Cercano a estos días,
quiso nuestro Amoroso Padre Dios que se me dañara el último televisor que me
quedaba en casa. Esto ocurrió porque, debido al extremo calor que estamos
sintiendo, las ideas para escribirles no me llegaban a la mente, en
consecuencia me dediqué a simplemente ver televisión, excusándome en el intenso
calor. Y cuando Dios ve que algo te está estorbando, para que cumplas con tu
misión, pues te lo ‘quita de golpe’.
Al dañarse el
televisor, me dormía a cada rato en mi hamaca y en consecuencia se me
dificultaba dormirme durante la noche. Entonces decidí ocupar mi tiempo en
algo, para no dormir tanto, durante el día. Algo renuente, evitaba encender la laptop para no dedicarme a pensar y escribirles algo. Decidí entonces mejorar un poco mis precarios conocimientos del
idioma inglés.
A los fines de ser
cónsono con lo que predico, comencé a bajar, desde mi celular, por YouTube,
canciones cristianas en inglés con subtítulos en español. Al traducir una de
las estrofas de una de estas canciones, recordé que hace como 30 años decidí no
leer, ni siquiera un versículo, sobre el Libro de Job. De hecho, cuando durante
mis lecturas del Diurnal veo alguna lectura de Job, me las salto. Esta absurda
decisión mía se debió a que, por aquellos tiempos, no comprendía como era
posible que a «un hombre perfecto y
recto, temeroso de Dios y apartado del mal»[i] le
ocurriesen tales calamidades.
La traducción de aquella
interesante estrofa, de aquella canción es: “Tú das y Tú quitas. Mi corazón
siempre escogerá decir: Señor, Bendito sea Tú Nombre”. Entonces recordé
que, esta oración pertenece al grande Job.
LA CONDICIÓN DEL HIJO
Antes de comenzar a
hablar del grande Job, permítanme aclararles algunas delicadeces de la vida en
la fe: Si todos somos hijos de Dios, ¿a qué se deben las diferencias entre unos y
otros?
Como en la mayoría de
las familias, existen hijos muy buenos, hijos buenos e hijos que dan vergüenza.
A estos últimos se les suela denominar ‘hijos del oprobio’.
Ciertamente, los buenos
padres –conocedores de sus responsabilidades- tratan a todos sus hijos por
igual, e intentan hacerlos felices a todos y de educarlos de la misma manera, a
fin de que alcancen su máximo potencial y desarrollo. Precisamente, al estar consciente de su responsabilidad, el buen padre intentará de prestarle mayor atención y de
dedicarle más tiempo al ‘muy buen hijo’, porque se percatará del mayor
interés que manifestará ese ‘muy buen hijo’ en desarrollarse, en crecer. Claro que, atenderá también a sus otros hijos, cada vez que estos lo soliciten, pero al ‘muy buen
hijo’ lo tratará de manera muy especial, porque centrará en ese ‘muy buen
hijo’, sus esperanzas. Los malos padres –no conscientes de sus
responsabilidades- suelen dedicarle más tiempo a los ‘hijos de su vergüenza’,
porque creen que les deben algo, y al hacerlo, tristemente suelen
olvidarse de sus otros hijos, truncando
así, de algún modo, incluso el desarrollo de algún ‘muy buen hijo’.
Los ‘hijos del
oprobio’, en su estupidez, suelen alejarse tanto de la presencia del buen padre
y terminan hundiéndose en el alcohol o en las drogas. Es claro que esto causa
mucho pesar a los buenos padres, pero no pueden dejar de dedicarle gran parte
de su tiempo a los ‘buenos hijos’, por intentar salvar a quien no se quiere
salvar. En consecuencia, a veces los buenos padres terminan dejando que los
‘hijos del oprobio’ se alejen de su presencia, esperando que algún día, como el
hijo pródigo, vuelvan a los brazos de su Amoroso Padre.
Visto lo anterior,
queda claro que existen algunas diferencias entre los que consideramos
propiamente ‘hijos de Dios’ –que viven cerca de la Presencia de Dios- y los
‘hijos del oprobio’ –que viven alejados de la presencia de Dios-. También
podemos establecer diferencia entre los que consideramos ‘hijos de Dios’,
puesto que en ese grupo están los ‘muy buenos hijos’ –que le dedican bastante tiempo
a la instrucción paterna, a fin de logar su máximo potencial- y los simplemente
‘buenos hijos’ –que le dedican muy poco tiempo a la instrucción paterna y
pierden mucho tiempo jugando, aunque ciertamente evitan alejarse mucho de la
Presencia del Amoroso Padre-.
Muchas veces, los ‘muy
buenos hijos’ se cansan de ver a sus hermanos jugar, mientras ellos están
siendo instruidos, y suelen voltear la mirada hacia donde juegan sus hermanos y
dejan de prestarle atención a la instrucción paterna. Esto le paso a Job.
EL SUFRIMIENTO DE JOB
Como recordarán, a un
varón llamado Job, pese a observar un comportamiento “perfecto y recto,
temeroso de Dios y apartado del mal”, le sucedieron grandes calamidades. Todo,
absolutamente todo lo que poseía lo perdió, en extraños acontecimientos, y aun
así, al enterarse de todos estos nefastos y dolorosos acontecimientos, escogió
decir: «Desnudo salí del vientre de mi
madre, y desnudo volveré allá, Yahweh
dio, y Yahweh quitó; sea el Nombre de Yahweh Bendito».[ii]
Según grandes exégetas
y eruditos de la Palabra de Dios, los acontecimientos narrados en el Libro de
Job no son ciertos, sino que es un cuento para tratar de explicar hasta donde
debe soportar el hombre de fe, para demostrar su fe. Según mi humilde entender,
todo lo que está escrito en la Biblia es Palabra de Dios y en consecuencia es
verdadera. De hecho, soy un firme convencido de que, cuando Jesús narraba
alguna de sus Parábolas, esto estaba ocurriendo en algún lugar, en algún tiempo
y en ese preciso momento. ¿Acaso no es Él El Verbo? ¡La Palabra de Dios es viva,
efectiva y eficaz!
¿Acaso en este enorme
planeta no se suscitan cada día un sinfín de acontecimientos, no disponibles a
nuestra vista? El hecho de que no veamos muchos de estos acontecimientos, no
quiere decir que no hayan ocurrido o estén ocurriendo, en este preciso momento.
Nuestras limitaciones cognoscitivas no pueden ser excusa para negar la verdad
de la Palabra Divina.
Como entenderán, para
mi Job verdaderamente existió. Es más, ha existido en diferentes épocas de la
historia de este planeta. Incluso hoy en día, existen muchos Job caminando por
la tierra.
Como todos ustedes
saben, para mí no existe el sufrimiento, a lo menos no proveniente de Dios.
Como lo decía Siddhartha: el sufrimiento deriva de los deseos humanos
y el único camino hacia la salvación
pasa por la ‘renuncia voluntaria a ese deseo’. De manera que, sufrimos
porque queremos, porque no somos capaces de renunciar a nuestros efímeros
deseos.
Armado con este nuevo
conocimiento, decidí abordar nuevamente el Libro de Job, para descubrir el por
qué a un varón de Dios le ocurrieron tantos males. Quizás por ser 30 años más
viejo, al comenzar a leer descubrí la debilidad de Job, aquel pequeño resquicio
a través del cual se podía colar el diablo: «Y le nacieron siete hijos y tres hijas».[iii]
Resulta que Job, amaba tanto a sus hijos que los malcriaba en exceso.
Cada uno de los siete
hijos de Job, se habían asignado un día a la semana para realizar grandes
banquetes.[iv]
Cada día de la semana, uno de los hijos de Job competía con los otros para ver
quién gastaba mejor las riquezas de su papá. La Palabra deja entrever que ni
siquiera trabajaban. Incluso, para los mal pensados, pareciera que algo pasaba
entre estos hermanos y sus tres hermanas, porque la Palabra simplemente dice: «…
y enviaban a llamar a sus hermanas, para
que comiesen y bebiesen con ellos.» No nos es de extrañar que, en medio de
tanto bacanal, cosas impuras pudieran pasar. Y creo que, Job lo sabía, pero
enceguecido por el amor a sus hijos, se hacía la vista gorda.
De hecho, Job intentaba
sobreseer los errores de sus hijos
ofreciendo a diario ofrendas a Dios, por cada uno de sus hijos, diciendo: «Quizás habrán pecado mis hijos, y habrán
blasfemado contra Dios en sus corazones».[v] Y
de esta manera pretendía que Dios no tomara en cuenta los errores de sus hijos.
A Job se le olvidó que
la salvación no es un colectivo. La salvación no es un autobús en el cual te
subes y simplemente te salvas porque el chofer es salvo. La salvación es más
bien una pequeña patineta, con espacio para una sola persona. La salvación es
muy particular. Judas Iscariote vivió con Jesús y sin embargo se extravió.
Nadie se salva porque viva al lado de alguien con aires de santidad, a menos
que se esfuerce por hacer y vivir tal y como hace y vive aquel con quien
comparte su vida. De manera que, las muchas ofrendas y oraciones de Job, por
sus hijos, no podían lograr la salvación de estos. Tenía más bien que
esforzarse por educarlos en la Presencia de Dios, aun a riesgo de perder el
amor de estos.
EL DESPRENDIMIENTO ES LA CLAVE
Es impresionante como,
en los primeros cinco versículos del primer capítulo del Libro de Job, podemos
descubrir nuestras propias flaquezas. Job se olvidó de educar a sus hijos
conforme a Dios, porque les amaba más que a Dios mismo. Quizás temía el perder
el amor de sus hijos si les negaba alguna cosa. Quizás temía perder el amor de
sus hijos si les decía alguna leve palabra de corrección o consejo. Y la ley es
clara: «Amarás al Señor Tu Dios, con todo
tu corazón, con toda tu alma y con todo tu ser».[vi] De manera que, en nuestros quereres están
nuestras pruebas. A muchos que han optado por 'vivir en el espíritu' se les olvida el primer consejo de nuestro Amoroso Padre Dios, por lo que suele ocurrir que nuestro Amoroso Padre Dios se los recuerda, a veces duramente.
Muchas veces se nos
olvida que, todo lo que tenemos es porque Dios nos lo ha proveído, de alguna
forma o manera. De hecho, tal y como se escribía el Nombre Yahweh en sus
orígenes: ¡ÉL SOSTIENE NUESTRA RESPIRACIÓN!!![vii] ¡Sin
Su Anuencia, es imposible que respiremos!
Algunos de ustedes,
personas de sano juicio, me dirán: “Tengo casa porque me la he ganado con el
esfuerzo de mi trabajo”, entonces yo les replicaré: “Pero tienes trabajo porque
Dios así lo ha dispuesto”. Si bien es cierto que los hijos del oprobio obtienen
las cosas fraudulentamente, para su propio mal, los hijos de Dios obtienen de
Dios todas las cosas que tienen, para su propio bien.
El ‘propio bien’
implica que, los hijos de Dios saben que deben darle buen uso a las cosas que
Dios les otorga, siempre en procura de que esas cosas jamás les alejen de Dios.
Por ejemplo, tener dinero no es malo, pero si ese dinero lo utilizas para
comprar drogas, o alcohol, o tabaco, joyas,… cosas superfluas –para atesorar o
malgastar-, entonces tener dinero se convierte en algo malo. Tener un carro es
bueno, pero si comienzas a utilizar ese carro en salidas nocturnas, nada
edificantes, o en supuestos ‘sanos esparcimientos’ de fines de semana, hasta
llegar el momento de que dejas de dedicarle tiempo a Dios, entonces el carro se
convierte en algo malo. Tener hijos no es malo, es de hecho una instrucción
Divina, pero siempre debemos recordar que como padres estamos obligados a
educar rectamente a nuestros hijos, para evitar que se alejen de Dios y
terminen siendo hijos del oprobio.
Los hijos del oprobio
siempre habrán de sufrir con las muchas cosas que pudieran obtener por sus
acciones fraudulentas. Pero los hijos de Dios siempre habrán de ser felices con
las cosas que le otorga nuestro Amoroso Padre Dios. Claro está, para vivir esto
último, es preciso que los hijos de Dios sean ‘desprendidos’, sin apego alguno,
y den uso edificante a las cosas que tienen, porque si no sufrirán el ser
desprendidos con violencia de la cosa que poseen, a fin de evitar que se pierdan,
y se convierta en un hijo del oprobio.
La acción ‘desprender’
implica que una cosa se cae prácticamente sola, sin que se le haga mucho
esfuerzo para apartarla de aquello sobre lo que se encuentra adherido o pegado,
con muy poca pega. El verbo ‘quitar’, al igual que la frase inglesa ‘take away’
indica ‘arrancar de golpe’, casi con violencia, algo que se tiene adherido o
sujetado, con mucha fuerza. Si observan en los relatos del Libro de Job,
aparentemente éste perdió ‘todo de golpe’, y el mismo día. La verdad es que
nuestro Amoroso Padre Dios no suele actuar de ésta despiadada manera. Suele
avisar con pequeñas señales, a fin de que nosotros tomemos acciones para el
desprendimiento personal. Si no tomamos acciones de entrega desinteresada,
entonces ocurre el acontecimiento necesario que nos desprende con violencia, de
aquello que ‘poseíamos’ tan ‘apegadamente’.
Por esto, es preciso
estar vigilantes de las pequeñas señales, para evaluarnos. Por ejemplo, si el
carro se está dañando muy seguido, debes vigilar el uso que le estas dando a
ese carro. Si están faltando algunas cosas necesarias en casa, debes vigilar el
uso que le estas dando al dinero. Si tus hijos te están faltando el respeto,
debes vigilar la educación que les estás dando, o si acaso tienes miedo de perderles.
Es preciso que
aprendamos a vivir ‘teniendo’ cosas sin ‘poseerlas’. Todo creyente puede
‘tener’ muchas cosas, pero no le está permitido el ‘poseerlas’. ‘Tener’ no es
igual que ‘poseer’, así como ‘querer’ no es igual que ‘amar’. La prueba de que ‘posees
algo’ es que te cuesta desprenderte de ese algo. Hay personas que tienen
necesidades, hasta de alimento, a pesar de ‘poseer’ dinero en el Banco o
escondido bajo el colchón, en consecuencia es evidente que tienen apego al
dinero, por eso prefieren pasar hambre que utilizar ese dinero. Puedes ‘tener’
carros, casas, dinero, joyas,… familia, pero en el momento en que estas cosas
sean tan importantes para ti, que incluso te empujen a dejar a Dios, entonces
estas cosas te poseerán, más que tú poseerlas a ellas. Y como a nuestro Amoroso
Padre Dios lo que le interesa es tu alma, entonces te ‘quitará’ esas cosas que
te alejan de Él, para que tengas la oportunidad de recapacitar y de mantenerte
más cerca de Él, que de tus cosas.
Les daré un ejemplo palpable de la diferencia entre 'tener' y 'poseer'. Para nadie es un secreto de la triste 'crisis de humanidad' que estamos viviendo en mi país desde hace ya largo tiempo. La economía de mi país fue dolarizada por el propio pueblo -por no decir por el diablo a través del pueblo-, hasta tal punto que, incluso la educación privada se está pagando en dólares. Este cobro repentino de la educación en dólares ha hecho que muchos jóvenes, quienes venían formándose profesionalmente en los Institutos privados, debieron claudicar, al no poder pagar tan costosas matrículas. Yo aproveché este percance para evaluar 'la vida en espíritu' de algunos conocidos, muy entregados al servicio religioso -incluso hacen donaciones a las iglesias-, de quienes yo tenía conocimiento poseían dólares. Les pregunté a cada uno si estaban dispuestos a donar algunos dólares para ayudar a algunos estudiantes conocidos a continuar con sus estudios. Pues la mayoría me dieron excusas sobre la necesidad que tenían de mantener esos dólares almacenados. ¡ESO ES EL EJEMPLO DE POSEER! Uno solo, quizás el que menos tenía, me preguntó que cuántos dólares necesitaba. ¡ESO ES TENER!! El que 'tiene' se puede 'desprender' de las cosas. El que 'posee' difícilmente las 'suelta'. Para el que 'tiene' es muy fácil verlo estar pendiente de las necesidades de los demás para auxiliarles. El que 'posee' no solamente no está pendiente de las necesidades de los demás para auxiliarles sino que cuando se le pide ayuda se excusa para no ayudar.
Les daré un ejemplo palpable de la diferencia entre 'tener' y 'poseer'. Para nadie es un secreto de la triste 'crisis de humanidad' que estamos viviendo en mi país desde hace ya largo tiempo. La economía de mi país fue dolarizada por el propio pueblo -por no decir por el diablo a través del pueblo-, hasta tal punto que, incluso la educación privada se está pagando en dólares. Este cobro repentino de la educación en dólares ha hecho que muchos jóvenes, quienes venían formándose profesionalmente en los Institutos privados, debieron claudicar, al no poder pagar tan costosas matrículas. Yo aproveché este percance para evaluar 'la vida en espíritu' de algunos conocidos, muy entregados al servicio religioso -incluso hacen donaciones a las iglesias-, de quienes yo tenía conocimiento poseían dólares. Les pregunté a cada uno si estaban dispuestos a donar algunos dólares para ayudar a algunos estudiantes conocidos a continuar con sus estudios. Pues la mayoría me dieron excusas sobre la necesidad que tenían de mantener esos dólares almacenados. ¡ESO ES EL EJEMPLO DE POSEER! Uno solo, quizás el que menos tenía, me preguntó que cuántos dólares necesitaba. ¡ESO ES TENER!! El que 'tiene' se puede 'desprender' de las cosas. El que 'posee' difícilmente las 'suelta'. Para el que 'tiene' es muy fácil verlo estar pendiente de las necesidades de los demás para auxiliarles. El que 'posee' no solamente no está pendiente de las necesidades de los demás para auxiliarles sino que cuando se le pide ayuda se excusa para no ayudar.
Job aparentemente no
tenía apegos por cosas o personas distintas a sus hijos. De hecho, él permitía
que todo lo que tenía los hijos lo malgastasen, porque no poseía esas cosas. Poseer a sus hijos le hizo olvidar que, como todo buen padre,
estaba obligado a corregir a sus hijos. Job evitó vivir con desprendimiento del
amor de sus hijos y se olvidó que esos hijos se los otorgó Dios para que los
educase, orientándolos para que vivieran como hijos de Dios, y no como hijos
del oprobio.
Te pregunto: ¿Has
evaluado tus posibles apegos o posesiones? ¿Sabes que pertenencias te alejan de Dios? ¿Estás
dando buen uso a las cosas que tienes? ¿Estás educando rectamente a tus hijos?
¿Confías plenamente en Dios o estás almacenando cosas para tu futuro?... ¿Amas
a Dios sobre todas las cosas? Recuerda: Cuando en vez de simplemente ‘tenerlas’,
para darles buen uso, ‘posees’ las cosas –las atesoras, las guardas, las
almacenas,… las mal utilizas- entonces esas cosas se convierten en tu dios. Eso
es lo que se conoce como idolatría.
TÚ DECIDES
Siempre me fue muy incómodo
leer la historia de Job. Hoy comprendo el por qué a un “hombre perfecto y
recto, temeroso de Dios y apartado del mal” le pueden suceder cosas desagradables.
Jamás debemos olvidar que, el primer consejo de nuestro Amoroso Padre Dios
es: «Amarás
al Señor Tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu ser»,
o como nos lo decían en el Catecismo: “AMAR A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS”. Y estas
cosas incluyen a nuestros hijos.
Es importante señalar
que, los consejos de Dios -mal llamados mandamientos-, son para todos los
hijos, incluyendo para los ‘hijos del oprobio’, pero para los que pretenden ser
‘muy buenos hijos’, estos consejos son por mucho más apremiantes, porque
evidentemente los ‘muy buenos hijos’ manifiestan mayor deseo de estar en
presencia del padre que sus hermanos, muchos de los cuales con seguridad están
jugando.
Consecuentemente, el
buen padre suele dedicarle más tiempo y esfuerzo al hijo que ve más interesado.
Esto con la finalidad de apresurar el máximo desarrollo de ese ‘muy buen hijo’
interesado y así sirva de ejemplo para sus hermanos. Esto le ocurrió a Job. Él
era un ‘hijo muuuuyyyy bueno’, al cual valía la pena de educar con mayor
empeño, a fin de que los otros ‘buenos hijos’, incluso los ‘hijos del oprobio’,
pudieran tener de ejemplo y procuraran imitarle.
De manera que, el ‘muy
buen hijo’ debe estar claro que se le va a exigir más que a sus hermanos,
porque el buen padre verá en ese hijo un excelente prospecto, para otorgarle
responsabilidades más importantes que las de sus hermanos, y con mayores
beneficios. Antes de decidir ser un ‘muy buen hijo’ es preciso recordar lo que
comentaba Jesús: «Porque ¿quién de
vosotros, queriendo edificar una torre (quizás para llegar al cielo), no se sienta primero y calcula los gastos, a
ver si tiene lo que necesita para acabarla? No sea que después que haya puesto
el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla
de él, diciendo: este hombre comenzó a edificar y no pudo acabar».[viii]
Espero te haya quedado
claro que, es tu decisión ser un ‘muy buen hijo’, para gozar de la continua
presencia de nuestro Amoroso Padre Dios, ocupándose de tu educación y
desarrollo, a fin de otorgarte los mejores cargos en su grande hacienda, con
sus respectivas recompensas. Pero ser 'muy buen hijo' tiene sus exigencias, por lo que te recomiendo que, si crees no tener las fuerzas suficientes para soportar las exigencias que vienen con tú decisión, pues opta por ser simplemente un ‘buen hijo’, lo cual no es malo, pero luego no te detengas a exigir mejores cargos en la hacienda de nuestro Amoroso Padre Dios y tampoco esperes mayores atenciones de su parte. Lo que si te ruego, hermano
mío, es que no optes por ser un ‘hijo del oprobio’, alejado totalmente de las atenciones de
nuestro Amoroso Padre Dios, destruyendo tu vida en la oscuridad absoluta.
Para concluir, les
invito a leer el Libro de Job, ahora con una nueva óptica, y aprendan del
ejemplo de este ‘muy bien hijo’ al enfrentar las duras pruebas a las que fue
sometido. Su esmerado interés en comprender las pruebas a las que era sometido,
le hicieron merecedor de mejores bendiciones: «Y bendijo Yahweh el poster estado de Job más que el primero, … Y murió
Job viejo y lleno de dichas.»[ix]
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