En estos días, mientras limpiaba la panza, que les comenté que compré para prepararme unos callos a la madrileña, le cayó jugo de limón a mi panza y se mi irritó fuertemente. ¡ME SALIERON UNA LLAGAS ENORMES!
Durante la noche, las
llagas me picaban y como no quería rascármelas (para no explotarlas) pues no
podía dormir. Entonces pensé: ¿Será que mi Amoroso Padre Dios QUERRÁ CURARME
estas llagas? y en seguida se me vino a la mente, como si me gritaran desde un
enorme taller de reparaciones: “¡DAÑOS LEVES DE CARROCERÍA! ¡REPÁRALOS TÚ
MISMO!!!”.
En esos momentos, me sentí como creo debió haberse sentido Pablo, cuando pidió que le repararán un
DAÑO LEVE EN SU CARROCERÍA y simplemente recibió como respuesta: “¡Bástate Mi Gracia! Porque Mi Poder Se
Perfecciona en la debilidad!” -(2 Corintios 12:9)-. ¡Repáralo tú mismo! ¡Habrase
visto!
Ante la negativa de mi
Amoroso Padre Dios, de chasquear los dedos y curarme, pues me puse a pensar en
cómo hacer para aliviar mi picazón. Entonces, se me ocurrió buscar en la gaveta
de las medicinas un Madecasol en crema, para ver si por casualidad había un
tubito de esa crema para quemaduras. Resultó que, POR PROVIDENCIA MÁS QUE POR CAUSALIDAD había un
tubito de esa refrescante crema. Y saben qué: AL ABRIR LA GAVETA EL TUBITO
ESTABA A LA VISTA, por lo que no tuve ni que buscar.
Pues me unté algo de la
crema en las llagas y pude dormir. A la mañana siguiente, pude visualizar bien
el DAÑO QUE LE HABÍA HECHO A MI CARROCERÍA
y entonces pensé en cómo repararlo. Como tenía poco dinero en mi cuenta,
pensé en cómo haría para comprar un Madecasol en polvo. Entonces, me dirigí
nuevamente a la gaveta de las medicinas y saben qué: HABÍA UN FRASQUITO DE
MADECASOL EN POLVO A LA VISTA. Busqué entonces un frasquito de alcohol y otro
de agua oxigenada (que había comprado recientemente por si acaso alguna
eventualidad) y me ocupé en reparar mi carrocería.
Hoy en la madrugada,
durante mis oraciones matutinas, me puse a pensar en ese acontecimiento, aparentemente
fortuito, y decidí escribirles este artículo. Entonces, se me vino a la mente
una pregunta que le hicieron al niñito de la peli YO CREO, que les recomendé en
estos días que vieran. Resulta que, después que los medios de comunicación
descubrieron quién era el niño que movía a los feligreses a creer que nuestro
Amoroso Padre Dios QUERÍA AYUDARLES, pues se percataron que ese niñito tenía
sendos lentes, de enormes dimensiones, en su pequeño rostro, porque sufría de
cierta deficiencia en el sistema visual de su carrocería. En consecuencia le
preguntaron: ¿Por qué ese Dios, que aparentemente te oye, no te cura de la
vista? Esto se lo preguntaron porque justamente el niñito le recomendó a una
afligida madre, que se encontraba en el Templo orando por su hijo de meses que
había nacido ciego, que se fuera a casa, porque nuestro Amoroso Padre Dios
QUISO CONCEDERLE su petición. Ante tal pregunta, el niñito simplemente dio a
entender que él no sabía por qué Dios Decidía Hacer Algún Milagro Sí, pero otros
no. Pues, pienso yo que, nuestro Amoroso Padre Dios, no reparó la deficiencia
del niñito porque era una deficiencia leve, pudiéramos decir, porque en efecto,
con ciertas reparaciones menores (colocarse enormes lentes) el niñito podía ver.
Pensando en estos hechos,
recordé una peli titulada MOLOKAI, la cual versa sobre la vida de un gran
Santo, quien decidió prestar sus SERVICIOS en una isla de leprosos, pese a que
en aquellos tiempos no había cura para tan doloroso mal y en efecto, tal y como
ocurrió, aquel Santo podía contagiarse. Cuando aquel Sacerdote se contagió de
lepra, en vez de dedicarse a quejarse por lo que Dios había PERMITIDO, pues
sencillamente le dirigió a nuestro Amoroso Padre Dios una oración
agradeciéndole porque ahora ya era uno más de los pobres que sufrían en este
mundo. Al finalizar su oración, Damián sintió que nuestro Amoroso Padre Dios le
respondió: “Si Damián, ¡YA ERES UNO MÁS DE MIS ESCOGIDOS!”. Damián se ganó la
Amistad de nuestro Amoroso Padre Dios por haber comprendido que la lepra, al
igual que la gran mayoría de los males físicos que se adolecen en este mundo
material, son DAÑOS LEVES DE CARROCERÍA, de los cuales nuestro Amoroso Padre
Dios no suele ocuparse, no porque no pueda, sino porque son simples errores de
estética, que no vale la pena corregir, porque no nos incapacitan para
desarrollarnos espiritualmente. Las imperfecciones en la estética de nuestra
carrocería nos ayudan a recordar que la vida material es imperfecta y en
extremo efímera, por lo que debemos esforzarnos por alcanzar el Mundo de
Perfección que nos ofrece nuestro Amoroso Padre Dios, el cual es Eterno.
¿Se imaginan a
nuestro Amoroso Padre Dios ocupándose de lo que nosotros tenemos que ocuparnos?
Si no cuidas tus dientes, no esperes que nuestro Amoroso Padre Dios los cuide
por ti. Eres tú quien debes cepillar tus dientes después de cada comida y antes
de dormir y al despertarte, además de evitar los dulces en exceso y masticar
objetos duros. Si comes exageradamente, no esperes que nuestro Amoroso Padre
Dios mantenga tu figura esbelta. Eres tú quien debes esforzarte por comer sano,
a sus horas y en pocas cantidades, además de hacer ejercicios… Si yo limpié
aquella panza apresuradamente, sin vigilar que tenía que evitar que me cayera
jugo de limón en mi panza, pues ahora no le puedo pedir a mi Amoroso Padre Dios
que me cure las llagas. ¡ESE ES MI TRABAJO! ¡YO LO DAÑÉ, YO LO REPARO! Gracias
a nuestro Amoroso Padre Dios hay maneras y medios para reparar la mayoría de
los daños leves de carrocería. De los daños más graves, con seguridad nuestro
Amoroso Padre Dios QUIERE ENCARGARSE, pero necesita de ti para Hacerlo. Vuelvo
y te pregunto: ¿Crees que nuestro Amoroso Padre Dios Tiene El Poder de Hacer
Aparecer Nuevamente la pierna de un mutilado?
Este medio de
transporte (nuestro cuerpo), que utiliza nuestro espíritu para trasladarse en
nuestro mundo material, vino diseñado perfectamente para el uso particular de
cada uno de nuestros espíritus, pero SIN GARANTÍAS ESTRUCTURALES NI FUNCIONALES,
porque Quien Lo Diseñó no puede hacerse responsable del mal manejo que le
demos. De manera que, ¡SOMOS LOS ÚNICOS RESPONSABLES DEL PERFECTO ESTADO Y
FUNCIONAMIENTO DE NUESTROS CUERPOS! Entiéndelo, cuando se te daña el automóvil por
mal uso o por falta de mantenimiento, ¿acaso demandas al fabricante? Pues no,
simplemente te haces responsable de los malos tratos y faltas de mantenimiento
a los que sometiste a tu automóvil y lo reparas.
Esta mañana, al
realizar un brusco movimiento de mi agotada cadera, al mover una pesada caja, sentí un dolor muy fuerte,
que me tiene caminando de lado. ¿Qué voy a hacer? ¿Quejarme de lo desgastado de
mi carrocería? ¿Es que acaso no es culpa mía que esté tan deteriorada? ¡He sido
yo el que no la he cuidado bien!, al no comer sanamente, ni hacer ejercicios,
ni dormir bien durante las horas de sueño (por salir a fiestas o ver
televisión), ni atender recomendaciones sencillas de manutención (no comer en
exceso, no fumar, no tomar bebidas alcohólicas,…)… Recomendaciones que les
aseguro muchos me las han venido recordando constantemente, pero que yo no les he prestado atención
y ahora sufro las consecuencias. Consecuencias que me tocarán soportar hasta el
último nano segundo que mi medio de transporte espiritual tenga anotado que
funcionará.
Ahora me iré a colocar
pañitos de agua caliente en mi cadera, pidiéndole a nuestro Amoroso Padre Dios
que me perdone por no haber seguido las recomendaciones de manutención de este
excelente medio de transporte y que me eche Una Manito para que me Ayude a
Repararlo, porque a pesar de que son daños leves en mi carrocería, se han
acumulado demasiado y necesito me ingreses a Tu Taller para que me hagas una
reparaciones generales y así quedar como nuevo, para poder servirte por lo
menos 100 años más. ¡ANDA! ¡CHASQUEA LOS DEDOS AMOROSO PADRE Y REPÁRAME
TODO!!!!
Por cierto, les debo
comentar que, tenía tiempísimo que no veía el Madecasol en sus dos
presentaciones (crema y polvo) y, sin embargo, no me extrañó que estuvieran en
la gaveta de las medicinas, porque si bien es cierto que nuestro Amoroso Padre
Dios no Acostumbra a Atender los daños leves que les ocasionamos a nuestras
carrocerías, ciertamente nunca abandona a Sus Hijos y siempre nos provee de los
medios para repararnos.
Escrito por: Noel José Méndez Ydrogo
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