martes, 7 de diciembre de 2021

NUESTROS HIJOS NO SON NUESTROS HIJOS

Hoy al despertarme amanecí cantando mentalmente una canción que tengo tiempísimo sin oír. La canción reza más o menos así: "Nuestros hijos no son nuestros hijos. No son de nosotros. Son los hijos y las hijas del destino. Que la vida viene de sí misma. Vienen a través de nosotros. Más no de nosotros....". De manera que me levanté un tanto melancólico. Algo así como con el período.

Para completar, al ir a la cocina a prepararles el desayuno a mis Princesas, el perro consentido de mis hijas se había orinado en la cocina, a escaso un metro del cuarto lavadero, en donde debería orinar. Es un perro mal educado que abusa del consentimiento de mis hijas. No es mal perro, de hecho es muy buen perro, pero quizás demasiado consentido.

Ocurrió también que, al acompañar a mi hija menor a pasear a los perros para que hagan sus necesidades, le insistí una vez más que tenía que educar más estrictamente a Orión a lo que ella me respondió: "Ay papá!!! ¿Amaneciste con el período?". También ocurrió que, habiéndole dejado a mi hija mayor su desayuno en la mesa (una vez más una tortilla con casabe porque si come arepa le da alguna "titis") resulta que cuando llegué (de pasear a los perros) prácticamente me regañó porque no me acordé que ayer ella dejó su tortilla en la nevera para comer pan de jamón y le preparé una tortilla nueva en vez de calentarle la que dejó ayer.

Meditando los acontecimientos (porque como buen jugador no debo dejar pasar las señales) recordé nuevamente la canción que me levanté cantando mentalmente. También recordé ciertos comentarios que me han hecho mis hijas en estos días acerca de que ellas ya están grandes y que se pueden atender a sí mismas. Ciertamente están viejas porque cada una supera los veinte años, pero no puedo decir que estén grandes porque tienen muchos visos de inmadurez en sus comportamientos. Sus habitaciones son un desorden absoluto. Cuando cocinan la cocina queda hecha un desastre. Para prepararse una bebida achocolatada o una leche en polvo lo hacen en el mismo vaso -por flojera- dejando un reguero de leche o chocolate. No me explico como hallan que ponerse al buscar alguna prenda de vestir en las cestas en donde las dejan después de lavar, porque nunca guardan sus ropas ordenadamente en los closeths... De manera que, están viejas pero no grandes. ¡GRANDEZA ES SER MEJOR CADA DÍA!!!, mejor persona, mejor hijo, mejor ciudadano,... mejor inquilino. 

Y no es que me esté quejando de mis amadas hijas. Ciertamente le agradezco cada día a nuestro Amoroso Padre Dios por las hijas que tengo. ¡SON EXCELENTES PERO LES FALTA MADURAR!!! Luego, tengo que reconocer que quizás soy el mayor culpable de lo inmaduras que son porque he sido yo quien las ha consentido, quizás demasiado, y quizás por eso hoy en día me tutean y me regañan, porque abusando del amor que les doy no conservan las distancias del abismo que representa el cargo que a cada uno nos ha tocado jugar en esta relación de padre-hijos. Y esta distancia abismal la soslayan más fácilmente con su madre, porque a ella prácticamente le pegan durante los duros tratos que a veces le dan. Gracias a nuestro Amoroso Padre Dios estos duros tratos que a veces le dan a su madre son pocos frecuentes, pero existen y me preocupan porque están fallando a la única regla del juego que viene acompañada de bendiciones: HONRA A TU PADRE Y A TU MADRE. Gracias a nuestro Amoroso Padre Dios a mí jamás me tratan tan duramente porque si así hicieran me obligarían a recurrir a la vara y si con eso no aprenden entonces tendría que sacarla de la casa. Total ya tienen edad para vivir solas y yo cumplí con mi obligación de darles educación y formarlas para la vida profesional, por lo que ellas mismas se pueden sostener.

Esto se los cuento para que sepan que no me las sé todas. Yo también estoy aprendiendo y escribo acerca de lo que aprendo. También se los cuento para que sepan que llegué hasta aquí no por pura casualidad sino esforzándome, a veces débilmente y otras veces con mayor ahínco. Quiero que comprendan que nunca es tarde para reintentarlo y tampoco hay un límite de intentos. Siempre podemos dar media vuelta y retornar a la Casa del Padre, aunque estando ya de vuelta volvamos a dar media vuelta. Esto es un Juego Olímpico de lucha contra nuestras inclinaciones mundanas y  no importa cuantas veces nos caigamos sino las veces que nos levantamos, habiendo aprendido de cada caída.

Cuando nuestro Amoroso Padre Dios se me mostró por primera vez tendría yo cerca de diez años y a partir de allí comencé a procurar conocerle más profundamente. Pero este camino para conocerle no ha sido siempre llano, más bien ha sido muy parecido al de una montaña rusa, con momentos muy dulces y otros muy penosos. Pero aquí estoy, intentándolo una vez más, quizás al final de mis días. Si leen con cierto detenimiento, aquello de lo que les escribo, descubrirán que yo también me he ido quitando POCO A POCO el barro que me recubre. No es fácil quitarse el barro acumulado durante muchas vidas de un solo sopetón. Pero aquí estoy, ¡intentándolo una vez más!!! 

Gracias a nuestro Amoroso Padre Dios he logrado desprenderme de gran parte del barro que me recubría y que no me dejaba amarle plenamente. He logrado desprenderme y hasta despreciar la mayoría de los bienes materiales, que quizás me impedían Amar a Dios sobre todas las cosas. Sin embargo, tengo que reconocer que amo tanto a mis hijas que me cuesta mucho desprenderme de ellas. Incluso me cuesta corregirlas, porque cuando lo intento me salen con alguna falta de respeto (parece que tienes el periodo, te estás poniendo viejo y quejumbroso,... estás demasiado exigente.), porque no me toman en serio. Y no es que las ame más que a Dios, porque ciertamente estoy dispuesto a dejarlas, pero no quiero perderlas. Por eso me esfuerzo por escribir acerca de esto que les escribo, aunque sé que quizás las lean es cuando yo ya no esté con ellas. Quiero que se salven o mejor dicho que sus próximas vidas sean más dichosa que la presente, pero parecen no creerme nada acerca de la reencarnación o quizás -por su inmadurez- no se lo toman en serio y están cometiendo muchas faltas (puntos negativos) y se están esforzando muy poco por realizar grandes jugadas.

Esta realidad existencial me entristece mucho, porque deseo para mis amadas hijas mayores bienes de los que yo he recibido, pero no me queda de otra que aceptar que nuestros hijos no son nuestros hijos sino que son los hijos y las hijas del destino. Fueron destinadas por nuestro Amoroso Padre Dios para que fueran mis hijas y yo hice lo mejor que pude por educarlas -incluso con la vara cuando fue necesario-, pero tristemente en algún lado fallé -quizás consintiéndolas demasiado- porque parecen poco preocupadas por anotar puntos positivos y por evitar los puntos negativos. Espero en nuestro Amoroso Padre Dios que mis amadas hijas vivan muchísimos años, para que tengan mucho tiempo para comprender todas estas cosas de las que les escribo y que mucho antes de morir logren evitar la mayor cantidad de jugadas negativas y anoten muchiiiisimos puntos positivos, que nos permitan reencontrarnos allá de donde venimos.

Por lo pronto, debo aceptar y reconocer que más que mis hijas son las Hijas muy Amadas de nuestro Amoroso Padre Dios y que yo únicamente tuve el placer de conocerlas y la oportunidad de educarlas. Sé que en algún momento habré de partir -a algún hermoso lugar del más acá o del más allá- y entonces ellas leerán aquello de lo que les escribo. Espero que lo que lean lo entiendan de buena gana -porque se las escribo con mucho amor- y se esfuercen por desarrollarse y crecer material y espiritualmente, porque de eso se trata el Juego por nuestros Mundos.



Escrito por: Noel José Méndez Ydrogo

  

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