lunes, 6 de junio de 2022

SÍNDROME DE JONÁS

Algunos de ustedes con seguridad deben haber leído todo el Libro de Jonás, puesto que es muy cortito. Quizás algunos de ustedes apreciaron La Hermosa Amistad que existía entre nuestro Amoroso Padre Dios y Jonás, tan hermosa era que Jonás se atrevió a molestarse con Dios por no haber destruido a la ciudad de Nínive. Resulta que, Jonás, algo molesto con Dios le increpó: "Ahora, oh Jehová, ¿no es esto lo que yo decía estando aún en mi tierra? Por eso me apresuré a huir a Tarsis; porque sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal. Ahora pues, oh Jehová, te ruego que me quites la vida; porque mejor me es la muerte que la vida". Y justamente ésta es la queja común de todos los que han sido designados como profetas, sobre todo aquellos a quienes se les asigna profetizar futuros desastres, porque la ocurrencia de los eventos catastróficos dependerán de las acciones que para evitarlas realicen los hombres.  

Todos los eventos catastróficos que se cuentan -no como cuento sino como historia- en la Biblia tienen su fuente en el alejamiento del hombre respecto a Dios. Por ejemplo, cuando Dios le pidió a Jonás que fuera a profetizarle a Nínive su futura destrucción le dijo: "Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y pregona contra ella; porque ha subido su maldad delante de mí". En el Génesis se nos cuenta que, muy entristecido, nuestro Amoroso Padre Dios "vio que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón". 

Consecuentemente, para evitar cualquier evento catastrófico futuro, es altamente necesario que el hombre se esfuerce por acercarse a nuestro Amoroso Padre Dios, a fin de alcanzar Su Clemencia y Piedad. De esto nos deja constancia Jonás en su Libro: "Y los hombres de Nínive creyeron a Dios, y proclamaron ayuno, y se vistieron de cilicio desde el mayor hasta el menor de ellos. Y llegó la noticia hasta el rey de Nínive, y se levantó de su silla, se despojó de su vestido, y se cubrió de cilicio y se sentó sobre ceniza. E hizo proclamar y anunciar en Nínive, por mandato del rey y de sus grandes, diciendo: Hombres y animales, bueyes y ovejas, no gusten cosa alguna; no se les dé alimento, ni beban agua; sino cúbranse de cilicio hombres y animales, y clamen a Dios fuertemente; y conviértase cada uno de su mal camino, de la rapiña que hay en sus manos. ¿Quién sabe si se volverá y se arrepentirá Dios, y se apartará del ardor de su ira, y no pereceremos?". Jonás nos cuenta que, éstas acciones de conversión de los ninivitas le fueron aceptadas por nuestro Amoroso Padre Dios para evitar la destrucción de Nínive. 

Aunque no lo crean, sufro del Síndrome de Jonás, en el sentido de que me cuesta hablar de futuros eventos catastróficos, porque comprendo plenamente que pudieran no ocurrir, si el hombre logra ver las señales y decide convertirse de sus malos caminos. ¿Pero cómo lograrán ver las señales si nadie se las muestra?  Es por esto que, así como Jonás, me siento obligado a mostrarles las señales, para ver si algunos las captan y de a pocos logramos sumar el 10% de Justos que se requieren para evitar el evento catastrófico. Pero, a diferencia de Jonás, soy dichoso de no tener vergüenza de profetizar la posibilidad de que ocurra un evento catastrófico porque nadie lee lo que escribo, de manera que, si el evento ocurre nadie puede decir que no se los dije y si no ocurre nadie se burlará de mí. 

SEÑALES PERSISTENTES

Consciente de esta realidad, le agradezco a nuestro Amoroso Padre Dios por ayudarme a comprender el por qué las novelas que he escrito no se han publicado, pese a mis muchos esfuerzos por publicarlas. Al escribir estos artículos comprendo que, si yo hubiera logrado publicar mis novelas, con toda seguridad no les escribiría estos artículos sobre los muy posibles eventos catastróficos que se nos avecinan, porque, al considerarme un escritor reconocido, me daría mucha vergüenza escribirles acerca de algo que quizás no ocurra. "¡Vanidad de vanidades! ¡Todo es vanidad!", nos grita el Predicador.

Lo cierto es que, además de las señales acerca del fin, que les he comentado en mis artículos más recientes, en el día de hoy se me mostraron otras señales. Mirando los noticieros concluí  que, pese a la claridad de las señales acerca del posible fin de mundo general, la humanidad toda aún parece no es consciente de los eventos que se aproximan, porque cada quien sigue egoístamente pendiente de su día a día. No vi ninguna noticia diferente a las que estamos acostumbrado a ver, incluyendo aquellas noticias que son las claras señales de las que les he comentado. En México hubo elecciones de gobernadores en 6 Estados, en las cuales el partido de gobierno ganó 4, y sin embargo, los de la oposición salieron a vociferar que ellos salieron vencedores, como si 2 fueran más que 4. Desde Corea del Sur, los gringos lanzaron 8 misiles balísticos de largo alcance, hacia el mar del Japón, según y que como respuesta a los misiles que, hacia el mar de Japón, lanzó recientemente Corea del Norte. Algo así como una competencia de vanidoso poder. El gobierno norteamericano continúa vociferando acerca del apoyo que le daría a Taiwán si deciden apartarse de China. Una vez más, el congreso de Perú quiere interpelar al Presidente de Perú, para intentar sacarlo del poder. Un senador norteamericano, supuestamente demócrata, está presionando para que aumenten las presiones económicas, sobre algunos países, simplemente porque él los considera no democráticos, pese a que fueron elegidos por la mayoría del pueblo. El gobierno de Ucrania continúa asegurando que están ganando la guerra, pese a que tiene el país totalmente destrozado. En Reino Unido, la reina cumplió un coñazo de años gobernando y todo el pueblo lo está celebrando... "¡Vanidad de vanidades! ¡Todo es vanidad!", nos grita el Predicador.

Ocurrió también que, la mamá de mis hijas se acercó a mí para comentarme, con una extraña dicha en el rostro, que los directores de la empresa en la cual trabaja decidieron venderle acciones de esa compañía a los empleados, un mínimo de 25 y un máximo de 150, porque queda claro que los empleados no tienen el dinero para comprar más y que tampoco esperan que los empleados se apoderen accionariamente de la empresa. La dicha que reflejaba en su rostro mes motivó a escribirles éste artículo, porque se me vino a la mente el comentario que nuestro Amado Yeshuá le hizo a sus discípulos después de que los fariseos le preguntaron cuándo se iba a manifestar el Reino de Dios: "Tal como sucedió en tiempos de Noé, así también será cuando venga el Hijo del hombre. Comían, bebían, y se casaban y daban en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y los destruyó a todos. Lo mismo sucedió en tiempos de Lot: comían y bebían, compraban y vendían, sembraban y edificaban. Pero, el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre y acabó con todos". 

Pues sí, con excepción de de los ninivitas en los tiempos de Jonás, los hombres suelen no estar pendientes de las señales que ocurren antes de ejecutarse algún evento catastrófico y consecuentemente viven su día a día como si fueran a ser eternos, pendientes sólo de lo material. ¡Y eso que las señales son persistentes! ¡El capítulo 14 del Apocalipsis parece inminente! Y es muy triste que casi la totalidad de la humanidad esté tan alejada de Dios que pareciera que nadie esté consciente de lo que está por venir, si no logramos convertirnos totalmente a nuestro Amoroso Padre Dios, para que seamos librados del caos propio de los eventos catastróficos. Tan alejados están que muy probablemente muy pocos están conscientes de que nuestro Amado Yeshuá nos dejó algunas recomendaciones para cuando se manifieste el caos propio del fin: "Así serán los días antes de la Manifestación del Hijo del hombre. En aquel día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas dentro de la casa, que no baje a buscarlas. Así mismo el que esté en el campo, que no regrese por lo que haya dejado atrás. ¡Acuérdense de la esposa de Lot! El que procure conservar su vida la perderá; y el que la pierda la conservará. Les digo que en aquella noche estarán dos personas en una misma cama: una será llevada y la otra será dejada. Dos mujeres estarán moliendo juntas: una será llevada y la otra será dejada" y consecuentemente, cuando llegue el nefasto día, todos harán lo contrario a lo recomendado, porque sus preocupaciones son distintas a las espirituales. 

LA MAL ENTENDIDA ESPERANZA

No puedo obligar a nadie a leerme. Ni siquiera a mis más cercanos. Y pese a que quiero que mis más cercanos comprendan la premura de convertirse verdaderamente a nuestro Amoroso Padre Dios, no puedo obligarlos a hacerlo. Tristemente, incluso mis más cercanos, tienen la esperanza que aquello de lo que les he comentado, en mis más recientes artículos, no ocurra. De hecho, cuando intenté darle mi opinión, a la mamá de mis hijas, acerca de fútil que resulta invertir dinero en estos tiempos, ella simplemente dio media vuelta y se alejó, porque no cree que estemos rozando el capítulo 14 del Apocalipsis.

Todos, absolutamente todos, tienen la esperanza de que en algún momento el gobierno norteamericano deje de presionar para que se active la tercera guerra mundial. Y esto a pesar de que las noticias que vemos en la televisión nos informan que esa posibilidad, de que el gobierno norteamericano deje de fustigar a otros países para que se enfrenten, es una posibilidad cada vez más lejana, lo que hace más cercana la tercera guerra mundial. 

A casi todos -sobre todo a los que manifiestan creer en Dios-, la mal entendida esperanza no les deje ni siquiera ver las noticias, porque no quieren aceptar esa nefasta posibilidad. La mamá de mis hijas es persona de mucha oración y muy asidua a leer La Palabra de Dios, pero evita ver las señales porque tiene la esperanza de que el fin no ocurra en nuestros tiempos. Esta esperanza la hace preocuparse por intentar encontrar medios de inversión que le permitan vivir sus años dorados con tranquilidad, olvidándose de que cada día tiene su propio afán. Y créanme que no la estoy criticando, porque ciertamente la comprendo, dado que es difícil vivir pensando en que vamos a morir. De hecho, es poco prudente vivir pensando que vamos a morir porque corremos el riesgo de dejar de vivir. 

Por eso la esperanza es altamente necesaria para vivir, porque el que no tiene esperanza pierde el deseo por vivir. Pero debemos aprender a apreciar la esperanza del vivir como el tiempo que nos queda para crecer espiritualmente. Si aprendemos a vivir con la conciencia de que vamos a morir y nos esforzamos por crecer espiritualmente, durante el tiempo que nos queda, pues nuestra esperanza por vivir estará bien fundamentada. 

Consecuentemente, no debemos fundamentar nuestra esperanza por vivir en adquirir bienes materiales, a los fines de disfrutar mejor el tiempo que nos queda. Si nos descuidamos, las preocupaciones por crecer materialmente nos pueden aferrar a la vida material y alejarnos de nuestro Amoroso Padre Dios, lo cual es la fuente de los males que se avecinan. Justamente, el apego material, sobre todo al dinero, es la imagen de la bestia de la que nos habla el Tercer Ángel, en el capítulo 14 del Apocalipsis: "Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su mano, él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero; y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre". 

Quiera nuestro Amoroso Padre Dios que, tanto la mamá de mis hijas como mis amadas hijas, más temprano que tarde, lean y comprendan lo que el Tercer Ángel dijo al final de su exhortación: "Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Yeshuá", porque aquellos que pacientemente vivan en la esperanza de una mejor vida en el más allá, ciertamente dejan de preocuparse por el más acá, el cual se acerca inexorablemente a su fin. 

En una interesante película, acerca de la proximidad de la muerte, uno de los protagonistas le pregunta a la otra protagonista: "¿Si supieras cuando vas a morir, qué harías con tu vida?", a lo que la protagonista respondió: "Me imagino que trataría de disfrutar más de la vida y evitaría preocuparme por aquello que no tengo. Haría lo que me gustaría hacer sin preocuparme de complacer a los demás, porque lo más importante de mi vida soy yo misma y es a mí a quien debo complacer". Espero que para la mayoría de ustedes el alcanzar La Hermosa Amistad de nuestro Amoroso Padre Dios sea lo que realmente les guste y procuren a toda costa complacerse. ¡Dejen de preocuparse por aquello -material- que no tienen y procuren acercarse más a nuestro Amoroso Padre Dios!!!

«Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen»

     

Escrito por: Noel Méndez

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