Por la Gracia de
nuestro Amoroso Padre Dios, al terminar de escribir el artículo anterior,
descubrí que lo que nos hace flojos para procurar la Gracia Santificante es
que realmente no entendemos lo que significa. ¡NO VALORAMOS DIGNAMENTE LA
MARAVILLOSA AMISTAD DE NUESTRO AMOROSO PADRE DIOS! Pero ¿cómo valoraremos la
Gracia Santificante si somos flojos para comprenderla? Esto lo digo porque,
además de que tengo casi cero lectores, los pocos que intentan leer mis
artículos se aburren al hacerlo y me piden que escriba menos páginas. Pues, a
veces he hecho el intento de escribir menos páginas por complacerles, pero en
definitiva debo entender que, si es a Dios a quien pretendo comunicar, entonces
debo sencillamente dejarme llevar y escribir todo aquello que sale de mi
corazón. Mis escritos los leerán quienes deban leerlo y los entenderán quienes
se esfuercen. ¡LOS FLOJOS PUEDEN LEER OTRAS TRIVIALIDADES!
Además de la PEREZA que carcome el alma de los que dicen ser
creyentes, descubrí que, en los que no son perezosos, esta falta de valoración
es el producto de ‘malos entendidos’, es decir, ¡ENTENDIMOS MAL LO QUE NOS
COMUNICARON! Quizás este ‘mal entendimiento’ fue una acción adrede de nuestros
guías espirituales, o quizás, en su mayoría, ellos tampoco lo entienden. Lo
anterior lo afirmo porque, durante muchos años escuché hablar acerca de la
Gracia Santificante y creía comprender propiamente lo que significaba. Muy recientemente
descubrí, después de escribir unas cuantas letras acerca de nuestro Amoroso
Padre Dios –para lo cual le he pedido siempre me asista con Su Sabiduría-, que
la Gracia Santificante es ¡LA AMISTAD DE NUESTRO AMOROSO PADRE DIOS!
De manera que, sé por
experiencia que, comprender que significa la Gracia Santificante es altamente
complicado. Sin embargo, en el presente artículo, trataré de dilucidarles
algunas conclusiones a las que he llegado, a fin de intentar ayudarles a
comprender lo que creo comprender. Y es que, para que comprendan un tanto todo
aquello que se refiere a nuestro Amoroso Padre Dios es preciso contar con Su
Sabiduría. Pero, ¿cómo contar con Su Sabiduría si no se la pedimos?
En atención a lo
anterior, a continuación les dejo una oración, que mi hermosa mamá me invitaba
a rezar antes de ir a clases, a fin de obtener la Sabiduría para comprender
aquello que los maestros me explicaban. Como ciertamente me resultó a mí, se
las dejo a ustedes, para que se la aprendan, o mejor dicho la aprehendan, a fin
de que les sirva de apoyo para comprender a nuestro Amoroso Padre Dios,
siquiera un poquitito. Les aclaro que, la presente oración no la inventó mi
mami, sino que es una hermosa oración que le dirigió Salomón a Dios cuando le
estaban entregando el gobierno de Israel. Evidentemente, la presente oración
presenta algunas leves modificaciones, a fin de que nos sirva para comprender a
nuestro Amoroso Padre Dios, ya que ciertamente, en nuestro caso, no nos hace
falta obtener Sabiduría para gobernar a Israel, sino más bien para dejarnos
gobernar por Dios.
Dios de los padres y Señor de las Misericordias,
que con Tu Palabra creaste todas las cosas,
y en Tu Sabiduría formaste al hombre,
para que dominase sobre tus criaturas,
y para regir el mundo con Santidad y Justicia,
y para administrar justicia con rectitud de corazón.
Dame, Padre Eterno, la Sabiduría Asistente de Tu
Trono
y no me excluyas del número de tus Hijos,
porque ¡Hijo Tuyo Soy!,
hombre débil y de pocos años,
demasiado pequeño para conocer el juicio y las
leyes.
Pues, aunque uno sea perfecto
entre los hijos de los hombres,
sin la Sabiduría que procede de Ti,
será estimado en nada.
Contigo está la Sabiduría, conocedora de Tus Obras,
que te Acompañó cuando Hacías el mundo,
y que sabe lo que es grato a Tus Ojos,
y lo que es recto según tus Preceptos.
Padre, Mándala desde Tus Santos Cielos
y desde Tu Trono de Gloria envía Tu Sabiduría,
para que me asista en todos mis trabajos,
particularmente que en el día hoy me asista
en la comprensión y puesta en práctica
de aquello que tratas de comunicarme
a través de lo que escudriñaré a continuación
y así venga yo a ser uno más de tus escogidos.
Sé que, con la asistencia de Tu Sabiduría,
podré comprender plenamente lo que me quieres
comunicar,
porque ella conoce y entiende todas las cosas
y me guiará prudentemente en mis obras
y me guardará en su esplendor.
¡AMÉN! ¡AMÉN! ¡AMÉN!
Espero que esta oración
la lean antes de iniciar la lectura de aquellos escritos que pretenden
comunicar a nuestro Amoroso Padre Dios. Si la rezan con fervor, ciertamente
lograrán comprender mucho más de lo que antes comprendían.
Una de las cosas que
acostumbro a aconsejar, en muchos de mis escritos, es que procuren conocer el significado etimológico de las palabras. De hecho, para el desarrollo de muchos
de mis escritos me apoyo en la etimología de las palabras que definen aquello
que les quiero comunicar.
Ciertamente, la palabra
‘Dios’ no tiene etimología conocida. Simplemente es un vocablo que utilizamos
para nombrar a Aquello que creemos nos creó. Luego, comprender lo que significa
verdaderamente ‘Dios’ depende de nuestro empeño por comprenderle. Y para
comprender a Dios debemos comenzar por creer que existe. Y he aquí el primer
problema para comprender a Dios, que muchos creen creer, pero muy pocos se
aplican en conocerle. Esto me hace concluir que, CASI NADIE ENTIENDE EL
SIGNIFICADO DE LA PALABRA DIOS.
Otra palabra mal
entendida es ‘PADRE’. Apartando un tanto el significado etimológico de esta
palabra, en nuestra triste actualidad, muy pocos han contado con la dicha de
tener padres amorosos, por lo que difícilmente podrán comprender plenamente que
Dios sea un Padre Amoroso, puesto que nunca han conocido a uno. De hecho,
muchos que llaman a Dios “Padre”, interiormente lo asemejan a aquellos padres
gruñones que están pendientes de nuestras faltas para castigarnos, ¡entonces le
tienen miedo! También es cierto que, por miles de años se nos ha enseñado a
tenerle miedo a Dios. Entonces, ¿cómo verle como un Padre Amoroso?
¿Qué podemos decir de
la palabra ‘Santo’? ¡No hay palabra más mal entendida que ésta! Cuando oímos la
palabra Santo inmediatamente se nos vienen a la mente muchas imágenes de lo que
creemos significa, pero muy pocos han indagado qué es lo que significa y quiere
decir Santo. Nos imaginamos a una persona mojigata, sufrida, que finalmente
alcanzó un bombillito en la cabeza, que solemos suponer es la Gracia. Luego,
cuando se nos dice que debemos luchar por obtener la Gracia Santificante, pues
nos parece que para obtener ese bombillito no vale la pena sufrir tanto.
Toda esta realidad,
respecto a las connotaciones que le damos a las palabras que nos refieren a
Dios, es lo que me hace concluir que muy pocos quieren ser Santo. Por eso las
personas viven su día a día alejados de Dios: ¡NO QUIEREN TENER NADA QUE VER
CON DIOS!
Aunque ciertamente
muchos parecieran si querer tener algo que ver con Dios, se le acercan tímidamente,
como abrazados por un terrible miedo, que no les deja conocer la realidad de
nuestro Amoroso Padre Dios. Todos, como Adán, ante cualquier pequeña caída,
suelen esconderse de Dios, aunque parecieran estar buscándolo y por eso se
reúnen en sus Iglesias, como para tratar de cumplir con ciertos rituales que
les enseñaron a cumplir, a fin de evitar la cólera de Dios.
Muchos de los que
‘parecen muy religiosos’, son aquellos de los que el profeta Isaías declaró,
como oráculo de Yahweh: «Este pueblo
se me acerca con sus
palabras y me honra con sus labios, pero aleja de mí su corazón, y su veneración hacia mí es solo una tradición
aprendida de memoria».[i]
En los diferentes
idiomas, al utilizar la palabra ‘Padre’,
lo hacen dándole varios sentidos, a saber: ‘progenitor’
(aquel que genera o da vida), ‘cabeza de
una casa o familia’, ‘originador de
algo’,… y algunos otros significados que en resumen quieren establecer que
‘el
padre es el origen’, o lo que es lo mismo: ¡SIN EL PADRE NO ES POSIBLE
QUE AQUELLO DE LO QUE SE ES PADRE EXISTA!
Este frío significado
de la palabra ‘padre’, pareciera estar tan exento de amor que, no nos mueve a
procurar a Dios, porque si es simplemente mi Creador y en apariencia después de
crearme se olvidó de mí, entonces ¿para qué lo procuro? Y he aquí la primera
palabra mal entendida que me gustaría aclararles.
Es comprensible que, la
palabra ‘padre’ existe porque existe la palabra ‘hijo’, o lo que es lo mismo: ¡EL
HIJO NO EXISTE SIN EL PADRE! De hecho, algunos estudiosos han concluido que la
etimología de la palabra ‘hijo’ (del
latín ‘filius’) guarda relación con
el verbo ‘felare’, que significa ‘mamar’. ‘Mamar’ viene del latín ‘mamma’,
que significa ‘teta’. En este orden
de ideas, podemos concluir que ‘hijo’
es ‘aquel que se alimenta de’ la
teta. Y como la ‘teta’ es la ‘fuente del
alimento que provee toda madre’, podemos concluir que ‘los hijos de Dios son todos aquellos que se alimentan de Dios’. Y
he aquí la segunda realidad que debemos tomar en cuenta: ¡SIN DIOS NO ES
POSIBLE SOSTENERSE!
Visto lo anterior, podemos
ir comprendiendo que ¡SI NOS SOSTIENE ES PORQUE NOS AMA! Entonces,
evidentemente Dios no se ha olvidado de nosotros porque ciertamente existimos. ¡SI NO NOS SOSTUVIERA NO EXISTIRÍAMOS!
Sin embargo, la triste
mala experiencia que muchos han tenido con sus ‘progenitores’ ha sido tan poco
agradable que, al comparar a Dios con un ‘Padre’, pues la comparación no les
deja ver la enorme diferencia, ¡NO LES PERMITE APRECIAR EL AMOR DE DIOS!
La triste realidad es
que, históricamente los ‘padres han entendido mal sus funciones’, en
consecuencia actúan de acuerdo a lo conceptualizado (simples progenitores,
simples cabeza de una familia, simples proveedores de recursos, simples
protectores de la familia,… simples padres) olvidándose del amor, manifestado
en ternura y palabras de estima para con los hijos. Y quizás así mismito
apreciamos a Dios, como aquel que nos ha creado y nos sostiene, pero sin
manifestarnos ternura y estima.
La respuesta a este
extraño dilema, de amor mal entendido, está en la aceptación de que la relación ‘padre-hijo’ es un
camino de dos sentidos. En consecuencia, tanta responsabilidad tienen los
padres de ejercer débilmente sus funciones como los hijos de no concientizarse
de su condición de haber sido creados y además de esto sostenidos. Los hijos
también deben esforzarse por ser excelentes hijos, a fin de agradar a los
padres y moverlos a la ternura y a la estima.
Pero surge otra extraña
duda: ¿Somos hijos de Dios o simplemente su creación? A estos dudosos les aclaro que, por definición, Dios es un espíritu
infinitamente perfecto, soberano y Señor de cielos y tierra, de quien viene
todo bien`. Es un espíritu porque tiene entendimiento y libre voluntad sin
tener cuerpo. En
consecuencia, ‘los seres espirituales’
son ‘hijos de Dios’, porque en Él
tienen su origen y existencia. Somos hijos de Dios, porque nuestra ‘alma’ fue ‘soplada’ por Él y en Él tenemos nuestra existencia.
Y he aquí, otros de los
problemas para comprender la Gracia: ¿CÓMO VOY A TRATAR A DIOS COMO A UN PAPÁ, SI NO ME CONSIDERO
HIJO? ¡Sí! ¡He dicho Papá! El término hebreo utilizado para denotar ‘padre’ era
‘ab’. Sin embargo, cuando Yeshúa nos enseñó el Padre Nuestro utilizó la palabra
aramea ‘Abba’, la cual si bien es cierto significa ‘padre’, en aquellos tiempo
era el nombre cariñoso, que utilizaban
los hijos arameos, para dirigirse a su progenitor, cuidador y protector. Más
que un título, era una forma cariñosa de dirigirse a los padres, que combinaba
algo de intimidad sin perder el respeto. Algunos exégetas han determinado que
la palabra ‘Abba’, era utilizada tal y como nosotros utilizamos la palabra
‘Papito’, para dirigirnos a aquel que nos procreó, que nos alimenta, que nos
educa, que nos protege,… que nos ama de infinitas maneras, aunque no sea muy
bueno expresándolo con palabras.
Frecuentemente, los
diccionarios definen Santo a aquellos hombres o mujeres destacados en las
diversas tradiciones religiosas, por sus desarrolladas relaciones
especiales con Aquel a quien consideran su Dios. Sin embargo, etimológicamente
la palabra ‘Santo’ significa
simplemente ‘apartado o separado’. Luego,
cabe preguntarse: ¿Apartado o Separado para qué? La respuesta es simple: ¡PARA
SER AMIGOS DE DIOS!
Lo que hace ‘mal
entender’ la Santidad es el exagerado esfuerzo que muchos dedican para
lograrla. Luego, este a veces tan exagerado esfuerzo tiene su razón de ser,
porque evidentemente Aquello que se procura es ¡INFINITAMENTE DIFÍCIL DE
ALCANZAR!, y en consecuencia, los que se saben 'separados' intuyen que, ¡PARA SER AMIGOS DE
DIOS HAY QUE LUCIRSE!
De acuerdo a la educación que nos han impartido, entre
el Creador y Su Obra existe un abismo de diferencias, que imposibilitan guardar
alguna relación distinta a la de la dependencia, puesto que sin el Creador la
obra deja de existir o simplemente queda inacabada.
Sin embargo, aquellos que nos hemos deslastrado un
poco de aquello que nos han enseñado, ‘SABEMOS’ que ¡SI PODEMOS SER AMIGOS DE
DIOS! Pero también intuimos que, la única forma de que exista una Amistad entre
nosotros, frágiles creaturas, y nuestro Amoroso Creador, es que Éste quiera
otorgárnosla. Además de lo anterior, también intuimos que, para que nosotros
podamos recibir tan Maravilloso Obsequio, tenemos que ataviarnos, vestirnos,
arreglarnos, prepararnos, CAPACITARNOS, a fin de no dañar, ensuciar o LASTIMAR,
con nuestros torpes modales, tan Fina y Exquisita Presencia. Es lo que Yeshúa
intenta explicarnos en la Parábola de los Invitados a la Boda.[ii] Al
leer tan rica Parábola, podemos descubrir muchísimas enseñanzas, pero quizás la
más significativa es la importancia de estar bien vestidos, o ataviados, para
tan magno evento, a los fines de poder disfrutar de la Amistad de nuestro
Amoroso Padre Dios.
Estas recomendaciones de Yeshúa son el motivo por el
cual los Santos escogen sufrir. Porque el mundo les es incómodo y prefieren
someter su cuerpo al sufrimiento antes que perder el Hermoso Privilegio de estar
Cerca de Dios. De alguna manera, menosprecian lo mundano para alcanzar lo
espiritual.
En alguno de mis
escritos anteriores les aclaré que, en el antiguo arameo, el nombre YAHWEH se
escribía con unos jeroglíficos que al traducirlos significan: “¡AQUEL QUE TIENE
EL PODER DE SOSTENER TU RESPIRACIÓN!”. Parece ridículo que, en una época tan
antiquísima, los arameos hayan logrado descifrar el verdadero significado de la
palabra Dios. Ellos lograron dilucidar que ¡SIN DIOS NO EXISTIMOS!
Digo que parece
ridículo porque, da pena que, en años tan remotos, hayan logrado comprender
algo tan simple: “Las criaturas no tienen su causa en sí mismas, sino que
tienen siempre su causa en Dios, del que reciben constantemente el ser y el
obrar”. Esta realidad existencial fue la que hizo concluir a Santo Tomás de
Aquino que: “Si la Providencia Divina no conservara las cosas con el mismo
poder con que las creo en un principio, volverían enseguida a recaer en la nada”.
¿En qué momento de nuestra triste actualidad se nos olvidaron realidades tan
hermosamente simples?
Ciertamente, este
olvido no ocurrió de la noche a la mañana. Con el paso del tiempo dejamos de
creer que Dios nos creó. Con el paso del tiempo dejamos de creer en el
significado de Providencia Divina… Con el paso del tiempo dejamos de creer en Dios o se nos ocurrió comenzar a creer en un Dios malvado, pendiente de nuestros errores
para castigarnos con las duras vivencias del mundo. Y esto con la anuencia de
nuestros guías espirituales, que no han hecho otra cosa que gritarnos que
“¡TENEMOS QUE PORTARNOS BIEN SINO DIOS NOS CASTIGARÁ!”. A ver, les pregunto:
“Habiendo tanta maldad en el mundo ¿por qué Dios no nos ha destruido? ¿Por qué
no nos ha castigado?”. La respuesta es simple: ¡PORQUE NOS HA CREADO PARA
AMARNOS Y TIENE TODO EL TIEMPO EXISTENTE PARA ESPERAR QUE CAMBIEMOS!
Estoy altamente
consciente de que en la Biblia aparecen muchísimos versículos que, al
leerlos pudiéramos entender que en apariencia Dios es un terrible juez. Pero
les aseguro que aparecen muchiiiisimos más versículos que nos hablan de un
Amoroso Padre. Siempre me he preguntado: “¿Por qué nos inclinamos más a aceptar
que debemos tenerle miedo a Dios en vez de confiar plenamente en que nos ama?
¿Acaso no lo demostró haciéndose hombre?”.
Por razones de espacio
y de tiempo, no les anotaré los infinitos versículos que en el Nuevo Testamento
nos hablan del Inmenso Amor que Dios nos demostró al hacerse Hombre por
nosotros. Sin embargo, me permitiré anotarles algunos hermosos versículos del
Antiguo Testamento, en donde se nos habla del Tierno Amor de Dios:
- · «A
cambio de ti entregaré hombres; ¡a cambio de tu vida entregaré pueblos! Porque
te amo y eres ante mis ojos precioso y digno de honra.»
(Isaías 43, 4)
- · «¿Puede
una madre olvidar a su niño de pecho, y dejar de amar al hijo que ha dado a
luz? Aun cuando ella lo olvidara, ¡yo no te olvidaré! Grabado te llevo en las
palmas de mis manos» (Isaías 49, 15-16)
- · «El
gran amor del Señor nunca se acaba, y su compasión jamás se agota. Cada
mañana se renuevan sus bondades; ¡muy grande es su fidelidad!»
(Lamentaciones 3, 22-23)
- · «Rásguense
el corazón y no las vestiduras. Vuélvanse al Señor su Dios, porque él es
bondadoso y compasivo, lento para la ira y lleno de amor, cambia de parecer y no castiga.»
(Joel 2, 13)
Evidentemente, por
razones de tiempo y de espacio, les anoté los que me son más significativos,
para ayudarles a comprender lo que comprendo. Yo comprendo que, nuestro Amoroso
Padre Dios está dispuesto a entregar por ‘mí vida’ pueblos enteros, porque yo
soy precioso a sus ojos, más que esos pueblos enteros. Comprendo que soy su
hijo y por eso nunca se olvida de mí. También comprendo que, Su Amor nunca se
acaba, sino que se renueva cada mañana, porque Él, a pesar de mí, ¡ES FIEL EN
SU AMOR! Pero también me queda claro que, si bien es cierto que nuestro Amoroso
Padre Dios a veces aparece enojarse con nosotros, debido a nuestras malas
acciones, ¡SOY YO QUIEN DEBE VOLVER A SU LADO ARREPENTIDO DE MIS ERRORES! Y es entonces cuando comenzaré a entender que ¡EL INMUTABLE! cambia de parecer y no
castiga. ¿Acaso no nos ocurre igual cuando nuestros hijos hacen algo merecedor
de algún castigo y al verles acercarse a nosotros arrepentidos de sus faltas le
perdonamos y no les castigamos?
Quizás el mejor ejemplo
de los que les comento es David, el gran Salmista. Leer acerca de la vida de
David es para mí un gran alivio, porque me ayuda a comprender que, pese a mis
errores, siempre me es posible volver a los brazos de nuestro Amoroso Padre
Dios. ¡Claro está!, en el entendido de que he comprendido mi error y estoy
dispuesto a enmendarlo, y en todo caso a no volverlo a cometer.
David cometió cualquier
cantidad de faltas. De hecho, jamás se le permitió construir el Templo dedicado
a Dios porque era un pecador consumado. Sin embargo, pese a lo pecador que era
David, nuestro Amoroso Padre Dios jamás le retiró sus favores de Padre, porque
David jamás se alejó mucho de la Presencia de Dios. ¡DAVID SIEMPRE PROCURÓ
ESTAR CERCA DE DIOS!
Me encanta releer la
historia de David y Betsabé, en el 2do. Libro de Samuel. Me río emocionado
cuando veo lo iracundo que se pone David al escuchar que Natán le narra una
historia perversa acerca de un hombre que se robó una oveja e indignado David grita:
«¡Tal hombre merece LA MUERTE!».[iii]
Me río emocionado cuando imagino la cara que David puso cuando Natán le dijo
que ese ladrón era David. Me emociono mucho al oír que Dios le dice a David: «Yo haré que el desastre que mereces surja de
tu propia familia, y ante tus propios ojos tomaré a tus mujeres y se las daré a
otro, el cual se acostará con ellas en pleno día. Lo que tú hiciste a
escondidas, yo lo haré a plena luz, a la vista de todo Israel» y que David,
comprendiendo su error, humildemente pide perdón a Dios. ¡Y nuestro Amoroso
Padre Dios le perdona! Pero como suele suceder, en honor a la Justicia Divina,
toda falta exige una compensación, entonces nuestro Amoroso Padre Dios decide
hacerle comprender a David que, tal y como él lo proclamó, ¡SU FALTA MERECE LA
MUERTE!, pero en atención al perdón otorgado, no le quitó la vida a David, sino
que hirió de muerte al hijo que David había engendrado en Betsabé.
Cuanta emoción siento
al leer que David se puso a rogar a Dios por el niño: «ayunaba y pasaba las
noches tirado en el suelo. Los ancianos de su corte iban a verlo y le
rogaban que se levantara, pero él se resistía, y aun se negaba a comer con
ellos. Siete días después, el niño murió. Los oficiales de David tenían miedo
de darle la noticia, pues decían: “Si cuando el niño estaba vivo, le hablábamos
al rey y no nos hacía caso, ¿qué locura no hará ahora si le decimos que el niño
ha muerto?” Pero David, al ver que sus oficiales estaban cuchicheando, se
dio cuenta de lo que había pasado y les preguntó: “¿Ha muerto el niño?” y le
respondieron: “Sí, ya ha muerto”. Entonces David se levantó del suelo y en
seguida se bañó y se perfumó; luego se vistió y fue a la casa
del Señor para adorar. Después regresó al palacio, pidió que le
sirvieran alimentos, y comió. Sus oficiales le preguntaron: "¿Qué forma de
actuar es esta? Cuando el niño estaba vivo, usted ayunaba y lloraba; pero,
ahora que se ha muerto, ¡usted se levanta y se pone a comer!" A lo que David
hermosamente respondió: “Es verdad que cuando el niño estaba vivo yo ayunaba y
lloraba, pues pensaba: “¿Quién sabe? Tal vez el Señor tenga compasión
de mí y permita que el niño viva”. Pero, ahora que ha muerto, ¿qué razón
tengo para ayunar? ¿Acaso puedo devolverle la vida? Yo iré adonde él está,
aunque él ya no volverá a mí.”.[iv]
Después de la muerte
del niño se bañó, se perfumó, se vistió y se fue, al lugar que fungía como
templo, a ¡ADORAR A DIOS! ¡Qué manera de aceptar la Voluntad de Dios! ¡Con
alegría! ¡No con tristeza! ¡Reconoció su error y aceptó el justo precio por su
falta!
Los neófitos me
reprocharán: “¿Por qué tuvo que pagar el hijo los pecados de su padre?”. Pues,
cuando comprendan que Dios no pierde nada y que para Dios nadie muere, entonces
comprenderán que aquel hijo de David solo fue un medio para enseñarle a David
una lección. ¡LAS FALTAS EXIGEN UNA COMPENSACIÓN! ¡Si rompes un plato, debes
retribuir un plato! ¡AQUELLO QUE SIEMBRES COSECHARÁS!
Aquel niño sólo vino
para mover a David a comprender que nuestros errores engendran nuestros
sufrimientos. Y David lo entendió muy bien. Tan hermosamente bien que: « Luego David fue a consolar a su esposa y se
unió a ella. Betsabé le dio un hijo, al que David llamó Salomón.
El Señor amó al niño y mandó a decir por medio
del profeta Natán que le pusieran por nombre Jedidías,[v]
por disposición del Señor.»[vi] ¡Pues sí!, cuando nuestro Amoroso Padre Dios
perdona, lo hace abundantemente, pero es necesario que yo me haga digno de ese
perdón ¡COMPRENDIENDO MI FALTA Y ACEPTANDO EL JUSTO PRECIO!
No conozco la vida de
ningún Santo que haya alcanzado la Maravillosa Amistad de nuestro Amoroso Padre
Dios sin atravesar por algunas dificultades. Todos, ¡absolutamente todos!,
somos probados, porque alcanzar tan Sublime Bien es sólo posible con la
superación de ciertas Pruebas, que nos permiten ‘apartarnos’ un tanto del mundo
para ser ‘escogidos’ por Dios. Lo de ‘Gratis’
(Gracia = Gratia = Gratis) tiene que
ver con el simple hecho de que ¡NO HAY DINERO EN EL MUNDO PARA PAGAR TAN
SUBLIME REGALO!, en consecuencia, cuando lo recibimos tenemos que aceptar que
hemos sido ‘escogidos’ para ‘estar cerca de nuestro Amoroso Padre Dios’ no
porque lo merezcamos sino porque Él ha decidido ‘Regalársenos’.
Aquellos que sienten
que las Pruebas son un alto precio que pagar es porque aún no entienden la
MAGNITUD de lo que se les quiere regalar. Y es que las Pruebas a superar no son
otra cosa que la CAPACITACIÓN de
nuestras vidas para recibir tan Honorable Regalo.
Podemos decir que, muchos son llamados para ser ‘apartados’ para tan Magno Regalo, pero pocos
comprenden la Magnitud de ésta Selección y se esfuerzan muy poco por
capacitarse para recibir el Maravilloso Regalo de la Amistad de Dios.[vii] Muchos, de los pocos ‘escogidos’, no suelen
comprender con facilidad que han sido ‘escogidos’ para ‘Ser Amigos de nuestro
Amoroso Padre Dios’ y en consecuencia se extravían tanto en los menesteres del
mundo que son sometidos constantemente a Pruebas. Los otros pocos, los que sí
han comprendido que quedaron ‘seleccionados’, se esfuerzan por no aferrarse a
lo mundano y procuran vivir más de lo espiritual. Quizás por causa del
comportamiento de estos últimos –que ciertamente serán los primeros- es que
muchos suelen huirle a la Gracia Santificante, porque prefieren vivir lo
mundano que entregar sus vidas al sacrificio.
Y es aquí en donde mal
entendemos la Gracia Santificante. El hecho de que algunos hayan decidido
apartarse de la totalidad de los placeres del mundo para dedicarse a vivir a
plenitud la Amistad de nuestro Amoroso Padre Dios, no significa que no podamos
disfrutar sanamente de ciertos placeres del mundo sin perder la Hermosa Amistad
de nuestro Amoroso Padre Dios. El secreto está en lo que les he venido
contando: ¡NO PERMITIR QUE LOS PLACERES SE CONVIERTAN EN VICIOS!
El ejemplo más evidente
de lo anterior lo podemos leer Mateo 11, 11-19, en donde Mateo nos narra
algunas cosas que Yeshúa dijo acerca de Juan el Bautista: «En verdad os digo que entre los nacidos de mujer no se ha
levantado nadie mayor
que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el reino de los cielos es
mayor que él. Y desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el
reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo conquistan por la
fuerza. Porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan. Y
si queréis aceptarlo, él es
Elías, el que había de venir. El que tiene oídos, que oiga. Pero,
¿con qué compararé a esta generación? Es semejante a los muchachos que se
sientan en las plazas, que dan voces a los otros, y dicen: “Os tocamos la
flauta, y no bailasteis; entonamos endechas, y no os lamentasteis” Porque
vino Juan que no comía ni bebía, y dicen: “Tiene un demonio”. Vino el Hijo
del Hombre, que come y bebe, y dicen: “Mirad, un hombre glotón y bebedor de
vino, amigo de recaudadores de impuestos y de pecadores”. Pero la
sabiduría se justifica por sus hechos.»
Me encanta cuando
Yeshúa dice: “¡El que tenga oídos, que oiga!”. Así que, ¡PRÉSTENLE ATENCIÓN!
Sobre todo lo que dijo antes de pronunciar esas hermosas palabras. Pero, para
no salirnos del tema, en el pasaje anterior queda en evidencia que: Juan el
Bautista había decidido alejarse de los placeres del mundo, quizás para evitar
caer en la tentación del vicio. También deja en evidencia que Yeshúa comía y
bebía, pero debemos suponer que lo hacía ‘controladamente’, porque
evidentemente en Él no estaban activos los vicios, o pecados capitales. Juan
tenía una misión que cumplir y, en procura de la misión que se le asigno, debía
y tenía que abstenerse de los placeres mundanos, porque él apenas era la voz que
gritaría en el desierto[viii]
y en consecuencia, al vivir en el desierto, tenía que ser abstemio de los
placeres del mundo.
La hermosa entrega de
Juan el Bautista es lo que ha inspirado a muchos Santos a imitarle. Más no fue
el comportamiento propio de Yeshúa, aunque ciertamente nos dijo, algunas cosas
un tanto extremas como: «Si tu mano te
hace pecar, córtatela. Más te vale entrar en la vida manco que ir con las dos
manos al infierno…».[ix] Es claro que, bajo ninguna circunstancia
nuestro Amoroso Padre Dios quiere que atentemos contra nosotros mismos, sin
embargo, con estas palabras Yeshúa quería dejar en claro la importancia, no
tanto de no cometer errores, sino de comprender que con nuestros errores
podemos obligar a otros a pecar. Quizás, por esta dura observación, muchos
grandes Santos se han entregado al sufrimiento corporal, a fin de someter sus
cuerpos, para fortalecer sus espíritus. Pero, no es Dios quien les pide estos
sufrimientos. Son ofrecimientos particulares, que de hecho muchos han mal
interpretado y los han ejecutado sin que les sirva de nada para su crecimiento
espiritual.
De manera que, la
Gracia Santificante no significa andar caminando por la vida, cabizbajos y
hasta llorando, como queriendo imitar a un sufrido Santo, sin haber comprendido
un poco lo que quiso hacer ese Santo al decidir sufrir, con tal de no alejarse
de la Maravillosa Amistad de nuestro Amoroso Padre Dios. ¡Entiéndalo!, nuestro Amoroso Padre Dios no quiere que
sufras, pero si al estar disfrutando de algunas cosas pones en riesgo tu
Amistad con Dios, pues es preferible que te sometas a algún sufrimiento
corporal que te impida perder la Gracia Santificante. ¡NO ES NECESARIO! Pero si
lo justificas necesario, porque no logras controlar ese vicio, pues has lo
necesario para erradicar de ti el vicio que te aleja de nuestro Amoroso Padre
Dios.
¡Espero que no sea
necesario que te arranques la mano! ¡Ese es el colmo de la debilidad y de la
falta de dominio propio! ¡NO HACE FALTA LLEGAR A LOS EXTREMOS! Solo es
necesario que le pongas un poquito de seriedad y de madurez a aquello de
mantener la Amistad de nuestro Amoroso Padre Dios. ¡Sigue el ejemplo de David! Aprende
a pedir perdón de corazón y a mantenerte lo más cerca posible de nuestro
Amoroso Padre Dios, pese a tus fallas, pidiéndole constantemente que te
ayude a crecer en el espíritu. No permitas que el demonio te convenza de
alejarte porque parecieras no tener lo necesario para ser Amigo de Dios. ¡NADIE
LO TIENE! ¡Por eso se llama Gracia! ¡Todos estamos luchando por no alejarnos demasiado,
pese a nuestras debilidades!
Creo que he dejado en
claro que, la ‘Gracia’ propiamente es
el ‘Regalo que quiere hacernos nuestro
Amoroso Padre Dios, otorgándonos Su Amistad’. Muy pocos saben que, la
palabra ‘amigo’ es un derivado del
verbo latino que significa ‘amar’, es
por esto que, ‘amigo’ se define como
a la ‘persona que, con respecto a otra,
ha desarrollado un vínculo de afinidad, de empatía, de fraternidad,… de amor, y
con la cual siente algún tipo de solidaridad para enfrentar situaciones
difíciles y para compartir las alegrías’.
La historia de David
nos ayuda a comprender la tan mal entendida Gracia Santificante. ¡DAVID ERA UN SANTO! ¡Era un Santo porque Dios lo había 'apartado' para Sí! Y David comprendió
la 'selección' que nuestro Amoroso Padre Dios hizo por él y procuró no apartarse
de Dios, pese a sus errores. A diferencia de Adán, David nunca se escondió
detrás de su fragilidad humana, sino que siempre estuvo dispuesto a reconocer
sus faltas y a ¡NUNCA ALEJARSE DE DIOS!
Acerca de cómo entra
David en nuestras vidas podemos leerlo en 1 Samuel 16. Me encanta releer, en
este capítulo de la Biblia, el hecho de que Dios no se fija en apariencias
humanas, sino en el corazón del hombre. David desde muy joven tocaba la cítara
y cantaba salmos [x] a Dios. Eso fue lo que quizás convenció a nuestro Amoroso Padre Dios de
otorgarle Su Maravillosa Amistad a David.
Desde muy niño,
mientras cuidaba los rebaños de ovejas de su papá, David se deleitaba admirando
la creación y alabando a Dios. Para David, nuestro Amoroso Padre Dios era una
Verdad Existencial y Presencial. David lograba ver a Dios en la creación.
Hermosamente cantaba: «Al ver los cielos,
hechura de tus manos, la luna y las estrellas que creaste, me pregunto: ¿Qué es
el hombre para que te acuerdes de él? ¿El hijo de hombre para darle poder?
¡APENAS INFERIOR A UN DIOS LE HICISTE!»[xi] Y he aquí el primer paso para ‘ser
escogidos’: ¡RECONOCER LA EXISTENCIA DE UN DIOS CREADOR!, que nos hizo por amor
para amarnos y movernos al amor. ¡POR ESO NOS HIZO APENAS INFERIOR A UN DIOS!
Este mismo David
también cantaba: «Mi corazón ha dicho de
Ti: “¡Buscad Su Rostro!” ¡Tu Rostro buscaré oh Yahweh! ¡No escondas Tu Rostro
de mí!».[xii] Y he aquí el segundo paso para ‘ser escogidos’: después de reconocer a Dios como
mi creador, ¡DEBO PROCURAR ENCONTRARME CON ÉL! Es la búsqueda de Dios la que
nos acerca a Él. Pero esta búsqueda tiene que ser, como decía David: ¡DE
CORAZÓN!, pidiéndole a Dios encarecidamente que nos permita encontrarle.
De corazón quiere
significar que ¡DEBO PONER TODO MI EMPEÑO POR ENCONTRARLE! Y es entonces,
cuando nuestro Amoroso Padre Dios, al ver nuestro empeño, decide revelársenos,
para finalmente darnos Su Maravillosa Amistad. Ciertamente, el deseo de darme
Su Amistad parte de Dios (en Dios tiene su origen) pero el empeño por lograr
que el deseo de Dios se cumpla parte de mí.
Algunos flojos
preguntarán: “¿Pero si me quiere regalar Su Amistad por qué no se acerca y me
la da?”. Aquí les he de aclarar que, si bien es cierto que la Perfección Divina
que mejor define a Dios es su Omnipotencia, la cual implica que ¡por su sola voluntad puede hacer todo lo
que es realizable!, existen algunas cosas que Dios ciertamente no puede
realizar, como por ejemplo lo que implica pecado o contradicción y, por
supuesto, ir en contra de nuestro libre albedrío.
De manera que, nuestro
Amoroso Padre Dios, en atención al libre albedrío que me regaló por Su
Voluntad, no puede obligarme a aceptar Su Amistad y tampoco puede dármela sin
que yo la procure, porque Él espera que la amistad entre ambos sea sincera.
Dios nos ha creado por Amor y ciertamente espera de
nosotros igual trato, pero jamás nos obligará a amarle. Si queremos vivir lejos
de Él, pues Él nos lo permite. ¡NO PUEDE OBLIGARNOS A ESTAR CON ÉL! El
Omnipotente se quitó a Sí Mismo el Poder de dominarnos, al otorgarnos el Libre
Albedrío. ¡NO NOS QUIERE POR LA FUERZA! ¡NOS QUIERE LIBRES! ¡Y NO HACE NADA POR
OBLIGARNOS!
¡No puede obligarnos pero ciertamente hace todo lo
posible porque le aceptemos! Es por eso que, cuando llegó un momento en el cual
la gran mayoría de los hombres estaban al borde del precipicio, ¡SIN
POSIBILIDAD DE RETORNO!, entonces, viendo Dios que tardábamos alguito de tiempo
en reconocer Su Presencia, decidió vestirse de hombre y venir a buscarnos. Así
es su Amor de Infinito, que se rebajó a nuestra altura para buscarnos en
nuestro pobre entorno.
Mientras David iba creciendo espiritualmente
comprendía cada vez más la Realidad Existencial de Dios. David logró comprender
la Eternidad de Dios, por lo que logró concluir que: mil años contados por
nosotros, son para Dios «como el día de
ayer que ya paso, como lo que dura una vela nocturna».[xiii]
¿Saben cuánto dura una vela encendida en
la noche? ¡Pues sí! ¡NADA!. Aunque ustedes no lo crean, desde el error de Adán
hasta la llegada de Jesucristo, a los Ojos de Dios, transcurrieron unos pocos
días. Pero para el hombre fueron miles de años de imperfecciones y errores, que
Dios ha tratado de corregir, en muchísimas ocasiones. ¡Dios tiene la eternidad
para esperar a que retornemos, nosotros muchas vidas para entenderlo!
Desde el día en que fuimos soplados, hasta el día del
hermoso retorno, según nuestra humilde manera de medir el tiempo, pueden pasar
muchas vidas, pero para nuestro Amoroso Padre Dios habrá pasado un pequeño
instante. De manera que, del modo en que Dios mide el tiempo, el sufrimiento de
nuestras lejanías dura apenas un instante. Durante ese ínfimo instante de
nuestras muchas vidas, somos nosotros los que sufrimos, por largos tiempos, las
consecuencias de nuestro torpe malgastar los bienes que se nos otorgan.
Para cerrar les diré
que, todo esto de lo que les converso pertenece al campo de la fe y, en consecuencia, como decía
el cómico espiritista: ¡SI NO TEN FE NO TEN NAA! Es claro que, tu
crecimiento espiritual dependerá de tu empeño por crecer en la fe, procurando convertirte en lo que yo suelo denominar un 'Verdadero
Creyente'.
Un Verdadero Creyente es
aquel que posee una fe que no parece fe, sino más bien ¡conocimiento cierto! No parece
fe porque, fe es creer en algo que no puedes ver o entender. La fe cierta no es creer sino SABER que
aquello que no ves ¡EXISTE! y aquello que no entiendes ¡ES VERDADERO! La fe
cierta la alcanzas cuando tu corazón, tu mente y todo tu ser descansan
tranquilos en el conocimiento cierto de que eres un hijo muy amado de Dios
Padre. En ti no cabe duda de que estas bajo su cobijo, bajo su protección, bajo
su acción modeladora.
El Verdadero Creyente
comprende a plenitud que significa ‘Ser Amigo’, por eso sabe que significa ‘Ser
Amigo de Dios’. Un Verdadero Amigo se goza de corazón con las alegrías de su
Amigo y se entristece vívidamente con las penas que le acongojen. Un Verdadero
Amigo está pendiente de las necesidades de su Amigo. Un Verdadero Amigo se
molesta enormemente cuando se burlan de su Amigo. Un Verdadero Amigo desprecia
a aquellos que desprecian a su Amigo… Un Verdadero Amigo se esfuerza por ver
feliz a su Amigo.
David ciertamente era
un ‘pecador’, pero también era un ‘Verdadero Creyente’. Como Verdadero Creyente
supo comprender la Gracia Santificante y se mantuvo siempre siendo un Verdadero
Amigo de nuestro Amoroso Padre Dios. Como Verdadero Amigo comprendía que para
agradar a Dios tenía que apartarse un tanto del mundo y sobre todo de sus
asechanzas, por eso cantaba:
«Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni en la senda
de los pecadores se detiene, ni en el banco de los burlones se sienta, mas se
complace en la Ley de Yahweh, su Ley susurra día y noche. Es como un
árbol plantado junto a corrientes de agua, que da a su tiempo el fruto, y jamás
se debilita su follaje, todo lo que hace sale bien. No así los impíos, no así.
Que ellos son como paja que se lleva el viento. Por eso, no resistirán en el
Juicio los impíos, ni los pecadores en la comunidad de los justos. Porque
Yahweh conoce el camino de los justos, pero el camino de los impíos se pierde.»[xiv]
Pese a sus enormes fragilidades
y torpezas, David comprendía que un Verdadero Amigo se disculpa de corazón con
Su Amigo cuando le falla o le ofende de alguna forma o manera. ¿Conocen un
canto de petición de perdón más hermoso que el Miserere? «¡Misericordia Dios
mío por tu bondad! ¡Por Tu Inmensa Compasión BORRA MI CULPA!...»[xv]
En este hermoso Salmo, David nos recuerda
que los que fallamos a la Maravillosa
Amistad de nuestro Amoroso Padre Dios somos nosotros, en consecuencia somos
nosotros los que debemos estar pendientes de acercarnos a nuestro Amoroso Padre
Dios, reconociendo nuestras culpas [Pues yo reconozco mis culpas y tengo
siempre presente mi pecado] y comprendiendo plenamente a quien hemos
ofendido, al ofender a nuestros hermanos [¡Contra Ti, contra Ti solo pequé!
¡COMETÍ LA MALDAD QUE ABORRECES!] David, se sabe pecador [¡Mira que en
la culpa nací! ¡PECADOR ME CONCIBIÓ MI MADRE!], pero entiende que, si
pretende la Amistad de nuestro Amoroso Padre Dios, ¡DEBE CAMBIAR! ¡DEBE SER
DIFERENTE AL RESTO DE LA GENTE!, porque nuestro Amoroso Padre Dios ‘escoge para
hacer Sus Amigos’ a aquellos que se esfuerzan por serlo [Te gusta un corazón
SINCERO y en mi interior me inculcas Sabiduría]. David comprende que para lograr
los cambios en su interior, además de su propio esfuerzo, necesita de la ayuda
de Dios para lograrlo plenamente [¡Crea en mi un corazón puro! ¡RENUÉVAME
POR DENTRO CON ESPÍRITU FIRME!] y también comprende que, la señal de que ha
logrado aquello que esperan (tanto la obra como su Creador) está en el servicio
que se debe realizar para que otros también alcancen la Maravillosa Amistad de
nuestro Amoroso Padre Dios [¡Devuélveme la alegría de Tu Salvación y afiánzame
con espíritu GENEROSO! Entonces, enseñaré a los que se extravían cómo retomar
Tus Caminos y los que hemos fallado entenderemos que debemos volver a Ti…].
Cuando el Verdadero
Creyente comprende que Dios aborrece los ‘falsos golpes de pecho’ [¡Pues no
te agrada el sacrificio! Si te ofreciera un holocausto ¡Tú no lo querrías!],
sino que lo que espera de nosotros es nuestra sincera Amistad [¡Mi
sacrificio es un espíritu quebrantado! ¡Un corazón quebrantado y humillado Tú
nunca lo desprecias!], entonces, y sólo entonces, podemos darnos el lujo de
¡EXIGIRLE A DIOS SU AMISTAD!, como lo hizo David, quien en otro Salmo
hermosamente cantaba: «¡Una cosa he Demandado a Yahweh!...»,[xvi]
pero inmediatamente David reconoce que SU DEMANDA debe demandársela así mismo [¡ÉSTA
BUSCARÉ! ¡Habitar cerca de Yahweh TODOS LOS DÍAS DE MI VIDA!], porque al
fin y al cabo, a quien más le interesa la Amistad de Su Creador es a la
creatura, porque es la creatura quien va a disfrutar más plenamente de tan
Sublime Bien [¡Para degustar de la Hermosura de Yahweh!], el cual
comienza por escudriñarle en Su Palabra [¡Para inquirir en Su Palabra!].
Yo estimo que, esto de ‘degustar’ y de ‘inquirir’ con y en nuestro Amoroso
Padre Dios, es ciertamente mucho más satisfactorio y edificante que tomarme
unos tragos con un ‘supuesto amigo’, mientras conversamos estupideces.
Al final, todo se reduce a descubrir quién es Dios
verdaderamente en nuestra existencia. Para algunos es El Señor, para otros es
El Rey,... para mi es Mi Papá. En cualquiera de los casos, evidentemente, ese
Señor, ese Rey,…. ese Padre, merece por lo menos respeto. Ahora bien, lo ideal
es que sientas a Dios como Tu Papá. Esto se reduce a un ejercicio de tratarlo
como tal, con respeto, amor, confianza, obediencia,…. Ciertamente este
ejercicio debe ir acompañado de mucha oración, constante asistencia a Misa y a
la Comunión, mucha lectura de la Palabra Divina y de todo aquello que nos ayude
a comprender y aceptar que Dios es Mi Papá.
Y recuerda, ya sea que
comprendas o no a Dios, trata de comprender que ¡NUESTRO AMOROSO PADRE DIOS
SOSTIENE TU RESPIRACIÓN!, en consecuencia esfuérzate por conocerle tal cual es: ¡UN AMOROSO PADRE! ¡Solo así procurarás agradarle para gozar de Su Maravillosa
Amistad! De lo contrario, estarás actuando como el hijo pródigo, alejándote de
Su Presencia, en consecuencia, harías de tu vida un tormentoso caos. También
recuerda que, el Verdadero Creyente no está exento de las Pruebas Divinas, mientras no termine de comprender su realidad de ‘creado y sostenido’, y procure
vivir con la dignidad de un Hijo de Dios. Por eso Yeshúa le dijo a Pedro: «Simón, Simón, mira que Satanás os ha
reclamado para zarandearos como a trigo; pero
yo he rogado por ti para que tu fe no falle; y tú, una vez que hayas
regresado, fortalece a tus hermanos.».[xvii]
De manera que, mientras no nos deslastremos de nuestras estupideces cognoscitivas
y comencemos a vivir de la Verdad, no dejaremos de ser zarandeados, para ser
fortalecidos en la fe.
¡LA
FE TAMBIÉN ES UNA VIRTUD QUE DEBES EJERCITAR!
¡SI
VAS A LA PLAZA A ORAR POR LLUVIA Y NO TE LLEVAS UN PARAGUAS, EVIDENTEMENTE A TU
FE LE FALTA ALGO!
_______________________
No hay comentarios.:
Publicar un comentario