sábado, 22 de junio de 2019

Gen de la Maldad o Demonios







Me considero un hombre de fe, por lo que creo firmemente en la participación de Dios en todos los acontecimientos de nuestras vidas. Como consecuencia de esto, suelo observar todos los hechos que ocurren a mí alrededor y procuro verlos como señales. A mi entender, ¡DIOS HABLA POR SEÑALES!

En este orden de ideas, les comentaré que, durante varios días seguidos, he oído en la televisión algunas frases que me motivaron a escribir respecto al mal existente. En la introducción de un programa, que lleva por nombre El Gen de la Maldad, explican que, según algunos experimentos realizados, existe un ‘gen maligno’ que mueve a las personas a ser malvadas. En otro programa de reality show, intervenía un hombre que manifestaba sufrir de ‘pedofilia mental’, porque era movido por un ‘demonio’ que lo obligaba a ‘ver imágenes de niñas desnudas’.  La psicóloga del reality show explicaba que, así como la homosexualidad, la condición de pedófilo NO ES UNA ELECCIÓN.

Al observar estas señales, me hice algunas preguntas acerca de la posibilidad de que el ‘ser malvado’ no sea una elección. ¿Es posible que el malvado sea movido por un ‘gen diabólico’ o quizás por el mismo ‘diablo’? También existe la posibilidad de que ocurra lo que les explico en algunas de mis Novelas: ¡LA INEXISTENCIA DEL ALMA EN LOS MALVADOS! Sobre esta posibilidad les escribiré próximamente.

LA EXISTENCIA DEL MAL

En otra serie televisiva, un famoso psíquico, asesor de la policía, discierne con una chica acerca de la existencia del mal. Este agnóstico asesor establece que: “El frió y el calor existen, la luz y la oscuridad existen, la vida y la muerte existen, pero en definitiva el bien y el mal son sólo cosas que ocurren y ya. ¡NO HAY UN DIOS EN MEDIO DE ESTOS ACONTECIMIENTOS!”. Curiosamente, esta especie de deducción científica fue tratada y explicada por un famoso científico, hace algunos años, con una conclusión diametralmente opuesta.

Cierto día, un profesor ateo, durante una clase en la cual estaba presente Albert Einstein, concluía que la maldad existente en el mundo era la evidencia de que Dios no existía. Ésta conclusión, movió a Einstein a entrar con su profesor en un interesante diálogo. «Albert comenzó a hacerle una serie de preguntas a su profesor. Le preguntó: “Profesor ¿existe el frío?”, a lo que el profesor respondió: “¿Qué pregunta es ésa? Por supuesto que existe, ¿acaso usted no ha sentido frío?” Entonces Einstein replicó: “De hecho, señor, el frío no existe. Según las leyes de la física, lo que consideramos frío, en realidad es ausencia de calor. Todo cuerpo u objeto es susceptible de estudio cuando tiene o transmite energía, el calor es lo que hace que dicho cuerpo tenga o transmita energía. El cero absoluto es la ausencia total y absoluta de calor, todos los cuerpos se vuelven inertes, incapaces de reaccionar, pero el frío no existe. Hemos creado ese término para describir cómo nos sentimos si no tenemos calor.”. Luego, continuó Albert con otra pregunta: “Y, ¿existe la oscuridad?”, a lo que su profesor se apresuró a contestar: “¡Por supuesto!”. Seguidamente, Einstein le aclaró: “Nuevamente se equivoca, señor, la oscuridad tampoco existe. La oscuridad es en realidad ausencia de luz. La luz puede estudiarse, la oscuridad no, incluso existe el prisma de Nicol para descomponer la luz blanca en los varios colores en que está compuesta, con sus diferentes longitudes de onda. La oscuridad no. Un simple rayo de luz rasga las tinieblas e ilumina la superficie donde termina el haz de luz. ¿Cómo puede saber cuán oscuro está un espacio determinado? Con base en la cantidad de luz presente en ese espacio, ¿no es así? Oscuridad es un término que el hombre ha desarrollado para describir lo que sucede cuando no hay luz presente.”. Finalmente, Einstein preguntó: “Señor, ¿existe el mal?” Nuevamente, en su torpeza, el profesor se apuró al contestar: “¡Por supuesto que existe!, como lo mencioné al principio, vemos violaciones, crímenes y violencia en todo el mundo, ¡esas cosas son del mal!”. Entonces, hermosamente Einstein corrigió, una vez más, a su profesor, y le aclaró: “El mal no existe, señor, o al menos no existe por sí mismo. El mal es simplemente la ausencia de Dios, es, al igual que los casos anteriores un término que el hombre ha creado para describir esa ausencia de Dios. Dios no creó el mal. No es como la fe o el amor, que existen como existen el calor y la luz. El mal es el resultado de que la humanidad no tenga a Dios presente en sus corazones. Es como resulta el frío cuando no hay calor, o la oscuridad cuando no hay luz.”. Entonces el profesor, después de asentar con la cabeza, se quedó callado

Esta hermosa anécdota, de uno de los grandes genios de nuestra historia, nos sirve para aclarar la despreciable diatriba que utilizan los agnósticos para demostrar que Dios no existe. ¡ES LA HUMANIDAD LA QUE SE HA ALEJADO DE DIOS!! Y en consecuencia, el mal se ha apoderado de nuestros tiempos.

San Ignacio de Loyola solía decir: «Ni una sola hoja de un árbol se cae, sin que Dios lleve cuenta de ello». Esto es lo que conocemos como Providencia. La cual se puede definir como ‘La Mano de Dios actuando en todas las cosas y hechos de la historia’. Dios ha creado todas las cosas y con su providencia las sostiene.  Las criaturas no tienen su causa en sí mismas, sino que tienen siempre su causa en Dios, del que reciben constantemente el ser y el obrar. Por eso, si la providencia divina no conservara las cosas con el mismo poder con que las creo en un principio, volverían enseguida a recaer en la nada.

Quizás esta aclaratoria no ayude mucho a comprender lo de la existencia del mal, puesto que, si la Mano de Dios actúa en todas las cosas y hechos de la historia, entonces, en efecto, como afirman los ateos, Dios actúa para que se realice el mal. ¡Pero nada más lejos de la verdad! Y es aquí donde debo aclararles lo referente a la Voluntad de Dios. La cual se puede definir como el ‘deseo eterno de Dios de que el hombre le PERTENEZCA en LI.BER.TAD’. Es su voluntad que nosotros hagamos las cosas bien, es su voluntad que seamos felices, es su voluntad que le conozcamos, es su voluntad que le amemos. Con ese fin dirige todas las cosas, según su Providencia. Pero tristemente nosotros haciendo uso de nuestra libertad, aquella que Dios mismo nos otorgó por su Voluntad, cambiamos el plan y nos inclinamos a no hacer lo que Dios desea. Entonces todo sale mal, porque hay ausencia de Dios en las cosas que hacemos. ¡El mal no es otra cosa que la ausencia de la Gracia de Dios!”.

Aclarado lo de la APARENTE existencia del mal, continuemos con los males del hombre.

EL MISTERIO DE LOS GENES

En otra serie televisiva de detectives, un asesino serial pretendía librarse de la cárcel, utilizando como defensa el hecho de que él poseía una especie de ‘gen diabólico’ que le obligaba a asesinar. Este asesino serial no logró su cometido debido a que un científico, perteneciente a la buró de la policía, declaró que el también poseía ese gen y que también su papá había abusado de él, y aun así, él nunca había asesinado a nadie. Establecieron en esencia que, ¡LOS GENES NO DETERMINAN TU DESTINO!

Los estudios acerca de la influencia de los genes en el comportamiento de los hombres, comenzaron hace más de dos décadas, cuando un grupo de mujeres holandesas se propuso encontrar una explicación para la conducta antisocial de los hombres, particularmente de sus esposos. Aquellas mujeres observaron que, algunos hombres y niños, además de presentar dificultades de aprendizaje, eran propensos a los estallidos de agresión y solían acumular una lista de faltas graves, como incendios provocados, intento de violación y de asesinato. Sospechando que el comportamiento podría ser hereditario, las mujeres se dirigieron al genetista Hans Brunner, para que intentara localizar al gen que provocaba los arranques de ira, o si se quiere ‘gen de la maldad’. Después de mucho estudiar, el doctor Hans Brunner, localizó al culpable: una variante de un gen llamada monoamina oxidasa A, o MAO-A, que curiosamente se encuentra en el cromosoma X.

Este es justamente el gen del cual hablaban, en la famosa serie televisiva. Realizando una breve investigación, pude descubrir que, las Monoaminas oxidasas son enzimas que catalizan la oxidación de monoaminas y la degradación de neurotransmisores, como la serotonina, la epinefrina, noradrenalina y la feniletilamina. Las tres primeras son degradadas por la MAO-A y la última por la MAO-B.  

Indagando un poco más descubrí que, algunos neurotransmisores como la serotonina, se relacionan con el bienestar mental de las personas, y de hecho, son utilizados para elaborar  muchos antidepresivos. Si no comprendí mal, la degradación de este neurotransmisor imposibilita su llegada al cerebro y, en consecuencia, aquellos quienes tienen una alta expresión [1] del gen MAO-A tendrán altos niveles de depresión, debido a la inactivación del neurotransmisor.  Por el contrario, cuando el gen MAO-A se expresa poco –o se encuentra casi ausente-, aumenta en el cerebro el nivel de estos neurotransmisores y, en consecuencia, mejora el estado de ánimo de las personas.  
Algunos estudios han determinado que,  la presencia del gen MAO-A se relaciona con decisiones financieras arriesgadas, como jugar a la lotería y compras no seguras. También se relacionan con algunos comportamientos negativos como la depresión, la ansiedad, el trastorno de hiperactividad por déficit de atención, anorexia, esquizofrenia, neurosis, la ludopatía, el tabaquismo y el alcoholismo, hecho por el cual algunos científicos lo han llamado ‘el gen guerrero’, porque a los científicos no les gusta reconocer que existe 'el mal'.
Visto lo anterior, pudiéramos concluir que la presencia del mal en los hombres tiene sus orígenes en la propia constitución genética, sin embargo, tal y como lo concluyó el policía científico de la famosa serie, la capacidad mental para entender la naturaleza y consecuencias de los hechos y la capacidad de controlar el propio comportamiento, deja entrever que el portador del ‘gen de la maldad’ puede diferenciar entre el bien y el mal, y tiene la capacidad de escoger entre uno o el otro, lo que conocemos como libre albedrío.[2]

EL MUNDO DE LOS ESPÍRITUS

Por estos días vi una película que versa sobre el juicio que se le realizó a un sacerdote quien, al intentar ejecutar un exorcismo, de alguna manera provocó la muerte de la exorcizada. Según entiendo, la película está basada en hechos reales.

Resulta que, pese a que el fiscal acusador manifestaba ser una ‘persona muy devota’ en lo religioso, no creía posible que alguien pudiera ser dominado por algún espíritu demoníaco. Por el contrario, la abogada defensora del sacerdote se confesaba así misma agnóstica y, sin embargo, terminó dudando de su falta de fe. Irónicas realidades de nuestros tiempos de increencia.

En otra película, un delincuente muy inteligente, que logró que otros fueran acusado de sus crímenes, le comentó a uno de los policías que lo interrogaron: “El mejor truco que el diablo inventó fue convencer al mundo de que no existía”. La cita original es de Charles Baudelaire, poeta francés del siglo XIX, acusado de ser un demoníaco. Irónicas realidades, un demoníaco advirtiéndonos acerca de nuestro terrible error al dejar de creer que el demonio existe.

En una famosa película, que trata sobre cómo nace un exorcista, un experimentado exorcista le indica a uno de sus pupilos que: “El hecho de que tú no creas en el demonio, no hará que desaparezca”. Resulta que,   el
pupilo, a pesar de estar próximo a ordenarse sacerdote, no creía ni siquiera en Dios. Al final de esta película, al pupilo del experimentado exorcista le tocó exorcizar a  su maestro. Durante el exorcismo, el demonio logró someter físicamente al pupilo y, mientras le sometía, le increpaba para que aceptara que el diablo existe. En medio del forcejeo, el pupilo comenzó a aceptar que quien lo sometía era verdaderamente un demonio. Al reconocer esta dura realidad, el pupilo confeso: “¡Siii! ¡Siiii! ¡Acepto que el demonio existe! ¡Pero también reconozco que si el demonio existe, entonces Dios existe!”. Seguidamente, el pupilo comenzó a someter al demonio y finalmente exorcizó a su maestro. Al parecer, ésta película también está basada en hechos reales.

El hecho es que, la triste realidad de nuestros tiempos es que, hasta altos jerarcas eclesiales, nos quieren convencer de que el demonio no existe. Los creyentes han dejado de creer en el diablo y, como efecto secundario, han dejado de creer en Dios, porque, si el demonio no existe, no hace falta creer en Dios para, que este Dios, nos ayude a combatirle.

Yo entiendo que, quizás en tiempos pasados acusaban al diablo de demasiados males, pero esto no quiere decir que no sea el culpable de la mayoría de los males, tanto del pasado como del presente. Cuando me encuentro con sacerdotes que me manifiestan que las afecciones espirituales no existen yo les pregunto: “¿A dónde se fueron aquellos espíritus que Jesús expulsaba? ¿El demonio dejó de someter al hombre?”.

En lo particular, creo que el diablo existe y por ende creo que, como en tiempos pasados, sigue sometiendo al hombre de diferentes maneras. Aunque ciertamente reconozco que, como logró visualizarlo San Juan Bosco, el diablo ha perdido cierto interés por alejar al hombre de Dios, porque ya el hombre se aleja solo. En consecuencia, las dominaciones espirituales ya casi ni se ven. De hecho, en la película que les comentaba, el demonio que sometió al experimentado exorcista, le manifestó al pupilo: “Te conozco desde niño y desde niño te he guiado para que llegaras hasta aquí”. Yo no sé ustedes, pero yo entendí que, el demonio como que está ávido de buenos guerreros, que le combatan con dignidad. Creo que está aburrido de creyentes mediocres.

Pese a esta aparente apatía del diablo por el hombre, debido a su mediocridad espiritual, yo he podido enterarme de ciertas afecciones, en apariencia psíquicas, que pudieran ser espirituales. Conversando con un amigo psicólogo, él me comentó que, algunos pacientes le han manifestado que ven a algún tipo de espíritu que, de alguna extraña manera, les mueven a realizar actos que ellos no quisieran hacer, como fumar, masturbarse, comer, beber,… delinquir. ¿No será esto lo que ocurre con los asesinos seriales, o con los pedófilos, o con los violadores,… sólo que, muchos de esos nefastos delincuentes, no logran visualizar alguna entidad espiritual, pero ciertamente se dejan mover por estos. ¡EN MI MUNDO TOOOODO ES POSIBLE!   

LIBRE ALBEDRÍO

Como les dije, no pretendo acusar de todos los males del mundo al diablo, dado que, como lo visualizó San Juan Bosco, el hombre pareciera escoger ser malo, sin que el diablo les pida escogerle. A veces me pareciera que, la humanidad está haciendo cola en la oficina de captación de personal del diablo para pedirle trabajo.

En todo caso, ya sea una afección genética o alguna presencia espiritual la que mueve al hombre a ser malo, ciertamente siempre tiene el comodín del libre albedrío, en consecuencia, nada justifica que escojas el mal, en vez del bien.

Para mí es evidente que, quien es malo es porque ha escogido ser malo, y quien es bueno es porque ha escogido ser bueno. El asesor de la policía, en la serie que les comenté, que manifestó tener el gen MAO-A, al final del episodio, comentó al capitán de los policías: “¡Yo decidí ser bueno! De niño escribí debajo de la tapa de mi escritorio: ‘DEBO SER BUENO’, y cada día, al comenzar las clases lo leía. Esto me motivó a no castigar a los demás, por los abusos a los que me sometía mi papá”. ¡LIBRE ALBEDRÍO!

Dios no desea que seamos sus títeres, por eso nos otorga el libre albedrío. Si no se nos otorga la libertad de escoger entre amar a Dios o amar al diablo, ¿cómo sabrá Dios que realmente lo amamos? Sin el libre albedrío no podríamos amar a Dios en verdad. Nuestro Amoroso Padre Dios desea relacionarse con nosotros en libertad, y esto implica una elección voluntaria de nuestra parte. Por este motivo existe el mal, para que tengamos la oportunidad de triunfar sobre ese mal. ¿Creen que Dios no sabía en dónde estaba Adán? ¿Creen que no sabía que Adán fallaría la prueba? ¡Claro que lo sabía! ¡Lo único de lo que Dios no estaba seguro era de la respuesta de Adán! Adán escogió esconderse, en vez de pedir perdón. ¡Adán escogió dudar del Amor de Dios!!!

Es importante comprender que, existe una amplia diferencia entre permitir el mal y querer que el mal suceda. Dios no desea el mal pero le es necesario permitirlo, para que el hombre pueda desarrollarse en la virtud. Ciertamente nuestro Amoroso Padre Dios pudo crear el mundo sin maldad y así lo hizo, pero permitió la presencia del mal para no limitarnos en nuestro crecimiento espiritual, en el desarrollo de las virtudes. Las virtudes son definidas por lo opuesto a ellas. Una persona puede ser humilde solo si el orgullo se antepone. Si no existiera el orgullo, la humildad no sería una virtud.

En el primer capítulo del presente artículo, les narré una interesante anécdota de Einstein. Les comenté que, Albert Einstein, realizando una serie de inferencias, demostró que «El mal no existe», pero agregó: «al menos no existe por sí mismo». Lo que Einstein nos quería aclarar es que, para que el mal exista, hace falta que otra cosa exista. ¿Cómo saber qué es la felicidad, si no existiese la tristeza? ¿Cómo sabemos que es el amor, si no existiese el odio? ¡DIOS PERMITE EL MAL SÓLO PARA QUE PODAMOS ELEGIR!

Nos es muy sencillo pensar que Dios debería intervenir y destruir al malvado –lo cual ciertamente hará a su tiempo-, pero ¿por qué nos es tan difícil pedirle que intervenga en nosotros, para destruir el orgullo y hacer aflorar la humildad? Si Dios fuera a intervenir y evitar el mal, Él tendría que eliminarnos a nosotros, porque de alguna forma o manera, todos tenemos algo de maldad. Sólo que algunos luchamos para triunfar sobre el mal y otros, dejándose dominar por la flojera y haciendo uso de su libre albedrío, eligen lo más sencillo: realizar el mal.

En algunos de mis escritos les comenté que, odiar es lo más sencillo del mundo, porque no exige de nosotros algún esfuerzo. Mientras que amar, siempre exigirá de nosotros algún esfuerzo. Amar nos exige luchar y triunfar sobre nuestro orgullo, sobre nuestra envidia, sobre nuestra ira, sobre nuestra gula, sobre nuestra lujuria, sobre nuestra pereza,… sobre nuestras propias idolatrías. ¡SI DIOS ELIMINARA TODAS LAS CONSECUENCIAS NEGATIVAS DE NUESTROS ACTOS NO TENDRÍAMOS LIBRE ALBEDRÍO, ! Y sin el libre albedrío, no seríamos criaturas (HIJOS) sino simplemente seríamos creaturas (OBRAS), ¡SIMPLES TÍTERES AUSENTES DE SU AMOR!

Movido por esta realidad, me permitiré dejarles algunas POSIBLES soluciones para triunfar sobre el mal, optando por ser bueno. Antes de anotárselas, permítanme recordarles aquel viejo adagio que reza: ¡EL DEMONIO PAGA MAL A QUIEN BIEN LE SIRVE! ¡Dejen la flojera! ¡Esfuércense por ser dignos hijos de nuestro Amoroso Padre Dios, amando en libertad! ¡Eviten ser los títeres del diablo!  

FE, AYUNO Y ORACIÓN

Las denomino ¡POSIBLES! no porque no sean las soluciones al problema, sino porque serán soluciones en la medida de que se les tome en cuenta y se les ejercite, procurando la solución.

Un importante evento de la vida de Jesús con sus discípulos me sirve para anotarles la primera recomendación para vencer el mal. Esta debería ser la única recomendación, puesto que fue la que nos dejó Jesús. Este evento ocurre después de la Transfiguración de Jesús en el Monte Tabor. Es narrado por tres de los evangelistas, sin embargo les escribiré el que nos legó Marcos:

«Cuando llegó –Jesús- a donde estaban los discípulos,  vio una gran multitud alrededor de ellos,  y escribas que disputaban con ellos. Y en seguida toda la gente,  viéndole,  se asombró,  y corriendo a él,  le saludaron. Él les preguntó: “¿Qué disputáis con ellos?”  Y respondiendo uno de la multitud, dijo:  “Maestro,  traje a ti mi hijo,  que tiene un espíritu mudo, el cual,  dondequiera que le toma,  le sacude;  y echa espumarajos,  y cruje los dientes,  y se va secando;  y dije a tus discípulos que lo echasen fuera, y no pudieron”. Y respondiendo Él, les dijo: “¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo”.  Y se lo trajeron;  y cuando el espíritu vio a Jesús,  sacudió con violencia al muchacho, quien cayendo en tierra se revolcaba, echando espumarajos. Jesús preguntó al padre: “¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto?”  Y él dijo: “Desde niño. Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua,  para matarle;  pero si puedes hacer algo,  ten misericordia de nosotros,  y ayúdanos”.  Jesús le dijo: “Si puedes creer,  al que cree todo le es posible”.  E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: “Creo;  pero ayuda mi incredulidad”.  Y cuando Jesús vio que la multitud se agolpaba,  reprendió al espíritu inmundo,  diciéndole: “Espíritu mudo y sordo,  yo te mando,  sal de él,  y no entres más en él”. Entonces el espíritu,  clamando y sacudiéndole con violencia,  salió;  y él quedó como muerto,  de modo que muchos decían: “Está muerto”. Pero Jesús,  tomándole de la mano,  le enderezó;  y se levantó. Cuando Jesús entró en casa, sus discípulos le preguntaron aparte: “¿Por qué nosotros no pudimos echarle fuera?” Y Él les dijo: “Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno.”».[3]

El evento narrado nos deja entrever que, lo espiritual corresponde al campo de la fe. De manera que, ¡HAY QUE CREER!, y –como dice la canción- ¡Algunas veces hasta creer llorando!

El evangelista Lucas nunca conoció a Jesús, pero después de convertirse al cristianismo viajó a Roma, en donde conoció a Pedro y a Marcos. De hecho, es de Marcos de quien obtiene gran parte de la información que utilizó para escribir su Evangelio. Quizás por esto, cuando Lucas escribió acerca del evento del ‘muchacho endemoniado’, escribió prácticamente lo que escribió Marcos. Sin embargo, es importante señalar que, pese a que Lucas era médico, se atrevió a escribir que se trataba de un ‘evento espiritual’, cosa que no hizo Mateo, quien quizás por ser recaudador de impuestos, poseía una mentalidad más materialista, y dudo en escribir que se trataba de un ‘muchacho endemoniado’, asegurando que se trataba de un ‘muchacho lunático’,[4] o si se quiere ‘loco’.

Es muy probable que los eventos experimentados por Lucas, al acompañar a Pablo en sus viajes, le movieron a aceptar que: ¡de que vuelan, vuelan!, pese a su formación científica. Mientras que Mateo, pese a ser discípulo de Jesús y haber estado presente en el evento narrado, dudó de que se tratara de una posesión demoníaca. Estas posiciones, diametralmente opuestas, me sirve para anotarles la primera recomendación: ‘para combatir el mal es preciso aceptar que el demonio existe y, además, que está dispuesto a someternos, incluso físicamente’. Pero no se asusten, al diablo sólo le es posible invadir físicamente los cuerpos de los No creyentes, de aquellos que no procuran acercarse a Dios, a lo menos con la oración.

Otro evento, narrado por Lucas, me ayuda a dilucidar la segunda recomendación: «Pero algunos de los judíos, exorcistas ambulantes, intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: “Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo”. Había siete hijos de un tal Esceva, judío, jefe de los sacerdotes, que hacían esto. Pero respondiendo el espíritu malo, dijo: “A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois?”. Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando sobre ellos y dominándolos, pudo más que ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos.».[5] No es posible combatir el mal que me agobia con la fe de otros.

La fe es algo muy personal. Ya les había aclarado que, nuestro Amoroso Padre Dios permite la presencia del mal en nuestras vidas SÓLO para movernos a desarrollar nuestras virtudes. Pero, ¿cómo habremos de desarrollar nuestras virtudes si no tenemos fe? Mateo, quizás apenado por la poca fe que había manifestado, al final del suceso del ‘muchacho lunático’, nos anotó: «Jesús les dijo: “Por vuestra poca fe, porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí para allá, y se pasará, y NADA OS SERÁ IMPOSIBLE”».[6]

En el pasaje narrado al inicio de este Capítulo, podemos leer un comentario, algo extraño y preocupante. Jesús se molestó con sus discípulos tan severamente que hasta llegó a decirles: «¿Hasta cuándo os he de soportar?». Popularmente, muchos le agregan a este pasaje las palabras: ‘hombres de poca fe’. Comúnmente, el sentir popular no se equivoca, porque ciertamente es la ‘falta de fe’ de los discípulos, la que molestó a Jesús. De hecho, el evangelista Lucas nos aclara que, antes de ocurrir el evento del ‘muchacho endemoniado’, Jesús les había conferido a sus discípulos: «PODER Y AUTORIDAD SOBRE TOOOODOS LOS DEMONIOS».[7] Lo propio lo habían anotado tanto Mateo como Marcos.[8]

El hecho es que, si tú no tienes fe, si tienes dudas acerca del mundo espiritual y como combatirlo, difícilmente podrás ejercer poder para vencer el mal. Por lo tanto, ¡ES PRECISO CULTIVAR LA FE! Es por esto que, ya más calmado y comprendiendo la fragilidad humana, Jesús les dijo a sus discípulos: ¡ES NECESARIO ORAR Y AYUNAR!

La oración es el primer paso para cultivar la fe. Constituyen nuestros primeros intentos por acercarnos a Dios. Estos intentos suelen comenzar con aquello que denominamos rezar. Un Padre Nuestro, un Ave María, un Mantra, un Shemá Israel, una Shahada… cualquier pequeña oración que nos ayude a recordar, cada día, que existe alguien superior a nosotros, a quien llamamos Dios. Evidentemente, no podemos vivir siempre como niños recién nacidos, balbuceando palabras. En algún momento, tenemos que comenzar a meditar las palabras que otros nos han enseñando a pronunciar. ¡Es aquí en donde el rezo se convierte en oración!

Lo ideal es que los neófitos pasen del Padre Nuestro y el Ave María al Rosario, o del Mantra al Japa Mala, o del Shemá Israel a los Salmos, o de la Shahada a la Salat,… del balbuceo a las palabras. Este pequeño salto, hecho con conciencia, nos llevará a la lectura de la Biblia, de los Vedas, el Tanaj, el Corán. La lectura meditada de los Libros Sagrados con el tiempo, según sea la seriedad de mi meditación, ocurrirá que en algún momento despertaré diciéndole a Dios ¡ABBAAAA!!! ¡PAPIIIII!!! A partir de ese momento comenzaré a ¡ORAR!

Por otra parte, el ayuno se refiere a las ‘prácticas de sacrificio corporal’, que me permiten someter mi espíritu. Lo ideal es que estas prácticas se ejerciten desde el momento en que comienzo a rezar hasta el momento en que comienzo a llamar a Dios ¡PAPÁ!!!, porque estos ejercicios constituyen alimento para el espíritu. 

Ahora bien, tomen en cuenta que dije ‘prácticas de sacrificio corporal’, y esto lo aclaro porque muchos creen que ‘ayuno’ se refiere sólo a ‘pasar hambre’. Resulta que, ‘ayunar’ es ‘abstenerse de algo bueno’, para enseñarle al cuerpo que él no es quien manda. Pablo nos decía: «Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.».[9] Por inferencia lógica, si debilitamos el cuerpo, el Espíritu logrará someterlo. Cuando el Espíritu logre someter el cuerpo, entonces comenzaremos a vivir en el Espíritu y comenzaremos a hacer lo que, seguramente, nuestro Amoroso Padre Dios espera de nosotros. Con el ayuno 'sacrificamos los deseos del cuerpo' para 'darle cabida a los deseos del alma'.

A ésta conclusión llegaron grandes Santos[10] y la pusieron en práctica, y justamente, el ejercicio del ‘ayuno’ los llevó a ‘SEPARARSE’ del resto de los creyentes. Tristemente, el ejercicio de ésta recomendación de Jesús ha ayudado a muy pocos a ser Santos. Pese a que muuuucha gente ha realizado éstas prácticas, pocos han logrado los mismos resultados de santidad. Ocurre que, a veces es preferible ‘abstenerse de comer un rico dulce’ que ‘pasar hambre durante un día’. Es preciso comprender que, ¡EL AYUNO NO ES PROPIAMENTE UN SACRIFICIO SINO MÁS BIEN UNA OFRENDA!!!

El ayuno debe ir acompañado de un ofrecimiento, a nuestro Amoroso Padre Dios. Este ofrecimiento debería
ser más que ‘grandes cambios en mi vida’. Debería ser, ofrecerle a Dios, pequeños pasos que me lleven a mí ‘ABSOLUTA CONVERSIÓN’. EL ayuno implica abandonar nuestras propias mediocridades y esforzarnos por desarrollar nuestras virtudes. Ofrecerle a Dios no comerme el ‘dulce que tanto me gusta’, ayuda mucho más en mí ‘conversión’ que ‘pasar hambre’ durante un día, y al final del día atragantarme con ricos manjares. ¡MUCHOS HAY QUIENES SE ACOSTUMBRAN AL SACRIFICIO Y SE OLVIDAN DE LA OFRENDA! ¡El ayuno es un ejercicio! No es algo que logras de la noche a la mañana. Ayuda más negarle de a poco los deseos al cuerpo, que quitarle de sopetón sus apetitos. Como te comenté, de nada te sirve pasar hambre todo un día si le permites al cuerpo pensar, todo ese día, en el delicioso banquete que degustarás al culminar el día de hambre. Es preferible negarle a tu cuerpo un delicioso dulce, por varios días, sin permitirle al cuerpo que se deleite en la posibilidad de degustar ese dulce próximamente, que pasar hambre todo un día, pensando en lo rico de la comida que consumirás al culminar el ayuno. Cuando el cuerpo deje de pensar en el rico dulce, entonces se lo permitirás degustar. Así, de a poco, tu cuerpo comprenderá que no tiene el control, y entonces, el alma comenzará a tomar el control, para dirigirte hacia nuestro Amoroso Padre Dios.  

Si han pillado alguito de lo que les pretendo comunicar, se habrán percatado que, pese a ser ‘ofrecimientos a Dios’, con el ejercicio de la oración y el ayuno, lo que realmente lograrás es acercarte a Dios. Lo que le ofreces a Dios al final redundará en tu propio beneficio, porque de tu cercanía a Dios dependerá tu felicidad. Recuerda siempre las hermosas palabras de Santa Teresa: “Nada te turbe. Nada te espante. Todo se pasa. Dios no se muda. La paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene nada le falta. ¡SOLO DIOS BASTA!”.

Ah! Por cierto! Otro pequeño consejo: Cuando decidas ofrecerle a Dios pasar un día de hambre, procura pasar ese día pensando que, al culminar el día de hambre, te comerás un sencillo sándwich de mantequilla, con algo de jugo. Tampoco te permitas pensar en el próximo día en el que degustarás un rico banquete. Así convertirás el día de hambre en un día de ayuno.   

¿LUNÁTICOS?

Agradezcamos a nuestro Amoroso Padre Dios, por el hecho de que, aparentemente, el diablo como que ya no tiene interés en dominar físicamente a los humanos. En consecuencia, es posible que, muchos de ustedes, durante el tiempo que duren sus vidas, no tengan necesidad de combatir al demonio físicamente. Incluso ni siquiera espiritualmente, porque tristemente, como nos lo comentaba San Juan Bosco, el abandono de Dios, por parte del hombre, le ha facilitado al demonio su trabajo.

La anécdota de San Juan Bosco a la que me refiero es la siguiente: «Cierto día, Juan Bosco, quien poseía el poder de visualizar y oír al diablo y sus secuaces, observó al diablo sentado plácidamente sobre una enorme roca, en la cima de una montaña. Desde ese lugar se podía ver, a la distancia, un pequeño pueblo. Los secuaces del diablo –por supuesto espíritus inmundos- le increpaban, al verle tan despreocupado. Juan Bosco comentaba que, los espíritus inmundos daban vueltas alrededor del diablo, como desesperados. Oyó que le decían: “¿Hasta cuándo estarás allí sentado sin hacer nada? ¡Vayamos al pueblo a tentar a los hombres para que se alejen de Dios!”. San Juan Bosco se extrañó de la respuesta del diablo: “¿Para qué ir hasta al pueblo a cundirnos de esos hombres? ¡Ellos solo se alejan de Dios! ¡No hace falta que le tentemos!”.».

En esta anécdota queda en evidencia que, si bien es cierto que pareciera que el diablo ya no está ocupado en someter al hombre, muchos de sus espíritus servidores si están preocupados por esta aparente apatía diabólica. Probablemente, los espíritus que están preocupados son los que logran visualizar, algunos de ustedes. En este sentido, me permito anotarles la siguiente recomendación, la cual descubrí viendo un documental acerca de esta posibilidad. El documental fue realizado por un equipo de psicólogos. Algunos de estos psicólogos manifestaron que era posible que los espíritus existieran. Otros, la mayoría, aseguraban que, la visualización de esas imágenes fantasmagóricas, eran simplemente un juego que les jugaba la mente, a los afectados. 

Soy un hombre de fe, en consecuencia, SI CREO QUE EXISTAN ESPÍRITUS divagando en nuestros alrededores. Probablemente espíritus errantes, de personas que han muerto y sus espíritus o almas aún divagan en medio de este mundo material, ya sea por miedo a elevarse a un posible juicio divino o por la excesiva costumbre a las vivencias del hombre, las cuales desean seguir por lo menos apreciando. Quizás algunos sean aquellos secuaces del diablo, ‘espíritus inmundos’, preocupados por tentar al hombre para que se aleje de Dios. Otros con seguridad serán simples fantasmas,[11] que atormentan la mente de algunos hombres.

Cada vez que recuerdo el evento cuando Caín mató a Abel, suelo pensar que un espíritu inmundo se acercó
a Caín y le dijo: “Si matas a Abel, a Dios no le quedará de otra que amarte a ti, como heredero de Adán”, y estúpidamente el bobo de Caín se lo creyó. Claro está que, también pudo haber ocurrido que, la envidia no tratada llevó a Caín a la locura. ¿No han vivido la horrible experiencia de estar tranquilos en algún sitio y de repente llega un@ amig@, o tu espos@, o tu herman@,... alguien y ¡te saca de tus casillas!? Te hace molestar con algún juego estúpido y luego, cuando te ve bien molesto, dice: “¡Solo estaba jugando contigo!” o “¡Te estaba haciendo un cariñito!”. En esos momentos me pregunto: ¿Qué moverá a es@ amig@, a es@ espos@, a es@ herman@ a molestar a quien está tranquilo, o descansando, o meditando,… quieto? ¿Será que alguno de esos ‘secuaces del diablo’, de los que hablaba San Juan Bosco, preocupados por ver al diablo despreocupado, incitan a mi amig@, o a mi espos@, o a mi herman@,... a creer que sus afanes por molestar son realmente juegos o cariñitos? o ¿Será que mi amig@, mi espos@, mi herman@,... se volvió loc@, y en su locura no puede dejar quieto a quien está quieto? Yo suelo pensar que, son los secuaces del diablo, quienes vienen a sacarme de mis casillas, sólo que yo no los veo.

El caso es que, sean reales o irreales, para los que lo visualizan, estas entidades se convierten en motivo de preocupación y, a veces, de grandes tormentos. Tormentos que muchos psiquiatras alivian con el uso de fuertes fármacos.

Justamente, para evitar que te veas en la necesidad de utilizar fuertes fármacos, los cuales a mi entender, suelen hacer más daño que el bien que producen, además de lo que recomendado por Jesús -ayuno y oración- te recomiendo que pruebes realizar algunos otros pequeños ejercicios, como los recomendados por San Ignacio de Loyola. Este Santo solía decir que, el hombre debe pensar, hablar y hacer, tanto cuanto esto le ayude a llegar al cielo. De manera que, si lo que vas a pensar, decir o hacer, no te ayuda a llegar al cielo, pues no lo pienses, no lo digas, no lo hagas.

En un retiro que asistí, acerca de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, los Jesuitas recomendaron: «Escribir en el espejo, en el cual me miro cada mañana antes de salir de casa y cada noche antes de dormir, la virtud que pretendo alcanzar» Por ejemplo, si soy orgulloso, debo escribir: «Ejercita la humildad». A las personas que se acicalan mucho, a fin de verse deseables a los ojos de los demás, les recomendaban escribir: «No seas instrumento del diablo», tanto cuanto se entiende que, los que se acicalan mucho, de alguna manera, desean que les miren lascivamente.

Otra pequeña recomendación, que les puedo dejar, es la que pude anotar del documental. En el documental del cual les hablé, los psicólogos recomendaban, a aquellas personas que manifestaban ver alguna entidad, que tomen el ‘control de la situación’. Por ejemplo, si sueles visualizar la entidad durante casi todo el día,
pues ‘ponle horario’, dile a tu entidad que sólo le prestarás atención desde las 8:00 pm hasta las 9:00 pm, mientras estés en el baño. Poco a poco debes irle restringiendo estas visitas no sólo a ciertas horas del día, sino también a ciertos días de la semana. Las horas y los días dependerán de tu disponibilidad para atenderle. Claro está, ésta recomendación sólo será eficiente si TÚ le pones seriedad al horario que estableces. Es decir, durante todo el resto del tiempo ¡NO LE PRESTES LA MÁS MÍNIMA ATENCIÓN!, haz de cuenta que esa entidad no existe, tal y como cuando te peleas con tu pareja, y le dejas de hablar, aunque este presente. ¡SIGUE CON TUS LABORES COTIDIANAS!, como si nadie estuviera molestándote. ¡SÉ INDIFERENTE A LA ENTIDAD!, incluso hazle gestos de indiferencia con tu cara.

Conversando con mi amigo el psicólogo, él me manifestó que, estas entidades muchas veces obligan al afectado a realizar actos nada agradables. De alguna forma o manera, estas entidades, mueven al afectado al mal. Según dicen, las entidades mueven a las personas a ser odiosas, a ser groseras,… incluso a matar. Yo no pongo en duda esta posibilidad, sin embargo, ¡creo firmemente en el COMODÍN DEL LIBRE ALBEDRÍO!

Un viejo adagio reza: ¡Amar es una elección! En atención a este viejo adagio, vale la pena preguntarte: ¿Si el espíritu te pide odiar, por qué no pararte firme y decirle: “¡YO QUIERO AMAR Y ES LO QUE VOY A HACER!”? 

Para cerrar, les comentaré acerca de uno de los episodios de una de esas tantas series policíacas, de las que les vengo hablando. Pareciera que estuviera perdiendo mi tiempo al ver tanta televisión, pero la realidad es que, mientras escribo para ustedes, mantengo el televisor encendido, y como no suelo perder las ‘Señales Divinas’, trato de aprender algo, incluso de esos programas, bastante mundanos. Resulta que, en ese episodio, un joven, bastante apuesto, fue arrestado por asesinar a un hombre. El joven manifestó haberlo hecho porque ese hombre estaba maltratando físicamente a una preciosa chica, la cual él manifestó conocer sólo en las redes. A través de las redes, ésta chica le había pedido que asesinara a ese hombre y así ambos tendrían el camino libre para vivir su amor. Amor platónico, porque sólo lo habían vivido en las redes. Finalmente se descubrió que, la persona con la que guardaba comunicaciones el joven, era una mujer de avanzada edad. A ambos lo pusieron en la misma celda, de la comisaría, y al enterarse el joven de quien era su compañera de celda, comenzó a gritar enloquecido: “¿Maté por ti? ¡Eres una vieja! ¿Cómo se te ocurrió haberme convencido de esta atrocidad?”.

Algunos ustedes me dirán que estas series televisivas son ficticias. Y estoy de acuerdo con ustedes, sólo que, la ficción muchas veces es el producto de alguna ocurrencia real. En este sentido, suelo aceptar que estos eventos ocurrieron en alguna parte del mundo. De alguna manera, un escritor se enteró de esos extraños eventos y escribió el libreto, para la serie. De manera que, al oír las torpes palabras, del estúpido joven, no pude evitar pensar: “¡Ese joven sabía que era una atrocidad lo que hizo! Entonces, ¿por qué lo hizo? ¿Sólo porque se lo pidió alguien?” Inquirir al respecto, me movió a preguntarles: “Si alguna persona VISIBLE les pide matar a alguien, ¿lo harían?” Yo estoy segurísimo que la mayoría de ustedes me responderían con un rotundo ¡NO!, incluso si les aclarara que la persona que se los está pidiendo, es muy amada por ustedes. Entonces, ¿por qué hacerlo si te lo pide un ser INvisible? ¿No es lógico verdad? La solución es simple, ya sea un verdadero espíritu o simplemente un fantasma, ante sus extrañas peticiones:

¡TOMA EL CONTROL DE TÚ VIDA!
¡NO SEAS UN LUNÁTICO!
¡DISPÓN BIEN DE TU LIBRE ALBEDRÍO! ¡BUSCA LA FELICIDAD AMANDO PARA SER AMADO! ¡ACÉRCATE A DIOS! ¡SE FELIZ Y DISTRIBUYE FELICIDAD! ¡SER BUENO ES UNA ELECCIÓN!
¡ELIGE AMAR A DIOS!
¡SOLO DIOS BASTA!




[1] La expresión génica es el proceso por medio del cual todos los microorganismos procariotas y células eucariotas transforman la información codificada por los ácidos nucleicos en las proteínas necesarias para su desarrollo, funcionamiento y reproducción.
[2]  Albedrío: El libre albedrío o libre elección es la creencia de aquellas doctrinas filosóficas que sostienen que las personas tienen el poder de elegir y tomar sus propias decisiones.  Se esperaría que, en atención a esta ‘libertad individual’, el hombre hiciera uso de la reflexión y elección consciente, pero frecuente y tristemente no es así, por lo cual, el hombre, suele cometer muchos errores.
[3]  Marcos 9, 14-27
[4]  Mateo 17, 14 - 21
[5]  Hechos 19, 13 - 16
[6]  Mateo 17, 20
[7]  Lucas 9, 1
[8]  Mateo 10, 8 y Marcos  3, 15
[9]  Gálatas 5, 17
[10]  Santo: Significa simplemente ‘SEPARADO’, apartado para Dios.
[11] Fantasma: Figura irreal, imaginaria o fantástica y normalmente incorpórea, que alguien cree ver; especialmente, imagen de una persona fallecida que se aparece a alguien.

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