miércoles, 4 de mayo de 2022

TIEMPO PARA MORIR

El Predicador nos decía, muy acertadamente, que en el desarrollo del Juego por nuestros Mundos se suceden, y a veces se superponen, tiempos para cada evento, función, responsabilidad,... jugada que ejecutamos mientras transitamos desde la cuna hasta la tumba. Queda claro que, evidentemente existe un tiempo para culminar los tiempos de cada juego, que venimos jugando, algunos desde la eternidad. Para cada uno de nosotros, ese fin de tiempo de cada uno de nuestros juegos ocurre evidentemente con nuestra muerte. De manera que, como nos lo recuerda El Predicador: HAY UN TIEMPO PARA MORIR.

Ahora bien, la señalización de ésta realidad viene dada para que estemos conscientes que en algún momento culminará nuestra oportunidad para acumular puntos positivos y/o para deslastrarnos de los negativos. También debemos tener consciencia de que el tiempo para morir, si nos descuidamos, pudiera adelantarse, según nos lo aclaró nuestro Amado Yeshuá al comunicarnos que nuestro tiempo está presto, o lo que es lo mismo: en cualquier momento puede ocurrir.

Consecuentemente, es altamente importante estar preparados para el tiempo de morir, porque según como hayamos ejecutados los otros tiempos señalados por El Predicador (amar, odiar, trabajar, descansar, ser hijos, ser padres, ser hermanos, ser amigos,... vivir) se nos otorgará otro tiempo de juego, con alegrías o con pesares. De manera que, cada día de nuestras vidas debemos vivirlo como si fuera el último, procurando hacer el mayor bien posible y evitando caer en las tentaciones de satanás.

Recordar un hermoso poema, escrito por Santa Teresa de Ávila, y lo que está ocurriendo en nuestro hermoso planeta, me movieron a escribirles éstas letras, porque parece que nuestro tiempo de vivir está colapsando y tristemente pocos, muy pocos, están preparados para el tiempo para morir. De hecho, sé que para pocos, muy pocos de ustedes, el hermoso poema de Teresa les dice algo, mas sin embargo, se los anotaré en seguida:

Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.

Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí:
cuando el corazón le di
puso en él este letrero,
que muero porque no muero.
 
Esta divina prisión,
del amor en que yo vivo,
ha hecho a Dios mi cautivo,
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.
 
¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero.
 
¡Ay, qué vida tan amarga
do no se goza el Señor!
Porque si es dulce el amor,
no lo es la esperanza larga:
quíteme Dios esta carga,
más pesada que el acero,
que muero porque no muero.
 
Sólo con la confianza
vivo de que he de morir,
porque muriendo el vivir
me asegura mi esperanza;
muerte do el vivir se alcanza,
no te tardes, que te espero,
que muero porque no muero.
 
Mira que el amor es fuerte;
vida, no me seas molesta,
mira que sólo me resta,
para ganarte perderte.
Venga ya la dulce muerte,
el morir venga ligero
que muero porque no muero.
 
Aquella vida de arriba,
que es la vida verdadera,
hasta que esta vida muera,
no se goza estando viva:
muerte, no me seas esquiva;
viva muriendo primero,
que muero porque no muero.
 
Vida, ¿qué puedo yo darle
a mi Dios que vive en mí,
si no es el perderte a ti,
para merecer ganarle?
Quiero muriendo alcanzarle,
pues tanto a mi Amado quiero,
que muero porque no muero.

Este hermoso poema se titula: VIVO SIN VIVIR EN MI, porque Teresa de Ávila logró, antes de llegar a su tiempo para morir, deslastrarse de la vida misma, viviendo alejada de lo material, para evitar alejarse de lo espiritual. Teresa de Ávila era altamente consciente de lo fútil de la existencia misma, que se fundamenta sólo en el interés por lo material. 

MUERO PORQUE NO MUERO

Cada estribillo al final de cada estrofa de este hermoso poema, es por mucho muy significativo, pero sólo para aquellos que estamos conscientes de lo que hemos venido a hacer en este mundo. "¡MUERO PORQUE NO MUERO!!!" es una frase que se repite en mi mente, cada noche al acostarme y cada mañana al levantarme. 

Los que estamos conscientes de lo que hemos venido a hacer en este mundo, comprendemos lo que Pablo le escribió a los Filipenses: "Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. Mas si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger. Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor; pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros. Y confiado en esto, sé que quedaré, que aún permaneceré con todos vosotros, para vuestro provecho y gozo de la fe, para que abunde vuestra gloria de mí en Cristo Jesús por mi presencia otra vez entre vosotros" -(Filipenses 1:21-26)-.

Como Teresa, como Pablo y como muchos otros que decidieron apartar sus vidas para Dios, procurando alejarnos de los apegos materiales y acercarnos más a nuestra verdad espiritual, vivir sólo tiene sentido, sí y sólo sí, podemos servir, porque de lo contrario, cada segundo de vida es un segundo para fallar y anotar puntos negativos. De allí que, los que estamos conscientes de lo que hemos venido a hacer a este mundo, preferimos morir, para evitar caer en los susurros de satanás, lo cual es relativamente fácil, sobre todos para aquellos que no podemos ser anacoretas.

De manera que, ciertamente "MUERO PORQUE NO MUERO", pero consciente de mis responsabilidades existenciales, particularmente con mis amadas hijas, acepto dichoso el seguir viviendo, esforzándome cada día por realizar el mejor servicio y evitando caer en los susurros de satanás. ¿Acaso no es esto el vivir? No hay forma de que yo muera antes de que mi tiempo para morir llegue, entonces, por más que quiera morir para encontrarme con nuestro Amoroso Padre Dios, soy consciente de que mi tiempo para morir ya está determinado y que mientras llegue ese hermoso momento, de ver cara a cara a nuestro Amoroso Padre Dios, debo seguir avanzando espiritualmente, dado que con seguridad aún me falta mucho por aprender y, mientras continúo aprendiendo, procuraré ayudar a otros, particularmente a mis amadas hijas, a comprender lo que hemos venido a hacer en este mundo.     

EL TIEMPO ES PRESTO

Pese a mi consciente forma de vivir, me es difícil dejar de sentir lo que Teresa de Ávila sentía, lo cual podemos reconocer en lo que expresó en todo este hermoso poema, particularmente cuando dice:

¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero

Ocurre que, para todos aquellos que tenemos claro lo que hemos venido a hacer en este mundo, llega un momento en que nos sentimos asfixiados por el hecho de que aún respiramos. Y es que la vida material ya no nos es placentera, sino que todo lo contrario, la vida nos resulta demasiado larga y aburrida. Consecuentemente, para nosotros morir, como lo afirmaba Pablo, es pura ganancia,.

Por el contrario, una gran parte de la humanidad, apegada a lo material, pese a lo pesada que pudiera serles la vida le temen a la muerte. Muchos, al encontrarse cerca de la muerte, se aferran a la vida, algunos porque les ha sido muy placentera y otros porque, de alguna forma o manera, saben que no están preparados para el tiempo para morir. Ninguno parece haber comprendido que el tiempo es presto y que deberían vivir procurando estar preparados para el fin del juego. 

¡Pero no! La gran mayoría de ustedes pienso que creen que son eternos, porque a muy pocos les veo preocupados por prepararse para la llegada del tiempo para morir. Cuando les hablo acerca de éstas cosas, muchos de ustedes me cambian el tema, porque no quieren ni pensar en el tiempo para morir, y alguno otros, que parecen interesados en el tema, me confirman con gestos el estar de acuerdo, pero con sus actuaciones me confirman que no han comprendido o que simplemente no les interesa. Pareciera que me dicen, estoy de acuerdo contigo, pero dejemos eso para después. Yo me pregunto: ¿Después de cuál tiempo?

Hasta mis cercanos parecieran creer que son eternos. Día tras día veo a una de mis hijas trabajando en la laptop, procurando ingresos materiales, y en, en sus tiempos de ocio, que son bastantes largos, la veo chateando con sus amistades o jugando algún juego virtual. A mi otra hija pocas veces suelo verla estudiando y la mayor parte del tiempo la veo chateando con sus amistades o revisando las redes sociales. Esto último -revisar las redes sociales- lo hace tan diligentemente que incluso lo hace cuando está estudiando. Cuando les increpo acerca de lo presto que es el tiempo para morir y que deben dedicarle más tiempo a sus crecimientos espirituales, me miran como si yo estuviera loco, aunque sonrientes me dicen que después lo harán. Yo me pregunto: ¿Después de cuál tiempo? 

Lo irónico es que, día tras día yo me siento a mirar las noticias en la televisión y mis amadas hijas muchas veces están presentes en la sala, donde yo miro la televisión, pero parece que no le prestan atención a las noticias, quizás porque están enganchadas en las redes sociales de sus celulares. Creo que el mayor mal de nuestros tiempos es el enorme desinterés que hay por enterarse de nuestra propia actualidad, porque -incluso mis amadas hijas- parecen no enterarse, ni siquiera por las redes sociales, que el tiempo para morir es presto. 

Mientras escribo estas letras estoy oyendo las noticias, que emiten en el televisor, y mis dos amadas hijas están sentadas cerca, viendo las redes sociales en sus celulares. Una de las noticias hablan de que están intentando apenitas darle un voto de censura al ministro de defensa colombiano por haber ordenado la muerte de personas simplemente para aumentar las estadísticas estatales de ataque a las organizaciones guerrilleras. Mientras escribo pienso en lo alejada de Dios que se encuentra la humanidad que en Colombia hay militares dispuestos a asesinar a inocentes sólo por seguir ordenes de una bestia. El noticiero también comentó que el presidente de México criticó que el congreso norteamericano no aprobó 4 mil millones de dólares para apoyar el desarrollo económico de Centro América, a fin de contrarrestar la migración de centro americanos hacia el norte, pero si aprobó más de 30 mil millones de dólares para avivar la guerra en Ucrania. Resulta irónico que, aquellos que se consideran una gran potencia mundial no tienen dinero para ayudar a otros países a salir de sus miserias pero si tienen dinero para provocar las guerras y hundir a otros países en la miseria. El noticiero también reveló que el expresidente Trump, durante su mandato, había considerado lanzar misiles hacia México, para atacar bases de narcotraficantes. Quien reveló tal información, comentó que Trump recomendaba que lo hicieran en secreto y que luego negaran su participación en el hecho.  ¿Se imaginan lo que hubiera ocurrido? También me enteré que el Papa dijo: "Los ladridos de la OTAN a las puertas de Rusia provocaron la guerra". ¿Es en serio? ¿A 70 días de haberse iniciado la guerra es que te estás enterando de que fue lo que la provocó? ¿Acaso no sabes que desde lo que le hicieron a su propio acorazado Maine los norteamericanos se han acostumbrado a fabricar mentiras para provocar guerras? ¿Todavía crees que la bestia de la que nos habla Juan es Rusia? Relee el capítulo 13 del Apocalipsis y dime si lo que está ocurriendo no hace alusión a esa profecía. ¿O no crees en las profecías? 

¿En qué planeta viven? ¿Acaso no ven las señales? A mí todas estas noticias me hablan de lo presto que es el tiempo para morir. Cualquiera puede caer en los deseos de incrementar las estadísticas de seguridad de cualquier ministro de defensa. Cualquier país puede ser declarado enemigo del planeta por algún gobierno norteamericano y en seguida será destruido por una guerra. Cualquier ciudad pudiera ser bombardeada con misiles, bajo las órdenes de cualquier presidente de cualquier país dizque desarrollado, que luego negará su participación en el bombardeo... Si lo que está ocurriendo en nuestro planeta (pandemia, delincuencia desbordada, corrupción generalizada,... guerras) no les recuerdan que el tiempo para morir es presto y no se están preparando para ese momento, entonces no están prestando atención a las señales o simplemente se creen eternos. ¿Dónde está vuestra capacidad de discernimiento? ¿Tan lejos están de Dios que no se preocupan por la otra vida?

Por mi parte, día tras día me sigo preparando (orando, sirviendo, leyendo libros religiosos, escribiendo mis conclusiones,... viviendo lo más espiritualmente posible) para cuando llegue el tiempo para morir estar listo para entregar las cuentas, de mis puntos positivos y de los negativos. Claro está que, consciente de que estoy vivo materialmente, no dejo de disfrutar de ciertos deleites materiales, pero procuro hacerlo con sobriedad, evitando caer en el vicio. Y esto es lo que procuro enseñarle a mis amadas hijas. No espero que mis amadas hijas dejen de trabajar, estudiar, chatear con sus amistades, jugar, comer, salir,... vivir, puesto que de esto se trata la vida, pero si espero encarecidamente procuren dedicarle tiempo a sus crecimientos espirituales. 

Ahora bien, si a mis amadas hijas les cuesta muchísimo comprender esto, pese a que se los recuerdo constantemente, que puedo pensar de ustedes, mis amigos invisibles, que ni siquiera tienen interés por leerme. Ésta situación de letargo espiritual, por parte de mis cercanos y de muchos de mis lejanos, me entristece muchísimo, sobre todo por mis amadas hijas, porque veo que nadie tiene interés en su desarrollo espiritual y consecuente salvación. De manera que, aunque el tiempo para morir es presto, yo pienso como decía Teresa de Ávila: "¡Ay, qué larga es esta vida!", porque me aburro de ver y sentir tanta inapetencia por la vida espiritual, en mis cercanos y en mis lejanos, pero como el tiempo para morir no está en mis manos, pues mientras éste llega seguiré intentando de convencerles de que se esfuercen por estar preparados para cuando llegue el tiempo para morir.  


Escrito por: Noel Méndez   

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