Para nadie es un
secreto que, el idioma español o
castellano, como las otras lenguas romances, es una continuación moderna del
latín hablado en el imperio romano (denominado latín vulgar). Desde el siglo III, tras el desmembramiento del Imperio romano, el latín vulgar fue divergiendo de
las otras variantes del latín que se hablaban en las distintas provincias del
antiguo Imperio.
Al ser los romanos
grandes estudiantes de los griegos, el idioma latín contiene muchas palabras derivadas del griego. Por ejemplo, la palabra
‘típico’, la cual en latín es ‘typicus’, es una derivación del griego ‘τυπικος’,
que se pronuncia ‘typikos’. Es
evidente la similitud de la palabra latina ‘typicus’,
con la pronunciación de la palabra griega ‘τυπικος’, es decir: ‘typikos’. En esencia con la palabra
típico nos referimos a ‘aquello que es
peculiar o característico de una persona, de un lugar o de una cosa’.
Ahora bien, la palabra
‘atípico’ está compuesta del ‘prefijo privativo griego’ α –se pronuncia ‘a’-,
que significa ‘sin’ y la palabra
latina ‘typicus’. En el español, al unir este ‘prefijo privativo
griego’ (‘a’) –que significa ‘sin’- con la palabra latina ‘typicus’ (que como dijimos viene del
griego ‘typicos’), nos estaremos
refiriendo a ‘todo aquello que No es peculiar o característico de una persona, de
un lugar o de una cosa’.
Otro interesante
ejemplo es la palabra ‘moral’,
que viene del latín ‘moralis’. Parece
que los romanos tradujeron la palabra griega ‘ἠθικός’ –que significa moral- a ‘moralis’, a partir de la palabra latina
‘moris’
–que significa ‘manera de vivir’-, pues ἠθικός viene de εθος –que significa ‘manera de hacer o adquirir las cosas,
costumbre, hábito’-. Así ‘moralis’
terminó refiriéndose a ‘las costumbres’.
Finalmente, la ‘moral’ continúa
refiriéndose al ‘conjunto de las normas, creencias, valores y costumbres que guían la
forma de conducirse de las personas en una sociedad determinada’.
Igualmente de
interesante es la etimología de la palabra ‘amoral’.
Ciertamente es un híbrido formado por el ‘prefijo griego de privación’ ‘a’
–que significa ‘sin’- y la palabra
española ‘moral’. Me refiero a
‘palabra española’ porque el término ‘amoral’
se creó muy recientemente, en la era moderna. Fue acuñada por el escritor
Robert Stevenson (1850-1894), para referirse a la ‘indiferencia ética’, en sustitución de la palabra ‘inmoral’ –derivada del latín-, que se
refiere a la persona que NO
CUMPLE CON el conjunto de las
normas, creencias, valores y costumbres que guían la forma de conducirse de las
personas en una sociedad determinada.
En el entendido de que la 'moral' nos ayuda a mantener la 'sana convivencia', siempre se les ha considerado como ‘normas a seguir’. A diferencias de las ‘leyes’, las cuales también
son ‘normas a seguir’, las ‘normas morales’ no se suelen escribir, pero, en el
caso de las ‘leyes’, es obligatorio formularlas y mantenerlas escritas. De
hecho, las leyes suelen surgir al interpretar la moral, porque pretenden dejar
por escrito las mejores acciones a cumplir –OBLIGATORIAMENTE- para mantener la
‘sana convivencia social’.
La disertación anterior
la traigo a colación para hacer referencia a una pequeña anécdota. De niño
asistí a un
retiro espiritual en donde uno de los charlistas se atrevió a
comentar lo siguiente: “Cuando Pablo estuvo en Grecia, mientras daba uno de sus
muchos discursos, alguien le preguntó cuál era su ley, a lo que él
respondió: «¡Nuestra ley es la ley del amor!»”. Y el charlista continuó: “¡Amor
en griego es SIN NORMA!, porque ‘A’ es el ‘prefijo privativo griego’ que
significa ‘SIN’ y ‘MOR’ es la NORMA o moral. De manera que, Pablo dijo: ¡Nuestra
ley es la ley de la NO LEY!, porque
el cristiano ¡NO DEBE SEGUIR A DIOS PORQUE LO DIGA LA LEY!”. Seguidamente, el
párroco de la Iglesia, en donde se dictaba el retiro, tomó por los brazos al
charlista y lo sacó, casi que esposado, como a un delincuente, de SU Iglesia.
Como todos ustedes
saben, soy de aquellos que, como San Ignacio de Loyola, creo firmemente que
“¡Ni una sola hoja de un árbol se cae, sin que Dios lleve cuenta de ello!”, en consecuencia, suelo apreciar cada acontecimiento extraño de mi vida como una señal. Es así como, ya algo más adulto, –más bien viejo- decidí indagar un poco, acerca de aquel extraño mensaje. Resulta que, al
buscar en un diccionario la etimología de la palabra ‘amor’, nos dice que proviene del latín ‘amoris'. Como pueden apreciar, pareciera
concluyente que lo expresado, por aquel charlista, tiene algo de verdad, porque 'amor' quizás es un híbrido formado por el ‘prefijo griego de privación’ ‘a’ –que significa ‘sin’- y la palabra latina 'moris’, la cual es una derivación de la palabra latina que significa 'moral o norma'.
PABLO Y LA LEY
Por más que me esforcé
por hallar alguna prueba de que Pablo dijo esas polémicas palabras, no encontré nada al
respecto en el espacioso ciberespacio. Sin embargo, si me fue posible hallar
mucha información acerca de lo que Pablo opinaba del seguimiento de la Ley.
Pese a que el mismo
Pablo manifestaba ser instruido «estrictamente conforme a la ley»,[1] en
muchas de sus cartas y discursos, dejó entrever que la Ley no era lo más
importante para los verdaderos creyentes.
Para nadie es un
secreto que entre Pablo y Pedro –Primer Papa de la Iglesia Católica- habían
muchas pugnas o diferencias respecto a la separación de la religión judía y la
religión naciente. De hecho, Pablo llegó a reprender públicamente a Pedro,
porque Pedro, pese a vivir según lo que comprendía de la religión naciente,
obligaba a los neos conversos a vivir conforme a los planteamientos de la
religión judía.[2] De hecho, en la misma Carta a los Gálatas, Pablo expresaba que: «… por las obras de la ley nadie será
justificado.».
Igualmente afirma que:
«Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios.». Pablo declara
que ha muerto para la ley, en consecuencia, es imposible que la ley sea la forma
en que él es aceptado por Dios. Entiéndase: no es la ley que está muerta. La
ley refleja, en su contexto, el corazón sagrado y el carácter de Dios, por lo
que debemos aceptar que no había nada malo con la ley. La ley per se no es
mala, tanto cuanto son las normas del sano convivir, pero cumplir con la ley
sólo para juzgar, olvidándonos del fin mismo de la ley –el sano convivir-, con
seguridad no ayudará mucho para nuestra salvación. De manera que, no es la ley
la que murió, pero ciertamente Pablo se consideraba muerto para la ley.
Quizás Pablo aceptó
ésta realidad al enterarse de ciertas cosas que hizo Jesús, a quien en su momento
le criticaban muchísimo ser un transgresor de la ley judía. Este mismo Jesús
llegó a afirmar que, aparentemente, algunas de las leyes Mosaicas, que rigen las
costumbres judías, fueron escritas por Moisés «debido a la dureza del corazón del hombre».[3]
Pese a estas realidades
de la ley, Jesús no pretendía que desconociéramos las leyes, de hecho nos dijo
que él había venido a darle «plenitud a la ley».[4]
Pablo quizás comprendió lo que significaba darle plenitud a la ley. La ley
llega a su plenitud cuando hace lo que se espera de ella, lo cual es: ¡SERVIR
AL HOMBRE! “¡Ahí está el detalle!”, decía Cantinflas. ¡ES LA LEY LA QUE DEBE
SERVIR AL HOMBRE! ¡La ley no existe para ser servida, sino para servir! Cuando
Pablo decía que estaba muerto PARA la ley, se refería a que él ya no la
serviría más. Cuando se estableció que «Seis
días se trabajará, pero el día séptimo será sábado de completo reposo y de
asamblea santa. No se hará trabajo alguno. Es un sábado para Yahweh,
dondequiera que habitéis»,[5]
creo que lo que pretendía nuestro Amoroso Padre Dios era otorgarnos un día de
descanso, para que se lo dediquemos al sano entretenimiento y, por qué no, a la
oración, al crecimiento espiritual. De alguna manera también quería obligarnos
a darle descanso a las labores de nuestros empleados –los cuales, en aquel
tiempo, no eran empleados sino más bien esclavos-. Dudo mucho que nuestro Amoroso Padre
Dios haya establecido esta norma para impedirnos SERVIR, el día de descanso, a nuestros semejantes.
Hermosamente Pablo
concluía que, Dios no hace distinción por las costumbres religiosas de los
creyentes, porque: «el hombre es
justificado por la fe aparte de las obras de la ley. ¿O es Dios el Dios de los judíos solamente?
¿No es también el Dios de
los gentiles? Sí, también de los gentiles, porque en verdad Dios es uno, el cual justificará en virtud de la fe a los
circuncisos y por medio de la fe a los incircuncisos. ¿Anulamos entonces
la ley por medio de la fe? ¡De ningún modo! Al contrario, confirmamos la ley.».[6] Queda en evidencia que, así como Jesús, Pablo comprendía lo de la plenitud de la ley.
Quizás a Pablo se
le facilitó comprender las enseñanzas de Jesús, porque él fue «instruido a los pies de Gamaliel»,[7] un
maestro de la ley judía, poco ortodoxo, más bien liberal. Pero comprendiendo
que, lo que para él era sencillo de comprender necesariamente no lo era para
los demás, nos dejó un consejo hermoso, para vivir nuestra libertad, evitando
ser tropezadero para los menos adelantados: «Todo me es lícito, mas no todo conviene: todo me es lícito, mas no todo
edifica. Ninguno busque su propio bien, sino el del otro. De todo lo que se
vende en la carnicería, comed, sin preguntar nada por causa de la conciencia;
Porque del Señor es la tierra y lo que la hinche. Y si algún infiel os llama, y
queréis ir, de todo lo que se os pone delante comed, sin preguntar nada por
causa de la conciencia. Mas si alguien os dijere: Esto fue sacrificado a los
ídolos: no lo comáis, por causa de aquel que lo declaró, y por causa de la
conciencia: porque del Señor es la tierra y lo que la hinche. La conciencia,
digo, no tuya, sino del otro. Pues ¿por qué ha de ser juzgada mi libertad por
otra conciencia? Y si yo con agradecimiento participo, ¿por qué he de ser
blasfemado por lo que doy gracias? Si pues coméis, o bebéis, o hacéis otra
cosa, haced lo todo a gloria de Dios. Sed sin ofensa a Judíos, y a Gentiles, y a
la iglesia de Dios; Como también yo en todas las cosas complazco a todos, no
procurando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos.».[8]
Creo que, de alguna
forma o manera, al parecer Pablo, aunque quizás no dijo las palabras que
motivaron este artículo, si estaba de acuerdo con ellas. La ley del verdadero
creyente es la ley de la no ley, no para movernos a quebrantarlas sino para
ponerlas al servicio de nuestros hermanos y de nosotros mismos, lo cual es
cumplirlas a plenitud.
Concluyendo, las
sociedades necesitan normas o leyes para su funcionamiento, y penas justas que
los jueces deben aplicar a los infractores, pero los Verdaderos Creyentes nos
situamos en otra dimensión, no afuera o al margen de la ley, sino en la plenitud
de la ley.
DIFERENTES FORMAS DE AMAR
Quizás algunos de
ustedes recuerden lo que es estar enamorado. Yo, en lo particular, me enamoré
muchiiisimas veces. ¡Aún recuerdo la primera vez! Fue mientras cursaba kínder.
Era una hermosa niña llamada Norma, a quien le regalé mi mejor peluche, un perro
puder, con baterías para moverse y ladrar. Recuerdo que mi mami me preguntó
muchísimas veces por mi preciado peluche, hasta que finalmente le confesé que
se lo regalé a mi novia. “¿Tu novia?” –preguntó ella-, pregunta que me hizo
dudar, porque ciertamente nunca se lo había preguntado. De hecho, nunca se lo
pregunté, y aún tengo la duda de si era mi novia.
Cierto día, una de mis
Princesas, mientras cursaba Preescolar, al bajarse del transporte, señaló con
rabia a un lindo niño. Me dijo, con cierta rabia, que ese niño no la quería,
porque cada vez que la veía la abrazaba fuertemente e intentaba morderla. Yo le
dije: “¡Creo que Cristian te quiere demasiado! Lo que ocurre es que no sabe lo
que siente por tí y, en su impotencia, solo atina a apretarte y a intentar comerte.
¡Es la locura del amor!”. Mi preciosa hija me miró atónita, porque en no
entendía de que hablaba.
También cursando
Preescolar, mi otra Princesa, bastante madura para su edad, tenía un noviecito,
llamado Eduardo. También una gran amiga, llamada Josibel. Cierto día vi a Eduardito tomado de la mano con Josibel y le
pregunté a mi Princesa: “¿Eduardito no es tu novio? ¿Qué hace de la mano con
Josibel?”. A lo que ella me respondió: “Papi, ¡bien sabes que Josibel es mi
mejor amiga! Así que, ¡Eduardito puede ser el novio de las dos!”. Yo pensé: “¡A
suerte la de Eduardito! ¡La comprensión de un amor compartido!”.
El hecho es que:
¡Existen muchas formas de manifestar el amor y muchas formas de vivirlo! A mi
primer amor, le manifesté mi amor regalándole mi más preciado peluche y, Norma,
parece jamás se enteró de que la amaba. ¿Acaso no era evidente? ¡Le regalé mi
mejor peluche! Cristian intentó por la fuerza de que mi Princesa lo amara. Y mi
Princesa no entendió un amor obligado. Eduardito fue amado libremente y así lo
entendió perfectamente, tanto mi Princesa como su mejor amiga. O quizás, en este ultimo caso, el
verdadero amor era el de la amistad.
Es mi humilde pensar
que, nuestro Amoroso Padre Dios ha intentado manifestarnos muchas de esas
formas de amor y nosotros, sus verdaderos amores, las hemos vivido de
diferentes maneras.
Antes de crearnos
hermosamente con sus manos y de soplar su precioso aliento en nuestro interior,
nuestro Amoroso Padre Dios hizo toda la creación, para luego ponerla a nuestros pies. Es decir, para manifestarnos Su Amor nos regaló su más grande posesión, ¡LA CREACIÓN
TODA![9]
Adán vivió esa inmensa manifestación de Amor con ciertas dudas, porque cuando
se le preguntó dónde estaba, el simplemente respondió: “Tuve miedo de Ti y me
escondí”.[10]
¿Miedo de Dios? ¿No será ese el primer error del hombre? ¿Tenerle miedo a Dios?
¿Dudar de Su Amor? Después de haberte dado tooodas mis posesiones ¿dudaste de
Mi Amor por ti?
Ocurrió entonces que, por
un buen tiempo, nos dejó a nuestro libre albedrío, para ver si recapacitábamos.
A veces el amor exige manifestarse con la libertad. Quizás quiso Dios probar
aquel viejo adagio que dice: “Si amas a alguien, déjalo ir;
si regresa, siempre será tuyo, si no jamás lo fue.”. Y tristemente parece que
‘jamás lo fue’, porque el hombre prefirió DESCONOCER la existencia de Dios y,
abusando del hermoso regalo del libre albedrío, se entregó a su corazón
obstinado, realizando la maldad que lo alejaba cada vez más y más de Dios. Con
mucha tristeza Dios se arrepintió de haber creado al hombre y decidió
destruirle, pero la JUSTICIA DE SU AMOR no permitió que destruyera a Noé, quien
«halló gracia ante los ojos de Dios.».[11]
Pasado algunos años después de aquel evento casi escatológico, el
hombre volvió a extraviarse, evitando la presencia de Dios en sus vidas. Pero Dios
no intentó nuevamente destruir al hombre a causa de la promesa hecha a Noé.[12] Entonces buscó y buscó entre los hombres y
halló a Abram,[13]
hombre temeroso de Dios, y decidió hacer un nuevo 'Pacto de Amor con el hombre'.
Pero las muchas vicisitudes con el hombre, hicieron de Dios algo cauteloso
respecto al hombre. En consecuencia, no le dio a Abram todas las cosas de
sopetón. ¡Ya antes lo había hecho! ¡Y no le fue muy bien! Probó y probó la
paciencia de Abram, hasta que finalmente se convenció de su amor y le cambió el
nombre a Abraham.[14]
Pero los descendientes
de Abraham se olvidaron de los muchos consejos de su papá. Los exegetas del
islamismo afirman que, antes de morir, Abraham les pidió a sus descendientes
que “¡NO MUERAN SIN SER MUSULMANES!”.[15] Solicitud
que nunca cumplieron y, se alejaron tanto de Dios, que terminaron siendo
esclavos de los egipcios.
Pero Dios no dejaba de
pensar en Adán y decidió rescatarlo de la dura servidumbre. Creo que después de
tantas malas experiencias con el hombre, Dios pensó: “¿Será que como no tienen
nada por escrito, que les recuerde que YO EXISTO, entonces se olvidan de MI?”.
Y decidió dejarnos algo por escrito, ¡CON SU PROPIO DEDO! ¡Así surgió el
Decálogo!
Para mí los mal
llamados ‘diez MANDAMIENTOS’ de la Ley de Dios, no son más que un simple
resumen de la expresión del Amor de Dios, comunicándonos lo que espera de
nosotros. Y lo que espera de nosotros no es otra cosa que ‘nuestro sano
convivir CON TOOODA LA CREACIÓN’. ¡No sé quién le puso MANDAMIENTOS! Para mí
son simples ‘normas escritas’ para recordarnos la ‘moral y buenas costumbres’.
LA LOCURA DE LA CRUZ
Por un breve tiempo, lo
que nuestro Amoroso Padre Dios dejó por escrito, ayudó al hombre a mantenerse
cerca de Dios. Pero al paso del tiempo, cada hombre interpretó lo escrito como
le dio la gana y volvieron a entregarse a su corazón obstinado. Así pues,
nuestro Amoroso Padre Dios terminó volviéndose loco y decidió hacerse hombre.
¡Rompió todas las reglas! Ya que nosotros no sabíamos acercarnos a Él, se
rindió y decidió acercarse al hombre, para que hiciéramos con Él lo que
quisiéramos.
Hermosamente Pablo desvariaba: «Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; mas a los que se salvan, es a saber, a nosotros, es potencia de Dios. Porque está escrito: “Destruiré la sabiduría de los sabios, Y desecharé la inteligencia de los entendidos.”. ¿Qué es del sabio? ¿qué del escriba? ¿qué del escudriñador de este siglo? ¿no ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? Porque por no haber el mundo conocido en la sabiduría de Dios a Dios por sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. Porque los Judíos piden señales, y los Griegos buscan sabiduría: Mas nosotros predicamos a Cristo crucificado, los Judíos ciertamente tropezadero, y los Gentiles locura.».[16]
[1]
Hechos 22, 3
[2] Gálatas 2, 14
[3]
Mateo 19, 7
[4]
Mateo 5, 17
[5]
Levítico 23, 3
[6]
Romanos 3, 28-31
[7]
Hechos 22, 3
[8]
1 Corintios 10, 23-33
[9]
Génesis 1, 27-30
[10]
Génesis 2, 10
[11]
Génesis 6, 8
[12]
Génesis 9, 11
[13]
Abram: del arameo ‘ab’ –‘Padre’-
y ‘ram’ -‘Enaltecido’-. Significa: ‘Padre Enaltecido’.
[14] Abraham: del arameo ‘ab’ –‘Padre’ y ‘hamôn’ –‘Multitudes’-. Significa:
‘Padre de Multitudes’, según la promesa en Génesis 17, 5
[15] Musulmán significa ‘el que se somete a Dios’, o más hermosamente: ‘EL QUE SE DEJA GUIAR POR DIOS’.
[16]
1 Corintios 1, 18-23
No hay comentarios.:
Publicar un comentario