Me considero un hombre
de fe, por lo que creo firmemente en la participación de Dios en todos los
acontecimientos de nuestras vidas. Como consecuencia de esto, suelo observar
todos los hechos que ocurren a mí alrededor y procuro verlos como señales. A mi
entender, ¡DIOS HABLA POR SEÑALES!
En este orden de ideas,
les comentaré que, durante varios días seguidos, he oído en la televisión
algunas frases que me motivaron a escribir respecto al mal existente. En la
introducción de un programa, que lleva por nombre El Gen de la Maldad, explican
que, según algunos experimentos realizados, existe un ‘gen maligno’ que mueve a
las personas a ser malvadas. En otro programa de reality show, intervenía un
hombre que manifestaba sufrir de ‘pedofilia mental’, porque era movido por un
‘demonio’ que lo obligaba a ‘ver imágenes de niñas desnudas’. La psicóloga del reality show explicaba que,
así como la homosexualidad, la condición de pedófilo NO ES UNA ELECCIÓN.
Al observar estas
señales, me hice algunas preguntas acerca de la posibilidad de que el ‘ser malvado’ no sea
una elección. ¿Es posible que el malvado sea movido por un ‘gen diabólico’ o quizás
por el mismo ‘diablo’? También existe la posibilidad de que ocurra lo que les
explico en algunas de mis Novelas: ¡LA INEXISTENCIA DEL ALMA EN LOS MALVADOS!
Sobre esta posibilidad les escribiré próximamente.
LA EXISTENCIA DEL MAL
En otra serie
televisiva, un famoso psíquico, asesor de la policía, discierne con una chica
acerca de la existencia del mal. Este agnóstico asesor establece que: “El frió
y el calor existen, la luz y la oscuridad existen, la vida y la muerte existen,
pero en definitiva el bien y el mal son sólo cosas que ocurren y ya. ¡NO HAY UN
DIOS EN MEDIO DE ESTOS ACONTECIMIENTOS!”. Curiosamente, esta especie de deducción
científica fue tratada y explicada por un famoso científico, hace algunos años,
con una conclusión diametralmente opuesta.
Cierto día, un profesor ateo, durante una clase en la cual estaba
presente Albert Einstein, concluía que la maldad existente en el mundo era la
evidencia de que Dios no existía. Ésta conclusión, movió a Einstein a entrar
con su profesor en un interesante diálogo. «Albert
comenzó a hacerle una serie de preguntas a su profesor. Le preguntó: “Profesor
¿existe el frío?”, a lo que el profesor respondió: “¿Qué pregunta es ésa? Por
supuesto que existe, ¿acaso usted no ha sentido frío?” Entonces Einstein
replicó: “De hecho, señor, el frío no existe. Según las leyes de la física, lo
que consideramos frío, en realidad es ausencia de calor. Todo cuerpo u objeto
es susceptible de estudio cuando tiene o transmite energía, el calor es lo que
hace que dicho cuerpo tenga o transmita energía. El cero absoluto es la
ausencia total y absoluta de calor, todos los cuerpos se vuelven inertes,
incapaces de reaccionar, pero el frío no existe. Hemos creado ese término para
describir cómo nos sentimos si no tenemos calor.”. Luego, continuó Albert con
otra pregunta: “Y, ¿existe la oscuridad?”, a lo que su profesor se apresuró a
contestar: “¡Por supuesto!”. Seguidamente, Einstein le aclaró: “Nuevamente se
equivoca, señor, la oscuridad tampoco existe. La oscuridad es en realidad
ausencia de luz. La luz puede estudiarse, la oscuridad no, incluso existe el
prisma de Nicol para descomponer la luz blanca en los varios colores en que
está compuesta, con sus diferentes longitudes de onda. La oscuridad no. Un
simple rayo de luz rasga las tinieblas e ilumina la superficie donde termina el
haz de luz. ¿Cómo puede saber cuán oscuro está un espacio determinado? Con base
en la cantidad de luz presente en ese espacio, ¿no es así? Oscuridad es un
término que el hombre ha desarrollado para describir lo que sucede cuando no
hay luz presente.”. Finalmente, Einstein preguntó: “Señor, ¿existe el mal?”
Nuevamente, en su torpeza, el profesor se apuró al contestar: “¡Por supuesto
que existe!, como lo mencioné al principio, vemos violaciones, crímenes y
violencia en todo el mundo, ¡esas cosas son del mal!”. Entonces, hermosamente
Einstein corrigió, una vez más, a su profesor, y le aclaró: “El mal no existe,
señor, o al menos no existe por sí mismo. El
mal es simplemente la ausencia de Dios, es, al igual que los casos
anteriores un término que el hombre ha creado para describir esa ausencia de
Dios. Dios no creó el mal. No es como la fe o el amor, que existen como existen
el calor y la luz. El mal es el resultado de que la humanidad no tenga a Dios
presente en sus corazones. Es como resulta el frío cuando no hay calor, o la
oscuridad cuando no hay luz.”. Entonces el profesor, después de asentar con la
cabeza, se quedó callado.»
Esta hermosa anécdota, de uno de los grandes genios de nuestra
historia, nos sirve para aclarar la despreciable diatriba que utilizan los
agnósticos para demostrar que Dios no existe. ¡ES LA HUMANIDAD LA QUE SE HA ALEJADO DE
DIOS!! Y en consecuencia, el mal se ha apoderado de nuestros tiempos.
San Ignacio de Loyola
solía decir: «Ni una sola hoja de un
árbol se cae, sin que Dios lleve cuenta de ello». Esto es lo que conocemos
como Providencia. La cual se puede
definir como ‘La Mano de Dios actuando en todas las cosas y hechos de la historia’.
Dios ha creado todas las cosas y con su providencia las sostiene. Las criaturas no tienen su causa en sí
mismas, sino que tienen siempre su causa en Dios, del que reciben constantemente
el ser y el obrar. Por eso, si la providencia divina no conservara las cosas
con el mismo poder con que las creo en un principio, volverían enseguida a
recaer en la nada.
Quizás esta
aclaratoria no ayude mucho a comprender lo de la existencia del mal, puesto
que, si la Mano de Dios actúa en todas las cosas y hechos de la historia,
entonces, en efecto, como afirman los ateos, Dios actúa para que se realice el
mal. ¡Pero nada más lejos de la verdad! Y es aquí donde debo aclararles lo
referente a la Voluntad de Dios. La
cual se puede definir como el ‘deseo eterno de Dios de que el hombre le
PERTENEZCA en LI.BER.TAD’. Es su voluntad que nosotros hagamos las
cosas bien, es su voluntad que seamos felices, es su voluntad que le
conozcamos, es su voluntad que le amemos. Con ese fin dirige todas las cosas,
según su Providencia. Pero tristemente nosotros haciendo uso de nuestra
libertad, aquella que Dios mismo nos otorgó por su Voluntad, cambiamos el plan y nos
inclinamos a no hacer lo que Dios desea. Entonces todo sale mal, porque hay
ausencia de Dios en las cosas que hacemos. ¡El mal no es otra cosa que la ausencia de la
Gracia de Dios!”.
Aclarado lo de la
APARENTE existencia del mal, continuemos con los males del hombre.
EL MISTERIO DE LOS GENES
En otra serie televisiva
de detectives, un asesino serial pretendía librarse de la cárcel, utilizando
como defensa el hecho de que él poseía una especie de ‘gen diabólico’ que le
obligaba a asesinar. Este asesino serial no logró su cometido debido a que un
científico, perteneciente a la buró de la policía, declaró que el también
poseía ese gen y que también su papá había abusado de él, y aun así, él nunca
había asesinado a nadie. Establecieron en esencia que, ¡LOS GENES NO DETERMINAN
TU DESTINO!
Los estudios acerca de
la influencia de los genes en el comportamiento de los hombres, comenzaron hace
más de dos décadas, cuando un grupo de mujeres holandesas se propuso encontrar
una explicación para la conducta antisocial de los hombres, particularmente de
sus esposos. Aquellas mujeres observaron que, algunos hombres y niños, además
de presentar dificultades de aprendizaje, eran propensos a los estallidos de
agresión y solían acumular una lista de faltas graves, como incendios
provocados, intento de violación y de asesinato. Sospechando que el
comportamiento podría ser hereditario, las mujeres se dirigieron al genetista
Hans Brunner, para que intentara localizar al gen que provocaba los arranques
de ira, o si se quiere ‘gen de la maldad’. Después de mucho estudiar, el doctor
Hans Brunner, localizó al culpable: una variante de un gen llamada monoamina
oxidasa A, o MAO-A, que curiosamente se encuentra en el cromosoma X.
Este es justamente el
gen del cual hablaban, en la famosa serie televisiva. Realizando una breve
investigación, pude descubrir que, las Monoaminas oxidasas son enzimas que catalizan la oxidación de monoaminas y la
degradación de neurotransmisores, como la serotonina, la epinefrina,
noradrenalina y la feniletilamina. Las tres primeras son degradadas por la
MAO-A y la última por la MAO-B.
Indagando un
poco más descubrí que, algunos neurotransmisores como la serotonina, se
relacionan con el bienestar mental de las personas, y de hecho, son utilizados
para elaborar
muchos antidepresivos. Si
no comprendí mal, la degradación de este neurotransmisor imposibilita su llegada
al cerebro y, en consecuencia, aquellos quienes tienen una alta expresión
del gen MAO-A tendrán altos niveles de depresión, debido a la inactivación del
neurotransmisor.
Por el contrario,
cuando el gen MAO-A se expresa poco –o se encuentra casi ausente-, aumenta en
el cerebro el nivel de estos neurotransmisores y, en consecuencia, mejora el estado de ánimo
de las personas.
Algunos
estudios han determinado que, la
presencia del gen MAO-A se relaciona con decisiones
financieras arriesgadas, como jugar a la lotería y compras no seguras. También
se relacionan con algunos comportamientos negativos como la depresión, la
ansiedad, el trastorno de hiperactividad por déficit de atención, anorexia,
esquizofrenia, neurosis, la ludopatía, el tabaquismo y el alcoholismo, hecho
por el cual algunos científicos lo han llamado ‘el gen guerrero’, porque a los científicos no les gusta reconocer que existe 'el mal'.
Visto lo
anterior, pudiéramos concluir que la presencia del mal en los hombres tiene sus
orígenes en la propia constitución genética, sin embargo, tal y como lo
concluyó el policía científico de la famosa serie, la capacidad mental para
entender la naturaleza y consecuencias de los hechos y la capacidad de
controlar el propio comportamiento, deja entrever que el portador del ‘gen de
la maldad’ puede diferenciar entre el bien y el mal, y tiene la capacidad de
escoger entre uno o el otro, lo que conocemos como libre albedrío.
EL MUNDO DE LOS ESPÍRITUS
Por estos días vi una
película que versa sobre el juicio que se le realizó a un sacerdote quien, al
intentar ejecutar un exorcismo, de alguna manera provocó la muerte de la
exorcizada. Según entiendo, la película está basada en hechos reales.
Resulta que, pese a que
el fiscal acusador manifestaba ser una ‘persona muy devota’ en lo religioso, no
creía posible que alguien pudiera ser dominado por algún espíritu demoníaco.
Por el contrario, la abogada defensora del sacerdote se confesaba así misma
agnóstica y, sin embargo, terminó dudando de su falta de fe. Irónicas realidades
de nuestros tiempos de increencia.
En otra película, un
delincuente muy inteligente, que logró que otros fueran acusado de sus
crímenes, le comentó a uno de los policías que lo interrogaron: “El mejor truco
que el diablo inventó fue convencer al mundo de que no existía”. La cita
original es de Charles Baudelaire, poeta francés del siglo XIX, acusado de ser
un demoníaco. Irónicas realidades, un demoníaco advirtiéndonos acerca de
nuestro terrible error al dejar de creer que el demonio existe.
En una famosa película,
que trata sobre cómo nace un exorcista, un experimentado exorcista le indica a
uno de sus pupilos que: “El hecho de que tú no creas en el demonio, no hará que
desaparezca”. Resulta que, el
pupilo, a pesar de estar próximo a ordenarse
sacerdote, no creía ni siquiera en Dios. Al final de esta película, al pupilo
del experimentado exorcista le tocó exorcizar a su maestro. Durante el exorcismo, el demonio
logró someter físicamente al pupilo y, mientras le sometía, le increpaba para
que aceptara que el diablo existe. En medio del forcejeo, el pupilo comenzó a
aceptar que quien lo sometía era verdaderamente un demonio. Al reconocer esta
dura realidad, el pupilo confeso: “¡Siii! ¡Siiii! ¡Acepto que el demonio
existe! ¡Pero también reconozco que si el demonio existe, entonces Dios
existe!”. Seguidamente, el pupilo comenzó a someter al demonio y finalmente
exorcizó a su maestro. Al parecer, ésta película también está basada en hechos reales.
El hecho es que, la
triste realidad de nuestros tiempos es que, hasta altos jerarcas eclesiales,
nos quieren convencer de que el demonio no existe. Los creyentes han dejado de
creer en el diablo y, como efecto secundario, han dejado de creer en Dios,
porque, si el demonio no existe, no hace falta creer en Dios para, que este Dios, nos ayude a combatirle.
Yo entiendo que, quizás
en tiempos pasados acusaban al diablo de demasiados males, pero esto no quiere
decir que no sea el culpable de la mayoría de los males, tanto del pasado como
del presente. Cuando me encuentro con sacerdotes que me manifiestan que las
afecciones espirituales no existen yo les pregunto: “¿A dónde se fueron
aquellos espíritus que Jesús expulsaba? ¿El demonio dejó de someter al
hombre?”.
En lo particular, creo
que el diablo existe y por ende creo que, como en tiempos pasados, sigue
sometiendo al hombre de diferentes maneras. Aunque ciertamente reconozco que, como
logró visualizarlo San Juan Bosco, el diablo ha perdido cierto interés por
alejar al hombre de Dios, porque ya el hombre se aleja solo. En consecuencia,
las dominaciones espirituales ya casi ni se ven. De hecho, en la película que
les comentaba, el demonio que sometió al experimentado exorcista, le manifestó
al pupilo: “Te conozco desde niño y desde niño te he guiado para que llegaras
hasta aquí”. Yo no sé ustedes, pero yo entendí que, el demonio como que está
ávido de buenos guerreros, que le combatan con dignidad. Creo que está aburrido
de creyentes mediocres.
Pese a esta aparente
apatía del diablo por el hombre, debido a su mediocridad espiritual, yo he
podido enterarme de ciertas afecciones, en apariencia psíquicas, que pudieran
ser espirituales. Conversando con un amigo psicólogo, él me comentó que,
algunos pacientes le han manifestado que ven a algún tipo de espíritu que, de
alguna extraña manera, les mueven a realizar actos que ellos no quisieran
hacer, como fumar, masturbarse, comer, beber,… delinquir. ¿No será esto lo que
ocurre con los asesinos seriales, o con los pedófilos, o con los violadores,…
sólo que, muchos de esos nefastos delincuentes, no logran visualizar alguna
entidad espiritual, pero ciertamente se dejan mover por estos. ¡EN MI MUNDO
TOOOODO ES POSIBLE!
LIBRE ALBEDRÍO
Como les dije, no pretendo acusar de
todos los males del mundo al diablo, dado que, como lo visualizó San Juan
Bosco, el hombre pareciera escoger ser malo, sin que el diablo les pida
escogerle. A veces me pareciera que, la humanidad está haciendo cola en la
oficina de captación de personal del diablo para pedirle trabajo.
En todo caso, ya sea
una afección genética o alguna presencia espiritual la que mueve al hombre a
ser malo, ciertamente siempre tiene el comodín
del libre albedrío, en consecuencia, nada justifica que escojas el mal, en
vez del bien.
Para mí es evidente
que, quien es malo es porque ha escogido ser malo, y quien es bueno es porque
ha escogido ser bueno. El asesor de la policía, en la serie que les comenté,
que manifestó tener el gen MAO-A, al final del episodio, comentó al capitán de
los policías: “¡Yo decidí ser bueno! De niño escribí debajo de la tapa de mi
escritorio: ‘DEBO SER BUENO’, y cada día, al comenzar las clases lo leía. Esto
me motivó a no castigar a los demás, por los abusos a los que me sometía mi
papá”. ¡LIBRE ALBEDRÍO!
Dios no desea que seamos sus títeres, por
eso nos otorga el libre albedrío. Si no se nos otorga la libertad de escoger
entre amar a Dios o amar al diablo, ¿cómo sabrá Dios que realmente lo amamos? Sin
el libre albedrío no podríamos amar a Dios en verdad. Nuestro Amoroso Padre
Dios desea relacionarse con nosotros en libertad, y esto implica una elección
voluntaria de nuestra parte. Por este motivo existe el mal, para que tengamos
la oportunidad de triunfar sobre ese mal. ¿Creen que Dios no sabía en dónde
estaba Adán? ¿Creen que no sabía que Adán fallaría la prueba? ¡Claro que lo
sabía! ¡Lo único de lo que Dios no estaba seguro era de la respuesta de Adán!
Adán escogió esconderse, en vez de pedir perdón. ¡Adán escogió dudar del Amor
de Dios!!!
Es importante comprender que, existe una
amplia diferencia entre permitir el mal y querer que el mal suceda. Dios no
desea el mal pero le es necesario permitirlo, para que el hombre pueda
desarrollarse en la virtud. Ciertamente nuestro Amoroso Padre Dios pudo crear el
mundo sin maldad y así lo hizo, pero permitió la presencia del mal para no
limitarnos en nuestro crecimiento espiritual, en el desarrollo de las virtudes.
Las virtudes son definidas por lo opuesto a ellas. Una persona puede ser
humilde solo si el orgullo se antepone. Si no existiera el orgullo, la humildad
no sería una virtud.
En el primer capítulo del presente artículo,
les narré una interesante anécdota de Einstein. Les comenté que, Albert
Einstein, realizando una serie de inferencias, demostró que «El
mal no existe», pero agregó: «al menos no existe por sí mismo». Lo que Einstein nos quería
aclarar es que, para que el mal exista, hace falta que otra cosa exista. ¿Cómo
saber qué es la felicidad, si no existiese la tristeza? ¿Cómo sabemos que es el
amor, si no existiese el odio? ¡DIOS PERMITE EL MAL SÓLO PARA QUE PODAMOS
ELEGIR!
Nos es muy sencillo pensar que Dios debería
intervenir y destruir al malvado –lo cual ciertamente hará a su tiempo-, pero
¿por qué nos es tan difícil pedirle que intervenga en nosotros, para destruir
el orgullo y hacer aflorar la humildad? Si Dios fuera a intervenir y evitar el
mal, Él tendría que eliminarnos a nosotros, porque de alguna forma o manera,
todos tenemos algo de maldad. Sólo que algunos luchamos para triunfar sobre el
mal y otros, dejándose dominar por la flojera y haciendo uso de su libre
albedrío, eligen lo más sencillo: realizar el mal.
En algunos de mis escritos les comenté que,
odiar es lo más sencillo del mundo, porque no exige de nosotros algún esfuerzo.
Mientras que amar, siempre exigirá de nosotros algún esfuerzo. Amar nos exige
luchar y triunfar sobre nuestro orgullo, sobre nuestra envidia, sobre nuestra
ira, sobre nuestra gula, sobre nuestra lujuria, sobre nuestra pereza,… sobre
nuestras propias idolatrías. ¡SI DIOS ELIMINARA
TODAS LAS CONSECUENCIAS NEGATIVAS DE NUESTROS ACTOS NO TENDRÍAMOS LIBRE ALBEDRÍO, ! Y sin el libre albedrío,
no seríamos criaturas (HIJOS) sino simplemente seríamos creaturas (OBRAS), ¡SIMPLES
TÍTERES AUSENTES DE SU AMOR!
Movido por esta
realidad, me permitiré dejarles algunas POSIBLES soluciones para triunfar sobre
el mal, optando por ser bueno. Antes de anotárselas, permítanme recordarles aquel
viejo adagio que reza: ¡EL DEMONIO PAGA MAL A QUIEN BIEN LE SIRVE! ¡Dejen la
flojera! ¡Esfuércense por ser dignos hijos de nuestro Amoroso Padre Dios,
amando en libertad! ¡Eviten ser los títeres del diablo!
FE, AYUNO Y ORACIÓN
Las denomino ¡POSIBLES! no porque no sean las soluciones al problema, sino porque serán soluciones en
la medida de que se les tome en cuenta y se les ejercite, procurando la
solución.
Un importante evento de
la vida de Jesús con sus discípulos me sirve para anotarles la primera
recomendación para vencer el mal. Esta debería ser la única recomendación,
puesto que fue la que nos dejó Jesús. Este evento ocurre después de la
Transfiguración de Jesús en el Monte Tabor. Es narrado por tres de los evangelistas,
sin embargo les escribiré el que nos legó Marcos:
«Cuando llegó –Jesús- a donde estaban los
discípulos, vio una gran multitud alrededor de ellos, y escribas
que disputaban con ellos. Y en seguida toda la gente, viéndole, se
asombró, y corriendo a él, le saludaron. Él les preguntó: “¿Qué
disputáis con ellos?” Y respondiendo uno de la
multitud, dijo: “Maestro, traje a ti mi hijo, que tiene
un espíritu mudo, el cual, dondequiera que le toma, le
sacude; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va
secando; y dije a tus discípulos que lo echasen fuera, y no pudieron”. Y
respondiendo Él, les dijo: “¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo
he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo”.
Y se lo trajeron; y cuando el espíritu vio a Jesús, sacudió con
violencia al muchacho, quien cayendo en tierra se revolcaba, echando
espumarajos. Jesús preguntó al padre: “¿Cuánto tiempo hace que le sucede
esto?” Y él dijo: “Desde niño. Y muchas veces le echa en el fuego y
en el agua, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten
misericordia de nosotros, y ayúdanos”. Jesús le dijo: “Si puedes
creer, al que cree todo le es posible”. E inmediatamente el padre
del muchacho clamó y dijo: “Creo; pero ayuda mi incredulidad”. Y cuando Jesús vio que la multitud se
agolpaba, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: “Espíritu mudo
y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él”. Entonces
el espíritu, clamando y sacudiéndole con violencia, salió; y
él quedó como muerto, de modo que muchos decían: “Está muerto”. Pero
Jesús, tomándole de la mano, le enderezó; y se levantó.
Cuando Jesús entró en casa, sus discípulos le preguntaron aparte: “¿Por qué
nosotros no pudimos echarle fuera?” Y Él les dijo: “Este género con nada puede
salir, sino con oración y ayuno.”».
El evento narrado nos
deja entrever que, lo espiritual corresponde al campo de la fe. De manera que,
¡HAY QUE CREER!, y –como dice la canción- ¡Algunas veces hasta creer llorando!
El evangelista Lucas
nunca conoció a Jesús, pero después de convertirse al cristianismo viajó a Roma,
en donde conoció a Pedro y a Marcos. De hecho, es de Marcos de quien obtiene
gran parte de la información que utilizó para escribir su Evangelio. Quizás por
esto, cuando Lucas escribió acerca del evento del ‘muchacho endemoniado’,
escribió prácticamente lo que escribió Marcos. Sin embargo, es importante
señalar que, pese a que Lucas era médico, se atrevió a escribir que se trataba
de un ‘evento espiritual’, cosa que no hizo Mateo, quien quizás por ser
recaudador de impuestos, poseía una mentalidad más materialista, y dudo en
escribir que se trataba de un ‘muchacho endemoniado’, asegurando que se trataba
de un ‘muchacho lunático’, o
si se quiere ‘loco’.
Es muy probable que los
eventos experimentados por Lucas, al acompañar a Pablo en sus viajes, le movieron
a aceptar que: ¡de que vuelan, vuelan!, pese a su formación científica.
Mientras que Mateo, pese a ser discípulo de Jesús y haber estado presente en el
evento narrado, dudó de que se tratara de una posesión demoníaca. Estas
posiciones, diametralmente opuestas, me sirve para anotarles la primera
recomendación: ‘para combatir el mal es
preciso aceptar que el demonio existe y, además, que está dispuesto a
someternos, incluso físicamente’. Pero no se asusten, al diablo sólo le es
posible invadir físicamente los cuerpos de los No creyentes, de aquellos que no
procuran acercarse a Dios, a lo menos con la oración.
Otro evento, narrado
por Lucas, me ayuda a dilucidar la segunda recomendación: «Pero algunos de los judíos, exorcistas ambulantes, intentaron invocar
el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: “Os
conjuro por Jesús, el que predica Pablo”. Había siete hijos de un tal Esceva,
judío, jefe de los sacerdotes, que hacían esto. Pero respondiendo el espíritu
malo, dijo: “A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes
sois?”. Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando sobre ellos y
dominándolos, pudo más que ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa
desnudos y heridos.». No es posible combatir el mal que me agobia
con la fe de otros.
La fe es algo muy
personal. Ya les había aclarado que, nuestro Amoroso Padre Dios permite la
presencia del mal en nuestras vidas SÓLO para movernos a desarrollar nuestras
virtudes. Pero, ¿cómo habremos de desarrollar nuestras virtudes si no tenemos
fe? Mateo, quizás apenado por la poca fe que había manifestado, al final del
suceso del ‘muchacho lunático’, nos anotó: «Jesús
les dijo: “Por vuestra poca fe, porque de cierto os digo, que si tuviereis fe
como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí para allá, y se
pasará, y NADA OS SERÁ IMPOSIBLE”».
En el pasaje narrado al
inicio de este Capítulo, podemos leer un comentario, algo extraño y preocupante.
Jesús se molestó con sus discípulos tan severamente que hasta llegó a decirles:
«¿Hasta cuándo
os he de soportar?». Popularmente, muchos le agregan a este pasaje las palabras: ‘hombres de poca fe’. Comúnmente, el sentir popular no se
equivoca, porque ciertamente es la ‘falta de fe’ de los discípulos, la que
molestó a Jesús. De hecho, el evangelista Lucas nos aclara que, antes de
ocurrir el evento del ‘muchacho endemoniado’, Jesús les había conferido a sus
discípulos: «PODER Y AUTORIDAD SOBRE TOOOODOS LOS DEMONIOS».
Lo propio lo habían anotado tanto Mateo como Marcos.
El hecho es que, si tú
no tienes fe, si tienes dudas acerca del mundo espiritual y como combatirlo, difícilmente
podrás ejercer poder para vencer el mal. Por lo tanto, ¡ES PRECISO CULTIVAR LA FE! Es por esto que, ya más calmado y
comprendiendo la fragilidad humana, Jesús les dijo a sus discípulos: ¡ES NECESARIO ORAR Y AYUNAR!
La oración es el primer
paso para cultivar la fe. Constituyen nuestros primeros intentos por acercarnos
a Dios. Estos intentos suelen comenzar con aquello que denominamos rezar. Un
Padre Nuestro, un Ave María, un Mantra, un Shemá Israel, una Shahada… cualquier
pequeña oración que nos ayude a recordar, cada día, que existe alguien superior
a nosotros, a quien llamamos Dios. Evidentemente, no podemos vivir siempre como
niños recién nacidos, balbuceando palabras. En algún momento, tenemos que
comenzar a meditar las palabras que otros nos han enseñando a pronunciar. ¡Es
aquí en donde el rezo se convierte en oración!
Lo ideal es que los
neófitos pasen del Padre Nuestro y el Ave María al Rosario, o del Mantra al
Japa Mala, o del Shemá Israel a los Salmos, o de la Shahada a la Salat,… del
balbuceo a las palabras. Este pequeño salto, hecho con conciencia, nos llevará a
la lectura de la Biblia, de los Vedas, el Tanaj, el Corán. La lectura meditada
de los Libros Sagrados con el tiempo, según sea la seriedad de mi meditación,
ocurrirá que en algún momento despertaré diciéndole a Dios ¡ABBAAAA!!! ¡PAPIIIII!!!
A partir de ese momento comenzaré a ¡ORAR!
Por otra parte, el ayuno se refiere a las ‘prácticas
de sacrificio corporal’, que me permiten someter mi espíritu. Lo ideal es que
estas prácticas se ejerciten desde el momento en que comienzo a rezar hasta el
momento en que comienzo a llamar a Dios ¡PAPÁ!!!, porque estos ejercicios
constituyen alimento para el espíritu.
Ahora bien, tomen en
cuenta que dije ‘prácticas de sacrificio corporal’, y esto lo aclaro porque
muchos creen que ‘ayuno’ se refiere sólo a ‘pasar hambre’. Resulta que,
‘ayunar’ es ‘abstenerse de algo bueno’, para enseñarle al cuerpo que él no es
quien manda. Pablo nos decía: «Porque el
deseo de la carne es
contra el Espíritu, y el
del Espíritu es contra
la carne; y éstos se oponen
entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.». Por
inferencia lógica, si debilitamos el cuerpo, el Espíritu logrará someterlo.
Cuando el Espíritu logre someter el cuerpo, entonces comenzaremos a vivir en el
Espíritu y comenzaremos a hacer lo que, seguramente, nuestro Amoroso Padre Dios
espera de nosotros. Con el ayuno 'sacrificamos los deseos del cuerpo' para 'darle cabida a los deseos del alma'.
A ésta conclusión
llegaron grandes Santos y
la pusieron en práctica, y justamente, el ejercicio del ‘ayuno’ los llevó a
‘SEPARARSE’ del resto de los creyentes. Tristemente, el ejercicio de ésta
recomendación de Jesús ha ayudado a muy pocos a ser Santos. Pese a que muuuucha
gente ha realizado éstas prácticas, pocos han logrado los mismos resultados de
santidad. Ocurre que, a veces es preferible ‘abstenerse de comer un rico dulce’
que ‘pasar hambre durante un día’. Es preciso comprender que, ¡EL AYUNO NO ES PROPIAMENTE UN SACRIFICIO SINO MÁS BIEN UNA OFRENDA!!!
El ayuno debe ir
acompañado de un ofrecimiento, a nuestro Amoroso Padre Dios. Este ofrecimiento
debería
ser más que ‘grandes cambios en mi vida’. Debería ser, ofrecerle a
Dios, pequeños pasos que me lleven a mí ‘ABSOLUTA CONVERSIÓN’. EL ayuno implica
abandonar nuestras propias mediocridades y esforzarnos por desarrollar nuestras
virtudes. Ofrecerle a Dios no comerme el ‘dulce que tanto me gusta’, ayuda
mucho más en mí ‘conversión’ que ‘pasar hambre’ durante un día, y al final del
día atragantarme con ricos manjares. ¡MUCHOS HAY QUIENES
SE ACOSTUMBRAN AL SACRIFICIO Y SE OLVIDAN DE LA OFRENDA! ¡El ayuno es un ejercicio! No es algo que logras de la noche a la mañana. Ayuda más negarle de a poco los deseos al cuerpo, que quitarle de sopetón sus apetitos. Como te comenté, de nada te sirve pasar hambre todo un día si le permites al cuerpo pensar, todo ese día, en el delicioso banquete que degustarás al culminar el día de hambre. Es preferible negarle a tu cuerpo un delicioso dulce, por varios días, sin permitirle al cuerpo que se deleite en la posibilidad de degustar ese dulce próximamente, que pasar hambre todo un día, pensando en lo rico de la comida que consumirás al culminar el ayuno. Cuando el cuerpo deje de pensar en el rico dulce, entonces se lo permitirás degustar. Así, de a poco, tu cuerpo comprenderá que no tiene el control, y entonces, el alma comenzará a tomar el control, para dirigirte hacia nuestro Amoroso Padre Dios.
Si han pillado alguito
de lo que les pretendo comunicar, se habrán percatado que, pese a ser
‘ofrecimientos a Dios’, con el ejercicio de la oración y el ayuno, lo que
realmente lograrás es acercarte a Dios. Lo que le ofreces a Dios al final
redundará en tu propio beneficio, porque de tu cercanía a Dios dependerá tu
felicidad. Recuerda siempre las hermosas palabras de Santa Teresa: “Nada te
turbe. Nada te espante. Todo se pasa. Dios no se muda. La paciencia todo lo
alcanza. Quien a Dios tiene nada le falta. ¡SOLO DIOS BASTA!”.
Ah! Por cierto! Otro pequeño consejo: Cuando decidas ofrecerle a Dios pasar un día de hambre, procura pasar ese día pensando que, al culminar el día de hambre, te comerás un sencillo sándwich de mantequilla, con algo de jugo. Tampoco te permitas pensar en el próximo día en el que degustarás un rico banquete. Así convertirás el día de hambre en un día de ayuno.
¿LUNÁTICOS?
Agradezcamos a nuestro
Amoroso Padre Dios, por el hecho de que, aparentemente, el diablo como que ya no tiene interés en dominar físicamente a los humanos. En consecuencia, es
posible que, muchos de ustedes, durante el tiempo que duren sus vidas, no tengan
necesidad de combatir al demonio físicamente. Incluso ni siquiera
espiritualmente, porque tristemente, como nos lo comentaba San Juan Bosco, el
abandono de Dios, por parte del hombre, le ha facilitado al demonio su trabajo.
La anécdota de San Juan
Bosco a la que me refiero es la siguiente: «Cierto
día, Juan Bosco, quien poseía el poder de visualizar y oír al diablo y sus
secuaces, observó al diablo sentado plácidamente sobre una enorme roca, en la
cima de una montaña. Desde ese lugar se podía ver, a la distancia, un pequeño
pueblo. Los secuaces del diablo –por supuesto espíritus inmundos- le
increpaban, al verle tan despreocupado. Juan Bosco comentaba que, los espíritus
inmundos daban vueltas alrededor del diablo, como desesperados. Oyó que le
decían: “¿Hasta cuándo estarás allí sentado sin hacer nada? ¡Vayamos al pueblo
a tentar a los hombres para que se alejen de Dios!”. San Juan Bosco se extrañó
de la respuesta del diablo: “¿Para qué ir hasta al pueblo a cundirnos de esos
hombres? ¡Ellos solo se alejan de Dios! ¡No hace falta que le tentemos!”.».
En esta anécdota queda
en evidencia que, si bien es cierto que pareciera que el diablo ya no está
ocupado en someter al hombre, muchos de sus espíritus servidores si están
preocupados por esta aparente apatía diabólica. Probablemente, los espíritus que
están preocupados son los que logran visualizar, algunos de ustedes. En este
sentido, me permito anotarles la siguiente recomendación, la cual descubrí
viendo un documental acerca de esta posibilidad. El documental fue realizado
por un equipo de psicólogos. Algunos de estos psicólogos manifestaron que era
posible que los espíritus existieran. Otros, la mayoría, aseguraban que, la
visualización de esas imágenes fantasmagóricas, eran simplemente un juego que
les jugaba la mente, a los afectados.
Soy un hombre de fe, en
consecuencia, SI CREO QUE EXISTAN ESPÍRITUS divagando en nuestros alrededores.
Probablemente espíritus errantes, de personas que han muerto y sus espíritus o
almas aún divagan en medio de este mundo material, ya sea por miedo a elevarse a
un posible juicio divino o por la excesiva costumbre a las vivencias del hombre,
las cuales desean seguir por lo menos apreciando. Quizás algunos sean aquellos
secuaces del diablo, ‘espíritus inmundos’, preocupados por tentar al hombre
para que se aleje de Dios. Otros con seguridad serán simples fantasmas,
que atormentan la mente de algunos hombres.
Cada vez que recuerdo
el evento cuando Caín mató a Abel, suelo pensar que un espíritu inmundo se
acercó
a Caín y le dijo: “Si matas a Abel, a Dios no le quedará de otra que
amarte a ti, como heredero de Adán”, y estúpidamente el bobo de Caín se lo
creyó. Claro está que, también pudo haber ocurrido que, la envidia no tratada
llevó a Caín a la locura. ¿No han vivido la horrible experiencia de estar
tranquilos en algún sitio y de repente llega un@ amig@, o tu espos@, o tu herman@,...
alguien y ¡te saca de tus casillas!? Te hace molestar con algún juego estúpido y
luego, cuando te ve bien molesto, dice: “¡Solo estaba jugando contigo!” o “¡Te
estaba haciendo un cariñito!”. En esos momentos me pregunto: ¿Qué moverá a es@
amig@, a es@ espos@, a es@ herman@ a molestar a quien está tranquilo, o
descansando, o meditando,… quieto? ¿Será que alguno de esos ‘secuaces del
diablo’, de los que hablaba San Juan Bosco, preocupados por ver al diablo
despreocupado, incitan a mi amig@, o a mi espos@, o a mi herman@,... a creer
que sus afanes por molestar son realmente juegos o cariñitos? o ¿Será que mi amig@, mi espos@, mi
herman@,... se volvió loc@, y en su locura no puede dejar quieto a quien está
quieto? Yo suelo pensar que, son los secuaces del diablo, quienes vienen a
sacarme de mis casillas, sólo que yo no los veo.
El caso es que, sean
reales o irreales, para los que lo visualizan, estas entidades se convierten en
motivo de preocupación y, a veces, de grandes tormentos. Tormentos que muchos
psiquiatras alivian con el uso de fuertes fármacos.
Justamente, para evitar
que te veas en la necesidad de utilizar fuertes fármacos, los cuales a mi
entender, suelen hacer más daño que el bien que producen, además de lo que recomendado por Jesús -ayuno y oración- te recomiendo que pruebes realizar algunos otros pequeños ejercicios, como los recomendados por San Ignacio de Loyola. Este
Santo solía decir que, el hombre debe pensar, hablar y hacer, tanto cuanto esto
le ayude a llegar al cielo. De manera que, si lo que vas a pensar, decir o
hacer, no te ayuda a llegar al cielo, pues no lo pienses, no lo digas, no lo
hagas.
En un retiro que
asistí, acerca de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, los
Jesuitas recomendaron: «Escribir en el
espejo, en el cual me miro cada mañana antes de salir de casa y cada noche
antes de dormir, la virtud que pretendo alcanzar» Por ejemplo, si soy
orgulloso, debo escribir: «Ejercita la humildad». A las personas que se
acicalan mucho, a fin de verse deseables a los ojos de los demás, les
recomendaban escribir: «No seas instrumento del diablo», tanto cuanto se
entiende que, los que se acicalan mucho, de alguna manera, desean que les miren
lascivamente.
Otra pequeña recomendación, que les puedo dejar, es la que pude anotar del documental. En el documental del
cual les hablé, los psicólogos recomendaban, a aquellas personas que
manifestaban ver alguna entidad, que tomen el ‘control de la situación’. Por ejemplo, si sueles visualizar la
entidad durante casi todo el día,
pues ‘ponle
horario’, dile a tu entidad que sólo le prestarás atención desde las 8:00
pm hasta las 9:00 pm, mientras estés en el baño. Poco a poco debes irle
restringiendo estas visitas no sólo a ciertas horas del día, sino también a
ciertos días de la semana. Las horas y los días dependerán de tu disponibilidad
para atenderle. Claro está, ésta recomendación sólo será eficiente si TÚ le
pones seriedad al horario que estableces. Es decir, durante todo el resto del
tiempo ¡NO LE PRESTES LA MÁS MÍNIMA ATENCIÓN!, haz de cuenta que esa entidad no
existe, tal y como cuando te peleas con tu pareja, y le dejas de hablar, aunque
este presente. ¡SIGUE CON TUS LABORES COTIDIANAS!, como si nadie estuviera
molestándote. ¡SÉ INDIFERENTE A LA ENTIDAD!, incluso hazle gestos de
indiferencia con tu cara.
Conversando con mi
amigo el psicólogo, él me manifestó que, estas entidades muchas veces obligan
al afectado a realizar actos nada agradables. De alguna forma o manera, estas
entidades, mueven al afectado al mal. Según dicen, las entidades mueven a las personas
a ser odiosas, a ser groseras,… incluso a matar. Yo no pongo en duda esta
posibilidad, sin embargo, ¡creo firmemente en el COMODÍN DEL LIBRE ALBEDRÍO!
Un viejo adagio reza:
¡Amar es una elección! En atención a este viejo adagio, vale la pena preguntarte: ¿Si el espíritu te pide odiar, por qué no pararte firme y
decirle: “¡YO QUIERO AMAR Y ES LO QUE VOY A HACER!”?
Para cerrar, les
comentaré acerca de uno de los episodios de una de esas tantas series
policíacas, de las que les vengo hablando. Pareciera que estuviera perdiendo mi
tiempo al ver tanta televisión, pero la realidad es que, mientras escribo para
ustedes, mantengo el televisor encendido, y como no suelo perder las ‘Señales
Divinas’, trato de aprender algo, incluso de esos programas, bastante mundanos.
Resulta que, en ese episodio, un joven, bastante apuesto, fue arrestado por
asesinar a un hombre. El joven manifestó haberlo hecho porque ese hombre estaba
maltratando físicamente a una preciosa chica, la cual él manifestó conocer sólo en las redes. A través de las redes, ésta
chica le había pedido que asesinara a ese hombre y así ambos tendrían el camino
libre para vivir su amor. Amor platónico, porque sólo lo habían vivido en las redes. Finalmente se descubrió que, la persona con la que guardaba
comunicaciones el joven, era una mujer de avanzada edad. A ambos lo pusieron en
la misma celda, de la comisaría, y al enterarse el joven de quien era su
compañera de celda, comenzó a gritar enloquecido: “¿Maté por ti? ¡Eres una
vieja! ¿Cómo se te ocurrió haberme convencido de esta atrocidad?”.
Algunos ustedes me
dirán que estas series televisivas son ficticias. Y estoy de acuerdo con
ustedes, sólo que, la ficción muchas veces es el producto de alguna ocurrencia
real. En este sentido, suelo aceptar que estos eventos ocurrieron en alguna
parte del mundo. De alguna manera, un escritor se enteró de esos extraños eventos y escribió el libreto, para la
serie. De manera que, al oír las torpes palabras, del estúpido joven, no pude
evitar pensar: “¡Ese joven sabía que era una atrocidad lo que hizo! Entonces,
¿por qué lo hizo? ¿Sólo porque se lo pidió alguien?” Inquirir al respecto, me
movió a preguntarles: “Si alguna persona VISIBLE les pide matar a alguien, ¿lo
harían?” Yo estoy segurísimo que la mayoría de ustedes me responderían con un
rotundo ¡NO!, incluso si les aclarara que la persona que se los está pidiendo,
es muy amada por ustedes. Entonces, ¿por qué hacerlo si te lo pide un ser INvisible?
¿No es lógico verdad? La solución es simple, ya sea un verdadero espíritu o
simplemente un fantasma, ante sus extrañas peticiones:
¡TOMA EL CONTROL DE TÚ VIDA!
¡NO SEAS UN LUNÁTICO!
¡DISPÓN BIEN DE TU LIBRE ALBEDRÍO! ¡BUSCA LA FELICIDAD AMANDO PARA
SER AMADO! ¡ACÉRCATE A DIOS! ¡SE FELIZ Y DISTRIBUYE FELICIDAD! ¡SER BUENO ES
UNA ELECCIÓN!
¡ELIGE AMAR A DIOS!
¡SOLO DIOS BASTA!