jueves, 27 de febrero de 2020

LA GUERRA PARA CONQUISTAR LA GRACIA (II)


Antes de continuar con la disertación acerca de las Virtudes Capitales, les pido por favor que primero lean unos consejos de última hora del Papa Francisco, al inicio de las notas referenciales, al final de éste artículo.[i]

En la primera parte de éste Artículo, les conversé acerca de dos de los vicios capitales cuyo padecimiento nos cuesta aceptar que sufrimos, porque tal y como nos lo comentó Santo Tomás de Aquino: “los pecados o vicios capitales son aquellos a los que la naturaleza humana está tristemente inclinada”. Al estar nuestra naturaleza inclinada a estos vicios, convivimos con estos vicios con mucha naturalidad, porque se esconden detrás de nuestra propia humanidad. Con tanta naturalidad que, a veces no nos percatamos del daño que nos están haciendo, pese a que algunos de estos vicios son altamente evidentes.

La avaricia y la soberbia, por ejemplo, se suele esconder detrás de la naturalidad del desarrollo personal. Y claro que no es malo obtener logros cada vez más gratificantes.  Pero si nos olvidamos que hemos alcanzado esos logros gracias a la Generosidad de nuestro Amoroso Padre Dios, quien nos CAPACITÓ para alcanzar esos logros, entonces con muchísima seguridad no le daremos buen uso a esos logros alcanzados. Entonces, quizás lleguemos a ser jefes pero seremos déspotas con nuestros subalternos, desarrollando el vicio de la soberbia. Entonces, quizás logremos riquezas, pero nos hundiremos en la avaricia, al darle malos usos a esa riqueza. De hecho, la soberbia se esconde tan bien que, muchos la denominan ‘orgullo’ y, como el ‘orgullo’ tiene una connotación negativa y otra positiva, entonces suelen pensar que no es malo ser orgullosos, aunque ciertamente estén sufriendo de soberbia.

Algunos vicios son más evidentes que la avaricia y la soberbia, pero a veces nos cuesta reconocerlos porque igualmente se esconden detrás de nuestra frágil humanidad. La envidia, por ejemplo, tímidamente se esconde en pensamientos efímeros, que con el tiempo nos carcomen. El pensamiento inicial es tan efímero que es casi imperceptible, como cuando vemos la hermosa camioneta de un vecino, deseando que sea nuestra. Hay personas de piel clara que envidian a las personas de piel oscura y hay personas de piel oscura que envidian a las personas de piel clara. ¿Ven lo sutil que es satanás al sembrar en nosotros los vicios?

Los otros vicios son ciertamente muy evidentes. Por ejemplo, a la distancia se puede observar a una persona que es lujuriosa, por la manera tan desordenada de disfrutar de las cosas. ¿Quién no reconocería a una persona iracunda? Y ¿qué decir del que sufre de gula? ¿Acaso no estará engordando? ¡Y el que es perezoso se ve a leguas! Pero ocurre tristemente que, aunque se les ve a la distancia, los que sufren del vicio suelen no percatarse de estar sufriendo males mortales.

El capital de los vicios capitales es siempre algo material, o relacionado con la materia. No por casualidad nuestra naturaleza humana –materialista- se encuentra tristemente inclinada a procurar las cosas materiales (fortuna, fama, sexo,…) y luchar por conservarlas. Esta lucha, por conservar aquello que satisface mi inclinación, es lo que termina convirtiendo algo que es bueno en un vicio. La fortuna, la fama,… incluso el sexo no es malo, lo que convierte esas cosas en algo destructivo es mi lucha desordenada por aferrarme a esas cosas.

Lo triste es que, lo único que necesitamos recordar para evitar caer en el desordenado apego a las cosas materiales es que: ¡Nacemos sin traer nada y moriremos sin llevarnos nada! En consecuencia, ¡EVITA LUCHAR ENCARNECIDAMENTE POR AQUELLO QUE NO TRAJISTE Y QUE CIERTAMENTE NO TE LLEVARÁS!

Ya sea que se encuentren muy escondidos en nuestra humanidad o que se vean a simple vista, es preciso que reconozcamos de qué vicios sufrimos, para poder ejercitarnos en contra de los males que nos alejan de nuestro Amoroso Padre Dios. En este orden de ideas, es importante recordar siempre lo que decía San Ignacio de Loyola: “Ni una sola hoja de un árbol se cae, sin que Dios lleve cuenta de ello”. Esta hermosa frase nos ha de recordar siempre que lo que nos ocurre es para nuestro bien, ¡INCLUSO LOS VICIOS!

¡No se asusten! Pues, aunque les cueste creerlo, si nuestro Amoroso Padre Dios no permitiera que el diablo sembrara sus vicios en nosotros no nos sería posible desarrollarnos, fortalecernos,… crecer en las Virtudes. De manera que, para aquellos que estamos procurando la Amistad de nuestro Amoroso Padre Dios, los vicios capitales son oportunidades para crecer espiritualmente, pero entendiendo que la idea es destruir el vicio desarrollando las Virtudes. Lo aclaro porque, algunos se acostumbran a pedir perdón por sus faltas sin esforzarse un ápice por vencer el vicio, como aceptando cómodamente que Dios ha permitido ese vicio en sus vidas y esperando que Dios se los elimine.

Un consejo más: La forma más sensata de vivir la vida es pensar que mañana moriré y, en consecuencia, hoy me esforzaré por lograr vencer los vicios que hay en mí, a fin de encontrarme mañana con mi Amoroso Padre Dios, en las mejores condiciones de crecimiento espiritual posible, para disfrutar de los beneficios de Su Hermosa Amistad.

EJERCICIOS (II)

  • ·      Contra la Envidia + Caridad, que nos mueve a amar al prójimo como a nosotros mismos, deseándole todo bien e interesándonos sinceramente en sus alegrías y quebrantos.
Aunque ciertamente la envidia es muy sutil, decidí plasmarla en ésta segunda entrega porque en la primera entrega ya tenía demasiadas páginas. Además, pese a lo sutil de la envidia, siempre nos es posible pillarnos en el ejercicio de este vicio, simplemente evaluemos las cosas que nos gustan, que no tenemos y que otros si tienen. 

Sin entrar en los pormenores de su significado etimológico, por envidia se entiende aquel sentimiento de tristeza o enojo que experimenta la persona que no tiene algo que otra si tiene, y lo desea para sí. La sutileza de este vicio se encuentra justamente en la sencillez de su definición.

Cuando leemos ‘sentimiento de tristeza o enojo’ pensamos: “Pero yo no me pongo triste ni me enojo, cuando veo la camioneta del vecino”. Cuando leemos ‘desea para sí’ entonces, acomodamos nuestros pensamientos para esquivar la envidia y, decimos: “Si, es bonita y claro que ‘me gustaría tenerla’, pero tanto como DESEARLA ¡NOOOO!”.  Y entonces concluimos que no sentimos envidia por el vecino, porque en efecto no nos ponemos tristes ni nos enojamos y, en apariencia, no DESEAMOS esa camioneta.

¡Desear comienza con un simple querer! Y ciertamente no es malo ‘querer tener’ una camioneta como la del vecino, pero a la hora de querer, aquellos que procuramos la Amistad de Dios, debemos recordar el consejo de San Ignacio de Loyola: “Tanto cuanto te ayude para llegar al cielo”. De manera que, si deseo la camioneta porque es ostentosa y altamente llamativa pues ciertamente el tenerla no me ayudará a llegar al cielo. Pero si deseo una camioneta, parecida a la del vecino, no por lo ostentosa sino por la utilidad que yo pudiera darle en mi trabajo o para trasladar a mi familia cómodamente o por cualquier otra NECESIDAD REAL, entonces estará bien desear una camioneta como la del vecino y pedirle a nuestro Amoroso Padre Dios UNA PARECIDA, pero ¡no la del vecino! Es decir, debo pedirle a nuestro Amoroso Padre Dios que me permita tener un vehículo para satisfacer mis necesidades reales, evitando pedir la ostentosa camioneta del vecino. Si lo pides con verdadera humildad de corazón con seguridad se te permitirá adquirir una camioneta mucho mejor que la de tu vecino.

¿Pillaron lo sutil del vicio de la envidia? ¿Pillaron lo sencillo de ejercitarnos contra la envidia? La envidia es casi imperceptible porque querer es propio de nuestra naturaleza. La forma de combatirla es amoldar nuestros ‘quereres’ a los ‘quereres de Dios’. ¡TANTO CUANTO NOS AYUDEN PARA LLEGAR AL CIELO! Pero recuerda: ¡A DIOS NADIE LE ENGAÑA!,[ii] en consecuencia, evita acomodar tus quereres falsamente, como pretendiendo hacerlos iguales a los de Dios, en tu cabeza pero no en tu corazón.

Cuando veas la camioneta (la ropa, los zapatos, las joyas, la moto, la casa,…) de tu vecino, detente a pensar que es lo que más te gustó de aquello que viste, y si descubres que lo que te gustó fue lo ostentoso de esa cosa, entonces entiende que sufres de envidia y modela tus ‘quereres a los quereres de Dios’. Piensa en otra camioneta, igual de útil pero no tan ostentosa, entonces pídele a nuestro Amoroso Padre Dios que te permita adquirir ese vehículo que te ayudará cubrir tus necesidades. Luego, realiza todo lo necesario que debas ejecutar para adquirir aquello que deseas, pero recordando siempre que la ostentación no es propia de aquellos que procuramos la Amistad de Dios.

Ciertamente envidiar va mucho más allá de ‘envidiar las cosas meramente materiales’. Hay quienes envidian
un título, un cargo, una fortuna, una familia, una mujer, unos hijos,… una vida, distinta a la que se tiene. A estos sólo les puedo recordar que, ¡Hay que vivir lo que hay que vivir!, porque en esta vida estas cosechando lo que sembraste. Si no tienes un título es quizás porque no te esforzaste por ser un excelente ESTUDIA ANTES, sino que estudiaste después de los exámenes. Si no tienes un buen cargo es quizás porque no has demostrado merecerlo o porque quizás no debas ocuparlo, para evitar desarrollar la soberbia. Si no tienes una excelente familia es porque quizás jamás te ocupaste de evangelizar la tuya. Si no tienes una buena mujer es porque quizás la que escogiste lo hiciste por su belleza y no por sus principios. Si no tienes unos buenos hijos es porque quizás no fuiste un buen padre… Si no tienes una buena vida es porque quizás te ocupaste de ver cómo vivían los otros, para envidiarles, en vez de ocuparte de vivir tu vida en procura de lograr tu desarrollo espiritual. ¡BUSQUEN EL REINO DE DIOS Y SU JUSTICIA Y LO DEMÁS SE LES DARÁ POR AÑADIDURA![iii] 

¡ES FÁCIL!
¡SÓLO PROCURA AMAR A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS!
¡EVITA LA OSTENTACIÓN!

  • ·        Contra la Lujuria + Castidad, que consiste en tener controlados todos los apetitos y deseos impuros.
La palabra lujuria comúnmente se asocia con el ‘deseo sexual incontrolable’. Sin embargo, su significado etimológico viene del latín ‘luxuria’, que significa ‘abundancia, extravagante’ y este de ‘luxus’, que significa ‘dislocado’. Si buscamos la etimología de la etimología de la palabra lujuria, descubrimos que ‘extravagante’ proviene de verbo latino ‘extravagari’ que significa errar o vagabundear fuera de los límites. La definición de vagabundear se refiere al andar, deambular, marchar, transitar o caminar del vagabundo, holgazán, mendigo. ‘Dislocar’, proviene del latín ‘dislocare’, compuesta por ‘dis’ en sentido de ‘oposición’ y por ‘locare’ que significa ‘colocar’ o sea que una ‘dislocación’ es un ‘cambio en el lugar o dirección donde normalmente debería estar colada una cosa’. Visto lo anterior, podemos acordar que, ‘lujuria’ es ‘exceder los límites en el uso y disfrute de las cosas materiales’. ¡Lujuria es el actuar propio de aquel que perdió el rumbo de su vida!

Ciertamente, las cosas materiales existen para nuestro uso y disfrute, lo cual no es malo, pero el uso y disfrute desordenado, sin control,… sin límites es lo que lo que me convierte en un vicioso.

Los lujuriosos frecuentemente maltratan a sus cercanos. El que abusa desordenadamente del sexo, frecuentemente maltrata a su pareja, ya sea físicamente o siéndole infiel, para satisfacer sus apetitos desordenados. El que abusa del alcohol, frecuentemente maltrata a sus cercanos con sus comportamientos torpes y descontrolados. El que abusa del dinero, frecuentemente cree que por tener dinero todos le deben rendir pleitesía y procura obligar a los demás a servirles, como si fueran sus esclavos.

Ahora bien, el ejercicio que nos recomienda Santo Tomás de Aquino es desarrollar en nosotros la Virtud denominada Castidad, que consiste en tener controlados todos los apetitos y deseos impuros. Pero ¿cómo controlar lo que es intrínseco en mí? Pues,  evitando los excesos, y para esto siempre debes recordar lo que nos decía San Pablo: «¿Qué? ¿Acaso nos atreveremos a despertar los celos del Señor? ¿Piensan que somos más fuertes que Él? Ustedes dicen: “Se me permite hacer cualquier cosa”, pero no todo les conviene. Dicen: “Se me permite hacer cualquier cosa”, pero no todo trae beneficio. ¡No se preocupen por su propio bien, sino por el bien de los demás!»[iv] Y he aquí la clave del ejercicio que nos permite combatir la lujuria ¡PENSAR PRIMERO EN LOS DEMÁS! Por eso San Agustín nos decía “Ama y haz lo que quieras”, porque el que ama a su prójimo sabe que sus derechos terminan en donde comienzan los de su prójimo.

En consecuencia, el que sufra del vicio de la lujuria debe estar vigilante siempre de complacer a los demás en sus necesidades. El que le guste mucho el sexo, pues que lo practique sanamente son su esposa, procurando complacerla a ella, antes de complacerse así mismo. El que le gusta mucho el alcohol, pues que cuando desee tomar procure salir con sus seres queridos –en vez de salir con sus amigos viciosos- y recuerde que lo están mirando, así se esforzará por controlarse a fin de no ofender a aquellos a quienes ama. El que tiene mucho dinero y le gusta abusar de esa condición, pues que cada día se levante pensando en que le comprará a otras personas, incluso a desconocidos, evitando comprarse algo a sí mismo. Y así sucesivamente, según sea la cosa material de la que disfrutas desordenadamente, pues has de aplicar un ejercicio en contra, evitando satisfacerte a ti mismo, ¡PROCURANDO SATISFACER A OTROS! 

¡ES FÁCIL!
¡SÓLO ACOSTÚMBRATE A PENSAR PRIMERO EN LOS DEMÁS!
¡RECONOCER LA IMPORTANCIA DEL OTRO ES LA CLAVE!

  • ·      Contra la Ira + Mansedumbre, consiste en reprimir todo deseo de venganza y todo movimiento de ira o indignación
La ‘ira’ es un sentimiento que se caracteriza por la indignación y que puede causar enojo, rabia y a veces de cólera, entendiéndose ésta como un sentimiento de rabia muy grande que nos impulsa a la violencia. Frecuentemente, la persona iracunda –que sufre de ira- con su comportamiento mueve a los demás al mismo vicio y suele ocurrir que, al estar dos personas sufriendo de ira, se enfrentan violentamente, pudiendo llegar a matarse.  De allí la importancia de ejercitar la Virtud de la Mansedumbre, a fin de evitar llegar a la violencia, que pudiera degenerar en muerte.

La palabra ‘mansedumbre proviene del latín ‘mansetudine’ a su vez proveniente de ‘mansus’ que significa ‘quietud”, refiriéndose a aquella tranquilidad espiritual que controla las emociones. Quien posee la mansedumbre no se desborda en sus emociones, expresa prudentemente sus convicciones -sin ofender- y no se entrega a las pasiones mundanas con facilidad. También sabe perdonar, escuchar y proteger, sin hacer alarde de sus actos. Acepta los designios de Dios y no lo alteran las ofensas injustas de los demás, para quienes no reserva rencor ni venganza, no como síntomas de debilidad sino de equilibrio y fuerza de autocontrol.

Al leer lo anterior muchos pensaran que, la mansedumbre más que una Virtud pareciera un don sobrenatural, difícil de alcanzar. ¡Pero no se asusten! ¡Es posible alcanzarla!, porque resulta que la ira es el resultado del odio, y en consecuencia, la clave está en ¡EJERCITARME EN EL AMOR!

De hecho, todos los vicios se vencen amando al prójimo, sobre todo a los más cercanos. Pero la ira en particular necesita de un mayor esfuerzo de nuestra parte por ejercitarnos en el amor. Lo hermoso de la ira es que obliga tanto al iracundo como sus cercanos a ejercitarse en el amor. De manera que, no solo el iracundo debe ocuparse en el amor a sus cercanos, sino que también los cercanos deben ocuparse en amar al iracundo. ¡EL AMOR DESTRUYE EL MAL!

De manera que, aquella persona que siempre está como tratando de sacarme de mis casillas, ha sido puesta en mi camino para que yo me ejercite en el amor, controlando mis deseos de odio o aversión hacia esa persona, y procurando esforzarme por amarla. Si lo piensan un poco, aquella persona que suele sacarme de mis casillas es la que más necesita de mi amor.

¿Recuerdan que les dije que, si nuestro Amoroso Padre Dios no permitiera que el diablo sembrara sus vicios
en nosotros no nos sería posible fortalecernos en las Virtudes? También les dije que, la persona iracunda suele mover a sus cercanos al mismo vicio, por lo que algunos pudieran concluir que el iracundo ayuda a sus cercanos a ejercitarse en el amor, al luchar contra la ira que le produce la persona iracunda. Luego, es importante recordar que: ¡JAMÁS DEBO PERMITIRME HACER EL TRABAJO DEL DIABLO!, en consecuencia, como hijos de Dios que somos, nunca debemos prestarnos para ser quienes movamos a los demás a la ira. Ya hay bastantes demonios en la calle dispuestos a hacer ese trabajo. ¡EVITA SER INSTRUMENTO DEL DEMONIO! Esto lo aclaro porque hay quienes dicen que son iracundos porque Dios los hizo así para que los demás se ejercitaran en el amor. ¡Nada más lejos de la realidad! ¡Si eres iracundo es porque no has querido hacerte manso! Si eres iracundo es porque ¡no has querido ejercitarte en el amor!

¡ES FÁCIL!
¡EJERCÍTATE EN EL AMOR!
¡EVITA VER A LOS DEMÁS COMO TUS ENEMIGOS Y LUCHA PORQUE LOS DEMÁS NO TE VEAN COMO SU ENEMIGO!

  • ·      Contra la Gula + Templanza, que consiste en controlar las inclinaciones y deseos del apetito sensual, del deseo del mundo, sobre todo el apetito desordenado de comer, beber, dormir, que nos apartan del bien.
Ciertamente, algunas Virtudes se asemejan mucho en sus definiciones, porque en sí mismas las virtudes constituyen una lucha espiritual para evitar nuestro desordenado apego a lo material. También ocurre que, las Virtudes se asisten mutuamente. Por ejemplo, para combatir el pecado de la Lujuria, debes ejercitar la Castidad, que consiste en tener controlados todos los apetitos y deseos impuros. Evidentemente, la Castidad se parece bastante a la Templanza, pero lo que ocurre es que al ejercitar la Castidad fortalecerás la Templanza y vencerás la lujuria, y por ende la gula.

Etimológicamente, la palabra ‘gula’ proviene del latín ‘gula’, que en principio denotaba simplemente ‘garganta’ y con el tiempo pasó a significar ‘voracidad’, al relacionar la palabra ‘gula’ con la palabra latina ‘gluttiere’, que significa ‘tragar’, lo que nos permite definir ‘gula’ como ‘un apetito excesivo en la comida y en la bebida’.

La gula es quizás el mejor el ejemplo de lo que les he venido diciendo: “Desear y procurar bienes materiales NO ES MALO. Lo malo es la procura desordenada y la lucha encarnecida por mantener ese bien. Evidentemente, alimentarse es algo además de bueno NECESARIO. Lo malo no está en ‘alimentarse’, sino en ‘comer’ excesivamente.

Comer’ es el simple ‘acto de introducir algo en nuestro tracto digestivo’, sea bueno o sea malo. ‘Alimentarse’ es el ‘acto de introducir en nuestro tracto digestivo ALIMENTOS’, entendiéndose estos como aquellas sustancias (líquidas o sólidas) ricas en proteínas, carbohidratos, grasas, vitaminas, minerales y agua, que harán posible nuestra adecuada nutrición para mantenernos saludables y con energías para realizar las actividades diarias. Si mantuviéramos en nuestra mente la sutil diferencia entre estos dos conceptos, y procuráramos alimentarnos en vez de comer por simplemente tragar, ciertamente evitaríamos la gula. 

Claramente entiendo que, como somos materia nos es difícil pensar solo en alimentarnos. Nuestra naturaleza humana siempre se inclinará a exagerar un poco el consumo de las cosas que nos parecen, además de buenas, exquisitas. De hecho, normalmente expresamos “¡Voy a comer!” en vez de decir “¡Voy a alimentarme!, lo cual no es malo, pero cuando comer va más allá de procurar alimentarme y comienzo a engordar enfermizamente es cuando tengo que entender que ya estoy pasando al vicio de la gula.

Ciertamente comerse un buen dulce no nos sirve de alimento e incluso pudiera ser dañino para la salud. Pero disfrutar de un buen dulce de vez en vez no es dañino. Lo que hace daño del dulce es el exceso al comer dulces. Igual ocurre con degustar un buen vino. No hace daño de vez en vez compartir con los amigos un buen vino. Incluso los médicos recomiendan tomar una copita de vino al día. Lo que hace daño es abusar del alcohol. ¡Es una copita al día, no una botella al día!

Yo no te voy a pedir que hagas como hacen en algunos grupos hinduistas que comen una sola vez al día, pero si te exijo que evites comer más de tres veces al día y que por favor evites los excesos de comida en cada una de las tres comidas diarias. Por tu bien ¡COME POR RACIONES! ¡EVITA LOS EXCESOS! ¡Y TAMBIÉN LOS ABUSOS! Por abusos me refiero a comer demasiados dulces y otros tipos de ingestas que ciertamente son exquisitas al paladar pero que su abuso puede ser nocivo para la salud.

Y otra cosa: Reconócete que estás en la vía de dejarte arropar por el vicio de la gula cuando comiences a ganar peso. No hagas como muchas personas que se excusan diciendo que lo que están es rellenitos. Otros se excusan diciendo que lo que están es fuerte. La excusa en el juego, de las palabras y de los conceptos, no te deja ver tu realidad. ¡SI ESTÁS ENGORDANDO ES PORQUE YA ESTÁS EN LA VÍA DEL VICIO! 

¡ES FÁCIL!
¡EVITA LOS EXCESOS!
¡DISFRUTA SANA Y CONTROLADAMENTE!

  • ·     Contra la Pereza + Diligencia, la cual consiste en el constante empeño de servir a Dios con voluntad y alegría, promoviendo en lo posible su mayor honra y gloria, y cumpliendo fielmente con nuestras obligaciones.
He dejado para el final de mi disertación, acerca de las vicios y las Virtudes Capitales, a la pereza, no por ser la menos importante de los vicios capitales, sino más bien porque es el ‘vicio capital’ de los vicios capitales’. De hecho, los vicios capitales hacen fuerte mella en nosotros a causa de nuestra ‘pereza’ para combatirles.

La pereza es uno de los vicios más comunes. Tan común que parece normal. Y parece normal porque nos hemos acostumbrado a decir que estamos ‘cansados’ del ajetreo diario de nuestras vidas. Y como estamos ‘cansados’ del ajetreo mundano, pues no tenemos tiempo para dedicarle a nuestro espíritu.

Si bien es cierto que una de las derivaciones latinas de la palabra ‘pereza’ es ‘cansancio’ (‘acedi = cansancio’), las connotaciones latinas de la palabra ‘pereza’ se refieren propiamente a la ‘apatía’.[v]Apatía’ es una palabra de origen griego (‘apatheia’) que significa etimológicamente ‘incapacidad para sentir’. Pudiéramos decir que, la persona perezosa, al tener incapacidad de sentir, pareciera estar muerta.

Generalmente, ‘pereza’ se define como: ‘negligencia’ (‘falta de aplicación’), ‘astenia’ (‘falta de fuerza’), ‘tedio’ (‘falta de ánimo’) o descuido en realizar alguna actividad. Es concluyente que, la pereza va más allá de un simple cansancio.  

Luego, la pereza no es una enfermedad. Tampoco es un bien que se nos haya otorgado para ejercitar alguna Virtud. La pereza es simplemente el resultado de nuestra propia naturaleza. ¡Es el vicio hacia el cual se encuentra más inclinada nuestra naturaleza humana! En consecuencia, es el vicio sobre el cual debemos estar más vigilantes para contrarrestarlo, ‘ejercitándonos diligentemente’ para desarrollar en nosotros las Virtudes, que nos permitirán alcanzar la Maravillosa Amistad de nuestro Amoroso Padre Dios. 

Diligencia proviene de la palabra latina ‘diligentia’, compuesta del prefijo ‘di’, que indica ‘separar para’, el verbo ‘legere’ que significa ‘escoger’ y el sufijo ‘nt’ que indica la existencia de un ‘agente’ o ‘ejecutor de alguna acción’. De manera que, ‘diligencia’ etimológicamente se refiere a ‘separar algo para escogerlo’. De allí que, ‘diligencia’ se define como ‘poner todo nuestro empeño y afán en la dedicación a algo o a alguien’.

Hermosamente, la palabra latina ‘diligere’, de la cual se deriva ‘diligentia’, significa ‘bien amado y apreciado - elegido entre los demás – objeto de toda nuestra atención y afán’. Por eso, la ‘diligencia como virtud’ es el esmero y el cuidado en ejecutar algo. Una prontitud de hacer algo con gran agilidad tanto interior como exteriormente. Como toda virtud se trabaja poniéndola en práctica.

En su calidad de Virtud, la ‘diligencia’ abarca a Dios, a uno mismo y a los demás, en el sentido de que debemos esforzarnos por acercarnos a Dios para conocerle, ejercitándonos en las obras de piedad (para con Dios y para con nuestros cercanos) diligentemente, evitando caer en la pereza, a fin de lograr desarrollar las Virtudes, que nos acercarán cada día más a nuestro Amoroso Padre Dios.

Creo que a estas alturas de la disertación van comprendiendo que la ‘diligencia’ propiamente no se ejercita, porque realmente se alcanza al alcanzar aquello que procuro. La diligencia es mi empeño por obtener aquello que quiero. En consecuencia, debo sentarme a valorar dignamente aquello que quiero para que el empeño por obtenerlo crezca en mí. Si no comprendo que, aquello que quiero es realmente importante para mí, pues no me empeñaré en obtenerlo. Y para obtener la Amistad de Dios es preciso ejercitarse en las Virtudes. De manera que, cuando tu afán sea alcanzar la Maravillosa Amistad de nuestro Amoroso Padre Dios, evidentemente te empeñarás por ejercitarte diligentemente en todas las Virtudes.

¡ES FÁCIL!
¡VALORA DIGNAMENTE
LA AMISTAD DE NUESTRO AMOROSO PADRE DIOS!
¡ESFUÉRZATE POR OBTENERLA!

Para cerrar esta disertación acerca de las Virtudes Capitales, muy dichoso les  invito a leer el Capítulo 17 del Evangelio de San Juan, en el cual Yeshúa ora a nuestro Amoroso Padre Dios, pidiéndole por aquellos que le pertenecen, desde el principio de los tiempos. Si perteneces a ese Maravilloso Redil, espero te esfuerces por ejercitarte en las Virtudes Capitales para lograr la Maravillosa Amistad de nuestro Amoroso Padre Dios. Si perteneces a ese Maravilloso Redil y decides no esforzarte, porque no has aprendido a valorar dignamente la Amistad de nuestro Amoroso Padre Dios, permíteme decirte que tienes un enorme problema, porque nuestro Amoroso Padre Dios no descansará hasta complacer a nuestro Amado Yeshúa en su Hermosa Petición, ya sea en ésta vida o en las que siguen. ¡TÚ DECIDES CUANTAS VIDAS QUIERES SUFRIR! Yo por mi parte te recomiendo: ¡RINDETE!, en esta vida para que desde ya comiences a disfrutar del Infinito Bien que provee la Maravillosa Amistad de nuestro Amoroso Padre Dios.
 
Permíteme aclararte, para que no te entristezcas, que ciertamente somos materia, por lo que desear y procurar bienes materiales no es malo. Lo que hace malos a los bienes materiales es nuestro desorden al procurarlos o al defenderlos como que fueran más importantes que nuestra alma. Los bienes materiales se convierten en vicios cuando nos aferramos a ellos desordenadamente, olvidándonos que nos han sido proveídos por nuestro Amoroso Padre Dios para nuestro sustento y deleite, pero sobre todo para compartir y ayudar a otros en sus necesidades, a fin de ejercitarme en las Virtudes, que me permitirán ser ¡AMIGO DE NUESTRO AMOROSO PADRE DIOS!

Sólo me queda preguntarte:
¿Ya sabes de qué vicios sufres?
¿Sabes cuáles son las batallas que debes librar para alcanzar la Amistad de nuestro Amoroso Padre Dios?
¿Te aplicarás diligentemente en deslastrar los vicios que hay en ti?

San Juan Bautista de La Salle, pedagogo francés, que consagró su vida a formar maestros destinados a la educación de niños pobres, solía decir:

¡RECUERDEN QUE EL EXAMEN FINAL ES ACERCA DEL AMOR!
¡TRATA DE SACAR LA MEJOR DE LAS NOTAS!
¡HE AQUÍ LA CLAVE PARA DESTRUIR TODOS LOS VICIOS!
¡AMOR!





[i]  Este artículo finalicé de escribirlo el día siguiente al Miércoles de Cenizas del año 2020.  Antes de publicar el artículo en el Blog me llegó un mensaje, con un interesante comentario acerca de unos Consejos que dio el Papa Francisco  para vivir una Cuaresma de Verdadera Conversión.  Decidí anotar estos Consejos al finalizar éste artículo por la amplia relación que guardan estos preciosos consejos, en procura de la Maravillosa Amistad de nuestro Amoroso Padre Dios. El Papa Francisco propone 15 sencillos ‘actos de caridad’ que él ha mencionado como manifestaciones concretas del Amor de Dios:

1.-   Saludar (siempre y en todo lugar)
2.-   Dar las gracias (aunque no debas hacerlo)
3.-   Recordarle a los demás cuanto los amas
4.-   Saludar con alegría a esas personas que ves a diario, como si tuvieras tiempo sin verlo.
5.-   Escuchar la historia del otro, sin prejuicios, con amor
6.-   Detenerte para ayudar. Estar atento a quien te necesite
7.-   Levantarle los ánimos a alguien
8.-   Celebrar las cualidades o éxitos de otro
9.-   Seleccionar lo que no usas y regalarlo a quien lo necesita
10.- Ayudar cuando se necesite para que otro descanse
11.- Corregir CON AMOR, no callar por miedo
12.- Tener buenos detalles con los que están cerca de ti
13.- Limpiar lo que uso en casa
14.- Ayudar a los demás a superar obstáculos
15.- Llamar por teléfono a tus padres, si tienes la fortuna de tenerlos

Además recomendó que, en vez de ayunar carne en Cuaresma:

·         Ayuna de palabras hirientes y transmite palabras bondadosas
·         Ayuna de descontentos y llénate de gratitud
·         Ayuna de enojos y llénate de mansedumbre y de paciencia
·         Ayuna de pesimismo y llénate de esperanza y optimismo
·         Ayuna de preocupaciones y llénate de confianza en Dios
·         Ayuna de quejarte y llénate de las cosas sencillas de la vida
·         Ayuna de presiones y llénate de oración
·         Ayuna de tristezas y amargura y llénate de alegría el corazón
·         Ayuna de egoísmo y llénate de compasión por los demás
·         Ayuna de falta de perdón y llénate de actitudes de reconciliación
·         Ayuna de palabras y llénate de silencio y de escuchar a los otros
Hermosas recomendaciones de un gran líder eclesial.

[ii]  Gálatas 6, 7

[iii]  Mateo 6, 33

[iv]  1 Corintios 10, 22-24

[v]  Pereza es un término que procede de ‘pigritia’, un vocablo latino,  que se utiliza muchas veces como sinónimo de ‘acedia’ o de ‘accidia’, que significan propiamente ‘apatía’.

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