sábado, 16 de enero de 2021

AMAR A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS

Desde hace muchos, muchos años, me he sentido muy apasionado por todo aquello que me conduce al conocimiento de nuestro Amoroso Padre Dios. Siendo un niño, mi amada mamá me regaló una Biblia y mi amada y recordada abuela me enseñó a escudriñarla. Desde muy niño fui movido a SABER, más que a CREER, que Dios existe y que me ama más que a Sí Mismo, motivo por lo cual, desde que nací se ha encargado de orientarme hacia su encuentro.

No pretendo ser un engreído, porque estoy segurísimo que el mismo trato que he recibido de nuestro Amoroso Padre Dios, desde muy niño, es el mismo trato que muchísimos de ustedes han recibido, o por lo menos, nuestro Amoroso Padre Dios ha intentado brindarles el mismo trato, de aparente exclusividad, que me brinda constantemente. Quizás lo que me ha diferenciado a mí es que yo he procurado prestar atención a Sus Palabras, a Su Orientación,... a Su Amor. Aunque ciertamente, al igual que ustedes, muchas veces me alejaba de Su Amorosa Mirada y me dejaba someter por las caricias lisonjeras del mundo. Pero siempre, nuestro Amoroso Padre Dios ha encontrado maneras para reencaminarme nuevamente a Su Lado. ¡JAMÁS, NUESTRO AMOROSO PADRE DIOS, NOS OBLIGARÁ A QUEDARNOS A SU LADO!!! ¡SOMOS NOSOTROS LOS QUE DEBEMOS OBLIGARNOS A ACERCARNOS A ÉL!!!

Yo entiendo que, permanecer al lado de nuestro Amoroso Padre Dios exige de nosotros mucho esfuerzo, porque constantemente debemos esquivar los susurros lisonjeros de satanás y deslastrarnos del peso de nuestra necesidad material. Esto no es nada sencillo para los que estamos revestidos de materia. ¡Pero el esfuerzo vale la pena! ¡Se los aseguro!!! 

Parte del esfuerzo que debemos realizar para alejarnos del mundo, a fin de mantenernos cerca de nuestro Amoroso Padre Dios, es mantenernos en constante oración y procurar escudriñar la Palabra Divina. Claro esta, ESCUDRIÑAR LA PALABRA DE DIOS SIN ORACIÓN NUNCA PRODUCIRÁ RESULTADOS SATISFACTORIOS. Además de la tan necesaria oración, para escudriñar sabiamente la Palabra Divina, tenemos que aprender a deslastrarnos de ciertos conocimientos o instrucciones preconcebidas a fin de formarnos un criterio propio, de aquello que escudriñamos, el cual quizás nos ayude mucho más que los criterios de otros, para avanzar hacia la Casa de nuestro Amoroso Padre Dios.

Debido a que ciertos criterios de los jerarcas eclesiales me instruían que el Libro de Job era un simple cuento y, en atención a que como ellos a mi me costaba entender ese duro comportamiento de nuestro Amoroso Padre Dios, pues decidí creerles a los jerarcas y nunca le presté atención a tan importante mensaje. Fue apenas hace unos meses que decidí responder a la pregunta que, durante muchos años me formulé respecto al Libro de Job: "¿Por qué nuestro Amoroso Padre Dios trató a uno de Sus Amigos con tanto desdén? ¿Por qué permitió que satanás le aplicara tan duras pruebas?". Entonces, después de orar para pedir Sabiduría, decidí leer con mayor detenimiento y prestando mucha atención tan exquisito Libro. Fue así como logré concluir que Job se hizo merecedor de tan duras pruebas debido al mucho amor que sentía por sus hijos.

Ustedes me replicarán: "¿Acaso es malo amar a los hijos?". Y yo les responderé: "¡Sí es malo!!! Si cometes el error de amarlos más que a Dios". Cada uno de nosotros, cada vez que reencarnamos, venimos con cierto grado de desarrollo, como resultado de lo que hayamos aprendido en nuestras vidas pasadas. Cuando, además de aprender, comenzamos a aplicar los conocimientos aprendidos para desarrollarnos espiritualmente, pese al peso de nuestra materialidad, comenzamos a ganar preseas y, la acumulación de las mismas, nos hacen merecedores de la Hermosa Amistad de nuestro Amoroso Padre Dios. Resulta que, aquellos jugadores que se esfuerzan por avanzar, cada vez que reencarnan, en algún momento llegan al último nivel del juego y, en ese nivel, les hacen la misma pregunta que Yeshúa le hizo a Pedro, después de resucitar y poco antes de elevarse al cielo: "¿Me amas MÁS que estos?". La respuesta afirmativa a esta hermosa pregunta debe hacerse con todo el corazón, con toda el alma, con todo el ser, de lo contrario se considerará respuesta negativa.

DESNUDOS LLEGAMOS

Mientras les escribo éstas palabras, no dejo de preguntarme si estoy en el último nivel del Juego por mi Mundo y, en consecuencia, de un momento a otro me harán la hermosa pregunta. Sólo dos cosas me atan a éste mundo: MIS DOS AMADAS PRINCESAS. De manera que, estoy altamente consciente de cuál pudiera ser la pregunta: "¿Me amas más que a tus hijas?". Esa pregunta me la hace cada vez que alguna de mis princesas se empeñan en hacer las cosas a sus modos, por lo que, siempre estoy pendiente de corregirlas, pese al riesgo de que dejen de tratarme. También me ocurre que, cuando ellas salen solas a alguna parte, suelo preocuparme muchísimo, por el temor de que les ocurra algo malo. Ocurre que, cuando oscuros pensamientos invaden mi mente, suelo respirar profundo y decirle a mi Amoroso Padre Dios: "Son tuyas antes que mías y si tu has decidido que les ocurra algún acontecimiento desagradable, pues yo no puedo hacer nada. Sólo me queda confiar en que lo que  ocurra es lo mejor que les puede ocurrir para el bien de sus espíritus". Entonces, continúo respirando tranquilamente, con la certeza de que todo saldrá bien, porque sé que mis amadas princesas también son hijas de nuestro Amoroso Padre Dios, quien con toda seguridad las ama más que yo y en consecuencia las cuida mejor que yo.

Cuando releo las terribles cosas que le ocurrieron a Job, suelo recordar una de sus más certeras frases: "¡DESNUDOS LLEGAMOS! ¡DESNUDOS NOS VAMOS! ¡ALABADO SEA DIOS!". Nuestro espíritu llega desnudo al vientre de nuestra mamá y allí es vestido con la carne de nuestro cuerpo. Al morir, nuestro espíritu se quita ese frágil traje y se va. Lo efímero del cuerpo que me reviste me hace pensar en lo efímero de las cosas que CREEMOS NOS PERTENECEN. Si el cuerpo, que nos permite existir, no es realmente importante, ¿cuál habrá de ser la importancia de las cosas que CREEMOS NOS PERTENECEN? De manera que, para evitar ser probados como fue probado Job, nos es preciso vivir teniendo presente las conclusiones a las que llegó Job, después de haber sido probado tan duramente.

Las terribles cosas que le ocurrieron a Job y la forma cómo le ocurrieron me hacen concluir que, para nuestro Amoroso Padre Dios, no son nada importante ni nuestros cuerpos, ni nuestras pertenencias, ya sean cosas o personas. PARA NUESTRO AMOROSO PADRE DIOS SÓLO ES IMPORTANTE NUESTRO ESPÍRITU, por eso parece estar jugando con satanás cuando éste le pide permiso para tocar las APARENTES PERTENENCIAS de Job. Siempre Dios le decía a satanás: "Dale pues, pero no lo toques a él". Luego, cuando a Job sólo le quedaba su cuerpo -vestido del espíritu- satanás le pidió a Dios permiso para tocar el cuerpo de Job, a lo que Dios respondió: "Dale pues, pero no le quites la vida". Este dialogo juguetón entre Dios y satanás me hablan del Juego por nuestro Mundo, un juego que sólo concluirá, para cada uno de nosotros, cuando le demostremos a nuestro Amoroso Padre Dios que lo amamos con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con todo nuestro ser.

Como habrán concluido, el Juego por nuestro Mundo parece un chiste porque, siendo seres espirituales nos revisten de materialidad, nos hacen tener necesidades materiales y nos piden que evitemos apegarnos a las cosas materiales. ¡Es como encargar a un diabético de una pastelería!!! Sin embargo, aquí estamos. Por alguna extraña razón decidimos entrar al campo de juego, lo que nos debe indicar que ¡ES POSIBLE LLEGAR A LA META!!! Claro que, también es posible que nos hayamos sentido movidos a participar motivados por el Hermoso Premio. En todo caso, ya estamos aquí y esto nos debe obligar a esforzarnos por llegar a la meta, porque esa es la única manera de bajarnos de la sámsara, que nos obliga nacer, vivir, morir y renacer. Es lo que concluyó Siddhartha que, cuando se enteró que el triste destino del hombre era sufrir un sinfín de vidas, concluyó que la única forma de no reencarnar era pareciéndonos a Dios.

El caso es que, sean cuales sean los motivos que te movieron a subirte a la sámsara, ya te subiste y la única forma de bajarse es pareciéndose a Dios o por lo menos ganándose Su Amistad. Rendirse después de haber decidido jugar no tiene sentido, porque el juego no se acaba hasta que se logran los objetivos para los cuales fue diseñado. Resistirse a procurar los objetivos sólo relentiza el sano desarrollo del juego y, como la materia es finita, te obligas a reencarnar muchas vidas, durante las cuales con seguridad sufrirás muchísimo debido a tu obstinada resistencia a jugar como un verdadero profesional.


 Escrito por: Noel José Méndez Ydrogo

No hay comentarios.:

Publicar un comentario