viernes, 28 de junio de 2019

Amar a Dios en Libertad



Para nadie es un secreto que, el idioma español o castellano, como las otras lenguas romances, es una continuación moderna del latín hablado en el imperio romano (denominado latín vulgar). Desde el siglo III, tras el desmembramiento del Imperio romano, el latín vulgar  fue divergiendo de las otras variantes del latín que se hablaban en las distintas provincias del antiguo Imperio.

Al ser los romanos grandes estudiantes de los griegos, el idioma latín contiene muchas palabras derivadas del griego. Por ejemplo, la palabra ‘típico’, la cual en latín es ‘typicus’, es una derivación del griego ‘τυπικος’, que se pronuncia ‘typikos’. Es evidente la similitud de la palabra latina ‘typicus’, con la pronunciación de la palabra griega ‘τυπικος’, es decir: ‘typikos’. En esencia con la palabra típico nos referimos a ‘aquello que es peculiar o característico de una persona, de un lugar o de una cosa’.

Ahora bien, la palabra ‘atípico’ está compuesta del ‘prefijo privativo griego’ α –se pronuncia ‘a’-, que significa ‘sin’ y la palabra latina ‘typicus’.  En el español, al unir este ‘prefijo privativo griego’ (‘a’) –que significa ‘sin’- con la palabra latina ‘typicus’ (que como dijimos viene del griego ‘typicos’), nos estaremos refiriendo a ‘todo aquello que No es  peculiar o característico de una persona, de un lugar o de una cosa’.

Otro interesante ejemplo es la palabra ‘moral’, que viene del latín ‘moralis’. Parece que los romanos tradujeron la palabra griega ‘ἠθικός’ –que significa moral- a ‘moralis’, a partir de la palabra latina ‘moris’ –que significa ‘manera de vivir’-, pues ἠθικός viene de εθος –que significa ‘manera de hacer o adquirir las cosas, costumbre, hábito’-. Así ‘moralis’ terminó refiriéndose a ‘las costumbres’. Finalmente, la ‘moral’ continúa refiriéndose al ‘conjunto de las normas, creencias, valores y costumbres que guían la forma de conducirse de las personas en una sociedad determinada’.

Igualmente de interesante es la etimología de la palabra ‘amoral’. Ciertamente es un híbrido formado por el ‘prefijo griego de privación’ ‘a’ –que significa ‘sin’- y la palabra española ‘moral’. Me refiero a ‘palabra española’ porque el término ‘amoral’ se creó muy recientemente, en la era moderna. Fue acuñada por el escritor Robert Stevenson (1850-1894), para referirse a la ‘indiferencia ética’, en sustitución de la palabra ‘inmoral’ –derivada del latín-, que se refiere a la persona que  NO CUMPLE CON el conjunto de las normas, creencias, valores y costumbres que guían la forma de conducirse de las personas en una sociedad determinada.

En el entendido de que la 'moral' nos ayuda a mantener la 'sana convivencia', siempre se les ha considerado como ‘normas a seguir’. A diferencias de las ‘leyes’, las cuales también son ‘normas a seguir’, las ‘normas morales’ no se suelen escribir, pero, en el caso de las ‘leyes’, es obligatorio formularlas y mantenerlas escritas. De hecho, las leyes suelen surgir al interpretar la moral, porque pretenden dejar por escrito las mejores acciones a cumplir –OBLIGATORIAMENTE- para mantener la ‘sana convivencia social’.

La disertación anterior la traigo a colación para hacer referencia a una pequeña anécdota. De niño asistí a un
retiro espiritual en donde uno de los charlistas se atrevió a comentar lo siguiente: “Cuando Pablo estuvo en Grecia, mientras daba uno de sus muchos discursos, alguien le preguntó cuál era su ley, a lo que él respondió: «¡Nuestra ley es la ley del amor!»”. Y el charlista continuó: “¡Amor en griego es SIN NORMA!, porque ‘A’ es el ‘prefijo privativo griego’ que significa ‘SIN’ y ‘MOR’ es la NORMA o moral. De manera que, Pablo dijo: ¡Nuestra ley es la ley de la NO LEY!, porque el cristiano ¡NO DEBE SEGUIR A DIOS PORQUE LO DIGA LA LEY!”. Seguidamente, el párroco de la Iglesia, en donde se dictaba el retiro, tomó por los brazos al charlista y lo sacó, casi que esposado, como a un delincuente, de SU Iglesia.

Como todos ustedes saben, soy de aquellos que, como San Ignacio de Loyola, creo firmemente que “¡Ni una sola hoja de un árbol se cae, sin que Dios lleve cuenta de ello!”, en consecuencia, suelo apreciar cada acontecimiento extraño de mi vida  como una señal. Es así como, ya algo más adulto, –más bien viejo- decidí indagar un poco, acerca de aquel extraño mensaje. Resulta que, al buscar en un diccionario la etimología de la palabra ‘amor’, nos dice que proviene del latín ‘amoris'. Como pueden apreciar, pareciera concluyente que lo expresado, por aquel charlista, tiene algo de verdad, porque 'amor' quizás es un híbrido formado por el ‘prefijo griego de privación’ ‘a’ –que significa ‘sin’- y la palabra latina 'moris’, la cual es una derivación de la palabra latina que significa 'moral o norma'.

PABLO Y LA LEY

Por más que me esforcé por hallar alguna prueba de que Pablo dijo esas polémicas palabras, no encontré nada al respecto en el espacioso ciberespacio. Sin embargo, si me fue posible hallar mucha información acerca de lo que Pablo opinaba del seguimiento de la Ley.

Pese a que el mismo Pablo manifestaba ser instruido «estrictamente conforme a la ley»,[1] en muchas de sus cartas y discursos, dejó entrever que la Ley no era lo más importante para los verdaderos creyentes.

Para nadie es un secreto que entre Pablo y Pedro –Primer Papa de la Iglesia Católica- habían muchas pugnas o diferencias respecto a la separación de la religión judía y la religión naciente. De hecho, Pablo llegó a reprender públicamente a Pedro, porque Pedro, pese a vivir según lo que comprendía de la religión naciente, obligaba a los neos conversos a vivir conforme a los planteamientos de la religión judía.[2] De hecho, en la misma Carta a los Gálatas, Pablo expresaba que: «… por las obras de la ley nadie será justificado.».

Igualmente afirma que: «Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios. Pablo declara que ha muerto para la ley, en consecuencia, es imposible que la ley sea la forma en que él es aceptado por Dios. Entiéndase: no es la ley que está muerta. La ley refleja, en su contexto, el corazón sagrado y el carácter de Dios, por lo que debemos aceptar que no había nada malo con la ley. La ley per se no es mala, tanto cuanto son las normas del sano convivir, pero cumplir con la ley sólo para juzgar, olvidándonos del fin mismo de la ley –el sano convivir-, con seguridad no ayudará mucho para nuestra salvación. De manera que, no es la ley la que murió, pero ciertamente Pablo se consideraba muerto para la ley.

Quizás Pablo aceptó ésta realidad al enterarse de ciertas cosas que hizo Jesús, a quien en su momento le criticaban muchísimo ser un transgresor de la ley judía. Este mismo Jesús llegó a afirmar que, aparentemente, algunas de las leyes Mosaicas, que rigen las costumbres judías, fueron escritas por Moisés «debido a la dureza del corazón del hombre».[3] 

Pese a estas realidades de la ley, Jesús no pretendía que desconociéramos las leyes, de hecho nos dijo que él había venido a darle «plenitud a la ley».[4] Pablo quizás comprendió lo que significaba darle plenitud a la ley. La ley llega a su plenitud cuando hace lo que se espera de ella, lo cual es: ¡SERVIR AL HOMBRE! “¡Ahí está el detalle!”, decía Cantinflas. ¡ES LA LEY LA QUE DEBE SERVIR AL HOMBRE! ¡La ley no existe para ser servida, sino para servir! Cuando Pablo decía que estaba muerto PARA la ley, se refería a que él ya no la serviría más. Cuando se estableció que «Seis días se trabajará, pero el día séptimo será sábado de completo reposo y de asamblea santa. No se hará trabajo alguno. Es un sábado para Yahweh, dondequiera que habitéis»,[5] creo que lo que pretendía nuestro Amoroso Padre Dios era otorgarnos un día de descanso, para que se lo dediquemos al sano entretenimiento y, por qué no, a la oración, al crecimiento espiritual. De alguna manera también quería obligarnos a darle descanso a las labores de nuestros empleados –los cuales, en aquel tiempo, no eran empleados sino más bien esclavos-. Dudo mucho que nuestro Amoroso Padre Dios haya establecido esta norma para impedirnos SERVIR, el día de descanso, a nuestros semejantes.

Hermosamente Pablo concluía que, Dios no hace distinción por las costumbres religiosas de los creyentes, porque: «el hombre es justificado por la fe aparte de las obras de la ley. ¿O es Dios el Dios de los judíos solamente? ¿No es también el Dios de los gentiles? Sí, también de los gentiles, porque en verdad Dios es uno, el cual justificará en virtud de la fe a los circuncisos y por medio de la fe a los incircuncisos. ¿Anulamos entonces la ley por medio de la fe? ¡De ningún modo! Al contrario, confirmamos la ley.[6] Queda en evidencia que, así como Jesús, Pablo comprendía lo de la plenitud de la ley.

Quizás a Pablo se le facilitó comprender las enseñanzas de Jesús, porque él fue «instruido a los pies de Gamaliel»,[7] un maestro de la ley judía, poco ortodoxo, más bien liberal. Pero comprendiendo que, lo que para él era sencillo de comprender necesariamente no lo era para los demás, nos dejó un consejo hermoso, para vivir nuestra libertad, evitando ser tropezadero para los menos adelantados: «Todo me es lícito, mas no todo conviene: todo me es lícito, mas no todo edifica. Ninguno busque su propio bien, sino el del otro. De todo lo que se vende en la carnicería, comed, sin preguntar nada por causa de la conciencia; Porque del Señor es la tierra y lo que la hinche. Y si algún infiel os llama, y queréis ir, de todo lo que se os pone delante comed, sin preguntar nada por causa de la conciencia. Mas si alguien os dijere: Esto fue sacrificado a los ídolos: no lo comáis, por causa de aquel que lo declaró, y por causa de la conciencia: porque del Señor es la tierra y lo que la hinche. La conciencia, digo, no tuya, sino del otro. Pues ¿por qué ha de ser juzgada mi libertad por otra conciencia? Y si yo con agradecimiento participo, ¿por qué he de ser blasfemado por lo que doy gracias? Si pues coméis, o bebéis, o hacéis otra cosa, haced lo todo a gloria de Dios. Sed sin ofensa a Judíos, y a Gentiles, y a la iglesia de Dios; Como también yo en todas las cosas complazco a todos, no procurando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos.».[8]

Creo que, de alguna forma o manera, al parecer Pablo, aunque quizás no dijo las palabras que motivaron este artículo, si estaba de acuerdo con ellas. La ley del verdadero creyente es la ley de la no ley, no para movernos a quebrantarlas sino para ponerlas al servicio de nuestros hermanos y de nosotros mismos, lo cual es cumplirlas a plenitud.

Concluyendo, las sociedades necesitan normas o leyes para su funcionamiento, y penas justas que los jueces deben aplicar a los infractores, pero los Verdaderos Creyentes nos situamos en otra dimensión, no afuera o al margen de la ley, sino en la plenitud de la ley.

DIFERENTES FORMAS DE AMAR

Quizás algunos de ustedes recuerden lo que es estar enamorado. Yo, en lo particular, me enamoré muchiiisimas veces. ¡Aún recuerdo la primera vez! Fue mientras cursaba kínder. Era una hermosa niña llamada Norma, a quien le regalé mi mejor peluche, un perro puder, con baterías para moverse y ladrar. Recuerdo que mi mami me preguntó muchísimas veces por mi preciado peluche, hasta que finalmente le confesé que se lo regalé a mi novia. “¿Tu novia?” –preguntó ella-, pregunta que me hizo dudar, porque ciertamente nunca se lo había preguntado. De hecho, nunca se lo pregunté, y aún tengo la duda de si era mi novia.

Cierto día, una de mis Princesas, mientras cursaba Preescolar, al bajarse del transporte, señaló con rabia a un lindo niño. Me dijo, con cierta rabia, que ese niño no la quería, porque cada vez que la veía la abrazaba fuertemente e intentaba morderla. Yo le dije: “¡Creo que Cristian te quiere demasiado! Lo que ocurre es que no sabe lo que siente por tí y, en su impotencia, solo atina a apretarte y a intentar comerte. ¡Es la locura del amor!”. Mi preciosa hija me miró atónita, porque en no entendía de que hablaba.

También cursando Preescolar, mi otra Princesa, bastante madura para su edad, tenía un noviecito, llamado Eduardo. También una gran amiga, llamada Josibel. Cierto día vi a  Eduardito tomado de la mano con Josibel y le pregunté a mi Princesa: “¿Eduardito no es tu novio? ¿Qué hace de la mano con Josibel?”. A lo que ella me respondió: “Papi, ¡bien sabes que Josibel es mi mejor amiga! Así que, ¡Eduardito puede ser el novio de las dos!”. Yo pensé: “¡A suerte la de Eduardito! ¡La comprensión de un amor compartido!”.

El hecho es que: ¡Existen muchas formas de manifestar el amor y muchas formas de vivirlo! A mi primer amor, le manifesté mi amor regalándole mi más preciado peluche y, Norma, parece jamás se enteró de que la amaba. ¿Acaso no era evidente? ¡Le regalé mi mejor peluche! Cristian intentó por la fuerza de que mi Princesa lo amara. Y mi Princesa no entendió un amor obligado. Eduardito fue amado libremente y así lo entendió perfectamente, tanto mi Princesa como su mejor amiga. O quizás, en este ultimo caso, el verdadero amor era el de la amistad.   

Es mi humilde pensar que, nuestro Amoroso Padre Dios ha intentado manifestarnos muchas de esas formas de amor y nosotros, sus verdaderos amores, las hemos vivido de diferentes maneras. 
    
Antes de crearnos hermosamente con sus manos y de soplar su precioso aliento en nuestro interior, nuestro Amoroso Padre Dios hizo toda la creación, para luego ponerla a nuestros pies. Es decir, para manifestarnos Su Amor nos regaló su más grande posesión, ¡LA CREACIÓN TODA![9] Adán vivió esa inmensa manifestación de Amor con ciertas dudas, porque cuando se le preguntó dónde estaba, el simplemente respondió: “Tuve miedo de Ti y me escondí”.[10] ¿Miedo de Dios? ¿No será ese el primer error del hombre? ¿Tenerle miedo a Dios? ¿Dudar de Su Amor? Después de haberte dado tooodas mis posesiones ¿dudaste de Mi Amor por ti? 

Ocurrió entonces que, por un buen tiempo, nos dejó a nuestro libre albedrío, para ver si recapacitábamos. A veces el amor exige manifestarse con la libertad. Quizás quiso Dios probar aquel viejo adagio que dice: “Si amas a alguiendéjalo ir; si regresa, siempre será tuyo, si no jamás lo fue.”. Y tristemente parece que ‘jamás lo fue’, porque el hombre prefirió DESCONOCER la existencia de Dios y, abusando del hermoso regalo del libre albedrío, se entregó a su corazón obstinado, realizando la maldad que lo alejaba cada vez más y más de Dios. Con mucha tristeza Dios se arrepintió de haber creado al hombre y decidió destruirle, pero la JUSTICIA DE SU AMOR no permitió que destruyera a Noé, quien «halló gracia ante los ojos de Dios.».[11]  

Pasado algunos años después de aquel evento casi escatológico, el hombre volvió a extraviarse, evitando la presencia de Dios en sus vidas. Pero Dios no intentó nuevamente destruir al hombre a causa de la promesa hecha a Noé.[12]  Entonces buscó y buscó entre los hombres y halló a Abram,[13] hombre temeroso de Dios, y decidió hacer un nuevo 'Pacto de Amor con el hombre'. Pero las muchas vicisitudes con el hombre, hicieron de Dios algo cauteloso respecto al hombre. En consecuencia, no le dio a Abram todas las cosas de sopetón. ¡Ya antes lo había hecho! ¡Y no le fue muy bien! Probó y probó la paciencia de Abram, hasta que finalmente se convenció de su amor y le cambió el nombre a Abraham.[14]

Pero los descendientes de Abraham se olvidaron de los muchos consejos de su papá. Los exegetas del islamismo afirman que, antes de morir, Abraham les pidió a sus descendientes que “¡NO MUERAN SIN SER MUSULMANES!”.[15] Solicitud que nunca cumplieron y, se alejaron tanto de Dios, que terminaron siendo esclavos de los egipcios.

Pero Dios no dejaba de pensar en Adán y decidió rescatarlo de la dura servidumbre. Creo que después de tantas malas experiencias con el hombre, Dios pensó: “¿Será que como no tienen nada por escrito, que les recuerde que YO EXISTO, entonces se olvidan de MI?”. Y decidió dejarnos algo por escrito, ¡CON SU PROPIO DEDO! ¡Así surgió el Decálogo!

Para mí los mal llamados ‘diez MANDAMIENTOS’ de la Ley de Dios, no son más que un simple resumen de la expresión del Amor de Dios, comunicándonos lo que espera de nosotros. Y lo que espera de nosotros no es otra cosa que ‘nuestro sano convivir CON TOOODA LA CREACIÓN’. ¡No sé quién le puso MANDAMIENTOS! Para mí son simples ‘normas escritas’ para recordarnos la ‘moral y buenas costumbres’.

LA LOCURA DE LA CRUZ

Por un breve tiempo, lo que nuestro Amoroso Padre Dios dejó por escrito, ayudó al hombre a mantenerse cerca de Dios. Pero al paso del tiempo, cada hombre interpretó lo escrito como le dio la gana y volvieron a entregarse a su corazón obstinado. Así pues, nuestro Amoroso Padre Dios terminó volviéndose loco y decidió hacerse hombre. ¡Rompió todas las reglas! Ya que nosotros no sabíamos acercarnos a Él, se rindió y decidió acercarse al hombre, para que hiciéramos con Él lo que quisiéramos. 

Hermosamente Pablo desvariaba: «Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; mas a los que se salvan, es a saber, a nosotros, es potencia de Dios. Porque está escrito: “Destruiré la sabiduría de los sabios, Y desecharé la inteligencia de los entendidos.”. ¿Qué es del sabio? ¿qué del escriba? ¿qué del escudriñador de este siglo? ¿no ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? Porque por no haber el mundo conocido en la sabiduría de Dios a Dios por sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. Porque los Judíos piden señales, y los Griegos buscan sabiduría: Mas nosotros predicamos a Cristo crucificado, los Judíos ciertamente tropezadero, y los Gentiles locura.[16]




[1]  Hechos 22, 3
[2]  Gálatas 2, 14
[3]  Mateo 19, 7
[4]  Mateo 5, 17
[5]  Levítico 23, 3
[6]  Romanos 3, 28-31
[7]  Hechos 22, 3
[8]  1 Corintios 10, 23-33
[9]  Génesis 1, 27-30
[10]  Génesis 2, 10
[11]  Génesis 6, 8
[12]  Génesis 9, 11
[13]  Abram: del arameo ‘ab’ –‘Padre’- y ‘ram’ -‘Enaltecido’-. Significa: ‘Padre Enaltecido’.
[14] Abraham: del arameo ‘ab’ –‘Padre’ y ‘hamôn’ –‘Multitudes’-. Significa: ‘Padre de Multitudes’, según la promesa en Génesis 17, 5
[15] Musulmán significa ‘el que se somete a Dios’, o más hermosamente: ‘EL QUE SE DEJA GUIAR POR DIOS’.
[16]  1 Corintios 1, 18-23









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