miércoles, 20 de enero de 2021

CRISOL

Esta mañana me desperté pensando en la nefasta especulación en los precios de los alimentos, en mi país. En el mes de diciembre, ya todos los alimentos eran incomprables y resulta que ahora en enero todo a subido al doble de lo que costaba en diciembre, pese a que el dólar subió la mitad de lo que se valoraba en diciembre.

Como los sueldos se mantienen inamovibles, pese a los abrumadores incrementos en los costos de los bienes, lo primero que dije, al iniciar mi oración matutina, fue: "Padre yo sé que Tú aprietas pero no ahorcas, pero déjame decirte que siento que me asfixio. Porfa, afloja un poco, NECESITO RESPIRAR".

Entonces se me vinieron a la mente aquellas palabras que Judit le dijo a los dirigentes del pueblo, en atención al desánimo ante la escasez de agua en el pueblo -(Judit 8)-.  Judit les recordó a los líderes del pueblo las muchas pruebas por las que nuestro Amoroso Padre Dios había hecho pasar a Abraham, a Jacob y a tantos profetas, colocándoles en el crisol, para probar sus corazones, y les dijo: "El Señor nos hiere a los que nos acercamos a Él, no para castigarnos, sino para instruirnos". 

¡Hermoso verdad! Y es que, no es lo mismo estar siendo instruidos para obtener un título en pregrado, que para obtener un título en postgrado o, mejor aún, un doctorado. De manera que, mientras más creo saber, más soy probado, para evaluar si realmente comprendo aquello que creo saber. Resulta que, mientras no aprehendamos lo aprendido, aquello que creamos saber puede que realmente no lo sepamos, de allí que se hacen necesarias las pruebas. Muchas veces pienso en la costumbre que tienen en algunas localidades de Francia, en donde después de comer lamen el plato. Cuando les preguntan por qué lo hacen, simplemente responden: "Es una costumbre". Pocos recuerdan que lo hacen porque durante la segunda guerra mundial pasaron tanta hambre que cuando lograban conseguir algo de comida no se permitían perder ni siquiera las migajas que quedaban en el plato. Lo mismo ocurre con las Pruebas Divinas, que a veces logramos responderlas bien, pero con el paso del tiempo se nos olvida, qué fue lo que respondimos y por qué. Por eso nuestro Amoroso Padre Dios, a aquellos que procuran acercársele, los mantiene en el crisol hasta que han hecho parte de sí lo respondido, a fin de que al salir del salón de pruebas, lo respondido no se convierta en una costumbre que se realiza sin saber el por qué.

Evaluando todas estas cosas en mi cabeza, se me vino a la mente una palabra interesante: SOBRIOS. En diferentes oportunidades les he comentado acerca de esta palabra, que quiere significar simple y llanamente: EVITAR EMBRIAGARNOS y más generalmente EVITAR ENVICIARNOS. Humanamente hablando, mantenerse sobrio es evitar consumir alcohol o drogas, a los fines de evitar perder el control de nuestras funciones físicas y mentales. Espiritualmente hablando, mantenerse sobrio es evitar apegarnos a las cosas materiales, a fin de evitar perder el control que de nuestro cuerpo debe mantener nuestro espíritu. Evidentemente, espiritualmente la sobriedad va más allá de evitar el consumo de alcohol y drogas, debemos evitar también el abusar del consumo de sexo (lujuria), de alimentos (gula), de riquezas (avaricia), de deseos (envidia), de flojera (pereza), de furia (ira),... de poder (soberbia). MANTENERSE SOBRIO ES OTRA DE LAS FUNCIONES DEL JUEGO POR NUESTRO MUNDO.

Pensando en todas estas ideas, comencé a entrelazarlas para comprender el mensaje. Entonces concluí que, lo que me estaba ocurriendo es que estamos al final de un tiempo de juego y cada jugada debe ser acelerada, para anotar la mayor cantidad de puntos antes de que suene el pito. EL PITO ESTÁ POR SONAR Y DEBO ESFORZARME MÁS POR HACER PARTE DE MÍ LO APREHENDIDO.

Trataré de explicarles lo anterior con un sencillo ejemplo. La mayoría de los juegos a los que estamos acostumbrados se juegan en varios tiempos y algunos hasta cuentan con tiempos extras, en los cuales se procura anotar puntos adicionales para lograr la diferencia. Frecuentemente, al iniciar el primer tiempo, los jugadores juegan con cierto desgano, como despreocupados del desarrollo del juego. Ocurre entonces que, finalizando cada tiempo, los coach comienzan a apretar a sus jugadores para que se esfuercen más por anotar puntos. En el caso del Juego por nuestro Mundo ocurre igual, porque cuando está finalizando algún tiempo, nuestro Amoroso Padre Dios intenta que nos desprendamos de nuestra materialidad y satanás nos grita para que nos embarremos. 

Según lo veo yo, estamos al final de un tiempo de juego en el Juego por nuestro Mundo y nuestro Amoroso Padre Dios se ocupa de aquellos quienes lo procuramos, colocándonos en el crisol de las pruebas, para desprendernos del barro de la materialidad, que oculta nuestro brillo espiritual. De manera que, la asfixia que ahora siento es para mi bien y, habiéndolo comprendido, ahora debo comprender como aprovecharme de la prueba para crecer espiritualmente.

Ahora bien, para mí es evidente que estamos al final de un tiempo de juego del Juego por nuestro Mundo porque, además de sentirme colocado en un crisol, el comportamiento de una gran cantidad de mis congéneres deja mucho que desear, lo que me hace pensar que los susurros de satanás parecen surtir efecto en un gran número de los habitantes de este hermoso planeta. Además, las pandemias, las guerras,... los numerosos desastres naturales son las señales de que un tiempo de juego del Juego por nuestro Mundo está por concluir y pido fervientemente a nuestro Amoroso Padre Dios que acelere un tanto el reloj y toque el pito, para que concluya el tiempo, porque el crisol en el que me encuentro es devastador y ya siento que me asfixio.

En mi país yo gano más de veinte sueldos mínimos, pero en un país en donde un kilo de carne cuesta cinco sueldos mínimos y el resto de los artículos superan un sueldo mínimo, pues veinte sueldos mínimos no alcanzan para mucho. Por eso les digo que me estoy asfixiando, porque ya no quedan alimentos en las despensas y con el dinero que gano cada vez compro menos alimentos.

Es así como, pensando en mi triste situación, me doy cuenta de que el presente tiempo de juego está por concluir y que nuestro Amoroso Padre Dios me está desprendiendo del barro que me recubre. Y es que, a pesar de lo aprendido, aún tengo cierta cantidad de barro en ciertas partes de mi corazón. Y sé que es así porque, a mí no me preocupa pasar hambre, pero si me preocupa que mis Amadas Princesas pasen hambre. (Por cierto que en adelante procuraré dejar de escribir Amadas Princesas, no porque no las ame inmensamente, sino porque aquello que tú no sueltas te lo quitan y si pretendo no ser probado duramente debo soltar con liberalidad). Mis hijas deben reconocer y aceptar que el crisol es también para ellas, porque aún en casa de mis Amadas Princesas se pierden alimentos. Ocurre que, cada vez que las visito, aún hallo comida perdiéndose en la nevera o en las despensas. Evidentemente esto es una clara señal de que mis hijas aún no han comprendido las señales y en consecuencia se intensifican las señales.

Claro que también está el asunto de mi hija -la que gana en dólares- quien aún no se manifiesta generosamente y con liberalidad, no sé si es porque -según he oído- la empresa para la que trabaja no está recibiendo las remesas en dólares -por aquello del bloqueo económico- o porque tristemente mi hija se está enviciando con la avaricia y, en consecuencia, nuestro Amoroso Padre Dios le está enviando las señales (necesidad de alimentos) para que practique en la Generosidad, pero tristemente su falta de interés en la práctica está afectando a toda la familia. Yo espero, con todo mi corazón, que sea que no le han pagado, porque así tiene excusa para mantenerse inmóvil ante la necesidad de sus cercanos.

Yo espero que todo esto que está ocurriendo con mi Tesorito sean los susurros de nuestro Amoroso Padre Dios, moviéndome para que les escriba sobre las muchas complicaciones que se nos presentan en el Juego por nuestro Mundo. Al igual que ustedes, yo también estoy siendo acrisolado. Al igual que ustedes, yo también estoy aprendiendo... Al igual que ustedes yo también estoy jugando, un hermoso pero difícil juego, cuya función es que comprendamos que es posible estar revestido de materialidad sin olvidarnos de nuestra espiritualidad. Es posible disfrutar de la materia sin embarrarnos con los vicios... ¡ES POSIBLE VENCER EL MUNDO!!!

Gracias a nuestro Amoroso Padre Dios, yo he venido comprendiendo la realidad del Juego por nuestro Mundo y me he hecho consciente de que estamos finalizando un tiempo de un juego en el Juego por nuestro Mundo. Debido a esto, estoy preparado para enfrentar la fosa ardiente, para enfrentar a los leones,... para superar las pruebas, pero no estoy muy seguro de que mis hijas lo estén y eso me preocupa. En consecuencia, me ocupo por explicarles lo que ocurre -estamos jugando-, a fin de que se responsabilicen de sus jugadas, pero no puedo obligarlas a jugar bien, solo me queda orar por ellas, para que sus dharmas no sean tan severos, a fin de que se les facilite superarlos y no acumulen karmas negativos.

Como ciertamente yo también estoy aprendiendo, me permitiré aplicar algo recientemente aprendido. Resulta que, como ya sabemos, satanás también está jugando y su misión es estorbarnos para que no logremos anotar puntos positivos, además de empujarnos para que caigamos en sus susurros y anotemos puntos negativos. De manera que, siempre tenemos que estar pendientes de increpar a satanás para que no nos estorbe ni nos empuje y nos deje jugar el Juego por nuestros Mundos en paz. Así que, viendo que satanás está muy dedicado a estorbarles a mis hijas, pues en estos momentos lo increpo:

"¡ALÉJATE DE MIS HIJAS SATANÁS!!! ¡NO LES ESTORBES EN EL JUEGO POR SUS MUNDOS!!! ¡DÉJALAS QUE SE LUZCAN EN EL EJERCICIO DE LA CARIDAD!!!" 

Espero que mis hijas tomen conciencia de que yo no puedo hacer sus jugadas y que queda de parte de ellas esforzarse por anotar puntos positivos. Yo, por mi parte, seguiré aguantando la presión del crisol en el que me encuentro, en espera de que nuestro Amoroso Padre Dios me envíe un Ángel para protegerme del fuego, para librarme de las fauces del león,... para ayudarme a superar las pruebas. Espero que lo envíe pronto, porque a la verdad siento que me ahogo.

¡SEÑOR SÁLVAME, QUE ME AHOGO!!!

Y porfa no vayas a decir que soy un hombre de poca fe. ¡Sólo soy un hombre de muchísima fe, que tiene demasiado tiempo en el crisol, pese a no simplemente creer, sino saber y estar seguro de que Existes!!!

¡Y TÚ SATANÁS RETROCEDE!!! ¡PERMITE QUE UN EDITOR SERIO Y JUSTO SE INTERESE POR LAS NOVELAS DE MI ANTOLOGÍA Y ME OFREZCA UN CONTRATO ALTAMENTE BENEFICIOSO!!! ¡NO ME ESTORBES SATANÁS!!! ¡DÉJAME PREDICAR EN BUENA PARTE DE ESTE HERMOSO PLANETA!!!


Escrito por: Noel José Méndez Ydrogo

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