Cuando decidí comenzar a publicar artículos en un Blog, pensé que publicaría artículos cortos. Sin embargo, se me ha hecho casi imposible publicar artículos cortos, debido a la gran cantidad de información que suele abarcar los temas que me apasionan. Al escribir acerca de Dios, se presentan un sin fin de señales que te obligan a escribir, incluso lo que no esperabas escribir. En todo caso, este artículo es el primero -espero que no el último- que logro escribir brevemente. Aunque para ser sincero con ustedes, este artículo era un capítulo del artículo anterior ('Amar a Dios en libertad'), el cual decidí separarlo para evitar alargar el mencionado artículo. ¡El mensaje debe ser entregado! ¡Yo soy un simple mensajero!!!
El caso es que, de niño, para mí era
muy preocupante oír a los maestros de religión, de mi colegio, hablando del Santo Temor de
Dios. Me chocaba un tanto que me pidieran considerar Santo, algo que para mí
era malo. Ya un poco más crecido, la preocupación creció, puesto que, ese Santo
Temor de Dios cada vez se parecía más a una obligación por tenerle miedo a
Dios.
Quizás algunos pudieran
concluir que, al estar minado de tantos Sacerdotes hablándome de un Dios
castigador me vería forzado a claudicar en mi fe. Bendito Dios que no ocurrió
así, puesto que, durante mi adolescencia, nuestro Amoroso Padre Dios me invitó
a formar parte de la Renovación Carismática, movimiento religioso en el cual
conocí a muchísimos jóvenes Sacerdotes, poco ortodoxos, que me hablaron
abundantemente del Dios del Amor.
Movido por estas
antiguas verdades, que parecían como ocultas, comencé a indagar acerca del
Santo Temor de Dios. Los primeros indicios no me ayudaron mucho, para deslastrarme
de mis temores. Buscando en diccionarios descubrí que, ‘temor’ es el ‘miedo’
que se siente al considerar que algo perjudicial o negativo ocurra o haya
ocurrido. Evidentemente, el ‘temor’,
según los diccionarios, se sigue pareciendo al ‘miedo’. Algunos otros diccionarios, más especializados en la
materia, definen propiamente el ‘Temor de Dios’ como una forma ESPECÍFICA de
‘temor’. Quizás con la palabra ‘específica’ pretenden ‘diferenciarlo’ del
‘miedo’, el cual se le define como la ‘sensación
de angustia provocada por la presencia de un PELIGRO real o imaginario’.
Sin embargo, muchos de esos diccionarios especializados, pese a indicar que el
‘Temor de Dios’ se acerca más al respeto,
admiración y sumisión a Dios, terminan ESPECIFICANDO que muchos religiosos
‘temen al juicio final, al
infierno, al Poder de Dios,… a Dios’. Me seguí preguntando:
¿Debo tenerle miedo al Amor de los amores?
Ya más adulto –casi
anciano- descubrí que, en la Biblia aparece varias veces el ‘Temor de Dios’. La
primera vez ocurre en el momento en que Abraham iba a sacrificar a su hijo
Isaac y entonces aparece el Ángel de Dios para gritarle: “No alargues tu mano contra el niño, ni le hagas nada, que ahora ya sé
que eres temeroso de Dios, ya que no
me has negado tu hijo”.[1] Vale la pena preguntarse: ¿Abraham se ganó el favor de Dios debido a que le
tenía miedo? Seguí preguntándome: ¿Debo tenerle miedo al Amor de los amores?
Luego leí, en el Libro
de los Proverbios: «El temor de Yahweh es
el principio de la sabiduría».[2] Esto es revelador porque, si el ‘Temor de Dios’ me provee de sabiduría,
evidentemente no debe producir en mí algún tipo de miedo, sino más bien paz. El
mismo versículo indica que: «el
conocimiento del Santísimo es la inteligencia». Sabemos que la ‘sabiduría’ es el ‘gusto’ que
le tomamos al ‘conocimiento’, en consecuencia, el ‘Temor de Dios’ es el
principio del ‘gusto’ que debe generar en mí el `conocer’ a Dios. Ese ‘gusto’
debe moverme a procurarle, a investigarle a profundizarle.
Para mí es concluyente que,
el ‘Temor de Dios’ NO es ‘miedo a Dios’. Para mí es claro que, si definimos
‘miedo’ como una ‘sensación de angustia’, el ‘Temor de Dios’ debe ser esa
‘sensación de angustia’ que debe producir en mí el DESCONOCIMIENTO de Dios. Esa
‘angustia’ debe moverme a ‘conocerle’ y por eso el ‘Temor de Yahweh’ es el
principio de la ‘sabiduría’.
Finalmente, al alcanzar
‘el conocimiento del Santísimo’, este me hará comprender que DIOS ES MI PADRE
AMOROSO. Al comprender esta Hermosa Verdad,
con seguridad comenzaré a tener miedo, pero no de Dios. ¡TENDRÉ MIEDO DE
ESTAR LEJOS DE DIOS! ¡Tendré miedo de ofenderle! ¡Tendré miedo de ser malo! Seré
movido a respetarle, no por su Omnipotencia, sino por su Amor. ¿Cómo ofender a
quien tanto Amor me manifiesta?
Escrito por:
Noel Méndez
Noel Méndez
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