jueves, 20 de junio de 2019

Verdaderos Creyentes



VERDADEROS CREYENTES
 
 






Hace un breve tiempo, se me invitó a participar en un Concurso Literario, en el cual se me solicitaba escribir un máximo de 500 palabras, en las cuales relatara algún acto de superación vivido. Si bien es cierto que, en mi vida he realizado muchos actos de superación personal (como por ejemplo: graduarme en la Universidad, los diferentes amores vividos,…), tenía mis dudas acerca de participar en el concurso literario, porque no hallaba en mi mente algún acontecimiento que pudiera hacer la diferencia con otros relatos. Pensándolo un poco descubrí que: ¡VIVIR ES DE HECHO UN ACTO DE SUPERACIÓN PERSONAL!

Inquiriendo un poco más al respecto, concluí que, el secreto de lograr esta hermosa travesía de VIVIR, sin morir en el intento, está en aferrarse a algo,  lo que solemos llamar UNA RAZÓN PARA VIVIR. En mi caso, esta razón lleva por nombre FE. Sí, fe en un algo superior a mí, a quien suelo dirigirme como: “NUESTRO AMOROSO PADRE DIOS”.

Ahora bien, ¿qué tiene que ver la fe con un “relato sobre superación personal”? Pues que, tener fe parece sencillo pero en la práctica es horriblemente complicado, porque la fe implica creer en algo que muchas veces parece estar escondido detrás del telón de mi pequeño teatro, al cual denominamos VIDA.

Grandes personajes de la historia, aparentemente llenos de fe, han dudado en ciertos momentos de sus vidas que Dios esté presente durante sus muchas vicisitudes. Quién no recuerda a Moisés dudando en Meriba, cuando golpeó la peña dos veces, como prueba de su poca fe.[1] O el cansancio de Elías, al sentirse abandonado del Misterioso.[2] O la queja de Jeremías, al sentirse acosado por los poderosos de la tierra.[3] Así como a estos y a muchos otros, a todos se nos presentan dudas acerca de la existencia de un Amoroso Padre Dios, puesto que, si es “tan amoroso”, ¿por qué parece estar escondido durante los más difíciles acontecimientos de nuestra vida?

Al igual que en la vida de ustedes, mi transitar por la vida no ha sido siempre sencillo. Tampoco lo fue para grandes personajes de la historia, a quienes hoy en día consideramos Santos. Algunos de estos, como San Agustín, antes de dejarse encontrar por Dios, lo buscó por caminos tortuosos. Finalmente, al dejarse encontrar, gritó: “¡Tanto tiempo te buscaba tan fuera de mí y Tú tan dentro de mí esperando  que yo llegara!”. Conocer esta hermosa vivencia me hizo concluir que, no es Dios quien se esconde, SOMOS NOSOTROS LOS QUE NOS ESCONDEMOS DE ÉL, como ha ocurrido desde el principio: «Tuve miedo de Ti y me escondí».[4]

¡Somos nosotros los que nos escondemos de Dios! ¡Por eso vivimos en tiempo de increencia

! ¡Tooodos se esconden de Dios, o le buscan por caminos tortuosos!

¡Y Dios siempre está tan dentro de nosotros esperando que lleguemos!

¿Pero como llegaremos si no hay quien nos oriente?

¡No pretendo ser un cura![5], pero ciertamente soy ‘sacerdote, profeta y rey’.  Títulos que adquirí cuando mi hermosa mamá decidió bautizarme católico. Desde muy niño, decidí hacerme consciente y digno de estos hermosos cargos, conferidos a mí, por Dios. Ciertamente, este hermoso transitar por el camino de la fe, se parece mucho a una montaña rusa, no por causa de Dios, sino a causa de mi frágil humanidad. Hermosas subidas, en las que nos dejamos tomar de la mano, por nuestro Amoroso Padre Dios, para posibilitarle que nos acerque a Él. Pero tristemente, nuestros deseos de mundo, nos vuelven niños malcriados y nos soltamos de esas hermosas manos, para caer súbitamente a lo desconocido.

¡El camino de la fe es frágil y delicado! Tan frágil y delicado que con cualquier tropiezo dejamos de caminar. Tanto así que, los templos están abarrotados de personas que creen creer. Personas que rezan y rezan, pero que no saben lo que es orar. Personas que dicen amar a Dios a quien no ven, pero sienten aversión por su hermano, a quien si ven. Personas que brillan en el templo, pero oscurecen sus hogares… ¡Personas que creen creer!

Estos comportamientos ateo funcionales cada día son más evidentes y proliferan abundantemente. Hoy en día hay templos religiosos abandonados, que son utilizados como discotecas. Muchas congregaciones religiosas, pertenecientes a una misma fe, pelean entre sí, casi hasta quitarse la vida, por el simple deseo de que se les otorguen los derechos sobre algún bien material. He oído hasta de sacerdotes que se han prendido fuego para reclamar sus derechos sobre las ofrendas monetarias… ¡Vivimos en tiempos de increencia!

Los eventos señalados NO son franquicias de los cristianos. Fueron y son realizados por creyentes de todas las religiones. Es mi pensar que, estos comportamientos ateo funcionales son el producto de nuestra inmensa flojera por crecer. La gran mayoría de los creyentes se conforman con las leves informaciones que, acerca de Dios, reciben de sus ‘guías’. Muy pocos creyentes deciden ir un poco más allá de donde les dejaron. Pablo nos comentó: «Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño»,[6] y esto lo dijo quien llegó a comprender que, pese a sus grandes conocimientos acerca de Dios, siempre habría algo que aprender, para comenzar a crecer, para dejar de ser un niño.  Debo dejar de balbucear, para comenzar a hablar. Es preciso que del simple rezo pase a la oración… Es vital que de la simple fe pase al ‘conocimiento cierto’.

Quizás algunos de ustedes saben que, Pablo afirmó haber sido educado por Gamaliel.[7] Pero cuántos de ustedes saben que, Gamaliel fue un reconocido doctor de la fe judía, quien había alcanzado tanto renombre entre sus contemporáneos, que incluso convenció al Sanedrín de sus tiempos de dejar de perseguir y lastimar a los cristianos. Las hermosas palabras del cierre de su discurso fueron: «Olvídense de estos hombres. ¡Déjenlos! Porque si esto que hacen es de carácter humano, se desvanecerá; pero si es de Dios, no lo podrán destruir. ¡No vaya a ser que ustedes se encuentren luchando contra Dios!»[8] Gamaliel era un fariseo nada ortodoxo, más bien era un liberal, que consideraba que todos los acontecimientos de la vida eran, de alguna manera, dirigidos o permitidos por Dios.

Pese a haber sido educado por un fariseo liberal, Pablo manifestaba ser instruido «estrictamente conforme a la ley». Su instrucción liberal comenzó a ‘saborearla’ después de caerse del caballo. Con el paso del tiempo, al dejar de ser un niño, se atrevió a reprender al primer Papa, afirmando que: «…por las obras de la ley nadie será justificado».[9]  ¡TANTAS COSAS QUE SE NOS PIERDEN POR EL POCO INTERÉS QUE MOSTRAMOS POR LAS COSAS DE DIOS!

De esto justamente se tratan los artículos, que integran este Blog. Así como mis Libros y Novelas, este Blog pretende ser un llamado a la liberalidad de la fe. Liberalidad que sólo se alcanza ‘leyendo, investigando, profundizando’ todo aquello que te hable de Dios. Es preciso cuestionarnos constantemente acerca de la fe que practicamos. Quedarnos con las primeras ‘plegarias’ que nos enseñaron no es suficiente para llegar a ser un Verdadero Creyente, aquel que no solamente ‘cree que Dios existe’ sino que ¡SABE QUE DIOS EXISTE!

Como verdadero creyente me confieso ecuménico, más que cristiano. Por lo que espero que ninguno de ustedes se ofenda, porque para mí no existe una religión verdadera, sino más bien un ÚNICO DIOS VERDADERO. Claro está, al haber sido instruido como cristiano, es evidente que, la mayoría de mis afirmaciones las sustenten en el Libro que más conozco: LA BIBLIA.

Creo fervientemente que ¡SOLO HAY UN DIOS!, bajo muchas advocaciones. Creo que la meta está en rendirle culto al Dios del Amor. En mi humilde entender no importa que nombre le des a ese Dios, siempre y cuando esa fe te conduzca a ejercitar tu amor por toda la creación, respetándola y sirviéndola, con tu mirada puesta siempre en nuestro Amoroso Padre Dios.

Ven, te invito a leerme, pero también a cuestionarme. Quizás en tus cuestionamientos encuentre nuevas luces para crecer. Quiero compartir lo poco que sé con ustedes, sin ánimo de ofenderles. Anímense también a cuestionarse. ¡Dejen de ser niños!



[1]  Números 20 y Deuteronomio 32, 51-52
[2]  1 Reyes 19
[3]  Jeremías 20, 7-18
[4]  Génesis 3, 10
[5]  Cura: Significa ‘guía’.
[6]  1 Corintios 13, 11
[7]  Hechos 22, 3
[8]  Hechos 5, 34-39
[9]  Gálatas 2, 16

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