En estos días nos ocurrió un hecho muy curioso, que tristemente en mi
país no es tan curioso, sino más bien muy común. Estaba con una de mis
Princesas comprando en un conocido local comercial y resulto que, intentando
ella pagar con un billete de 20$, le rechazaron el billete porque estaba
mínimamente rasgado, en el dobles de uno de sus bordes. ¡Tan mínimo que no
superaba el milímetro!
En aquellos momentos pensé que, o bien los dueños de aquel local no han
viajado a los Estados Unidos, por lo que no han visto los dólares que circulan
por allá o bien los dueños de aquel local están enmarcando los billetes de
dólar que reciben, para darles uso en un futuro lejano. La primera suposición
es triste, puesto que no han viajado. La segunda suposición es nefasta, puesto
que están haciendo del dólar un dios y esto es idolatría.
Pensando un poco en las implicaciones de lo ocurrido, llegué a la
conclusión de que, la mayoría de mis coterráneos, cuidado sino todo el planeta,
desconocen los vicios capitales y sus repercusiones. Lo que me obliga a suponer
que tampoco conocen las Virtudes,
las cuales son aquella especie de fuerza
interior que permite al hombre tomar las decisiones correctas, incluso en las
situaciones más adversas, para tornarlas a su favor, en la procura de su crecimiento
espiritual.
Las virtudes son para el alma lo que las vitaminas son para nuestro
cuerpo, por eso nuestro Amoroso Padre Dios nos las receta conforme nos van
haciendo falta, a los fines de que logremos un sano crecimiento espiritual, lo
cual ciertamente redundará en nuestro sano desarrollo físico y material.
Para que comprendan un poco el tema de las virtudes deben comprender
primero lo que significa Providencia y Voluntad Divina. Para comprender un poco
lo que es Providencia y Voluntad Divina deben tratar de ACEPTAR lo que
significa EL INFINITAMENTE SABIO.
Yo he llegado a la conclusión que los males de este mundo se han
multiplicado en sumo debido a nuestra lejanía de Dios. Para muchos ésta lejanía
es el producto de su simple decisión de alejarse o no querer creer en aquello,
o más bien Aquel, que no comprenden. ¿Pero cómo lo van a comprender si no lo
buscan? Para otros, la decisión de alejarse es involuntaria, puesto que rezan y
cumplen con ciertos ritos de la religión que practican, pero tampoco buscan a
Dios con diligencia (leyendo, investigando, profundizando) y en consecuencia se
convierten en ateos funcionales, o como suelo decir: “Son aquellos que ¡CREEN
CREER!”.
Lo que les quiero decir es que, poco comprenderán lo de las Virtudes
Divinas si no comprenden qué o quién
es Dios. Para comprender que significa
este sencillo vocablo, es preciso que leamos, investiguemos y profundicemos
todo aquello que se refiere o nos conduce a Dios. Si no nos esforzamos para
atraparlo seguiremos viviendo en la lejanía propia de los que ¡CREEN CREER!.
Ciertamente entiendo que, para el hombre resulta casi imposible apreciar
o conocer lo que verdaderamente es Dios, porque debido a nuestra torpe
capacidad cognoscitiva solemos cometer el mismo error que Pedro[i]
y nos dejamos guiar por nuestros sentidos naturales. Por eso Tomás de Aquino
decía: “A Dios
le conocemos a partir de las perfecciones que procedentes de Él están presentes
en las criaturas. Tales perfecciones son más sublimes en Dios que en las
criaturas. Nuestro entendimiento las aprehende tal como están en las criaturas,
y tal como las aprehende, así las llama”.[ii] En consecuencia, ¡sólo nos es
posible conocer a Dios intentando comprender y aceptar Sus Perfecciones!
Una de las Perfecciones Divinas es la que se conoce como: SABIDURÍA
DIVINA. En Dios, esta perfección, la dividimos en dos: una es
la que conocemos como ‘Ciencia de Dios’
por la cual Él SABE perfectamente todas las cosas. Ve y conoce lo pasado, presente y futuro,
sin que se le oculten los más secretos pensamientos. Es decir, Dios no necesita
reflexionar ni inquirir, pues Él con una sola mirada ve y penetra todo lo que
era, es y será. La otra perfección que se deriva es propiamente la ‘Sabiduría de Dios’ mediante la cual
Dios ORGANIZA todas las cosas de la manera más conveniente para lograr Su
Intención. ¡Nada se escapa del alcance de su mano!
Si comprendes tooodaaas las implicaciones de lo que significa
INFINITAMENTE SABIO, entonces estás preparado para comprender y aceptar que, la
Providencia Divina es ‘La Mano de Dios actuando en todas las cosas
y hechos de la historia’. Dios ha creado todas las cosas y con su
providencia las sostiene. Las criaturas no tienen su causa en sí mismas, sino
que tienen siempre su causa en Dios, del que reciben constantemente el ser y el
obrar. Por eso, si la Providencia Divina no conservara las cosas con el mismo
poder con que las creo en un principio, volverían enseguida a recaer en la
nada.
Alguno refutará: “¡Pero el mal existe! Entonces, ¿Si todo lo ordena Dios
con su mano?, debo concluir que ¿el mal proviene también de Dios? Y es aquí en
donde debo aclararles lo referente a la Voluntad
de Dios, la cual se puede definir como el ‘deseo eterno de Dios de que el
hombre le pertenezca EN LIBERTAD’. Es Su Voluntad que nosotros hagamos
las cosas bien, es Su Voluntad que seamos felices, es Su Voluntad que le
conozcamos, es Su Voluntad que le amemos. Con ese fin dirige todas las cosas,
según Su Providencia. Pero tristemente, nosotros haciendo uso de nuestra
libertad, aquella que Dios nos otorgó por Su Voluntad, cambiamos el plan y nos
inclinamos a no hacer lo que Dios desea. Entonces todo sale mal, porque hay
ausencia de Dios en las cosas que hacemos. ¡El mal no es otra cosa que la ausencia de la
Gracia de Dios!
Espero que hayan comprendido que, la
Providencia de Dios se orienta al bien del hombre para que este se incline a su
Voluntad, la cual es simplemente: el bien del Alma. En su amorosa providencia Dios lo ha orientado todo a fin
de que le conozcamos y, a través de la historia, se le ha manifestado al hombre
de diferentes maneras, a unos lejano y a otros cercano, pero en todo caso, esperando que todo aquel que decida creer
en Él lo haga no por obligación sino porque quiere hacerlo libremente.
Luego, a los fines de lograr su deseo, nuestro Amoroso Padre Dios provee al
alma de ciertas Virtudes y Dones que
ayudan al hombre a permanecer en Su Gracia y ayudar a otros a
descubrirla.
‘Gracia’ significa simplemente ‘Regalo’, algo que se nos da gratis. Viene de la
palabra griega ‘jaris’, traducida
al latín por ‘gratia’, que en el Nuevo Testamento, con mucha frecuencia
significa ‘el favor divino, o bien la
benevolencia gratuita y misericordiosa de Dios hacia los hombres’.
¡Justamente este ‘regalo o gracia’ es la acción benevolente de Dios en la vida
del hombre, que lo mueve a hacer el bien! ¡Por Gracia somos salvos! ¡Es Dios
quien decide manifestársenos primero! ¡Es Dios quien nos escoge! ¡Es Dios quien
nos llama! ¡Es Dios quien nos mueve hacia Él! ¡Es Dios quien decide salvarnos!
¡Es Dios quien se hace presente en nosotros! ¡Y todo esto gratis, no porque lo
merezcamos, sino porque Él quiere regalárnoslo! ¡Él nos quiere dar el regalo de la salvación, gratis y libremente, PERO
YO DECIDO SI LO TOMO O NO!
Virtud cristiana consiste en la facultad
sobrenatural y el constante empeño de hacer lo que es grato a los ojos de Dios. Las dividimos en dos. Primeramente tenemos
las Virtudes Teologales, las cuales se denominan Teologales o Divinas
porque vienen inmediatamente de Dios y a
Dios inmediatamente refieren. Son tres. A saber: la Fe, que es la virtud mediante la
cual creemos firme e inquebrantablemente todo cuanto Dios mismo nos ha revelado
a través de Su Palabra, ya sea verificable o no para la ciencia. Evidentemente,
si crees en lo que Dios te ha comunicado a través de Su Palabra, habrás de
creer también en ese Dios que trata de comunicarte algo. Le sigue la Esperanza,
que es la virtud mediante la cual confiamos
firmemente alcanzar todo cuanto Dios nos ha prometido, a saber: el perdón
de nuestros pecados, su gracia santificante y la felicidad eterna. La tercera
es la Caridad, que nos induce a entregarnos de corazón a Dios,
que es nuestro supremo Bien, digno de todo amor, para serle gratos por el
cumplimiento de su Santísima Voluntad y llegar a la unión con Él.
El segundo grupo de Virtudes las conocemos como las Virtudes Morales porque tienen por objeto inmediato ordenar nuestras costumbres o conducta
moral de una manera que agrade a Dios. Las Virtudes Morales se dividen en
dos grupos. Un primer grupo denominado ‘Virtudes
Cardinales’, por ser estas el principio y el fundamento de las demás virtudes,
las cuales son:
- · Prudencia, que consiste en conocer lo que es verdaderamente bueno, y emplear con acierto los
medios de llevarlo a cabo.
- · Justicia, la cual consiste en estar siempre dispuesto
a dar o dejar a cada quien lo que le
pertenece.
- · Templanza, la cual consiste en controlar las inclinaciones y deseos del apetito sensual, del deseo del mundo, sobre todo el apetito
desordenado de comer, beber, dormir y otros tantos apetitos mundanos, que al no
controlarlos pueden apartarnos del bien.
- · Fortaleza, que consiste en que ninguna clase de trabajos ni persecuciones sean capaces de hacernos
retroceder en el camino del bien.
El segundo grupo de las ‘Virtudes Morales’, son aquellas que nos ayudan
a combatir nuestras malas inclinaciones, conocidas propiamente como ‘VICIOS’, aunque
se suelen denominar pecados capitales.[iii] Las virtudes que se oponen a los siete
pecados capitales son:
- · Contra
la Soberbia - Humildad, que
consiste en reconocer nuestra bajeza, a fin de sabernos incapaces de todo lo bueno que hacemos y se lo atribuyamos
todo a Dios.
- · Contra
la Avaricia – Largueza, que es la prontitud de ánimo de socorrer
con nuestros bienes a los necesitados y en contribuir con ellos a otros
fines laudables o buenos.
- · Contra la Lujuria - Castidad, que consiste en tener controlados
todos los apetitos y deseos impuros. Evidentemente, la Castidad se parece
bastante a la Templanza, pero lo que ocurre es que al ejercitar la Castidad
fortalecerás la Templanza y vencerás la lujuria.
- · Contra la Ira – Mansedumbre, que consiste en reprimir
todo movimiento de ira o indignación y todo deseo de venganza.
- · Contra la Gula – Templanza (la cual definí en las Cardinales)
- · Contra
la Envidia – Caridad, perteneciente
también al grupo de las Virtudes Teologales, debido a que, además de inducirnos a entregarnos de corazón a Dios, que es
nuestro supremo Bien, digno de todo amor, para serle gratos por el cumplimiento
de su santísima voluntad y llegar a la unión con Él, también nos mueve a amar al prójimo como a nosotros mismos,
deseándole todo bien e interesándonos sinceramente en sus alegrías y
quebrantos. Al movernos a amar al prójimo, procurando siempre su bien, evidentemente
nos mueve a evitar la Envidia, al alegrarnos por sus éxitos.
- · Contra
la Pereza - Diligencia, la
cual consiste en el constante empeño de
servir a Dios con voluntad y alegría, promoviendo en lo posible su mayor
honra y gloria, y cumpliendo fielmente con nuestras obligaciones.
Sé que también les nombre los DONES, pero de estos hablaremos en
próximas entregas, porque los Dones se nos obsequian después de alcanzar
ciertas Virtudes. En consecuencia, ¡ESFUÉRCENSE POR EJERCITARSE EN LAS VIRTUDES
PARA QUE SE LES OBSEQUIEN LOS DONES QUE LES PERMITIRÁN ALCANZAR LA GRACIA DE
SENTIR Y VIVIR EN LA PRESENCIA DE NUESTRO AMOROSO PADRE DIOS!
Algunos de los vicios que pueden carcomernos el alma son muy evidentes,
como la ira y la pereza. Otros suelen ser poco identificables puesto que se
esconden detrás de las fragilidades de nuestra ignorancia. Así como ocurre con
el ‘odio’, que suele ocultarse detrás de la exagerada connotación conceptual
que le confieren, algunos ‘vicios’ son prácticamente imperceptibles porque se
esconden detrás del vago conocimiento que tenemos acerca de ese vicio. Algunos
creen que, si en apariencia no eres egoísta entonces no eres avaro. ¡Nada más
lejos de la realidad!
Intentando resumir las múltiples definiciones que le dan a la palabra ‘avaricia’,
podemos decir que es simplemente deseo
desmesurado de adquirir fortuna para acumularlas. Tristemente, al no
comprender lo que significa la palabra desmesurado y sus implicaciones, solemos
pensar que no sufrimos de ese vicio.
Ahora bien, la persona que tiene avaricia se le llama avaro
y se define simplemente como una persona que no es capaz de gastar y mucho
menos compartir con nadie sus bienes. De manera que, el común de la gente suele
concluir que, si gasta dinero en zapatos, en vestidos, en joyas… pues no es
avaro, porque no está acumulando dinero, aunque si está acumulando ‘riquezas’. Muchos
de estos malgastadores suelen escudarse en que de vez en vez contribuyen con
las necesidades de los demás y en consecuencia concluyen que no sufren del
vicio de la avaricia. Pero suele ocurrir que, hay quienes contribuyen con
aliviar las cargas de los demás y luego viven recordándoselo, convirtiéndose
así en una carga adicional para el ayudado.
¡Pudiera ser que no seamos ‘egoístas’ pero si seamos avaros! Esto ocurre cuando nos acostumbramos a
compartir las cosas que muchas veces nos sobran y nos olvidamos de compartir
algunas que nos reservamos egoístamente. Cuando guardamos objetos, alimentos,
dinero,… ¡TESOROS!, para nuestro uso MUY PERSONAL, estamos siendo avaros.
Cuando vemos a aquellos que viven con nosotros estar pasando por alguna
necesidad económica y tenemos recursos para asistirles y sin embargo no lo
hacemos ¡ESTAMOS SIENDO AVAROS!, porque el diablo nos hace creer que ese dinero
que ‘estamos atesorando’ nos lo hemos ganado con nuestro esfuerzo, sólo para
nuestro disfrute.
Ven lo sencillo que es para el diablo ocultarnos un vicio tan
destructivo. ¡La Avaricia es un pecado
capital tan grave que incluso cuenta con su propio Demonio: 'mammón'! Si bien es cierto que, la palabra ‘mammón’ es sinónimo de ‘riqueza’, según las diferentes lenguas habladas en la
edad antigua, para muchas de éstas antiguas culturas ‘mammón’ era el ‘dios de
las riquezas’, que por demás tenía aspecto de demonio. Debido a esto, muchos
exégetas han concluido que, cuando Yeshúa dijo: «Ningún sirviente puede servir a dos amos;
porque odiará a uno y querrá al otro, o será fiel a uno y despreciará al otro.
No se puede servir a Dios y a las riquezas»,[iv] realmente pronunció la palabra ‘mammón’, en
consecuencia se refería a que no podemos servir a Dios Padre y, a la vez, al ‘demonio
de las riquezas’.
Al igual que el ‘odio’, el diablo ha logrado ocultar al ‘demonio de la
riqueza’ detrás de los epítetos exageradamente destructivos que le otorgan a la
‘envidia’. Cuando buscamos el significado la palabra ‘envidia’, frecuentemente
leemos significados grotescos, como: “Es el AFÁN, ANHELO, VEHEMENCIA o la AMBICIÓN de manera DESORDENADA de
poseer, logar o de adquirir riquezas para poder ALMACENARLAS”. y cuando
buscamos la definición de algunos de estos macabros adjetivos, nos encontramos
con definiciones más tenebrosas todavía. Como por ejemplo, al buscar ‘anhelo’,
conseguimos que hace referencia a un DESEO, ANSIA, APETENCIA, EMPEÑO de
conseguir una cosa por los propios merito o de manera AMBICIOSA, sin necesidad
de ganarlas con algún esfuerzo de nuestra parte.
Consecuentemente, al leer estas definiciones tan terribles nos parece
que no sufrimos de la envidia, porque si no ya estaríamos muertos. Ocurre igual
con el que tiene algunas manchas en su piel y, al suponer que no es nada grave,
sigue exponiéndose ANSIOSAMENTE al sol hasta que finalmente aparece el cáncer
de la piel. De la misma manera que muchos suponen que un cáncer es un
gigantesco monstruo que crece VEHEMENTEMENTE en su interior, muchos suponen que
la ‘envidia’ es un terrible demonio que los mueve como a un títere a ACUMULAR
RIQUEZAS. Resulta que, ambos son males que crecen LENTAMENTE, hasta llegar a
convertirse en ese monstruo o en ese demonio que tanto se teme.
Al contrario de la palabra ‘avaricia’, la palabra ‘largueza’ se define
sencillamente como: Virtud de tipo moral que consiste en distribuir generosamente sus
bienes sin esperar algo a cambio, y en ninguna parte conseguimos una
definición más detallada o en donde se utilicen más epítetos para definir lo
que se nos dice es el antídoto contra la envidia’. ¡MISTERIOS DE LA CIENCIA!
De hecho, como el concepto suena lindo y parece sencillo, solemos pensar
que tenemos en sumo esa virtud. ¡Claro! Yo suelo dar limosna en la Iglesia,
suelo compartir GENEROSAMENTE aquellas cosas que me sobran. Entonces
descubrimos que, uno de los sinónimos de ‘largueza’ es ‘generosidad’, y a
partir de allí comenzamos a creer que no tenemos que combatir el vicio porque
ya disponemos de la virtud. ¡TRISTES REALIDADES!
Resulta que, otra acción similar a ‘ser generosos’ es ‘dar limosna’ y,
aunque esta acción se define también con mucha sencillez, al buscarla en la
Palabra Divina descubrimos muchas implicaciones a tan sencilla palabra.
Ciertamente, cuando tenemos alguna dolencia o malestar físico los
médicos suelen recetarnos algún antídoto contra esa dolencia o malestar, pero
si nosotros no aceptamos ese medicamento y no nos lo tomamos, evidentemente el
dolor o malestar que estemos sufriendo seguirá dañándonos o incluso pudiera
aumentar hasta que se haga insoportable y nos arranque la vida. De la misma
manera ocurre con las Virtudes Divinas, si no las ejercitamos no lograremos
superar el vicio que pretendemos combatir e incluso pudiera ocurrir que ese
vicio nos carcoma el alma hasta casi destruirla.
Como les comentaba, la palabra limosna es sencilla de definir, puesto
que viene del griego ‘eleemosyne’ que
significa ‘piedad’ o ‘compasión’, en consecuencia, ‘limosna’
es aquello que se da por piedad o compasión. Pero si buscamos ‘piedad’ en el
diccionario de la Real Academia Española, descubriremos que: “es una Virtud que
inspira ¡POR EL AMOR A DIOS!, tierna devoción a las cosas santas, y, ¡POR AMOR
AL PRÓJIMO!, actos de amor y ‘COMPASIÓN’.
Lo anterior nos mueve a comprender que, ‘ser generosos’ o ‘dar limosna’
es un ¡ACTO DE AMOR!, por lo que podemos concluir que lo hacemos ¡SIN ESPERAR
NADA A CAMBIO! Quizás por esto Yeshúa nos aconsejaba que: «¡Mucho cuidado con andar haciendo buenas obras para que los demás los
vean y admiren! ¡Los que así lo hacen no tendrán recompensa del Padre que está
en el cielo! Por eso, cuando den alguna limosna, no lo anden proclamando como
los hipócritas, que tocan trompetas
en las sinagogas y en las calles para que la gente se fije en lo caritativos
que son. ¡Les aseguro que, aparte de eso, no tendrán otra recompensa! Pero
tú, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu
derecha, para que tu limosna sea en secreto; y tu Padre, que ve en lo
secreto, te recompensará».[v] Me imagino que en nuestros tiempos diría: "No hagan como los hipócritas, que se toman selfies mientras dan alguna limosna, haciendo de su generosidad un pequeño circo".
Aristóteles decía que, de la gran cantidad de virtudes, la generosidad
era la más estimada. El ejercicio bien ejecutado de la generosidad, ¡EVITANDO
TOCAR TROMPETA!, nos ayuda a desarrollar el resto de las virtudes.
Habiendo desglosado ciertos conceptos, ha llegado la hora de decirles lo
que les vine a decir, en ésta entrega: ¡CUIDADO
CON LAS RIQUEZAS!
Si hemos comprendido que, “Ni una sola hoja de un árbol se cae sin que
Dios lleve cuenta de ello”,[vi]
puesto que Providencia Divina es ‘La Mano de Dios actuando en todas las cosas
y hechos de la historia’, hemos comprendido que: “Las riquezas que poseemos nos han sido PROVEÍDAS por nuestro Amoroso
Padre Dios, a los fines de que nos ejercitemos en la ‘largueza’, para combatir
la ‘avaricia’”.
Quizás les dé risa pero, nuestro Amoroso Padre Dios no ‘inyecta
virtudes’, sino que simplemente nos PROVEE de aquello con lo cual podemos
desarrollar las Virtudes, a los fines de alcanzar nuestro ‘crecimiento
espiritual’. Por decirlo de alguna manera, la Virtud ya se encuentra dentro de
ti, sólo que ¡DEBES DESARROLLARLA! Y la forma como nuestro Amoroso Padre Dios
logra activar en nosotros cualquier Virtud, es PROVEYÉNDONOS de aquello que nos
permita ejercitarnos para combatir el vicio que nos carcome.
El ‘hecho’ desembocante de la ‘avaricia’ es la riqueza, en consecuencia,
la mejor forma de que nuestro Amoroso
Padre Dios puede ayudarnos a combatir el germen de la ‘avaricia’ es
proveyéndonos de ciertas riquezas y esperando que hagamos un buen uso de éstas,
al ejercitarnos en la ‘largueza’, siendo generosos con esas riquezas. Pero
cuidado porque, si te descuidas, las riquezas pueden desarrollar en ti
justamente la ‘avaricia’, en vez de la ‘largueza’, además de otros males muy dañinos
para tu alma como la idolatría, al hacer del dinero un dios, al cual le rindas
culto.
Nuestro Amado Yeshúa nos recomendó estar vigilantes sobre las riquezas
que nuestro Amoroso Padre Dios nos otorga, a los fines de que comprendamos que
nos las ha otorgado para administrarlas, procurando con estas riquezas nuestro crecimiento
espiritual. Hermosamente nos dice: «El
que se porta honradamente en lo poco, también se porta honradamente en lo
mucho; y el que no tiene honradez en lo poco, tampoco la tiene en lo mucho. De manera que, si con las falsas riquezas
de este mundo ustedes no se portan honradamente, ¿quién les confiará las
verdaderas riquezas? Y si no se portan honradamente con lo ajeno,
¿quién les dará lo que les pertenece?»[vii]
Creo que por esto, en la parábola de los talentos[viii]
nos recuerda que, si no administramos
bien las riquezas, podemos perder las pocas que tenemos y, consecuentemente,
perderemos las riquezas que nos esperan al morir. ¡ALLÁ EN LA OTRA VIDA!
Visto lo anterior, espero hayan comprendido que, el dinero que nuestro
Amoroso Padre Dios nos provee es ciertamente para nuestro beneficio material,
pero más propiamente para nuestro beneficio espiritual. En consecuencia, es
preciso que le demos un uso ALTAMENTE EFICIENTE a las riquezas que poseemos, a
fin de lograr en nosotros que la Voluntad de Dios, de hacernos más felices en
la próxima vida, se cumpla.
Algunos consejos para lograr esta eficiencia son:
Algunos consejos para lograr esta eficiencia son:
- · Siempre
sé generoso con la generosidad de nuestro Amoroso Padre Dios. ¡ÉL TE LO HA
PROVEÍDO, TU SIMPLEMENTE ADMINISTRALO!
- ·
Evita
recordarle a los demás lo generoso que eres. ¡NO TOQUES TROMPETA!
- ·
No mal
gastes en cosas innecesarias. ¡HONRA LO QUE SE TE HA PROVEÍDO!
El que honra lo que se le ha proveído agradece aquello que se le dio y
evita mal gastarlo en cosas innecesarias o en vicios, que vayan en contra del
decoro del alma. No estoy diciendo que evites tomarte algunos traguitos de vez
en vez, pero sí que evites el abuso de esos traguitos, para que no se
conviertan en vicio. También evita el comprar cosas robadas. Y, a menos que sea
por necesidad, evita comprar artículos que algún usurero esté vendiendo a altos
precios. ¡Ya Dios se encargará de reclamarles sus atrevimientos a esos
usureros!
Para concluir ésta entrega, les aclaro que nuestro Amoroso Padre Dios,
también nos provee de riquezas que no son monetarias, pero que también estamos
en la obligación de administrar, a los fines de crecer espiritualmente. LOS
HIJOS, por ejemplo, ¡SON UNA ENORME RIQUEZA!, que debemos administrar
sabiamente, si procuramos retornar, con ellos, a la Casa de nuestro Amoroso
Padre Dios. Los hijos, al igual que cualquier otra riqueza, son proveídos por
nuestro Amoroso Padre Dios para nuestro crecimiento espiritual, en consecuencia,
debemos esforzarnos por ser los mejores padres que ellos pudieran tener, a fin
de que ellos también logren crecer espiritualmente.
Como padres, es importante que tomemos conciencia de que antes de ser
nuestros hijos son los hijos de Dios y nosotros somos simples instrumentos de
nuestro Amoroso Padre Dios para ayudar a sus Hijos a crecer en la fe.
Cuando los hijos logran ser excelentes profesionales y ocupar cargos
importantes en alguna empresa, nosotros como padres ciertamente nos sentimos
orgullosos, pero en ningún caso debemos pensar que ha sido gracias a nosotros
que lograron esos méritos, porque ciertamente, como decía Pablo: incluso las
buenas obras que hagamos, las ha dispuesto Dios de antemano, para que las
realizáramos.[ix] ¡Criar
a nuestros hijos no es una obligación, ES UNA BENDICIÓN!
Es Dios quien hace uso de los padres para hacer exitosos a los hijos, en
consecuencia, jamás debemos echarle en cara el poco esfuerzo de nuestra parte
para lograr hacer de ellos excelentes profesionales, porque incluso ese pequeño
esfuerzo es lo que Dios ha logrado convencernos que hiciéramos para que
nuestros hijos sean exitosos.
Los hijos por su parte, jamás deben olvidar que hay una promesa de
bendición para los hijos que honran a sus padres (4to. Consejo o Mandamiento).
De manera que, ¡HONRAR A LOS PADRES ES UNA OBLIGACIÓN, PERO TAMBIÉN ES UNA
BENDICIÓN! Además, los hijos deben comprender que el éxito que Dios ha
dispuesto que alcancen es para que se ejerciten en la ‘largueza’,
principalmente con los padres, quienes de alguna manera se dejaron utilizar por
Dios para que lograran tales éxitos.
«Dios hace al padre más respetable que a los
hijos y afirma la autoridad de la madre sobre la prole. El que honra a su padre
expía sus pecados, el que respeta a su madre acumula tesoros; el que honra a su
padre se alegrará de sus hijos, y cuando rece, será escuchado; el que respeta a
su padre tendrá larga vida, al que honra a su madre el Señor lo escucha. Hijo
mío, sé constante en honrar a tu padre y a tu madre, no los abandones mientras
vivas; AUNQUE CHOCHEEN, ten indulgencia, NO LOS ABOCHORNES mientras vivas. La
limosna a los padres no se olvidará, será tenida en cuenta para pagar tus errores»[x]
[iii] Capital:
proviene del latín caput ó capitis, que significa ‘cabeza’, en el entendido de que esa cosa u objeto, a la cual
denominamos capital, constituye
el ‘origen’, ‘cabeza’ o ‘parte vital o principal’ de alguna cosa. En éste sentido, pecado capital no se refiere a la magnitud
del pecado sino a que da origen a muchos otros pecados.
[viii] Mateo
25, 14-30
No hay comentarios.:
Publicar un comentario