Cuando oigo la
afirmación de Jesús, al decirme que «Si
tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este árbol: Desarráigate, y plántate en el mar, y os obedecería»,[i] me juzgo a mí mismo sin fe.
Pero cuando lo medito
más concienzudamente, puedo afirmar que si tengo fe, solo que esta fe, de
momento, es como la de Elías, en sus inicios. Por la Gracia de Dios, poseo una
fe cierta en la existencia de un Amoroso Padre Dios, que está dispuesto a hacerlo
todo por mí, incluso hasta dar la vida por mí, y esto ciertamente es fe. Pero
la fe de la que habla Jesús, es la fe del que se sabe ‘hijo de Dios’, con todas
sus implicaciones. De manera que, como ‘hijo de Dios’, yo estoy capacitado para
realizar milagros. Y en eso tiene razón Jesús.
Ciertamente, creo
firmemente que soy un hijo muy amado por nuestro Amoroso Padre Dios, más sin
embargo, aún no me siento capaz de realizar, por muto propio, aquellos milagros
de los que Jesús afirma podemos realizar. Este defecto mío, quizás es el
producto de mi flojera por madurar en la fe. Quizás porque estoy muy
acostumbrado a ser un ‘hijo mimado’, que espera que todo se lo hagan. Quizás
soy muy inmaduro, a pesar de mi vejez, porque me encanta ser un niño
consentido. Aunque lo que verdaderamente creo que ocurre, es que tengo miedo de
hacer lo que considero es el trabajo Dios, a pesar de que sé Él espera que lo
hagamos. Tengo miedo de que, en el ejercicio de mi fe, me endiose al ser
endiosado.
En todo caso, lo cierto
es que en algún momento tengo que madurar y comenzar a hacer los milagros para
los cuales estoy capacitado, por mi condición de ‘hijo de Dios’, luchando
fervientemente para no endiosarme, recordando siempre que, todo lo que haga ha
de ser para la Gloria de nuestro Amoroso Padre Dios.
En procura de esta
realidad, estoy intentando descubrir lo que descubrió Elías, para lograr
realizar los milagros que le hablen al mundo de la existencia de Dios. Espero
en algún momento dar con la clave que me ayude a atravesar el Jordán sin
mojarme los pies. Y que después de atravesarlo me arrodille para rendirle toda
la Gloria a nuestro Amoroso Padre Dios.
EL JOVEN ELÍAS
Cuando leemos la
Palabra de Dios, podemos apreciar que tooodos los profetas pasan por muchos
altibajos en la fe. A pesar de ser conocedores de nuestra condición de ‘hijos
de Dios’, el hecho de estar cubiertos con un saco de piel, nos hace frágiles y
dudosos. Los agobios de ese saco nos debilitan. Jesús mismo, a pesar de ser el
primogénito, sudó sangre, por la desesperación que producía en Él el
conocimiento de lo que viviría en el Calvario.
Elías es quizás el
mejor de estos ejemplos. En sus inicios, la impresión que da es la de un niño
acobardado, intentando no negarse a realizar la misión que se le asigna, pese a
conocer los problemas y los dolores que pudiera acometerle esta misión, en su
frágil humanidad. En sus primeras apariciones bíblicas podemos decir que era
‘joven en la fe’.
Elías vivió en el siglo IX a.C. Su nombre proviene
del nombre hebreo Ēliyahū, que significa ‘Yah es él’ o bien ‘Mi
Dios es
Yahweh’. Sobre su origen hay muy poca información. De acuerdo a lo indicado en
1 Reyes 17, 1, era oriundo de Tishbé (tisbita), en la región de Gallad y
al oriente del río Jordán. Se cree que se crió en el desierto y que fue
abandonado por sus padres. También se cree que era analfabeta, porque no
escribió ningún Libro. Casi todo lo que suponemos de Elías es sólo eso, meras
suposiciones. Pero de lo que sí estamos seguros es que fue uno de los más
grandes profetas que Dios levantó en la antigüedad. Su espíritu y fervor son
dignos de imitar, pero difíciles de comparar e igualar. De hecho, su entrega a
Dios fue tan consagrada que Dios no quiso que conociera lo que era pasar por la
muerte física y lo llevo al cielo en una carroza de fuego.[ii] ¡Este
es el mismo Elías quien aparece al lado de Jesús en el Tabor, totalmente
iluminado![iii]
Como les adelanté, aparece de la nada, en
el capítulo 17, del primer Libro de Los Reyes: «Entonces Elías tisbita, que era de los moradores de Galaad, dijo a
Acab: “Vive Yahweh Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia
ni roció, en estos años, sino por mi palabra”».[iv] Ya
de una, aparece amenazando a un rey.
El rey Acab, fue un rey
israelita quien hizo el mal a los ojos de Dios, más que todos los que le habían
precedido. Tomó por mujer a una cananea (Jezabel), hija de Itobaal, rey de
Sidón, quien idolatraba a Baal y Asera. Por seguir a su mujer, el rey Acab sirvió
y se inclinó ante esos falsos dioses, desviándose de los preceptos del Único
Dios Verdadero. Y para completar su estupidez, obligó al pueblo de Israel a
hacer lo propio, so pena de ejecución. Siguiendo los consejos de Jezabel, el
rey Acab ordenó la ejecución de la mayoría de los profetas de Israel y como
consecuencia de ésta iniquidad, Dios hizo que sobreviniera una gran sequía en
Samaria y por ende, una hambruna en la región.
La misión de
profetizar, ante el rey Acab la larga sequía, se le asignó al joven Elías. Me
imagino el miedo que sentiría Elías al haber aceptado tal misión. Y sé que
sintió miedo porque inmediatamente dice
la palabra que: «Y vino a él Palabra de
Yahweh diciendo: “Apártate de aquí, y vuélvete al oriente, y escóndete en el
arroyo de Querit, que está frente al Jordán…”» La Palabra no nos dice lo
que le dijo el rey a Elías, pareciera que se quedó boquiabierto, asombrado de
que un joven le profiriera amenazas. Y, en ese descuido, Elías huyó.
En esa misma Palabra de
Yahweh, que le llegó a Elías, Dios le otorgó a Elías un consejo interesante: «…
“Beberás del arroyo, y Yo he mandado a los cuervos que te den allí de comer”».
Con estas breves palabras, nuestro Amoroso Padre Dios le dijo a Elías que tenía
que confiar en Él, pero también lo estaba preparando para su crecimiento.
Para todo creyente, el
desierto es sinónimo de crecimiento espiritual. La escasez de recursos, que
supone vivir en el desierto, debilita el cuerpo y fortalece el espíritu.
Desierto también es sinónimo de ayuno y oración, aquel ayuno y oración que
Jesús decía eran necesarios para dominar a feroces demonios.[v]
Aparentemente, Elías ya estaba acostumbrado a vivir en el desierto, porque no
dudo en seguir la instrucción de Yahweh, por eso suponemos que de niño vivió en
el desierto. Ya estaba acostumbrado.
Seguidamente la Palabra
nos indica que: «Y él fue e hizo conforme
a la Palabra de Yahweh, pues se fue y vivió junto al arroyo de Querit, que está
frente al Jordán.».[vi] Este
versículo nos habla de la disposición de Elías a obedecer, a aceptar toda
inspiración, como algo a ejecutar prontamente, para bien.
De manera que, en
apenas los primeros cinco capítulos de la entrada en escena de Elías en las
Escrituras, ya podemos vislumbrar que Elías era un hombre de oración, era un
hombre de ayuno, era un hombre de aceptación de la Voluntad de Dios,… era un
hombre de fe. Pero también podemos apreciar que su fe era la fe del iniciado.
Aquella fe en la que nos acostumbramos a ‘aceptarlo todo’ y a estar felices con
sentirnos cerca de Dios. Esta fe, es una fe cómoda, como aquella que manifestó
Pedro en el Tabor, una fe que está dispuesta a trabajar, pero que prefiere
estar serena, reposando y gozando de las atenciones de nuestro Amoroso Padre
Dios, esperando que Él haga su obra y que me llame lo menos posible a trabajar.
PRUEBAS DE FE
Así pasó Elías hermosos
días de soledad en el desierto. Sustentado por nuestro Amoroso Padre Dios, no
tenía nada de qué preocuparse. Pero pasado un tiempo, con la excusa de que ya
Dios no podía seguirle sustentando a la orilla de ese arroyo, puesto que se
secó, le llegó Palabra de Dios a Elías, dándole instrucciones de dirigirse a
Serepta de Sidón, para ser sustentado por una viuda, de aquella localidad.
Muy probablemente,
Elías sabía que nuestro Amoroso Padre Dios tenía el poder de mantener
corrientes de agua viva en aquel arroyo. Quizás también entendía que Dios no
tenía por qué hacer el milagro de mantener el arroyo fluyendo, sólo para sostenerlo
a él. En consecuencia, Elías ‘aceptó’ de buena gana el trasladarse a Serepta.
Total, la instrucción venía con la indicación de que, en aquella localidad,
sería ‘sustentado’ por una viuda.[vii]
Como Elías ‘confiaba
plenamente en Dios’, cuando la viuda le manifestó que apenas le quedaba un
puñado de harina, para hacer un pequeño pan, Elías no dudó en comunicarle que
se quedara tranquila, puesto que «Yahweh
Dios de Israel ha dicho así: “La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite
de la vasija disminuirá, hasta el día en que Yahweh haga llover sobre la faz de
la tierra”.».[viii]
La propia viuda parecía ‘comprender y aceptar’ que ‘¡para Dios nada es
imposible!’, y confiándose de la palabra de Elías, hizo tal y como él le dijo, sabiendo que Dios estaba con Elías.[ix]
En el pasaje bíblico
titulado ‘Elías y la viuda de Serepta’, podemos apreciar a un hombre y a una
mujer de fe. Cada uno a su modo, manifestó tener fe en el poder, y si se quiere en el Amor, de Dios, Sin embargo, a ambos pareciera faltarles algo, en las bases
de su fe, y cuando ocurren estas deficiencias Dios suele activar alguna prueba.
Resultó entonces que, cayó enfermo el hijo de la viuda y murió.[x]
Aparentemente, el niño debió estar un tiempo, aunque fuere corto, enfermo,
porque si no simplemente nos hubieran informado que el hijo de la viuda murió,
y ya. Luego me pregunto: ¿por qué no nos informan que, bien sea la viuda o
mejor aún Elías, hayan orado por la sanación de aquel chico? Yo me atrevo a
pensar que, ambos creyentes estaban esperando que nuestro Amoroso Padre Dios
hiciera su trabajo y sanase al chico, pero esto no ocurrió.
Al percatarse de que la
Voluntad de Dios fue que el chico muriese, cada uno de los creyentes reaccionó
de diferente manera. La mujer como que entendió que, al estar ante la presencia
de aquel ‘varón de Dios’, sus iniquidades pasadas fueron recordadas y Dios la
castigó quitándole a su hijo. Quedó en evidencia que, la fe de aquella mujer,
era una fe asentada en la creencia de que Dios era muy severo, incapaz de
perdonar las transgresiones de sus hijos. Esta mujer ya nos había informado que
ella ya estaba esperando tanto la muerte de su hijo como la suya propia,[xi] y
sin embargo, el milagro de la ‘abundancia’ que pudo palpar con la presencia de
Elías en su casa, no le permitió cambiar esa triste opinión que, acerca de
Dios, le habían sembrado en su corazón. Quizás la presencia de Elías en su casa
le hizo recuperar un tanto la fe en el Dios del Amor, pero esta fe parecía
estar sustentada en Elías y no en sí misma. Esta mujer, aparentemente, se
sentía indigna del Amor de Dios.
¿Y qué podemos decir de
Elías? Pues que tenía su fe bien fundamentada en el Amor de Dios, por eso le
extrañó ampliamente que Dios hubiera permitido que aquel chico muriera.[xii]
Pero su fe en que nuestro Amoroso Padre Dios quiere complacernos y ayudarnos en
nuestras necesidades, dejaba mucho que desear. Cuando Elías oró por aquel chico
muerto, pidiéndole a Dios que lo resucitara, «se tendió sobre el niño 3 veces,
y clamó a Yahweh y dijo: “Yahweh Dios mío, te ruego que hagas volver el alma de
este niño a él”.».[xiii] ¡Tres veces!!! ¿Por qué nos es tan difícil
confiar a la primera?
Todo creyente se
extraña y se entristece cuando ocurren desgracias en su presencia y a sus
cercanos, porque no esperan de nuestro Amoroso Padre Dios tales calamidades. Pero
creo que nuestro Amoroso Padre Dios se entristece mucho más cuando nos oye
decir “talitha koumi”[xiv] -¡Niña
Levántate!- tres veces, en vez de una sola vez. Por eso estoy segurísimo que,
lo que ocurrió en Serepta aquel fatídico día, fue la manifestación de la
Voluntad de nuestro Amoroso Padre Dios, intentando mover a dos creyentes hacia
una fe más fundamentada en el Amor de Dios, pero también en nuestra capacidad
de hacer milagros, debido a nuestra condición de ‘hijos muy amados por Dios’.
EXPERIENCIAS PARA CRECER
Es evidente que, Elías
tenía grandes experiencias de la presencia de Dios en su vida. De hecho, por
órdenes de Dios, los cuervos le proveyeron de alimento en el desierto, por un
largo tiempo y, cuando en apariencia los cuervos no podían continuar
alimentándole, el mismo Dios le indicó que se fuera a Serepta para continuar
sustentándole, en aquel lugar. Dios se encargaba hermosamente del sustento de Elías.
Sin embargo, estas
experiencias de Dios, parecían ser
opacadas por cierta humildad de Elías, al no querer aprovecharse de las
Atenciones Divinas. De alguna manera parecía que Elías estaba consciente de su
condición de Hijo muy amado, pero su humildad no le permitía aprovecharse de
tal condición. Elías simplemente aceptaba la presencia de Dios en su vida, con
mucha naturalidad, y hacía todo lo que Dios le pedía que hiciera, sin esperar
de Dios nada a cambio, aunque gozaba del conocimiento pleno de que nuestro
Amoroso Padre Dios se encargaría siempre de él y de su seguridad.
Elías no deseaba ser un
taumaturgo,[xv]
tan solo esperaba que Dios se encargara de todas las cosas, sin que ni siquiera
Elías se lo pidiera. Y cuando se sentía presionado a mover a Dios a hacer lo
que acostumbraba, Elías parecía dudar de que Dios quisiera manifestarse,
simplemente porque él se lo pidiese.
Elías se burló de los
sacerdotes de baal,[xvi]
simplemente porque estaba seguro de que el tal baal no era Dios. Para Elías
baal no llegaba ni siquiera a diosito. Sin embargo, aun estando consciente de
la existencia y del poder de Yahweh, al intentar demostrarle al pueblo que el
único Dios Verdadero estaba con él, manifestó ciertas dudas de que Dios se
quisiera manifestar. ¿Qué por qué lo digo? Pues porque, a pesar de que complicó
las cosas para que Dios manifestara su Gloria y su Poder –ordenó echar 3 veces
4 cantaros de agua sobre el buey colocado en el altar[xvii]-,
al momento de hacer su oración, la cual inició muy bien –“Yahweh Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que Tú
eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho
todas éstas cosas…”[xviii]-
al continuar su oración, repitió DOS VECES “RESPÓNDEME”[xix],
y esto, a mi humilde entender, habla de una fe con dudas, porque la verdadera
fe, nos decía Jesús, aunque fuere pequeña, nos permitirá mover montañas.
También podemos
apreciar en la Palabra que, cuando Elías oró por lluvia, parecía tener fe de
que llovería, puesto que le dijo al rey que “…una lluvia grande se oye”[xx], pero
esta fe pareciera no estar bien fundamentada, porque al estar orando le pidió a
su criado que fuera a verificar si la lluvia se acercaba y, en el momento que
le informaron que se acercaba la lluvia, fue que accionó las medidas para
escapar del grande torrente, que se acercaba.[xxi]
Seguidamente, Elías
huye a Horeb, por temor a las amenazas de Jezabel, la esposa de Acab, el rey
de Israel, a quien acababa de salvarle la vida. Aparentemente Jezabel era la
que realmente reinaba en Israel. Esta huida de Elías, de alguna manera nos
habla de ciertas dudas de Elías en el poder de Yahweh para librarle de sus
enemigos, o a lo menos habla de sus dudas acerca de que su Dios ¡deseará librarlo!
de sus enemigos.
Claro está que, también
sabemos que el mismo Dios le había dicho, en otra oportunidad, que huyera al
arroyo de Querit, para esconderse.[xxii]
Para mí no es lógico pensar que Dios le pidió a Elías que se ocultara porque no
tenía el Poder para librarlo de sus enemigos. Creo que más bien lo hizo para
apartar a Elías del mundo, a fin de disponerlo para su crecimiento, lo cual era
necesario para que realizara las siguientes asignaciones.
Es posible que, esta
primera huida solicitada por Dios a Elías, le hiciera interpretar que siempre
debería huir ante las amenazas de los mundanos. En todo caso, esta huida sirvió
para que Elías experimentara uno de los más hermosos encuentros del hombre con
Dios. Es una historia que vale la pena narrarles.
«El rey Acab le contó a Jezabel todo lo que Elías
había hecho, incluso como Elías había matado a todos los profetas a
espada. Así que Jezabel mandó un mensajero a Elías diciendo: “Te aseguro
que mañana a esta hora te mataré, tal como mataste a esos profetas. Si no tengo
éxito que me castiguen los dioses.”
Elías se asustó
tanto al escuchar
esto que escapó para salvar su vida, llevando consigo a
su siervo. Se fueron a
Berseba que está en Judá, y Elías dejó a su siervo allí. Entonces Elías
caminó todo el día por el desierto, se sentó debajo de un arbusto y con ganas de morirse, dijo: “¡Ya basta,
SEÑOR! ¡Déjame morir, que no soy mejor que mis antepasados!”
Entonces Elías se acostó ahí debajo del arbusto y se
quedó dormido. Un ángel se acercó a Elías, lo tocó y le dijo: “¡Levántate y
come!”
Elías vio que muy cerca había un pan cocinado sobre
un fuego de carbón y una jarra de agua. Elías comió y bebió y luego se volvió a
dormir.
Más tarde, el ángel del SEÑOR se le acercó otra vez
y tocándolo le dijo: “¡Levántate y come! Si no lo haces, no tendrás las fuerzas
necesarias para el viaje.” Así que Elías se levantó, comió y bebió. La
comida le dio suficientes fuerzas como
para caminar cuarenta días y cuarenta noches hasta llegar a Horeb, el monte
de Dios. Ahí Elías entró en una cueva y se quedó toda la noche.
Entonces el SEÑOR le dijo a Elías: “Elías, ¿por qué
estás aquí?”
Él le contestó: “SEÑOR Dios Todopoderoso, yo siempre
te he servido lo mejor que he podido, pero los israelitas han roto el pacto que
tenían contigo. Destruyeron tus altares y mataron a tus profetas. Yo soy el
único de tus profetas que ha quedado con vida y ahora a mí también me buscan
para matarme.”
Entonces el Señor le dijo: “Ve, y ponte de pie
delante del monte ante el SEÑOR y yo pasaré delante de ti.”
Entonces pasó el SEÑOR y sopló un viento tan fuerte
que rompió una parte del monte y desprendió grandes piedras delante del SEÑOR,
pero el SEÑOR no estaba en el viento. Después del viento, hubo un terremoto,
pero el SEÑOR tampoco estaba en el terremoto. Después del terremoto pasó
un fuego pero el SEÑOR tampoco estaba en el fuego. Después del fuego, se
escuchó un sonido muy suave. Cuando
Elías lo escuchó, se cubrió la cara con su manto. Entonces fue y se paró en la
entrada de la cueva y una voz le dijo: “Elías, ¿por qué estás aquí?”
Elías dijo: “SEÑOR, Dios Todopoderoso, yo siempre te
he servido lo mejor que he podido, pero los israelitas han roto el pacto que
tenían contigo. Destruyeron tus altares y mataron a tus profetas. Yo soy el
único de tus profetas que ha quedado con vida y ahora me buscan para matarme a
mí también.”
El SEÑOR le contestó: “Regresa por el camino que
lleva al desierto cerca de Damasco, entra y consagra a Jazael como rey de
Siria. Luego consagra a Jehú hijo de Nimsi como
rey de Israel, y después consagra a Eliseo hijo de Safat, de Abel Mejolá, como
el profeta que tomará tu lugar. Jehú matará a los
que escapen de la espada de Jazael, y Eliseo matará al que escape de la espada
de Jehú. Además, todavía me quedan siete mil en Israel que no doblaron la
rodilla para adorar a Baal ni lo han besado. A ellos los dejaré con vida.”»[xxiii]
De los acontecimientos
narrados, podemos elucubrar algunas enseñanzas.
- Tal como tú y como yo, Elías era hombre.
Y como todo hombre, pese a sus grandes experiencias místicas, sentía miedo de
lo que pudiera hacerle el hombre.
- Elías se cansa de servir, al ver que
aquellos a quienes intenta ayudar parecieran no merecerlo, por eso se quiere
morir. Su servicio no sólo parece no ser reconocido, sino que parece ser motivo
de castigo. ¿Cómo es posible que, aquel rey a quien se le había mostrado el
poder del Dios Verdadero, siguiera inclinándose ante la impía Jezabel y le
permitiera amenazar de muerte a Elías? ¡Intentar que el hombre vuelva a Dios es
agotador!
- Nuestro Amoroso Padre Dios no abandona a
sus hijos, a pesar de las rabietas de estos. Los hijos conscientes de su
posición, pese a las rabietas que puedan agarrar contra de sus padres,
¡OBEDECEN! Por eso Elías, pese a estar cansado hasta desear morir, acepto el
sustento ofrecido por Dios, a través de su Ángel. Elías sabía que aún tenía
asignaciones que realizar y no se dejó morir.
- El sustento de Dios, aunque a los ojos
del mundo pareciera poca cosa –pan y agua-, para el Verdadero Creyente
constituye una verdadera fuente de fuerza y de valor. El sustento proveído por
Yahweh a Elías, le otorgó la fuerza y el valor para caminar cuarenta días y
cuarenta noches a través del peligroso desierto.
- Dios se manifiesta como quiere, a quien
quiere y donde quiere. ¡Él es Dios! Para muchos neófitos Dios debería
manifestarse en el terrible huracán, o en el portentoso terremoto, o en el
devastador fuego y ciertamente está allí, pero Elías comprendió que, nuestro
Amoroso Padre Dios, en ese duro momento de su vida, quería manifestársele en la
fresca y sobrecogedora brisa.
- A nuestro Amoroso Padre Dios se le
olvidan nuestras rabietas, tooodas nuestras faltas. Pareciera que sufriera de
pérdida de memoria. Pese a las rabietas de Elías, y de sus espantosas ganas de
morir, nuestro Amoroso Padre Dios, en vez de reclamarle por sus sandeces,
simplemente le preguntó: “Elías, ¿por qué
estás aquí?” y se lo preguntó dos veces, como si se le olvidara también la
respuesta de Elías. Tampoco dudo, nuestro Amoroso Padre Dios, en asignarle una
nueva misión a Elías, simplemente porque sabía que, el ‘muy buen hijo’, lo
haría sin chistar.
- El Dios de Elías, no sólo lo es de
Elías. Tampoco lo es sólo de Israel. ¡Es el Dios del tooodo el universo! Por
eso tiene la autoridad para asignarle a Elías la tarea de consagrar al rey de
Israel, pero también al rey de Siria. Además tiene la autoridad para consagrar
a los líderes espirituales. Qué hermoso sería que los líderes sociales y espirituales
de nuestros tiempos entendieran que han sido consagrados bajo la autoridad de
Dios. Pero la triste realidad es que la mayoría de esos consagrados, como en
los tiempos de Acab, pierden la honorabilidad de tan grande designación y se
hunden en el abismo, llevándose con ellos a gran parte del pueblo, a quienes
tenían encargado guiar hacia Dios.
En el Segundo Libro de
los Reyes, volvemos a encontrar a Elías un tanto más fortalecido, aunque con
ciertos vestigios de sus antiguas dudas.
Estas dudas las podemos entrever en las palabras que Elías pronunció
ante el capitán del ejército, enviado
por el rey Ocozias, rey de Israel, para aprehenderle.
Ante las palabras del
capitán del ejército: “Varón de Dios, el rey ha dicho que desciendas”, Elías respondió: “Si yo soy varón de Dios, descienda fuego del cielo, y consúmate con
tus cincuenta.”.[xxiv]
Y ciertamente, dice la palabra que, bajó fuego del cielo y consumió al ejército
que envió el rey. ¡Esto ocurrió no una vez, sino dos veces! Con las mismas
palabras de fe, pero con dudas. Claro que Elías estaba comenzando a realizar
milagros, sin solicitarle a Dios que lo haga, pero aun podíamos ver en él
ciertas dudas sobre su poder para hacer milagros. ¿Ya descubrieron en dónde está
la duda de Elías? Pues sí, la condición para que se realice el milagro: ¿SI YO
SOY VARÓN DE DIOS? Por qué no dijo: “¡Claro
que soy varón de Dios! ¡Por eso ordeno que baje fuego del cielo y te consuma a
ti y a tus cincuentas!”.
Bendito Dios que, el
capitán del tercer grupo enviado por el rey, tuvo la sensatez de ver la
Presencia de Dios en Elías y se inclinó ante él, para pedirle su comprensión.[xxv]
Ésta sabia acción del tercer capitán, movió a Dios a recordarle a Elías que
debía temerle a los reyes de este mundo y que debía restregarles en sus caras
sus fechorías, sin temor a morir, sabiéndose protegido de Dios.[xxvi]
¿Acaso las dudas de Elías
no invaden a todo creyente? ¿Acaso todo creyente no es sometido a pruebas para
forzarlo a crecer? Si no hubiera ocurrido así ¿cómo hubiera alcanzado Elías el
rango de taumaturgo?
En los siguientes
capítulos del Segundo Libro de los Reyes, podemos observar que, antes de
despedirse de este mundo, tenemos a un Elías crecido, capaz de hacer milagros,
sin tanta palabrería. ¡Capaz de apartar las aguas del Jordán, con tan solo un
suave golpe de su manto!
Al igual que Elías,
todo Verdadero Creyente, debe vigilar y ejercitar el crecimiento de su fe.
¡Sobre todo en las Pruebas Divinas! Hasta alcanzar la Fe Cierta, en donde nos
hacemos conscientes del Poder de Dios sobre todas las cosas. Esta Fe Cierta
también debemos alimentarla, hasta alcanzar el poder del taumaturgo, lo cual
implica aceptar y ejercer, la Presencia Poderosa de nuestro Amoroso Padre Dios,
a través de nosotros.
Como ven, Elías me dejó
grandes enseñanzas, aunque aún estoy por descubrir cómo llegó a la fe del
taumaturgo. ¡LOSHALA’ Y ALGÚN DÍA ME DEJE SU MANTO!!! Mientras seguiré
ejercitándome.
Escrito por:
NOEL JOSÉ MÉNDEZ YDROGO
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Que importante y necesario es que las personas conozcan de las verdaderas enseñanzas de la biblia, y lo que nos puede dejar como personas para la ayuda de los demás. Así como usted se dedica en el estudio de la palabra y buscar dejar su huella en aquellos que lo lean, verá como poco a poco este mensaje llegará a aquellos que más lo necesiten, y grande será su recompensa por Dios. Gracias Noel Méndez
ResponderBorrarGracias por sus buenos deseos y comentarios. Espero el resto de mis escritos le agraden. Feliz estoy de intentar de comunicar un mensaje antiguo, algo olvidado. Dios le bendiga.
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