Siguiendo un tanto la tónica de la recta interpretación de la Palabra de Dios, hoy quiero hablarles de una frase de Yeshúa que es el mejor ejemplo de las cosas que podemos interpretar mal. Se trata de la amonestación: "... si tu mano o tu pie te hace pecar, pues arráncatelo y tíralo. Es preferible entrar en la vida eterna con una sola mano o un solo pie, que ser arrojado al fuego eterno con las dos manos y los dos pies...". Aunque usted no lo crea, hasta no hace nada aún se podían encontrar comunidades religiosas en donde esta medida para salvarse se cumplía al pie de la letra, sobre todo cuando la amonestación era leída en Mateo 5, 27-30, en donde aparentemente Yeshúa no dejaba cabida a la interpretación al referirse directamente a los adúlteros.
Por muchos años, las comunidades religiosas recomendaban a aquellos que no podían evitar ver lujuriosamente a las mujeres que se arrancaran o se quemaran los ojos, a fin de que evitaran el infierno de fuego devorador. Por muchísimos años el poder eclesial prohibía abrir un cadáver, con fines científicos, porque eso era una profanación del templo del Espíritu Santo. También se prohibía mutilar a una persona porque entonces entraría mutilado a la vida eterna. Hoy en día, existen comunidades religiosas que prohíben la transfusión de sangre porque en la sangre está la esencia de la vida y no debe ser contaminada con la esencia de otra persona. Irónicamente, todas éstas mal interpretaciones de la Palabra de Dios fueron hechas por el magisterio eclesial.Gracias a nuestro Amoroso Padre Dios, algunos miembros del magisterio eclesial entendieron que tenían que crecer y decidieron realizar los cambios necesarios para desarrollarse.
También doy muchísimas gracias a nuestro Amoroso Padre Dios porque ahora sé que estamos Jugando por nuestros Mundos y puedo interpretar Su Palabra en función a El Gran Juego. Hoy en día comprendo que 'pecar' es 'mancharse o embarrarse de lo material', por lo que puedo comprender que 'arráncatelo y tíralo' se refiere a 'apartar de mí aquello que me embarra'. Se entiende entonces que, si lo que te hace ensuciarte es tu lujuria, pues lucha en contra de ella, porque para eso has venido a este mundo ¡para vencer tu lujuria!. En consecuencia, toma todas las medidas que consideres necesarias para vencerla (pon distancia entre tú y la mujer a quien deseas, mantén la mirada en el suelo mientras caminas,...) ingresa a un monasterio si es necesario, con tal y no tengas que arrancarte los ojos.
Claro está que, la medida extrema de arrancarse los ojos es válida para los flojos y los cobardes, porque es la medida más sencilla de abandonar un vicio. De hecho, el suicidio es la medida más extrema de los cobardes para abandonar el salón de pruebas. Como podrán apreciar ambas son medidas, pero tan extremas como dañinas, porque lo ideal es que logres vencer tus vicios a fuerza de ejercicios que te ayuden a fortalecer tu espíritu, en procura de mantenerlo inmune a los vicios en todos los mundos que le toque vivir.
Ahora pasaré a comentarles el por qué decidí escribirles acerca de este tema. Resulta que, como se los comenté en algún momento, mi familia tiene un auto que no quiere funcionar bien. Este auto está en el taller y, cada vez que el mecánico le cambia alguna pieza y lo prueba, ocurre que otra pieza presenta fallas y también debe ser reemplazada. Cada reemplazo significó un pago en dólares, los cuales teníamos que conseguir de alguna forma o manera. Esta búsqueda de dólares significaba para mi familia la fuente de una gran preocupación. La preocupación de mi familia me hizo comprender que tenía que descubrir las señales o susurros de nuestro Amoroso Padre Dios, porque ninguno de sus cercanos es sometido a pruebas sin que exista de por medio una enseñanza o motivo para crecer espiritualmente.
Meditando en lo acontecido, me percaté que el auto ha estado en el taller por más de dos meses, y durante todo ese largo tiempo mi familia ha logrado subsistir sin el auto. Claro que con el auto muchas cosas se facilitan, pero en tiempos de pruebas, vivir no tiene porque ser sencillo. De hecho, cuando nuestro Amoroso Padre Dios te complica la vida es porque te está 'arrancando' aquello que a ti te cuesta soltar. Cuando las cosas se complican nuestro Amoroso Padre Dios te está diciendo que, si aquello por lo que te preocupas te está quitando la paz, ¡ARRÁNCATELO Y TÍRALO!!!
La pérdida de la paz es el síntoma primario de que aquello que te preocupa no es de Dios y en consecuencia no te está ayudando a crecer espiritualmente. San Ignacio de Loyola decía que: "Debemos hacer uso de las cosas materiales tanto cuanto nos ayuden a llegar al cielo", de manera que, cuando las cosas materiales te están alejando del cielo habrán perdido su utilidad y en consecuencia debemos tirarlas. Y no es que nuestro Amoroso Padre Dios quiere que no tengamos auto, sino que lo que realmente quiere es que el auto no sea tan importante para nosotros que nos quite la paz.
"Todo te es permitido, pero no todo te conviene" -(1 Corintios 10, 23)- El auto te es permitido, pero cuando te quita la paz ya no te conviene tenerlo. La pérdida de la paz no solo daña el espíritu, también daña el cuerpo. Hubo un momento en el cual la mamá de mis hijas, al leer sus correos electrónicos, se enteró de que se acercaba el pago de la cuota del seguro de salud, la cual se paga en dólares, y observé que se le doblaba parte de la boca, entonces comprendí que muchas preocupaciones materiales se estaban reuniendo en su mente y si no lograba deshacerse de algunas pudiera sufrir algún síncope (Dios no lo quiera). Comencé a hablarle acerca de la necesidad de deshacerse de ciertas preocupaciones materiales para evitar que el cerebro colapse, ante la presencia de muchas cosas que resolver.
Hoy en día puedo repetir con San Francisco de Asís: "Necesito pocas cosas y las pocas que necesito las necesito muy poco". Este es uno de mis lemas favoritos después que se me reveló que estoy jugando. Pero que difícil se me ha hecho hacer comprender esta maravillosa verdad existencial a mis cercanos. Yo entiendo que para la mamá de mis hijas sea importantísimo sostener un seguro de salud, sobre todo porque su mamá pudiera necesitarlo, pero lo que no entiendo es por qué les cuesta tanto 'arrancar' el auto de sus vidas. Cuando intente convencerlas (a mis hijas y a su mamá) acerca de olvidarse del auto, comenzaron a decirme cualquier cantidad de excusas por las cuales no pueden olvidarse del auto: Qué no lo pueden vender dañado, que si lo hacen no le darán ni siquiera lo que les costó y mucho menos lo que han invertido en ese auto,... ¡Todas excusas demasiado materialistas para mi gusto! ¿Acaso no pueden dar por perdido todo ese dinero? ¿Acaso ese dinero es más importante que la paz espiritual y mental? Y la triste realidad es que, mientras en sus corazones y en sus mentes, el auto tenga un valor más importante que la paz espiritual y material, pues no podrán tener un buen auto.
Y he aquí la clave para no tener que arrancarnos los brazos, los pies, los ojos,... ningún miembro: ¡NO HAGAMOS DE LAS COSAS MATERIALES UN MIEMBRO IMPORTANTE DE NUESTRA EXISTENCIA!!! Cuando aprendamos a darle a las cosas materiales solo su valor de uso entonces comprenderemos que TODAS LAS COSAS MATERIALES QUE TENEMOS NOS LAS HA ENTREGADO NUESTRO AMOROSO PADRE DIOS PARA HACER MÁS CÓMODA NUESTRA EXISTENCIA MATERIAL PERO CON LA CONDICIÓN DE QUE NO PERMITAMOS QUE AFECTEN NUESTRO CRECIMIENTO ESPIRITUAL. Y cuando ya no las tenemos es porque nuestro Amoroso Padre Dios considera que no nos convienen para avanzar espiritualmente y en consecuencia debemos aprender a vivir sin esas cosas.
Cuando yo pierdo algo material suelo decir: "¡Padre perdiste tal cosa!!!". Cuando se robaron el equipo de sonido de la camioneta le dije: "Padre te robaron el equipo de sonido de la camioneta". Cuando me veo obligado a comprar algún alimento a precios especulativos le digo: "Padre te acaban de robar en ese comercio". Y es que en realidad es nuestro Amoroso Padre Dios quien pierde algo, porque ese algo era de Él antes que mío. De hecho, ¡NUNCA FUE MÍO, SIEMPRE FUE DE ÉL!!! Y como nuestro Amoroso Padre Dios me lo dio de balde y sé que nunca me pedirá que se lo devuelva, pues no me preocupo cuando lo pierdo o me lo quitan.
Una de mis hijas me dijo: "Pero Dios espera que nosotros cuidemos las cosas que Él nos ha dado" y estoy de acuerdo con ella, pero jamás nuestro Amoroso Padre Dios quiere que cuidemos tanto las cosas materiales que, en procura de ese cuidado, perdamos la paz espiritual y mental, por tanto cuidar las cosas materiales. ¡CUANDO AL CUIDAR LAS COSAS MATERIALES PERDEMOS LA PAZ DEBEMOS ABANDONAR ESA COSA MATERIAL QUE NOS QUITA LA PAZ!!!
Escrito por: Noel José Méndez Ydrogo
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