceder pero que necesita de mi autorización para hacerlo. Le pedí simplemente que chasquera sus dedos y me reparara todos los daños leves de mi carrocería. A ver bachilleres: ¿Qué es lo que se repara? Pues sí, las pruebas que no logramos pasar por vía normal.
Después de hacer
publica mi petición me dije a mi mismo: ¿Qué hice? y seguidamente me llegó un
mensaje a mi celular invitándome a colocarme la primera dosis de la vacuna
anticovid. Y en esos momentos pensé: ¿Qué te traerás entre manos? Entonces
simplemente me dejé caer En Sus Amorosas Manos y le dije: “Si es de Ti, pues
facilítame el colocarme esta vacuna, que no tenga problemas para ir a ese lugar
y que no tenga que hacer mucha cola para colocármela”. Esto se lo pedí porque
ya tengo muchos cuentos de las muchas dificultades que ha pasado mucha gente
para colocarse las vacunas.
Pues resultó que, al
otro día un amigo, que nunca tiene tiempo de hacerme un favor, le iba a hacer
un favor a las dos personas que viven conmigo y éstas le pidieron que me
acercara al lugar en donde estaban poniendo las vacunas y así lo hizo. Cuando
llegamos al sitio me dejaron y se fueron ellos a hacer sus diligencias
pautadas. Yo me dirigí a la casa en donde estaban poniendo las vacunas y apenas
había nueve personas delante de mí, y me indicaron que llegué a tiempo, porque
solo quedaban quince dosis de la vacuna. “Mejor llegar a tiempo que ser
convidado”, me dije, y me la colocaron en menos de media hora de espera.
Ocurrió entonces que,
al quinto día de colocarme la vacuna se me desarrolló un proceso viral en mi
cuerpo como tenía años no sentía. Fiebres altas, dolores musculares, dolores
óseos, pérdida del apetito, náuseas. La mañana siguiente a esa primera noche lo
único que quería comer era frutas, pero poquitas, porque ver grandes cantidades
de alimentos me producía nauseas. Esto se repitió por varios días. Encontrarme
en esa situación de inanición me hizo pensar en el porqué de lo que me
acontecía y determiné lo siguiente, lo cual se los narraré como lo narran en
las películas que versan sobre contagios pandémicos:
·
Día
1:
Se me ocurrió pedirle a nuestro Amoroso Padre Dios que chasqueara Sus Dedos y
reparara todos mis detalles menores de carrocería. En seguida, nuestro Amoroso
Padre Dios se trasladó al 20 de junio y contaminó de virus una rica parrilla
que me pidieron mis hijas para celebrar el día del padre, con la finura de
parte de nuestro Amoroso Padre Dios que únicamente contaminó la mía, ya que yo
le había solicitado sus reparaciones. Luego, se devolvió nuestro Amoroso Padre
Dios, con la Rapidez que Lo Caracteriza, al día de mi solicitud (28 de junio) y
Diligenció lo necesario para que me invitaran a colocarme la vacuna al día
siguiente (29 de junio).
·
Día
2:
La noche del 4 de julio comencé con fiebres altas y escalofríos. Si sacamos la
cuenta, justamente 14 días después de haberme contaminado comenzó a
desarrollarse el proceso viral. Esto lo aclaro porque, según los entendidos en
la materia, una persona puede estar contaminada y no presentar síntomas sino
hasta a partir del día 14 de haberse contaminado. La presente aclaración la
hago porque aquellos, que no tienen
fe, les ha dado por concluir que es una reacción a la vacuna, cuando yo tengo
claro que nuestro Amoroso Padre Dios me contaminó para hacerme vivir la
experiencia y solicitó me colocaran la vacuna para ayudarme a superar la
virosis, reforzando mi sistema inmunológico con la vacuna. Recuerden ustedes
que los daños leves de carrocería debemos repararnos nosotros con los medicamentos
(vacunas, cremas, pastillas,…) que nuestro Amoroso Padre Dios ha tenido a bien
darnos a través de la ciencia.
Durante los siguientes
días solo me dediqué a analizar lo que me acontecía, y al respecto les recalco
lo siguiente: ESTOY EN LAS MANOS DE NUESTRO AMOROSO PADRE DIOS Y TODO LO QUE A
MI ME OCURRA SERÁ PARA MI BIEN Y QUIZÁS PARA EL DE MUCHOS. En consecuencia, espero
que hayan comprendido que NADIE ES CULPABLE DE QUE ME HAYA CONTAGIADO.
Evidentemente mis Amadas Hijas quisieron hacerme un hermoso agasajo, el cual
les agradezco mucho, porque tenía tiempo sin comerme una rica parrilla, pero ha
sido nuestro Amoroso Padre Dios quien ha contaminado únicamente la mía, para
ayudarme a deslastrarme de uno de los pocos vicios que me quedan.
Las señales para mí son
claras. En varios artículos he comentado acerca de mi decisión de comer más
sanamente, pero en la práctica no he tenido fuerzas para apartar de mí la gula.
Siempre me cuesta comer pocas cantidades y evitar frituras y algunos otros
excesos dañinos culinarios. Desde la virosis, me tienen que servir en una taza
pequeña, porque si veo mucha comida me da náuseas y se me quita el apetito. He pensado entonces
que, nuestro Amoroso Padre Dios me ha puesto un dispositivo bariátrico para
ayudarme a evitar el vicio de la gula, despreciando los platos excesivamente
llenos de alimentos. Evidentemente, tengo que tener claro que, al igual que
ocurre con cualquier dispositivo bariátrico, yo puedo perder el beneficio de
ese dispositivo si no lo cuido o si trato de bloquear su funcionabilidad. Es
decir, queda de mi parte el no ofrecerle ni aceptar que le ofrezcan a mi
organismo grandes cantidades de alimentos, por muy exquisitos que se vean. Si
vuelvo a caer ante la tentación me puede ocurrir igual que aquellos que se someten
a una cirugía bariátrica y luego la pierden por no aprovechar al máximo los
beneficios del dispositivo.
Por cierto que, otras
de las señales que se hicieron evidentes es que con la comida de fuera de casa
es más factible contaminarse que con la comida de la casa, por lo que les pido
a mis cercanos que eviten las comidas de fuera de casa. Preparen todo en casa,
lo más higiénicamente posible, para tratar de evitar el coronavirus. Y digo
tratar de evitar porque, según lo veo yo a éste virus aún le quedan por lo
menos cinco años de actividad, y en consecuencia todos nos vamos a contagiar,
pero algunos lograrán superarlo y otros no. Como esta es la Hermosa Realidad de
la pandemia, la cual vino a recordarnos que estamos en las Manos de nuestro
amoroso Padre Dios, les pido que se cuiden lo mejor que puedan, pero sobre todo
prepárense espiritualmente para evitar que el día en que les toque vivir la
pandemia no les agarre con miedo a morir, por no estar preparados para hacerlo.
De manera que, con lo
anterior queda aclarado el porqué de la pandemia afectándome. Es solo un
Hermoso Detalle de nuestro Amoroso Padre Dios para ayudarme a superar uno de
mis vicios. Pero tristemente la historia no acaba aquí, porque el hecho de que
yo haya sido atacado por un moderno coronavirus desveló en mis cercanos sus
enormes deficiencias de fe, de las cuales quiero hablarles ahora.
DE LO MATERIAL A LO ESPIRITUAL
Yo hubiera esperado que
mis más cercanos hubieran reaccionado con mayor fe al enterarse que yo estaba
pasando por un proceso viral, pero tristemente no ocurrió así. Y esto me
entristece mucho porque al parecer, respecto a comunicar la fe que en nuestro
Amoroso Padre Dios deberíamos estar viviendo, pues HE ARADO EN EL MAR.
Yo pensé que mis más
cercanos ya comprendía que: “Ni una sola hoja de un árbol se cae sin que Dios
lleve cuenta de ello”. Yo creía que mis cercanos creían en Dios, pero no,
simplemente creen creer en Dios, pese a mis muchos esfuerzos por comunicárselo.
Pero claro, si ni siquiera leen mis artículos, que puedo esperar de tanta
mohosidad cognoscitiva. QUE PUEDO ESPERAR DE TANTA FLOJERA POR ACERCARSE A
DIOS.
Mis cercanos parecieran
no querer encontrarse con nuestro Amoroso Padre Dios, porque aparentemente no
solo no tienen fe, sino que además se dejan mover fácilmente por los susurros
de satanás y pretendían moverme a mí hacia el campo de los incrédulos. La que
dice ser mi esposa a cada rato me preguntaba cómo me sentía y pese a que yo le aseguraba
que me encontraba muy bien, ella parecía estar sintiendo algo que yo no sentía
y me decía: “Pero parece que te falta el aire. ¿Seguro que puedes respirar?” Yo
respiraba profundamente y le respondía: “¡Pues sí! Puedo respirar”. Entonces me
preguntaba: “¿No te duele el pecho?”. Yo me apretaba mi pecho, respiraba
profundamente y le decía: “¡Pues fíjate que no! ¿No me duele el pecho!”.
Inconforme con mis
sinceras respuestas, aquella mujer fue y se compró un oximetro para medirme A
CADA RATO mi supuesta saturación de oxígeno en la sangre, porque ella no quería
aceptar y mucho menos creer que yo estaba bien. A mí me daba mucha risa cada
vez que el oximetro le informaba que mi saturación de oxigeno estaba por debajo
de lo normal. Entonces, al paso de unos días, los niveles de fe de aquella
mujer eran tan bajos que se los contagio pandémicamente a mis cercanos. Mis
hijas me llamaron y me armaron un peo diciéndome que yo era un necio por no
aceptar que me estaba muriendo, pese a que yo me sentía bien.
Desde allí en adelante
la virosis material se convirtió en espiritual. Mis hijas me dijeron que yo
tenía un seguro, que ellas estaban pagando, para ayudarme a mantenerme sano,
como si yo no estuviera en las Manos de nuestro Amoroso Padre Dios. Amadas
mías, cómo me gustaría que ustedes comprendieran que en mi vida no habrá de
ocurrirme nada que mi Amoroso Padre Dios no disponga para mi bien. Si he de
vivir o he de morir eso será la Hermosa Decisión de nuestro Amoroso Padre Dios.
Mi mami, la que me
inició en la fe, me regañó porque yo no debí haberme puesto la vacuna. Me da
tristeza que a sus años, después de tanto miles de rosarios y de tanto ir a
Misa y Comulgar, aún no comprenda que si alguien me inyectara veneno éste no me
haría daño, simplemente porque a un hijo de Dios no hay forma de hacernos
daños. Todo lo que nos ocurre es porque nuestro Amoroso Padre Dios lo ha
planificado desde antiguo.
Todos mis cercanos se comportaron
como los cercanos de Job, quienes al no comprender lo que le ocurría a Job no
hacían sino reclamarles por sus excesos de fe. ¿Es que acaso no es lo que
deberíamos hacer todos y creer en exceso? ¿Por qué creer tan deficientemente?
¡CUÁNTO LES CUESTA COMPRENDER QUE DIOS EXISTE!!!
EL “YO SOY”
Sé que para muchos
-incluyendo tristemente a mis cercanos- la siguiente aclaratoria resultará
ridícula, pero es nuestra Hermosa Realidad: ¡ESTAMOS EN LAS MANOS DE DIOS!!!
Cuando a nuestro
Amoroso Padre Dios se le preguntó Su Hermoso Nombre Él simplemente respondió: “YO
SOY EL QUE SOY”. En mi primer artículo les recordé que los primeros hebreos escribían
este hermoso Nombre iniciando con la letra ‘yod’, que se dibujaba como una rama
en forma de ‘brazo fuerte’. La segunda y la cuarta letra era la letra ‘hed’,
que se dibujaba como la figura de un ‘hombre tomando aire’. La tercera letra
era la letra ‘wav’, que se dibujaba como una ‘estaca en Y’, de aquellas que se
usan para mantener una carpa arriba. Hermosamente, esas cuatro sencillas letras
se pueden leer como “Aquel que tiene el poder de darte la respiración y
sostenerla”. Esta Hermosa Realidad que nos define plenamente a Dios nos debería
ayudar a comprender el porqué de la pandemia.
Para mi es hermoso
saber que los que mueren a causa del Covid 19 frecuentemente mueren por fallas
respiratorias. Como si ocurriera que “Aquel que tiene el poder de darte la
respiración y sostenerla”, pues simplemente deja de sostenerla y en
consecuencia la persona deja de respirar. Que hermoso es saber que desde el
principio de los tiempos nuestras respiraciones están contadas y que cuando “Aquel
que tiene el poder de darte la respiración y sostenerla” decida de dejar de
contar (de sostenerla) pues ya no hay más nada que hacer.
Esta Hermosa Realidad
Existencial debería movernos a acercarnos, cada segundo de nuestras vidas, más
y más a nuestro Amoroso Padre Dios, Quien es El único que puede sostener
nuestra respiración. No son los seguros, no son los medicamentos,… Nada,
absolutamente nada, puede evitar que nuestro Amoroso Padre Dios deje contar (de
sostener) nuestras respiraciones. Pero tampoco nada, absolutamente nada, puede evitar
que nuestro Amoroso Padre Dios siga contando hasta donde Él Quiera contar,
aunque un oximetro siga diciendo que no estoy respirando. ¿Comprenden esa
Belleza? Aunque un aparato diga que no estoy respirando, pues les aseguro que
estoy respirando y muy bien, porque Quien Sostiene mi respiración es nuestro
Amoroso Padre Dios.
Aún no tengo los
resultados de todos los exámenes que mis cercanos me obligaron a realizarme
como si mi vida dependiera de esos resultados. Yo estoy confiado y tranquilo
porque estoy segurísimo que yo he de dejar de respirar cuando nuestro Amoroso
Padre Dios deje de sostener mi respiración. Por lo demás les digo que, he
quedado muy triste por la poca fe de mis cercanos. Tan triste que me quisiera
morir de la vergüenza, al sentir lo infructuoso de mis intentos por sembrar en
ustedes la fe en nuestro Amoroso Padre Dios. De manera que, salvo que nuestro
Amoroso Padre Dios disponga ocuparme en algo, pues yo estoy dispuesto a partir
al más allá, totalmente dichoso por haberme acercado al conocimiento de nuestro
Amoroso Padre Dios. Sé que, pese a no haber logrado los objetivos de aumentar
la fe en mis cercanos, algunos puntitos positivos he logrado acumular en esta
vida para ganarme la Amistad de nuestro Amoroso Padre Dios. ¡ESPERO QUE MIS
CERCANOS TAMBIÉN LO LOGREN!!!
Aunque ciertamente no
tengo miedo a la muerte y que de alguna forma siempre la deseo, tengo cierta
certeza de que aún me quedan unos cuantos años por delante. Esta certeza me la
dan muchas cosas. Por ejemplo, si nuestro Amoroso Padre Dios fuera a dejar de
sostener mi respiración, para qué me instalaría un dispositivo bariátrico.
También es evidente que aún tengo cosas por comunicarles. Además, estoy seguro
que satanás le debe estar pidiendo a nuestro Amoroso Padre Dios que me dé
muchos años de vida, porque cada día de vida es una posibilidad para perder
puntos positivos y para aumentar los negativos, lo cual le interesa a satanás.
Por eso, aunque suene jactancioso de mi parte, con toda seguridad satanás debe
estar preocupado de que nuestro Amoroso Padre Dios me cure, porque solo así
puede contar que tenga más posibilidades de perder aquello que ya tengo seguro.
Ahora bien, si nuestro
Amoroso Padre Dios decidiera que me marche a causa del coronavirus, porque
Desea Entregarme mi Hermoso Premio, pues sepan todos ustedes que nada ni nadie
podrá evitar que eso ocurra, porque es algo que Quiere nuestro Amoroso Padre
Dios y que lo quiero yo también. De manera que, al llegar ese Hermoso Momento,
no impidan mi partida hospitalizándome, como queriendo impedir que la Voluntad
de nuestro Amoroso Padre Dios se cumpla en mí. Eso de que si se tiene un Seguro
hay que utilizarlo va para otros no para mí, porque ¡MI ÚNICO SEGURO ES DIOS Y MI
VIDA EN DIOS ESTÁ MUY BIEN!!!
Y créanme, no es que no
agradezca el que se preocupen por mí, lo que me entristece es que se preocupen
sin tomar en cuenta a nuestro Amoroso Padre Dios, como si Él no tuviera nada
que ver con lo que a mí me acontece. Evidentemente estoy claro que, el Seguro,
los medicamentos, los te,… muchas son las cosas que ha dispuesto nuestro
Amoroso Padre Dios que dispongamos para mantener nuestra nave terrenal
funcionando perfectamente, no porque Él no lo puede hacer sino porque esas son
las Reglas del Juego que hemos venido a jugar a este maravilloso mundo: Los
problemas materiales (particularmente los daños leves de carrocería) deben
solucionarse o repararse con cosas materiales (medicamentos particularmente) y
el Seguro nos lo provee para daños un tanto mayores, pero esto no quiere decir
que, por el hecho de tener un Seguro, vamos a salir desesperados como si el
Seguro fuera lo que nos fuera a salvar. ¡SIN DIOS NINGÚN MEDICAMENTO NI SEGURO
FUNCIONARÁ PARA SANARNOS!!! ¡Deben aprender a dejarse descansar en las Manos de
nuestro Amoroso Padre Dios!!!
Cuando se les presente
alguna enfermedad o mal deben quedarse tranquilos, evaluar con calma la
situación y luego actuar serenamente (en oración) y aplicar las medidas que se
requieran, las cuales con seguridad nuestro Amoroso Padre Dios les revelará, si
son personas de fe. En mi caso, al activarse la enfermedad sentía que nuestro
Amoroso Padre Dios me decía: “¡No tomes nada! Deja que la vacuna haga su
trabajo y tu cuerpo desarrolle las defensas” y así lo hice, pese a que todos me
insistían en que tomara algo. Al quinto día, cuando ya me sentía bastante bien,
sentí que ya era hora de comenzar a tomarme los medicamentos, y así lo hice.
Todo con calma, porque el que está en las Manos de nuestro Amoroso Padre Dios
sabe que ni una sola hoja de un árbol se cae sin que Dios lleve cuenta de ello.
Debido al desespero de
ustedes accedí a hacerme los exámenes físicos, haciendo el uso del Seguro, los
cuales considero innecesarias porque yo sé que mi cuerpo debe estar grave, pero
yo no necesito que me lo confirmen, porque es algo que no me interesa, porque
estoy absolutamente seguro que es nuestro Amoroso Padre Dios quien sostiene mi
respiración. Para que lo tengan claro, yo estoy segurísimo que cuando yo muera
y abran mi cuerpo para hacerle la autopsia, los médicos forenses se quedarán
pasmados por la cantidad de enfermedades y males que la autopsia revelará se
encontrarán en mi cuerpo. Enfermedades y males que habrán sido el resultado de
los múltiples maltratos a los que he venido sometiendo a mi transporte
material. Enfermedades y males que nuestro Amoroso Padre Dios puede reparar
pero que no está obligado a hacerlo, porque son consecuencias de mis faltas a
las Reglas del Juego. Sin embargo, estas enfermedades y males que con seguridad
anidan en mi cuerpo, no pueden revelarse ni quitarme la vida, porque es nuestro
Amoroso Padre Dios quien sostiene mi vida. Lo único que pueden hacer estas
enfermedades y males es manifestarse mediante un dolor aquí, otro dolorcito
allá, todos para recordarme que debo cuidar mi carrocería.
De manera que, al llegar los resultados confirmaremos que es nuestro Amoroso Padre Dios Quien sostiene mi respiración y que no tenemos nada de qué preocuparnos. Ciertamente, si los médicos indicaran hospitalización obedientemente yo accedería, pero no porque desconfíe de que estoy en las Manos de nuestro Amoroso Padre Dios, sino porque quizás nuestro Amoroso Padre Dios tenga algún plan al indicar que me hospitalicen. Qué se yo, quizás alguien dentro de la clínica necesitará alguna palabra de aliento y nuestro Amoroso Padre Dios quiera dársela a través de mi carrocería. ¡Yo dejo a Dios Ser Dios! Por favor entiendan que yo ya estoy en otro nivel, nivel que espero alcancen mucho antes de morir. Por favor traten de comprender y asimilar lo que les he escrito. ¡Gracias por preocuparse por mí! Pero en lo futuro háganlo tomando a nuestro Amoroso Padre Dios en cuenta.
VIDA EN ORACIÓN
Bastante rato después
de publicado este artículo, me encontraba yo corrigiendo la estructura de una
de las novelas, pero como constantemente procuro estar en oración con nuestro
Amoroso Padre Dios, comentándole alguna cosita o preguntando algunas otras,
frecuentemente satanás logra meterse en nuestras conversaciones y me hace
alguna pregunta, para probar mis niveles de fe.
Ocurrió entonces que,
una de mis Princesas tardaba en responder el acuse de haber recibido mis
bendiciones matutinas, las cuales suelo enviarles por whatsApp. Entonces,
mientras recordaba lo que les había escrito en este artículo, satanás preguntó:
“¿Y qué harías si unas de tus hijas se contagia?”. La respuesta para mí fue
sencilla: “Pues, lo que es el deber de todo padre: a la brevedad posible iría a
su casa para atenderle diligentemente durante su convalecencia”.
Ahora bien, para no
entrar en detalles acerca de la sarta de preguntas que continuó haciéndome
satanás para probar mi fe, simplemente les aclararé lo siguiente: Yo no iría
desesperado a casa de mis Amadas Hijas, porque el que ellas vivan o mueran no
depende de mí. Por eso dije ‘a la brevedad posible’. Recuerden que yo aún estoy
convaleciente y debo evitar ir a casa de otras personas para no contagiar a
otros.
Pero ciertamente, en el
primer momento que tenga para ir casa de mis hijas pues con seguridad lo haría,
sólo para intentar aliviarla un poco en sus dolencias: hacerle su comidita, sus
tés, darle sus medicamentos, darle ánimos,… pero por sobre todo para recordarle
que, al igual que yo, ellas se encuentran en Las Manos de nuestro Amoroso Padre
Dios, por lo que no deben preocuparse, porque lo que habrá de ocurrirles será
Su Santa Voluntad y eso siempre es lo mejor para nosotros.
La segura muerte de mis
hijas no me aturde, porque estoy segurísimo de que, pese a haber presentados
fallas en su fe durante mi convalecencia, sé que creen en nuestro Amoroso Padre
Dios y que hermosamente lo procuran. Esas fallas de fe, presentadas durante mi
convalecencia, son el resultado de la pregunta que les hizo satanás y al ser
tan jóvenes pues fallaron en la respuesta, simplemente porque les da miedo que
yo muera. ¡Son hijas y no pueden evitar el querer tener presente a su papá para
siempre! Pero por lo demás, sé que mis Amadas Hijas tienen muchos puntos positivos
acumulados a su favor y en consecuencia no me preocupa, ni me entristece, si
sus tiempos de vida en este mundo se termina antes que el mío.
De manera que, claro
que iría a atenderlas, pero despreocupadamente, porque sé que nuestro Amoroso
Padre Dios está ocupado en ellas. Todo lo que ocurra será simple y llanamente
lo que nuestro Amoroso Padre Dios decida y yo simplemente observaré las señales
y en función a eso actuaré: les daré sus medicinas, sus comiditas,… y si
llegara a ser necesario las hospitalizaría, no por desconfiar de que nuestro
Amoroso Padre Dios las pueda sanar sin llegar a hospitalizarlas, sino porque
debo aceptar la hospitalización como una señal de lo que quiere nuestro Amoroso
Padre Dios, por alguna extraña razón, que con seguridad se nos revelará más
adelante.
En todo caso, siempre
debemos hacer parte de nuestras vidas la hermosa oración de Charles de Foucault:
«Padre, me pongo en tus manos, haz de mí lo que quieras, sea lo que sea,
te doy las gracias. Estoy dispuesto a todo, lo acepto todo, con tal que tu
voluntad se cumpla en mí, y en todas tus criaturas. No deseo nada más, Padre.
Te confío mi alma, te la doy con todo el amor de que soy capaz, porque te amo.
Y necesito darme, ponerme en tus manos sin medida, con una infinita confianza,
porque sé que ¡Tú eres mi Padre!!! ¡Amén! ¡Amén! ¡Amén!»
¡CONFIANZA PLENA EN SU
AMOR!!! ¡ES TODO LO QUE ESPERA NUESTRO AMOROSO PADRE DIOS DE NOSOTROS!!!
Escrito por: Noel José Méndez Ydrogo
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