¿Recuerdan la parábola de las diez vírgenes?, aquella la que Yeshúa nos
comentaba que cinco eran prudentes y cinco insensatas.[i]
Pues, en nuestra triste realidad temporal, pareciera que el porcentaje no es
fifty-fifty. Por lo que está ocurriendo en el planeta, el porcentaje de los
prudentes pareciera ser infinitesimal.
Desde hace poco más de un año, me he dedicado a escribir sobre temas
teologales. Ciertamente reconozco que, nuestro Amoroso Padre Dios me inició en
estos menesteres desde hace ya muchos años, sólo que yo, cual niño consentido,
me di a la tarea de malgastar gran parte de la fortuna que mi Amoroso Padre Dios
me cedió y me dediqué a disfrutar mediocremente del mundo. Digo mediocremente,
porque con la gran mayoría de mis acciones no estaba acumulando méritos para la
siguiente vida, sino más bien desméritos.
Como consecuencia de lo anterior, sino hubiera sido porque nuestro
Amoroso Padre Dios se sentó a esperar que yo volviera, hoy en día sería parte
de las vírgenes –en mi caso no tan virgen- insensatas. Gracias a nuestro
Amoroso Padre Dios, tal y como el ‘Hijo Pródigo’, decidí volver a la ‘Casa de
Mi Padre’ y, por supuesto, Él me recibió con los brazos abiertos, no queriendo
escuchar de mí mis torpes excusas y mucho menos que le hablara de mis errores,
simplemente me abrazó y me dijo, con mucha ternura: “¡Ponte a trabajar!”. ¡Que,
¿qué pasó con la fiesta?!, pues le dije
que la dejara para más adelante, porque quería ir a llenar mi lámpara de
aceite, para colaborar, aunque sea levemente, con la iluminación del mundo.
El aceite para la lámpara, que nos permite iluminar al mundo, es aquello
que leemos, investigamos y profundizamos, acerca de nuestro Amoroso Padre Dios.
Evidentemente, cundo compartimos –escrita o verbalmente- aquello que
descubrimos acerca de nuestro Amoroso Padre Dios, estamos iluminando al mundo.
LA REALIDAD DEL MUNDO
Como les comenté, la actualidad de los tristes acontecimientos
mundiales, parecieran indicarnos lo inminente de ‘otra torpe guerra mundial’ o de
un cataclismo apocalíptico. Y, por ‘tristes acontecimientos mundiales’, no me
refiero únicamente a las nefastas estupideces que está cometiendo gobiernos
para iniciar una guerra a nivel mundial, sino a todos los torpes
comportamientos dizque humanos, que podemos observar en los noticieros.
Ciertamente, de acuerdos a ciertos comportamientos, podemos entrever
que, algunos países están deseosos
de una gran guerra, porque sus economías son
de guerra. ¡Están sustentadas prácticamente por la venta de armas! Pero quizás,
esta probable guerra ha de ser activada, no por los comportamientos orgullosos
y egoístas de ciertos gobiernos mundiales, sino más bien por el crecimiento exacerbado
de la maldad en el mundo. El hombre se ha distanciado tanto de Dios que, al
igual que el ‘Hijo Pródigo’, parece preferir comer de lo que le arrojan a los
cochinos, que degustar los ricos manjares que se sirven en la Casa de nuestro
Amoroso Padre Dios.
No sé ustedes pero, yo suelo prestar atención a todo lo que oigo y veo.
En estos días oí que en el planeta se producen ocho veces más alimento del que
se requiere para alimentar a todo el mundo. Entonces, ¿por qué hay tanta gente
muriéndose de hambre? Pues, resulta que algunos investigadores han descubierto
que, ciertos empresarios inescrupulosos compran grandes cosechas sólo para
destruirlas, esto a los fines de generar escasez y así evitar que disminuyan
los precios. Lo llaman ‘ley de la oferta y la demanda’. Y no sólo lo oí,
también lo vi. Ganaderos botando enormes cantidades de leche a la orilla de un
río. Avicultores lanzando en una enorme fosa millares de pollitos, para luego
echarles tierra encima y quitarles la vida, asfixiándolos. Agricultores
lanzando por un barranco grades cantidades de tomates. También he visto a
personas buscando comida en los basureros
o haciendo largas colas para que les regalen una bolsa de comida o para comprar
alimentos, a punto de vencerse, dizque en oferta.
Tristemente, también he visto a muchos ‘supuestos necesitados’ comprando
artículos a precios regulados para revenderlos a precios exagerados. Pues sí, tristemente
muchos demonios se aprovechan de las enormes necesidades que suelen generarse
cuando se desborda la maldad. Cada vez es mayor el número de empleados
gubernamentales que se corrompen. Cada vez los hospitales tienen menos
medicamentos y las cárceles tienen más presos. El diablo parece haberse posesionado
de gran parte de la humanidad, convirtiéndolos en sus esclavos.
ACTUALIDADES ANTIGUAS
Pero estos actuales acontecimientos son ¡bastante antiguos! En el Libro
de Amós podemos leer: «Oíd esto, los que
explotáis a los menesterosos, y arruináis a los pobres de la tierra, diciendo:
¿Cuándo pasará el mes, y venderemos el trigo; y la semana, y abriremos los
graneros del pan, y achicaremos la medida, y subiremos el precio, y falsearemos
con engaño la balanza, para comprar los pobres por dinero, y los necesitados
por un par de zapatos, y venderemos los desechos del trigo?».[ii]
Así como el ejemplo anterior, existen muchísimos ejemplos, en la
historia de la humanidad, en donde el hombre parece olvidar que: ¡EL DIABLO
PAGA MAL A QUIEN BIEN LE SIRVE! y, con sus torpes comportamientos, parecen
acercarse más al diablo que a Dios. En consecuencia, surgen los cataclismos
apocalípticos, porque ¡EN AUSENCIA DE DIOS, CUALQUIER COSA PUEDE PASAR!, y con
seguridad ¡nada bueno!
Las guerras, las enfermedades, los desastres naturales, las explosiones
sociales,… el incremento de la maldad, no son otra cosa que el reflejo de
nuestro alejamiento de Dios. Y entiéndase bien, ¡NO ES DIOS QUIEN SE ALEJA!,
somos nosotros los que nos alejamos de Él.
Esta realidad es tan evidente que, frecuentemente durante el desarrollo
de eventos apocalípticos, en vez de ocurrir conversiones hacia Dios, la lejanía
es tanta que la maldad prospera más abundantemente. Existen muchísimos
registros acerca de los diabólicos hechos que suelen suscitarse durante los
acontecimientos apocalípticos: violaciones de infantes, maltrato exagerado de
mujeres y ancianos, acaparamiento de las ayudas humanitarias,… ¡ODIOS
DESENFRENADOS! Tan demoníacos llegan a ser los comportamientos durante los
eventos apocalípticos que, después del deslave ocurrido en mi país, se
detuvieron a algunas bestias –que no podemos considerar personas- procurando
relaciones sexuales con cadáveres.
Al rechazar nuestra condición de ‘Hijos de Dios’ para convertirnos en vulgares
servidores del diablo, activamos los pesares y males que son propios del
infierno. Cada funesto acontecimiento de la historia de la humanidad, ha sido
activado por la estupidez de alejarnos de nuestro Amoroso Padre Dios.
LIBRE ALBEDRÍO
Algunos de ustedes me dirán: “Si Dios es el Omnipresente ¿es posible
alejarme de Él?”. Pues sí, se llama ‘libre albedrío’. ¡Nuestro Amoroso Padre
Dios nos creó libres! Nos dio la potestad de escoger el bien o el mal. Nos dio la
potestad de servirle a Él o al demonio.
Como lo he explicado en algunos de mis escritos, cuando hacemos uso de
nuestro libre albedrío para servir al diablo, aparentemente el mismo diablo nos
esconde de la mirada de Dios y nos tapa la boca y los oídos, para que no
logremos hablar y mucho menos oír a nuestro Amoroso Padre Dios.
Digo ‘aparentemente’ porque ciertamente es imposible que quien creó el
ojo no vea y que quien creó el oído no oiga.[iii]
Lo que ocurre realmente es que, con una enorme tristeza en el corazón, nuestro
Amoroso Padre Dios ve como nos alejamos y no hace nada para evitarlo, porque no
se permite así mismo quitarnos el hermoso regalo del libre albedrío. ¡Dios
quiere que lo amemos en libertad! ¡Dios del hombre no quiere un amor obligado!
Ya eso lo tiene del resto de la creación.
Ciertamente porque nos ama, sufre cuando nos ve sufrir, pero no hace
nada al respecto porque no nos quiere hacer prisioneros. Simplemente se sienta
a esperar que recapacitemos y, como el ‘Hijo Pródigo’, retomemos el Camino a Casa.
¡Es en la Casa en donde nos puede cuidar, proveer,… AMAR! Fuera de la ‘Casa’ no
puede -mejor dicho ¡NO DEBE!- hacer nada a nuestro favor o en contra, porque
estaría atentando contra nuestra libertad. ¡SOMOS LIBRES DE COMER AQUELLO QUE
LE ECHAN A LOS COCHINOS! Aunque nuestro Amoroso Padre Dios, desde lo lejos,
arrugue la cara al verlo.
Tristemente, una enorme cantidad de los hombres –incluyendo por supuesto
a las mujeres- de nuestros tiempos están haciendo uso de su libre albedrío para
servir al diablo. Es por esto que, no me extrañaría que en algún momento algún
enorme meteoro, de aquellos que abundan en el vasto universo, se desvíe en
dirección a la tierra. Y esto no porque nuestro Amoroso Padre Dios lo disponga,
sino más bien porque lo permita, en atención a las quejas que reciba del resto
de la creación. En su defecto, tampoco me extrañaría una tercera guerra
mundial. Recuerden, se llama: ¡LIBRE ALBEDRÍO!
LA ÚLTIMA PALABRA
Quizás muy pocos comprendan lo comentado en el párrafo anterior. Esto es
porque muy pocos se esmeran por ‘Conocer a Dios’. Muy pocos ‘leen’, ‘investigan’
y ‘profundizan’ el Mensaje Divino. Muy pocos, ¡QUIZÁS POR MIEDO!, quieren
encontrarse con nuestro Amoroso Padre Dios.
Les he gritado ¡QUIZÁS POR MIEDO!, porque estoy altamente consciente
que, el desbordado ateísmo funcional del que adolecemos en nuestros tiempos, es
producto del terrible ¡MIEDO A DIOS! que muchos ‘jerarcas eclesiales’ han
sembrado en nuestros corazones. Nos han hablado tanto de que el Paraíso es tan
difícil de alcanzar que nos han hecho reticentes a procurarlo. Por decirlo de
alguna manera, al escuchar a muchos jerarcas eclesiales hablar acerca de las
terribles dificultades para llegar a Dios, inconscientemente nos decimos: ¡Si
es tan difícil ¿para qué intentarlo?! Entonces nos rendimos y preferimos servir
al diablo, porque es más fácil llegar a él. ¡Y claro que es más fácil!
¡HORRIBLEMENTE MÁS FÁCIL Y TERRIBLEMENTE DEVASTADOR! Recuerden: ¡EL DIABLO PAGA
MAL A QUIEN BIEN LE SIRVE!
Por eso escribo acerca de las ‘Cosas de Dios’. Para cambiar esa terrible
mentira que han sembrado en nuestros corazones. A través de mis escritos quiero
avivar en ustedes la verdad que ya conocen desde la creación del mundo: ¡DIOS
NOS HA CREADO POR AMOR! y al ser EL INMUTABLE su Amor por nosotros nunca
cambia.
Cuando veo los nefastos acontecimientos que hoy en día abruman al mundo,
me parece que tardé mucho tiempo en iniciar la tarea que se me asignó hace
muchos años. Al percibir tan cerca un muy posible acontecimiento apocalíptico,
me disculpo con mi Amoroso Padre Dios por no haber comenzado antes a
comunicarle como Él es en Verdad. Entonces le digo: “Si ha llegado el momento de
acabar con este hermoso planeta, a causa de nuestro nefasto mundo, pues ¡ASÍ
SEA! Pero si me preguntas a mí lo que quiero, te diré que quiero vivir al menos
ciento cincuenta años ¡PARA COMUNICARTE!”. Luego le digo: “Tú Decides, ¡TÚ
TIENES LA ÚLTIMA PALABRA! ¡Yo seguiré llenando de aceite mi lámpara! ¡Tú
decidirás cuando encenderla!”. Entonces me embarga nuevamente la paz, que por
breves momentos el mundo logra arrebatarme, y continúo escribiendo acerca de
¡NUESTRO AMOROSO PADRE DIOS!
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