sábado, 21 de septiembre de 2019

Lo que me dejó Elías



Cuando oigo la afirmación de Jesús, al decirme que «Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais  decir a este árbol: Desarráigate, y  plántate en el mar, y os obedecería»,[i]  me juzgo a mí mismo sin fe.

Pero cuando lo medito más concienzudamente, puedo afirmar que si tengo fe, solo que esta fe, de momento, es como la de Elías, en sus inicios. Por la Gracia de Dios, poseo una fe cierta en la existencia de un Amoroso Padre Dios, que está dispuesto a hacerlo todo por mí, incluso hasta dar la vida por mí, y esto ciertamente es fe. Pero la fe de la que habla Jesús, es la fe del que se sabe ‘hijo de Dios’, con todas sus implicaciones. De manera que, como ‘hijo de Dios’, yo estoy capacitado para realizar milagros. Y en eso tiene razón Jesús.

Ciertamente, creo firmemente que soy un hijo muy amado por nuestro Amoroso Padre Dios, más sin embargo, aún no me siento capaz de realizar, por muto propio, aquellos milagros de los que Jesús afirma podemos realizar. Este defecto mío, quizás es el producto de mi flojera por madurar en la fe. Quizás porque estoy muy acostumbrado a ser un ‘hijo mimado’, que espera que todo se lo hagan. Quizás soy muy inmaduro, a pesar de mi vejez, porque me encanta ser un niño consentido. Aunque lo que verdaderamente creo que ocurre, es que tengo miedo de hacer lo que considero es el trabajo Dios, a pesar de que sé Él espera que lo hagamos. Tengo miedo de que, en el ejercicio de mi fe, me endiose al ser endiosado.

En todo caso, lo cierto es que en algún momento tengo que madurar y comenzar a hacer los milagros para los cuales estoy capacitado, por mi condición de ‘hijo de Dios’, luchando fervientemente para no endiosarme, recordando siempre que, todo lo que haga ha de ser para la Gloria de nuestro Amoroso Padre Dios.

En procura de esta realidad, estoy intentando descubrir lo que descubrió Elías, para lograr realizar los milagros que le hablen al mundo de la existencia de Dios. Espero en algún momento dar con la clave que me ayude a atravesar el Jordán sin mojarme los pies. Y que después de atravesarlo me arrodille para rendirle toda la Gloria a nuestro Amoroso Padre Dios.

EL JOVEN ELÍAS

Cuando leemos la Palabra de Dios, podemos apreciar que tooodos los profetas pasan por muchos altibajos en la fe. A pesar de ser conocedores de nuestra condición de ‘hijos de Dios’, el hecho de estar cubiertos con un saco de piel, nos hace frágiles y dudosos. Los agobios de ese saco nos debilitan. Jesús mismo, a pesar de ser el primogénito, sudó sangre, por la desesperación que producía en Él el conocimiento de lo que viviría en el Calvario.

Elías es quizás el mejor de estos ejemplos. En sus inicios, la impresión que da es la de un niño acobardado, intentando no negarse a realizar la misión que se le asigna, pese a conocer los problemas y los dolores que pudiera acometerle esta misión, en su frágil humanidad. En sus primeras apariciones bíblicas podemos decir que era ‘joven en la fe’.

Elías vivió en el siglo IX a.C. Su nombre proviene del nombre hebreo Ēliyahū, que significa ‘Yah es él’ o bien ‘Mi
Dios es Yahweh’. Sobre su origen hay muy poca información. De acuerdo a lo indicado en 1 Reyes 17, 1, era oriundo de Tishbé (tisbita), en la región de Gallad y al oriente del río Jordán. Se cree que se crió en el desierto y que fue abandonado por sus padres. También se cree que era analfabeta, porque no escribió ningún Libro. Casi todo lo que suponemos de Elías es sólo eso, meras suposiciones. Pero de lo que sí estamos seguros es que fue uno de los más grandes profetas que Dios levantó en la antigüedad. Su espíritu y fervor son dignos de imitar, pero difíciles de comparar e igualar. De hecho, su entrega a Dios fue tan consagrada que Dios no quiso que conociera lo que era pasar por la muerte física y lo llevo al cielo en una carroza de fuego.[ii] ¡Este es el mismo Elías quien aparece al lado de Jesús en el Tabor, totalmente iluminado![iii]

Como les adelanté, aparece de la nada, en el capítulo 17, del primer Libro de Los Reyes: «Entonces Elías tisbita, que era de los moradores de Galaad, dijo a Acab: “Vive Yahweh Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni roció, en estos años, sino por mi palabra”».[iv]  Ya de una, aparece amenazando a un rey.

El rey Acab, fue un rey israelita quien hizo el mal a los ojos de Dios, más que todos los que le habían precedido. Tomó por mujer a una cananea (Jezabel), hija de Itobaal, rey de Sidón, quien idolatraba a Baal y Asera. Por seguir a su mujer, el rey Acab sirvió y se inclinó ante esos falsos dioses, desviándose de los preceptos del Único Dios Verdadero. Y para completar su estupidez, obligó al pueblo de Israel a hacer lo propio, so pena de ejecución. Siguiendo los consejos de Jezabel, el rey Acab ordenó la ejecución de la mayoría de los profetas de Israel y como consecuencia de ésta iniquidad, Dios hizo que sobreviniera una gran sequía en Samaria y por ende, una hambruna en la región.

La misión de profetizar, ante el rey Acab la larga sequía, se le asignó al joven Elías. Me imagino el miedo que sentiría Elías al haber aceptado tal misión. Y sé que sintió miedo porque  inmediatamente dice la palabra que: «Y vino a él Palabra de Yahweh diciendo: “Apártate de aquí, y vuélvete al oriente, y escóndete en el arroyo de Querit, que está frente al Jordán…”» La Palabra no nos dice lo que le dijo el rey a Elías, pareciera que se quedó boquiabierto, asombrado de que un joven le profiriera amenazas. Y, en ese descuido, Elías huyó.

En esa misma Palabra de Yahweh, que le llegó a Elías, Dios le otorgó a Elías un consejo interesante: «…
“Beberás del arroyo, y Yo he mandado a los cuervos que te den allí de comer”». Con estas breves palabras, nuestro Amoroso Padre Dios le dijo a Elías que tenía que confiar en Él, pero también lo estaba preparando para su crecimiento.

Para todo creyente, el desierto es sinónimo de crecimiento espiritual. La escasez de recursos, que supone vivir en el desierto, debilita el cuerpo y fortalece el espíritu. Desierto también es sinónimo de ayuno y oración, aquel ayuno y oración que Jesús decía eran necesarios para dominar a feroces demonios.[v] Aparentemente, Elías ya estaba acostumbrado a vivir en el desierto, porque no dudo en seguir la instrucción de Yahweh, por eso suponemos que de niño vivió en el desierto. Ya estaba acostumbrado.

Seguidamente la Palabra nos indica que: «Y él fue e hizo conforme a la Palabra de Yahweh, pues se fue y vivió junto al arroyo de Querit, que está frente al Jordán.».[vi] Este versículo nos habla de la disposición de Elías a obedecer, a aceptar toda inspiración, como algo a ejecutar prontamente, para bien.

De manera que, en apenas los primeros cinco capítulos de la entrada en escena de Elías en las Escrituras, ya podemos vislumbrar que Elías era un hombre de oración, era un hombre de ayuno, era un hombre de aceptación de la Voluntad de Dios,… era un hombre de fe. Pero también podemos apreciar que su fe era la fe del iniciado. Aquella fe en la que nos acostumbramos a ‘aceptarlo todo’ y a estar felices con sentirnos cerca de Dios. Esta fe, es una fe cómoda, como aquella que manifestó Pedro en el Tabor, una fe que está dispuesta a trabajar, pero que prefiere estar serena, reposando y gozando de las atenciones de nuestro Amoroso Padre Dios, esperando que Él haga su obra y que me llame lo menos posible a trabajar.

PRUEBAS DE FE

Así pasó Elías hermosos días de soledad en el desierto. Sustentado por nuestro Amoroso Padre Dios, no tenía nada de qué preocuparse. Pero pasado un tiempo, con la excusa de que ya Dios no podía seguirle sustentando a la orilla de ese arroyo, puesto que se secó, le llegó Palabra de Dios a Elías, dándole instrucciones de dirigirse a Serepta de Sidón, para ser sustentado por una viuda, de aquella localidad.

Muy probablemente, Elías sabía que nuestro Amoroso Padre Dios tenía el poder de mantener corrientes de agua viva en aquel arroyo. Quizás también entendía que Dios no tenía por qué hacer el milagro de mantener el arroyo fluyendo, sólo para sostenerlo a él. En consecuencia, Elías ‘aceptó’ de buena gana el trasladarse a Serepta. Total, la instrucción venía con la indicación de que, en aquella localidad, sería ‘sustentado’ por una viuda.[vii]

Como Elías ‘confiaba plenamente en Dios’, cuando la viuda le manifestó que apenas le quedaba un puñado de harina, para hacer un pequeño pan, Elías no dudó en comunicarle que se quedara tranquila, puesto que «Yahweh Dios de Israel ha dicho así: “La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Yahweh haga llover sobre la faz de la tierra”.».[viii] La propia viuda parecía ‘comprender y aceptar’ que ‘¡para Dios nada es imposible!’, y confiándose de la palabra de Elías, hizo tal y como él le dijo, sabiendo que Dios estaba con Elías.[ix]

En el pasaje bíblico titulado ‘Elías y la viuda de Serepta’, podemos apreciar a un hombre y a una mujer de fe. Cada uno a su modo, manifestó tener fe en el poder, y si se quiere en el Amor, de Dios, Sin embargo, a ambos pareciera faltarles algo, en las bases de su fe, y cuando ocurren estas deficiencias Dios suele activar alguna prueba. Resultó entonces que, cayó enfermo el hijo de la viuda y murió.[x] Aparentemente, el niño debió estar un tiempo, aunque fuere corto, enfermo, porque si no simplemente nos hubieran informado que el hijo de la viuda murió, y ya. Luego me pregunto: ¿por qué no nos informan que, bien sea la viuda o mejor aún Elías, hayan orado por la sanación de aquel chico? Yo me atrevo a pensar que, ambos creyentes estaban esperando que nuestro Amoroso Padre Dios hiciera su trabajo y sanase al chico, pero esto no ocurrió.

Al percatarse de que la Voluntad de Dios fue que el chico muriese, cada uno de los creyentes reaccionó de diferente manera. La mujer como que entendió que, al estar ante la presencia de aquel ‘varón de Dios’, sus iniquidades pasadas fueron recordadas y Dios la castigó quitándole a su hijo. Quedó en evidencia que, la fe de aquella mujer, era una fe asentada en la creencia de que Dios era muy severo, incapaz de perdonar las transgresiones de sus hijos. Esta mujer ya nos había informado que ella ya estaba esperando tanto la muerte de su hijo como la suya propia,[xi] y sin embargo, el milagro de la ‘abundancia’ que pudo palpar con la presencia de Elías en su casa, no le permitió cambiar esa triste opinión que, acerca de Dios, le habían sembrado en su corazón. Quizás la presencia de Elías en su casa le hizo recuperar un tanto la fe en el Dios del Amor, pero esta fe parecía estar sustentada en Elías y no en sí misma. Esta mujer, aparentemente, se sentía indigna del Amor de Dios.

¿Y qué podemos decir de Elías? Pues que tenía su fe bien fundamentada en el Amor de Dios, por eso le extrañó ampliamente que Dios hubiera permitido que aquel chico muriera.[xii] Pero su fe en que nuestro Amoroso Padre Dios quiere complacernos y ayudarnos en nuestras necesidades, dejaba mucho que desear. Cuando Elías oró por aquel chico muerto, pidiéndole a Dios que lo resucitara, «se tendió sobre el niño 3 veces, y clamó a Yahweh y dijo: “Yahweh Dios mío, te ruego que hagas volver el alma de este niño a él”.».[xiii]  ¡Tres veces!!! ¿Por qué nos es tan difícil confiar a la primera?

Todo creyente se extraña y se entristece cuando ocurren desgracias en su presencia y a sus cercanos, porque no esperan de nuestro Amoroso Padre Dios tales calamidades. Pero creo que nuestro Amoroso Padre Dios se entristece mucho más cuando nos oye decir “talitha koumi[xiv] -¡Niña Levántate!- tres veces, en vez de una sola vez. Por eso estoy segurísimo que, lo que ocurrió en Serepta aquel fatídico día, fue la manifestación de la Voluntad de nuestro Amoroso Padre Dios, intentando mover a dos creyentes hacia una fe más fundamentada en el Amor de Dios, pero también en nuestra capacidad de hacer milagros, debido a nuestra condición de ‘hijos muy amados por Dios’.

EXPERIENCIAS PARA CRECER

Es evidente que, Elías tenía grandes experiencias de la presencia de Dios en su vida. De hecho, por órdenes de Dios, los cuervos le proveyeron de alimento en el desierto, por un largo tiempo y, cuando en apariencia los cuervos no podían continuar alimentándole, el mismo Dios le indicó que se fuera a Serepta para continuar sustentándole, en aquel lugar. Dios se encargaba hermosamente del sustento de Elías.

Sin embargo, estas experiencias de Dios,  parecían ser opacadas por cierta humildad de Elías, al no querer aprovecharse de las Atenciones Divinas. De alguna manera parecía que Elías estaba consciente de su condición de Hijo muy amado, pero su humildad no le permitía aprovecharse de tal condición. Elías simplemente aceptaba la presencia de Dios en su vida, con mucha naturalidad, y hacía todo lo que Dios le pedía que hiciera, sin esperar de Dios nada a cambio, aunque gozaba del conocimiento pleno de que nuestro Amoroso Padre Dios se encargaría siempre de él y de su seguridad.

Elías no deseaba ser un taumaturgo,[xv] tan solo esperaba que Dios se encargara de todas las cosas, sin que ni siquiera Elías se lo pidiera. Y cuando se sentía presionado a mover a Dios a hacer lo que acostumbraba, Elías parecía dudar de que Dios quisiera manifestarse, simplemente porque él se lo pidiese.

Elías se burló de los sacerdotes de baal,[xvi] simplemente porque estaba seguro de que el tal baal no era Dios. Para Elías baal no llegaba ni siquiera a diosito. Sin embargo, aun estando consciente de la existencia y del poder de Yahweh, al intentar demostrarle al pueblo que el único Dios Verdadero estaba con él, manifestó ciertas dudas de que Dios se quisiera manifestar. ¿Qué por qué lo digo? Pues porque, a pesar de que complicó las cosas para que Dios manifestara su Gloria y su Poder –ordenó echar 3 veces 4 cantaros de agua sobre el buey colocado en el altar[xvii]-, al momento de hacer su oración, la cual inició muy bien –“Yahweh Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que Tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas éstas cosas…[xviii]- al continuar su oración, repitió DOS VECES “RESPÓNDEME”[xix], y esto, a mi humilde entender, habla de una fe con dudas, porque la verdadera fe, nos decía Jesús, aunque fuere pequeña, nos permitirá mover montañas.

También podemos apreciar en la Palabra que, cuando Elías oró por lluvia, parecía tener fe de que llovería, puesto que le dijo al rey que “…una lluvia grande se oye”[xx], pero esta fe pareciera no estar bien fundamentada, porque al estar orando le pidió a su criado que fuera a verificar si la lluvia se acercaba y, en el momento que le informaron que se acercaba la lluvia, fue que accionó las medidas para escapar del grande torrente, que se acercaba.[xxi]

Seguidamente, Elías huye a Horeb, por temor a las amenazas de Jezabel, la esposa de Acab,   el rey de Israel, a quien acababa de salvarle la vida. Aparentemente Jezabel era la que realmente reinaba en Israel. Esta huida de Elías, de alguna manera nos habla de ciertas dudas de Elías en el poder de Yahweh para librarle de sus enemigos, o a lo menos habla de sus dudas acerca de que su Dios ¡deseará librarlo! de sus enemigos.

Claro está que, también sabemos que el mismo Dios le había dicho, en otra oportunidad, que huyera al arroyo de Querit, para esconderse.[xxii] Para mí no es lógico pensar que Dios le pidió a Elías que se ocultara porque no tenía el Poder para librarlo de sus enemigos. Creo que más bien lo hizo para apartar a Elías del mundo, a fin de disponerlo para su crecimiento, lo cual era necesario para que realizara las siguientes asignaciones.

Es posible que, esta primera huida solicitada por Dios a Elías, le hiciera interpretar que siempre debería huir ante las amenazas de los mundanos. En todo caso, esta huida sirvió para que Elías experimentara uno de los más hermosos encuentros del hombre con Dios. Es una historia que vale la pena narrarles.

«El rey Acab le contó a Jezabel todo lo que Elías había hecho, incluso como Elías había matado a todos los profetas a espada. Así que Jezabel mandó un mensajero a Elías diciendo: “Te aseguro que mañana a esta hora te mataré, tal como mataste a esos profetas. Si no tengo éxito que me castiguen los dioses.”
Elías se asustó tanto al escuchar esto que escapó para salvar su vida, llevando consigo a
su siervo. Se fueron a Berseba que está en Judá, y Elías dejó a su siervo allí. Entonces Elías caminó todo el día por el desierto, se sentó debajo de un arbusto y con ganas de morirse, dijo: “¡Ya basta, SEÑOR! ¡Déjame morir, que no soy mejor que mis antepasados!”
Entonces Elías se acostó ahí debajo del arbusto y se quedó dormido. Un ángel se acercó a Elías, lo tocó y le dijo: “¡Levántate y come!”
Elías vio que muy cerca había un pan cocinado sobre un fuego de carbón y una jarra de agua. Elías comió y bebió y luego se volvió a dormir.
Más tarde, el ángel del SEÑOR se le acercó otra vez y tocándolo le dijo: “¡Levántate y come! Si no lo haces, no tendrás las fuerzas necesarias para el viaje.” Así que Elías se levantó, comió y bebió. La comida le dio suficientes fuerzas como para caminar cuarenta días y cuarenta noches hasta llegar a Horeb, el monte de Dios. Ahí Elías entró en una cueva y se quedó toda la noche.
Entonces el SEÑOR le dijo a Elías: “Elías, ¿por qué estás aquí?”
Él le contestó: “SEÑOR Dios Todopoderoso, yo siempre te he servido lo mejor que he podido, pero los israelitas han roto el pacto que tenían contigo. Destruyeron tus altares y mataron a tus profetas. Yo soy el único de tus profetas que ha quedado con vida y ahora a mí también me buscan para matarme.”
Entonces el Señor le dijo: “Ve, y ponte de pie delante del monte ante el SEÑOR y yo pasaré delante de ti.”
Entonces pasó el SEÑOR y sopló un viento tan fuerte que rompió una parte del monte y desprendió grandes piedras delante del SEÑOR, pero el SEÑOR no estaba en el viento. Después del viento, hubo un terremoto, pero el SEÑOR tampoco estaba en el terremoto. Después del terremoto pasó un fuego pero el SEÑOR tampoco estaba en el fuego. Después del fuego, se escuchó un sonido muy suave. Cuando Elías lo escuchó, se cubrió la cara con su manto. Entonces fue y se paró en la entrada de la cueva y una voz le dijo: “Elías, ¿por qué estás aquí?”
Elías dijo: “SEÑOR, Dios Todopoderoso, yo siempre te he servido lo mejor que he podido, pero los israelitas han roto el pacto que tenían contigo. Destruyeron tus altares y mataron a tus profetas. Yo soy el único de tus profetas que ha quedado con vida y ahora me buscan para matarme a mí también.”
El SEÑOR le contestó: “Regresa por el camino que lleva al desierto cerca de Damasco, entra y consagra a Jazael como rey de Siria.  Luego consagra a Jehú hijo de Nimsi como rey de Israel, y después consagra a Eliseo hijo de Safat, de Abel Mejolá, como el profeta que tomará tu lugar.  Jehú matará a los que escapen de la espada de Jazael, y Eliseo matará al que escape de la espada de Jehú. Además, todavía me quedan siete mil en Israel que no doblaron la rodilla para adorar a Baal ni lo han besado. A ellos los dejaré con vida.”»[xxiii]

De los acontecimientos narrados, podemos elucubrar algunas enseñanzas.

  •  Tal como tú y como yo, Elías era hombre. Y como todo hombre, pese a sus grandes experiencias místicas, sentía miedo de lo que pudiera hacerle el hombre.
  •  Elías se cansa de servir, al ver que aquellos a quienes intenta ayudar parecieran no merecerlo, por eso se quiere morir. Su servicio no sólo parece no ser reconocido, sino que parece ser motivo de castigo. ¿Cómo es posible que, aquel rey a quien se le había mostrado el poder del Dios Verdadero, siguiera inclinándose ante la impía Jezabel y le permitiera amenazar de muerte a Elías? ¡Intentar que el hombre vuelva a Dios es agotador!
  • Nuestro Amoroso Padre Dios no abandona a sus hijos, a pesar de las rabietas de estos. Los hijos conscientes de su posición, pese a las rabietas que puedan agarrar contra de sus padres, ¡OBEDECEN! Por eso Elías, pese a estar cansado hasta desear morir, acepto el sustento ofrecido por Dios, a través de su Ángel. Elías sabía que aún tenía asignaciones que realizar y no se dejó morir.
  • El sustento de Dios, aunque a los ojos del mundo pareciera poca cosa –pan y agua-, para el Verdadero Creyente constituye una verdadera fuente de fuerza y de valor. El sustento proveído por Yahweh a Elías, le otorgó la fuerza y el valor para caminar cuarenta días y cuarenta noches a través del peligroso desierto.
  • Dios se manifiesta como quiere, a quien quiere y donde quiere. ¡Él es Dios! Para muchos neófitos Dios debería manifestarse en el terrible huracán, o en el portentoso terremoto, o en el devastador fuego y ciertamente está allí, pero Elías comprendió que, nuestro Amoroso Padre Dios, en ese duro momento de su vida, quería manifestársele en la fresca y sobrecogedora brisa.
  • A nuestro Amoroso Padre Dios se le olvidan nuestras rabietas, tooodas nuestras faltas. Pareciera que sufriera de pérdida de memoria. Pese a las rabietas de Elías, y de sus espantosas ganas de morir, nuestro Amoroso Padre Dios, en vez de reclamarle por sus sandeces, simplemente le preguntó: “Elías, ¿por qué estás aquí?” y se lo preguntó dos veces, como si se le olvidara también la respuesta de Elías. Tampoco dudo, nuestro Amoroso Padre Dios, en asignarle una nueva misión a Elías, simplemente porque sabía que, el ‘muy buen hijo’, lo haría sin chistar.
  • El Dios de Elías, no sólo lo es de Elías. Tampoco lo es sólo de Israel. ¡Es el Dios del tooodo el universo! Por eso tiene la autoridad para asignarle a Elías la tarea de consagrar al rey de Israel, pero también al rey de Siria. Además tiene la autoridad para consagrar a los líderes espirituales. Qué hermoso sería que los líderes sociales y espirituales de nuestros tiempos entendieran que han sido consagrados bajo la autoridad de Dios. Pero la triste realidad es que la mayoría de esos consagrados, como en los tiempos de Acab, pierden la honorabilidad de tan grande designación y se hunden en el abismo, llevándose con ellos a gran parte del pueblo, a quienes tenían encargado guiar hacia Dios.
EL CRECIDO ELÍAS

En el Segundo Libro de los Reyes, volvemos a encontrar a Elías un tanto más fortalecido, aunque con ciertos vestigios de sus antiguas dudas.  Estas dudas las podemos entrever en las palabras que Elías pronunció ante el capitán del  ejército, enviado por el rey Ocozias, rey de Israel, para aprehenderle.

Ante las palabras del capitán del ejército: “Varón de Dios, el rey ha dicho que desciendas”,  Elías respondió: “Si yo soy varón de Dios, descienda fuego del cielo, y consúmate con tus cincuenta.”.[xxiv] Y ciertamente, dice la palabra que, bajó fuego del cielo y consumió al ejército que envió el rey. ¡Esto ocurrió no una vez, sino dos veces! Con las mismas palabras de fe, pero con dudas. Claro que Elías estaba comenzando a realizar milagros, sin solicitarle a Dios que lo haga, pero aun podíamos ver en él ciertas dudas sobre su poder para hacer milagros. ¿Ya descubrieron en dónde está la duda de Elías? Pues sí, la condición para que se realice el milagro: ¿SI YO SOY VARÓN DE DIOS? Por qué no dijo: “¡Claro que soy varón de Dios! ¡Por eso ordeno que baje fuego del cielo y te consuma a ti y a tus cincuentas!”.  

Bendito Dios que, el capitán del tercer grupo enviado por el rey, tuvo la sensatez de ver la Presencia de Dios en Elías y se inclinó ante él, para pedirle su comprensión.[xxv] Ésta sabia acción del tercer capitán, movió a Dios a recordarle a Elías que debía temerle a los reyes de este mundo y que debía restregarles en sus caras sus fechorías, sin temor a morir, sabiéndose protegido de Dios.[xxvi]

¿Acaso las dudas de Elías no invaden a todo creyente? ¿Acaso todo creyente no es sometido a pruebas para forzarlo a crecer? Si no hubiera ocurrido así ¿cómo hubiera alcanzado Elías el rango de taumaturgo?

En los siguientes capítulos del Segundo Libro de los Reyes, podemos observar que, antes de despedirse de este mundo, tenemos a un Elías crecido, capaz de hacer milagros, sin tanta palabrería. ¡Capaz de apartar las aguas del Jordán, con tan solo un suave golpe de su manto!

Al igual que Elías, todo Verdadero Creyente, debe vigilar y ejercitar el crecimiento de su fe. ¡Sobre todo en las Pruebas Divinas! Hasta alcanzar la Fe Cierta, en donde nos hacemos conscientes del Poder de Dios sobre todas las cosas. Esta Fe Cierta también debemos alimentarla, hasta alcanzar el poder del taumaturgo, lo cual implica aceptar y ejercer, la Presencia Poderosa de nuestro Amoroso Padre Dios, a través de nosotros.

Como ven, Elías me dejó grandes enseñanzas, aunque aún estoy por descubrir cómo llegó a la fe del taumaturgo. ¡LOSHALA’ Y ALGÚN DÍA ME DEJE SU MANTO!!! Mientras seguiré ejercitándome.



Escrito por:
NOEL JOSÉ MÉNDEZ YDROGO



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[i]  Lucas 17, 6
[ii]  2 Reyes 2, 11
[iii]  Lucas 9, 30
[iv]  1 Reyes 17, 1
[v]  Mateo 17, 21
[vi]  1 Reyes 17, 5
[vii]  1 Reyes 17, 9
[viii]  1 Reyes 17, 14
[ix]  1 Reyes 17, 15
[x]  1 Reyes 17, 17
[xi]  1 Reyes 17, 12
[xii]  1 Reyes 17, 20
[xiii]  1 Reyes 17, 21
[xiv]  Marcos 5, 41
[xv]  Taumaturgo: Persona que tiene poderes para hacer milagros o actos prodigiosos.
[xvi]  1 Reyes 18, 27
[xvii]  1 Reyes 18, 34
[xviii]  1 Reyes 18, 36
[xix]  1 Reyes 18, 37
[xx]  1 Reyes 18, 41
[xxi]  1 Reyes 18,  43-46
[xxii]  1 Reyes 17, 3
[xxiii]  1 Reyes 19, 1-18
[xxiv]  2 Reyes 1, 9-12
[xxv]  1 Reyes 1, 13-14
[xxvi]  2 Reyes 1, 15-17

jueves, 12 de septiembre de 2019

You give and take away


Cercano a estos días, quiso nuestro Amoroso Padre Dios que se me dañara el último televisor que me quedaba en casa. Esto ocurrió porque, debido al extremo calor que estamos sintiendo, las ideas para escribirles no me llegaban a la mente, en consecuencia me dediqué a simplemente ver televisión, excusándome en el intenso calor. Y cuando Dios ve que algo te está estorbando, para que cumplas con tu misión, pues te lo ‘quita de golpe’.

Al dañarse el televisor, me dormía a cada rato en mi hamaca y en consecuencia se me dificultaba dormirme durante la noche. Entonces decidí ocupar mi tiempo en algo, para no dormir tanto, durante el día. Algo renuente, evitaba encender la laptop para no dedicarme a pensar y escribirles algo. Decidí entonces  mejorar un poco mis precarios conocimientos del idioma inglés.

A los fines de ser cónsono con lo que predico, comencé a bajar, desde mi celular, por YouTube, canciones cristianas en inglés con subtítulos en español. Al traducir una de las estrofas de una de estas canciones, recordé que hace como 30 años decidí no leer, ni siquiera un versículo, sobre el Libro de Job. De hecho, cuando durante mis lecturas del Diurnal veo alguna lectura de Job, me las salto. Esta absurda decisión mía se debió a que, por aquellos tiempos, no comprendía como era posible que a  «un hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal»[i] le ocurriesen tales calamidades.

La traducción de aquella interesante estrofa, de aquella canción es: “Tú das y Tú quitas. Mi corazón siempre escogerá decir: Señor, Bendito sea Tú Nombre”. Entonces recordé que, esta oración pertenece al grande Job.

LA CONDICIÓN DEL HIJO

Antes de comenzar a hablar del grande Job, permítanme aclararles algunas delicadeces de la vida en la fe: Si todos somos hijos de Dios, ¿a qué se deben las diferencias entre unos y otros?

Como en la mayoría de las familias, existen hijos muy buenos, hijos buenos e hijos que dan vergüenza. A estos últimos se les suela denominar ‘hijos del oprobio’.

Ciertamente, los buenos padres –conocedores de sus responsabilidades- tratan a todos sus hijos por igual, e intentan hacerlos felices a todos y de educarlos de la misma manera, a fin de que alcancen su máximo potencial y desarrollo. Precisamente, al estar consciente de su responsabilidad, el buen padre intentará de prestarle mayor atención y de dedicarle más tiempo al ‘muy buen hijo’, porque se percatará del mayor interés que manifestará ese ‘muy buen hijo’ en desarrollarse, en crecer. Claro que, atenderá también a sus otros hijos, cada vez que estos lo soliciten, pero al ‘muy buen hijo’ lo tratará de manera muy especial, porque centrará en ese ‘muy buen hijo’, sus esperanzas. Los malos padres –no conscientes de sus responsabilidades- suelen dedicarle más tiempo a los ‘hijos de su vergüenza’, porque creen que les deben algo, y al hacerlo, tristemente suelen olvidarse  de sus otros hijos, truncando así, de algún modo, incluso el desarrollo de algún ‘muy buen hijo’.

Los ‘hijos del oprobio’, en su estupidez, suelen alejarse tanto de la presencia del buen padre y terminan hundiéndose en el alcohol o en las drogas. Es claro que esto causa mucho pesar a los buenos padres, pero no pueden dejar de dedicarle gran parte de su tiempo a los ‘buenos hijos’, por intentar salvar a quien no se quiere salvar. En consecuencia, a veces los buenos padres terminan dejando que los ‘hijos del oprobio’ se alejen de su presencia, esperando que algún día, como el hijo pródigo, vuelvan a los brazos de su Amoroso Padre.

Visto lo anterior, queda claro que existen algunas diferencias entre los que consideramos propiamente ‘hijos de Dios’ –que viven cerca de la Presencia de Dios- y los ‘hijos del oprobio’ –que viven alejados de la presencia de Dios-. También podemos establecer diferencia entre los que consideramos ‘hijos de Dios’, puesto que en ese grupo están los ‘muy buenos hijos’ –que le dedican bastante tiempo a la instrucción paterna, a fin de logar su máximo potencial- y los simplemente ‘buenos hijos’ –que le dedican muy poco tiempo a la instrucción paterna y pierden mucho tiempo jugando, aunque ciertamente evitan alejarse mucho de la Presencia del Amoroso Padre-.

Muchas veces, los ‘muy buenos hijos’ se cansan de ver a sus hermanos jugar, mientras ellos están siendo instruidos, y suelen voltear la mirada hacia donde juegan sus hermanos y dejan de prestarle atención a la instrucción paterna. Esto le paso a Job.

EL SUFRIMIENTO DE JOB

Como recordarán, a un varón llamado Job, pese a observar un comportamiento “perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal”, le sucedieron grandes calamidades. Todo, absolutamente todo lo que poseía lo perdió, en extraños acontecimientos, y aun así, al enterarse de todos estos nefastos y dolorosos acontecimientos, escogió decir: «Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá, Yahweh dio, y Yahweh quitó; sea el Nombre de Yahweh Bendito».[ii]

Según grandes exégetas y eruditos de la Palabra de Dios, los acontecimientos narrados en el Libro de Job no son ciertos, sino que es un cuento para tratar de explicar hasta donde debe soportar el hombre de fe, para demostrar su fe. Según mi humilde entender, todo lo que está escrito en la Biblia es Palabra de Dios y en consecuencia es verdadera. De hecho, soy un firme convencido de que, cuando Jesús narraba alguna de sus Parábolas, esto estaba ocurriendo en algún lugar, en algún tiempo y en ese preciso momento. ¿Acaso no es Él El Verbo? ¡La Palabra de Dios es viva, efectiva y eficaz!

¿Acaso en este enorme planeta no se suscitan cada día un sinfín de acontecimientos, no disponibles a nuestra vista? El hecho de que no veamos muchos de estos acontecimientos, no quiere decir que no hayan ocurrido o estén ocurriendo, en este preciso momento. Nuestras limitaciones cognoscitivas no pueden ser excusa para negar la verdad de la Palabra Divina.

Como entenderán, para mi Job verdaderamente existió. Es más, ha existido en diferentes épocas de la historia de este planeta. Incluso hoy en día, existen muchos Job caminando por la tierra.

Como todos ustedes saben, para mí no existe el sufrimiento, a lo menos no proveniente de Dios. Como lo decía Siddhartha: el sufrimiento deriva de los deseos humanos  y el único camino hacia la salvación pasa por la ‘renuncia voluntaria a ese deseo’. De manera que, sufrimos porque queremos, porque no somos capaces de renunciar a nuestros efímeros deseos.  

Armado con este nuevo conocimiento, decidí abordar nuevamente el Libro de Job, para descubrir el por qué a un varón de Dios le ocurrieron tantos males. Quizás por ser 30 años más viejo, al comenzar a leer descubrí la debilidad de Job, aquel pequeño resquicio a través del cual se podía colar el diablo: «Y le nacieron siete hijos y tres hijas».[iii] Resulta que Job, amaba tanto a sus hijos que los malcriaba en exceso.
Cada uno de los siete hijos de Job, se habían asignado un día a la semana para realizar grandes banquetes.[iv] Cada día de la semana, uno de los hijos de Job competía con los otros para ver quién gastaba mejor las riquezas de su papá. La Palabra deja entrever que ni siquiera trabajaban. Incluso, para los mal pensados, pareciera que algo pasaba entre estos hermanos y sus tres hermanas, porque la Palabra simplemente dice: «… y enviaban a llamar a sus hermanas, para que comiesen y bebiesen con ellos.» No nos es de extrañar que, en medio de tanto bacanal, cosas impuras pudieran pasar. Y creo que, Job lo sabía, pero enceguecido por el amor a sus hijos, se hacía la vista gorda.

De hecho, Job intentaba sobreseer  los errores de sus hijos ofreciendo a diario ofrendas a Dios, por cada uno de sus hijos, diciendo: «Quizás habrán pecado mis hijos, y habrán blasfemado contra Dios en sus corazones».[v] Y de esta manera pretendía que Dios no tomara en cuenta los errores de sus hijos.

A Job se le olvidó que la salvación no es un colectivo. La salvación no es un autobús en el cual te subes y simplemente te salvas porque el chofer es salvo. La salvación es más bien una pequeña patineta, con espacio para una sola persona. La salvación es muy particular. Judas Iscariote vivió con Jesús y sin embargo se extravió. Nadie se salva porque viva al lado de alguien con aires de santidad, a menos que se esfuerce por hacer y vivir tal y como hace y vive aquel con quien comparte su vida. De manera que, las muchas ofrendas y oraciones de Job, por sus hijos, no podían lograr la salvación de estos. Tenía más bien que esforzarse por educarlos en la Presencia de Dios, aun a riesgo de perder el amor de estos.

EL DESPRENDIMIENTO ES LA CLAVE

Es impresionante como, en los primeros cinco versículos del primer capítulo del Libro de Job, podemos descubrir nuestras propias flaquezas. Job se olvidó de educar a sus hijos conforme a Dios, porque les amaba más que a Dios mismo. Quizás temía el perder el amor de sus hijos si les negaba alguna cosa. Quizás temía perder el amor de sus hijos si les decía alguna leve palabra de corrección o consejo. Y la ley es clara: «Amarás al Señor Tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu ser».[vi]  De manera que, en nuestros quereres están nuestras pruebas. A muchos que han optado por 'vivir en el espíritu' se les olvida el primer consejo de nuestro Amoroso Padre Dios, por lo que suele ocurrir que nuestro Amoroso Padre Dios se los recuerda, a veces duramente.

Muchas veces se nos olvida que, todo lo que tenemos es porque Dios nos lo ha proveído, de alguna forma o manera. De hecho, tal y como se escribía el Nombre Yahweh en sus orígenes: ¡ÉL SOSTIENE NUESTRA RESPIRACIÓN!!![vii] ¡Sin Su Anuencia, es imposible que respiremos!

Algunos de ustedes, personas de sano juicio, me dirán: “Tengo casa porque me la he ganado con el esfuerzo de mi trabajo”, entonces yo les replicaré: “Pero tienes trabajo porque Dios así lo ha dispuesto”. Si bien es cierto que los hijos del oprobio obtienen las cosas fraudulentamente, para su propio mal, los hijos de Dios obtienen de Dios todas las cosas que tienen, para su propio bien.

El ‘propio bien’ implica que, los hijos de Dios saben que deben darle buen uso a las cosas que Dios les otorga, siempre en procura de que esas cosas jamás les alejen de Dios. Por ejemplo, tener dinero no es malo, pero si ese dinero lo utilizas para comprar drogas, o alcohol, o tabaco, joyas,… cosas superfluas –para atesorar o malgastar-, entonces tener dinero se convierte en algo malo. Tener un carro es bueno, pero si comienzas a utilizar ese carro en salidas nocturnas, nada edificantes, o en supuestos ‘sanos esparcimientos’ de fines de semana, hasta llegar el momento de que dejas de dedicarle tiempo a Dios, entonces el carro se convierte en algo malo. Tener hijos no es malo, es de hecho una instrucción Divina, pero siempre debemos recordar que como padres estamos obligados a educar rectamente a nuestros hijos, para evitar que se alejen de Dios y terminen siendo hijos del oprobio.

Los hijos del oprobio siempre habrán de sufrir con las muchas cosas que pudieran obtener por sus acciones fraudulentas. Pero los hijos de Dios siempre habrán de ser felices con las cosas que le otorga nuestro Amoroso Padre Dios. Claro está, para vivir esto último, es preciso que los hijos de Dios sean ‘desprendidos’, sin apego alguno, y den uso edificante a las cosas que tienen, porque si no sufrirán el ser desprendidos con violencia de la cosa que poseen, a fin de evitar que se pierdan, y se convierta en un hijo del oprobio.

La acción ‘desprender’ implica que una cosa se cae prácticamente sola, sin que se le haga mucho esfuerzo para apartarla de aquello sobre lo que se encuentra adherido o pegado, con muy poca pega. El verbo ‘quitar’, al igual que la frase inglesa ‘take away’ indica ‘arrancar de golpe’, casi con violencia, algo que se tiene adherido o sujetado, con mucha fuerza. Si observan en los relatos del Libro de Job, aparentemente éste perdió ‘todo de golpe’, y el mismo día. La verdad es que nuestro Amoroso Padre Dios no suele actuar de ésta despiadada manera. Suele avisar con pequeñas señales, a fin de que nosotros tomemos acciones para el desprendimiento personal. Si no tomamos acciones de entrega desinteresada, entonces ocurre el acontecimiento necesario que nos desprende con violencia, de aquello que ‘poseíamos’ tan ‘apegadamente’. 

Por esto, es preciso estar vigilantes de las pequeñas señales, para evaluarnos. Por ejemplo, si el carro se está dañando muy seguido, debes vigilar el uso que le estas dando a ese carro. Si están faltando algunas cosas necesarias en casa, debes vigilar el uso que le estas dando al dinero. Si tus hijos te están faltando el respeto, debes vigilar la educación que les estás dando, o si acaso tienes miedo de perderles.

Es preciso que aprendamos a vivir ‘teniendo’ cosas sin ‘poseerlas’. Todo creyente puede ‘tener’ muchas cosas, pero no le está permitido el ‘poseerlas’. ‘Tener’ no es igual que ‘poseer’, así como ‘querer’ no es igual que ‘amar’. La prueba de que ‘posees algo’ es que te cuesta desprenderte de ese algo. Hay personas que tienen necesidades, hasta de alimento, a pesar de ‘poseer’ dinero en el Banco o escondido bajo el colchón, en consecuencia es evidente que tienen apego al dinero, por eso prefieren pasar hambre que utilizar ese dinero. Puedes ‘tener’ carros, casas, dinero, joyas,… familia, pero en el momento en que estas cosas sean tan importantes para ti, que incluso te empujen a dejar a Dios, entonces estas cosas te poseerán, más que tú poseerlas a ellas. Y como a nuestro Amoroso Padre Dios lo que le interesa es tu alma, entonces te ‘quitará’ esas cosas que te alejan de Él, para que tengas la oportunidad de recapacitar y de mantenerte más cerca de Él, que de tus cosas.

Les daré un ejemplo palpable de la diferencia entre 'tener' y 'poseer'. Para nadie es un secreto de la triste 'crisis de humanidad' que estamos viviendo en mi país desde hace ya largo tiempo. La economía de mi país fue dolarizada por el propio pueblo -por no decir por el diablo a través del pueblo-, hasta tal punto que, incluso la educación privada se está pagando en dólares. Este cobro repentino de la educación en dólares ha hecho que muchos jóvenes, quienes venían formándose  profesionalmente en los Institutos privados, debieron claudicar, al no poder pagar tan costosas matrículas. Yo aproveché este percance para evaluar 'la vida en espíritu' de algunos conocidos, muy entregados al servicio religioso -incluso hacen donaciones a las iglesias-, de quienes yo tenía conocimiento poseían dólares. Les pregunté a cada uno si estaban dispuestos a donar algunos dólares para ayudar a algunos estudiantes conocidos a continuar con sus estudios. Pues la mayoría me dieron excusas sobre la necesidad que tenían de mantener esos dólares almacenados. ¡ESO ES EL EJEMPLO DE POSEER!  Uno solo, quizás el que menos tenía, me preguntó que cuántos dólares necesitaba. ¡ESO ES TENER!! El que 'tiene' se puede 'desprender' de las cosas. El que 'posee' difícilmente las 'suelta'. Para el que 'tiene' es muy fácil verlo estar pendiente de las necesidades de los demás para auxiliarles. El que 'posee' no solamente no está pendiente de las necesidades de los demás para auxiliarles sino que cuando se le pide ayuda se excusa para no ayudar.  

Job aparentemente no tenía apegos por cosas o personas distintas a sus hijos. De hecho, él permitía que todo lo que tenía los hijos lo malgastasen, porque no poseía esas cosas. Poseer a sus hijos le hizo olvidar que, como todo buen padre, estaba obligado a corregir a sus hijos. Job evitó vivir con desprendimiento del amor de sus hijos y se olvidó que esos hijos se los otorgó Dios para que los educase, orientándolos para que vivieran como hijos de Dios, y no como hijos del oprobio.

Te pregunto: ¿Has evaluado tus posibles apegos o posesiones? ¿Sabes que pertenencias te alejan de Dios? ¿Estás dando buen uso a las cosas que tienes? ¿Estás educando rectamente a tus hijos? ¿Confías plenamente en Dios o estás almacenando cosas para tu futuro?... ¿Amas a Dios sobre todas las cosas? Recuerda: Cuando en vez de simplemente ‘tenerlas’, para darles buen uso, ‘posees’ las cosas –las atesoras, las guardas, las almacenas,… las mal utilizas- entonces esas cosas se convierten en tu dios. Eso es lo que se conoce como idolatría.

TÚ DECIDES

Siempre me fue muy incómodo leer la historia de Job. Hoy comprendo el por qué a un “hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal” le pueden suceder cosas desagradables. Jamás debemos olvidar que, el primer consejo de nuestro Amoroso Padre Dios es:  «Amarás al Señor Tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu ser», o como nos lo decían en el Catecismo: “AMAR A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS”. Y estas cosas incluyen a nuestros hijos.

Es importante señalar que, los consejos de Dios -mal llamados mandamientos-, son para todos los hijos, incluyendo para los ‘hijos del oprobio’, pero para los que pretenden ser ‘muy buenos hijos’, estos consejos son por mucho más apremiantes, porque evidentemente los ‘muy buenos hijos’ manifiestan mayor deseo de estar en presencia del padre que sus hermanos, muchos de los cuales con seguridad están jugando.

Consecuentemente, el buen padre suele dedicarle más tiempo y esfuerzo al hijo que ve más interesado. Esto con la finalidad de apresurar el máximo desarrollo de ese ‘muy buen hijo’ interesado y así sirva de ejemplo para sus hermanos. Esto le ocurrió a Job. Él era un ‘hijo muuuuyyyy bueno’, al cual valía la pena de educar con mayor empeño, a fin de que los otros ‘buenos hijos’, incluso los ‘hijos del oprobio’, pudieran tener de ejemplo y procuraran imitarle.

De manera que, el ‘muy buen hijo’ debe estar claro que se le va a exigir más que a sus hermanos, porque el buen padre verá en ese hijo un excelente prospecto, para otorgarle responsabilidades más importantes que las de sus hermanos, y con mayores beneficios. Antes de decidir ser un ‘muy buen hijo’ es preciso recordar lo que comentaba Jesús: «Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre (quizás para llegar al cielo), no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, diciendo: este hombre comenzó a edificar y no pudo acabar».[viii]

Espero te haya quedado claro que, es tu decisión ser un ‘muy buen hijo’, para gozar de la continua presencia de nuestro Amoroso Padre Dios, ocupándose de tu educación y desarrollo, a fin de otorgarte los mejores cargos en su grande hacienda, con sus respectivas recompensas. Pero ser 'muy buen hijo' tiene sus exigencias, por lo que te recomiendo que, si crees no tener las fuerzas suficientes para soportar las exigencias que vienen con tú decisión, pues opta por ser simplemente un ‘buen hijo’, lo cual no es malo, pero luego no te detengas a exigir mejores cargos en la hacienda de nuestro Amoroso Padre Dios y tampoco esperes mayores atenciones de su parte. Lo que si te ruego, hermano mío, es que no optes por ser un ‘hijo del oprobio’,  alejado totalmente de las atenciones de nuestro Amoroso Padre Dios, destruyendo tu vida en la oscuridad absoluta.

Para concluir, les invito a leer el Libro de Job, ahora con una nueva óptica, y aprendan del ejemplo de este ‘muy bien hijo’ al enfrentar las duras pruebas a las que fue sometido. Su esmerado interés en comprender las pruebas a las que era sometido, le hicieron merecedor de mejores bendiciones: «Y bendijo Yahweh el poster estado de Job más que el primero, … Y murió Job viejo y lleno de dichas[ix]

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[i]  Job 1, 1
[ii]  Job 1, 21
[iii] Job 1, 2
[iv] Job 1, 4
[v]  Job 1, 5
[vi]  Deuteronomio 6, 5
[vii]  Ver logo de Mi Blog
[viii]  Lucas 14, 28-30
[ix]  Job 42, 12-17