Hay quienes afirman que "Dios creó el agua para nuestro bienestar y sustento y satanás la hizo ardiente para nuestro deleite". Y he aquí lo hermoso del Juego por nuestros Mundos que, al estar revestidos de materialidad nuestros espíritus deben luchar en contra de la inclinación de nuestros cuerpos por las cosas materiales, las cuales le son necesarias y debido a esto nuestro Amoroso Padre Dios las creó para nuestro sustento, pero satanás las ha hecho deleitosas (placer del ánimo y de los sentidos) para que nos enviciemos. La lucha de nuestros espíritus para evitar que el cuerpo se envicie es en sí el JJOO de cada una de nuestras vidas.
Ignacio de Loyola decía que debemos hacer uso de las cosas materiales "TANTO CUANTO NOS AYUDEN A LLEGAR AL CIELO". Y he aquí el truco para vencer en el Juego por nuestros Mundos: DEBEMOS ENSEÑAR A NUESTROS CUERPOS A SATISFACER SUS NECESIDADES MATERIALES EVITANDO QUE SE DELEITE TANTO EN ESOS BIENES MATERIALES QUE CAIGA EN EL VICIO POR LO MATERIAL. Es decir, al estar satisfecha la necesidad debemos evitar seguir consumiendo ese bien material, para evitar embelesarnos tanto que nos enviciemos.
De hecho, los denominados "vicios capitales" son el consumo enfermizo de algún bien material, que nuestro Amoroso Padre Dios ha creado para nuestro bienestar y sustento y satanás ha hecho que sean deleitables, para que nuestra necesidad de esos bienes materiales parezca nunca estar satisfecha. El truco del truco, para poder soslayar los susurros de satanás, es hacernos conscientes del para qué nuestro Amoroso Padre Dios nos ha proveído de ese bien material y darle uso en consecuencia, recordando siempre que el placer que siento al hacer uso de ese bien es obra de satanás, por lo que debo evitar el disfrute excesivo para no caer en el vicio. Les aclaro, una vez más que, no está mal disfrutar de los bienes materiales que nuestro Amoroso Padre Dios nos provee lo que es malo es disfrutarlos tanto que lleguemos a amar más a ese bien que a nuestro Amoroso Padre Dios.
GULA
La gula es quizás el mejor ejemplo de lo que les quiero explicar. Comer es una necesidad fisiológica, tan necesaria que si no comemos nos podemos morir. Debido a esto nuestro Amoroso Padre Dios creó un sin fin de bienes materiales para satisfacer nuestra necesidad de alimentarnos y satanás encontró la forma de combinar delicadamente todos estos bienes materiales para hacerlos deleitables y otorgarle placer a nuestros sentidos.
Pero debemos entender que, satanás no pudiera hacer deleitables los alimentos si nuestro Amoroso Padre Dios no se lo hubiera permitido y nuestro Amoroso Padre Dios se lo permite porque es Su Deseo que disfrutemos de nuestra vida material. Además, si nuestro Amoroso Padre Dios no le permitiera a satanás realizar esos ajustes a los bienes materiales entonces no serían deleitables y consecuentemente nunca no enviciaríamos y si no existe la posibilidad de enviciarnos no hay necesidad de materializarnos, porque no habría forma de realizar alguna competencia espiritual revistiendonos de materialidad.
Se entiende entonces que, nuestro Amoroso Padre Dios desea que disfrutemos al alimentarnos, por lo que disfrutar de ricos manjares no es malo, lo malo es que no pongamos freno a ese disfrute y sigamos comiendo aun después de satisfecha la necesidad de alimentarnos. Esto es justamente la "gula": "No ponerle freno a nuestro disfrute de los alimentos". De allí que, para combatir el vicio de la gula debemos comer raciones razonables de alimentos, que cubran nuestras necesidades fisiológicas de sustento material, evitando pensar en lo rico que quedó preparado ese alimento, para que nuestro "deseo de disfrutarlo" no nos obligue a caer en la gula.
La gula no es solo el exceso en el comer sino también en el beber. Gula también es no ser VERDADERAMENTE AGRADECIDOS por los alimentos que nuestro Amoroso Padre Dios nos provee en el día a día. Les coloco en mayúscula VERDADERAMENTE AGRADECIDOS porque muchos se acostumbran a agradecer sin estar verdaderamente agradecidos. Frecuentemente desayuno arepa de maíz con queso y café y cada día le agradezco de corazón a nuestro Amoroso Padre Dios el poder desayunar esas ricas arepas. Y aunque siempre siento que me pregunta si pudo estar mejor mi desayuno yo le respondo: "Siempre se puede mejorar pero esta arepa estaba exquisita. Además, si mi desayuno estuviera más sabroso quizás me haría daño, porque me inclinaría a desear algo mejor, lo cual no es bueno para mi espíritu". La misma respuesta le doy cuando siento que me pregunta respecto a mi almuerzo o a mi cena. Queda claro que, el apreciar demasiado algún alimento me conducirá al vicio de la gula, pero también me conducirá a la gula el despreciar -no ser agradecidos- algún alimento que nuestro Amoroso Padre Dios coloque en nuestras mesas -así sea todos los días el mismo alimento- porque el no ser agradecidos nos conduce a olvidarnos de Aquel Quien Nos Provee Generosamente. Por cierto, si alguna vez me ven pasándole el dedo a un plato no vayan a pensar que soy un lambucio, que me gustó tanto la comida que le paso el dedo para disfrutar hasta la última migaja, lo que realmente hago es que mientras le paso los dedos al plato estoy pensando en los millones de personas que no tienen nada que comer y entonces evito desperdiciar siquiera un poquito de lo que como.
Lo anterior se los comento no para vanagloriarme sino para aclararles que estoy altamente consciente que mis desayuno de 'arepa con queso y café' son ciertamente una exquisitez porque tristemente muchas familias no pueden desayunar un plato tan exquisito y algunas ni siquiera pueden desayunar, cada mañana. También estoy consciente de que pudiera desayunar cada día un plato diferente dado que nuestro Amoroso Padre Dios -pese a la Prueba Global que estamos viviendo- me provee abundantemente, por lo que pudiera disfrutar de un desayuno diferente cada mañana, pero no lo hago para evitar caer en la gula de la variedad, que me haría olvidar que estamos en una Prueba y me incline más hacia lo material que hacia lo espiritual. Claro está, de vez en vez cambio de menú pero recordando siempre que en el Juego por nuestros Mundos es preciso procurar constantemente que nuestros espíritus triunfen sobre la materia, lo cual sólo lograremos evitando el excesivo disfrute de lo material.
De manera que, en el Juego por nuestros Mundos es preciso vigilar cada pequeño detalle porque embarrarnos suele ser muy sencillo y si nos descuidamos de algún detalle podemos caer en los vicios capitales no solo por el uso excesivo del bien sino también por el abuso de la variedad y por no ser agradecidos con Aquel que Nos Provee de todos los bienes.
El enorme peligro de no vigilar los pequeños detalles que pudieran conducirnos a caer en algún vicio capital es que no sabemos que decisiones existenciales tomaremos en el más allá para evitar caer en algún vicio al renacer. Da miedo pensar que al tomar la decisión de vivir en algún precario lugar a los fines de evitar la gula pudiera ocurrir que estemos escogiendo algún ligar en donde, además de no contar con abundantes alimentos -y así evitar caer en la gula- tampoco contemos con otros bienes que pudieran hacer más cómodas nuestras existencias. Algo así como lo que ocurre en el juego del Monopolio cuando nos toca alguna tarjetita de "Vaya a la cárcel sin pasar por Go ni cobrar los 200$" o alguna otra tarjeta que nos desprende de muchas propiedades.
Es claro que, lo que hace emocionante el juego Monopolio es el desconocer las tarjetas que nos saldrán cada vez que lanzamos el dado. Igual ocurre con otros muchos juegos en los que el desconocimiento de lo que ocurrirá cada vez que lanzamos el dado -decidimos-. Evidentemente en cada uno de esos entretenidos juegos nuestro deseo es ganar y en consecuencia -pese a la emoción- ciertamente no deseamos que nos toquen tarjetas que nos quiten todo lo ganado hasta ese momento, pero sabemos que es parte del juego y aún así lanzamos los dados -decidimos-.
Pues en el Juego por nuestros Mundos alguna mala jugada, por no estar pendientes de los detalles, nos puede conducir a elegir un mundo muy precario para la siguiente vida, tan precario que quizás nos cueste adquirir el agua, tan necesaria para la vida. Durante mis años mozos, mientras buscaba las señales que me indicaran si debería estudiar para ordenarme sacerdote, viajé con unos misioneros a la región del Cuzco -Perú- para llevar alimentos, medicinas y algunas otras cosillas a los habitantes de aquella extensa región. Yo me asombré muchísimo al ver las enormes distancias que separaban a un pueblito del siguiente, pero me impresionó mucho más el enterarme que en esos pueblitos lo único que comían cada día era papa sancochada y alguna vez más que otra un ratón de campo que llaman "cuis", que algunas veces tienen el privilegio de cazar.
Es mi humilde deducción que aquellos que abusan de la variedad en la alimentación y terminan sufriendo de gula pues les toca escoger el renacer en algunas de las muchas regiones del planeta similares a Cuzco, que pese a ser considerada una región muy fértil, pues solo les obsequia papas a sus habitantes. Evidentemente, esta dura selección de la región en la cual renacer, además de evitarles la variedad en el comer pues les niega algunos otros bienes (autos, buenas casas,...) que les haría más fácil la vida, como consecuencia de no prestar atención al pequeño detalle de evitar la variedad en la alimentación para evitar caer en la gula. A veces, por no observar los pequeños detalles, pues toca escoger la tarjeta de ir a la cárcel sin pasar por Go ni cobrar los 200$.
Si lo analizan un poco, estas situaciones de vida que escogen muchos espíritus, pese a ser bastante denigrantes, ayudan muchísimo para el crecimiento de nuestros espíritus, porque nos alejan mucho de los vicios capitales y nos ayudan a adoptar una actitud de mucho agradecimiento por las pocas cosas que tenemos. Evidentemente, algunos no aprovechan estas situaciones de vida que escogieron y se dedican a quejarse y a procurar -de malas maneras- bienes materiales, impidiendo así sus crecimientos espirituales y obligándose a escoger -para la próxima vida- un mundo más nefasto que aquel que había escogido para evitar simplemente el pequeño detalle de la variedad en los alimentos. Bendito sea nuestro Amoroso Padre Dios porque muchas de las personas que habitan en esas precarias regiones suelen ser personas humildes y altamente agradecidas con nuestro Amoroso Padre Dios, por lo que con seguridad en la próxima vida habrán de disfrutar de muchos y variados bienes. Sólo espero que, en esos mundos victoriosos, no se olviden de vigilar los pequeños detalles.
LUJURIA
La lujuria es otro buen ejemplo de lo que les quiero explicar. De hecho, podemos afirmar que "lujuria" es el vicio por excelencia, por que la palabra "lujuria" proviene del latín "luxuria" que significa "abundancia, exuberancia,... excesos o abuso de los bienes materiales". Sin embargo, la definición de la "lujuria como vicio" se aplica para nuestras malas inclinaciones sexuales.
El sexo lo diseñó nuestro Amoroso Padre Dios para que cumpliéramos con la orden de multiplicarnos -(Génesis 1:28)- y satanás (con autorización de nuestro Amoroso Padre Dios) le agregó a nuestros órganos sexuales terminaciones sensoriales para que hallemos deleite al reproducirnos. Quizás si nuestro Amoroso Padre Dios no hubiera permitido que satanás hubiera agregado esas terminaciones sensoriales a nuestros órganos sexuales muy probablemente ya nos hubiéramos extinguidos, a causa de nuestra flojera al realizar el acto sexual de reproducción.
Sin embargo, estas terminaciones sensoriales hacen tan deleitables las relaciones sexuales que, después que las ejecutamos la primera vez, no dejamos de pensar en ese placentero deleite. Surge entonces el deseo desenfrenado por realizar relaciones sexuales, a veces tan desenfrenado que hace de ciertas personas verdaderos demonios (sádicos, violadores, pederastas,...). De manera que, la Orden Divina de multiplicarnos se ha convertido en una verdadera epidemia global, generando enfermos sexuales que no dejan de pensar en el sexo y encima de eso no creen que se puedan controlar. De hecho, es muy común que en todas las reuniones sociales se hable sobre el sexo y lo idolatran tanto que cuando la virilidad sexual desaparece las personas sienten que ya no hay necesidad de vivir.
Hermosamente, en la mayoría de los diccionarios se establece que la "lujuria es un pecado producido por los pensamientos excesivos de naturaleza sexual", lo que nos dan a entender que no es una necesidad real, sino que tiene su origen en nuestras mentes. Sin embargo, muchos estudios concluyen que las relaciones sexuales, realizadas sanamente, son realmente necesarias para la vida, porque ayudan a descargar las tensiones de la vida misma, generando ciertas hormonas que relajan y rejuvenecen nuestros cuerpos. Evidentemente, ya sea mental o real, las relaciones sexuales son consideradas altamente importantes para la mayoría de la población animal, tan importantes que muy pocos, de los que las hayan probado, dejan de pensar en esos placeres.
Considerando la definición enciclopédica de la lujuria podemos decir que es posible controlar la lujuria desde nuestras mentes. Es decir, si ocupamos nuestras mentes en pensamientos más edificantes, es posible que logremos vencer nuestras malas inclinaciones sexuales. Sin embargo, la solución no parece ser tan sencilla, porque el placer que produce una relación sexual es exuberante -difícil de olvidar-, por lo que creo que lo que mejor nos ayuda a evitar enviciarnos de la lujuria que produce el sexo es reconocer y aceptar que después de logrado el orgasmo solo queda el cansancio y que la insistencia de continuar con el acto sexual -después de alcanzado el orgasmo- es puramente una solicitud mental de creencias sociales que nos hacen pensar que un mayor número de relaciones sexuales -en un mismo momento o día- es sinónimo de fortaleza y salud.
Si logramos comprender y aceptar que el sexo es una necesidad fisiológica -para descargar tensiones- entonces venceremos la lujuria en lo que socialmente hemos convertido al acto de multiplicación de las especies. Sé que muchos pensarán que es una manera muy fría de expresarse acerca de un acto que muchos consideran amor, pero la verdad es que los jugadores profesionales deben ser fríos y calculadores si pretenden ejecutar grandes jugadas para aumentar enormemente su score. La otra Gran Verdad es que satanás con sus susurros logró convencernos de que cada vez que tenemos relaciones sexuales estamos haciendo el amor, quizás para amemos más las relaciones sexuales que a nuestro Amoroso Padre Dios y así fallemos a la Primera y más importante Regla del Juego por nuestros Mundos.
Al igual que en la gula, la lujuria tiene pequeños detalles que a veces la hacen imperceptible. En casi todos los diccionarios asocian la lujuria a las relaciones sexuales desordenadas, pero en la realidad la lujuria, como su etimología nos lo aclara, es el ejercicio exagerado de algún placer y si lo piensan un poco muchas son las cosas o actos que nos dan placer. Para muchos comprar es un placer, tener abundancia de ropa, de zapatos,... de cosas, es un enorme placer, pero satanás -siempre tan inteligente- no les deja ver que están sufriendo del vicio de la lujuria, porque este vicio está relacionado sólo con las relaciones sexuales desordenadas.
PEREZA
Otro buen ejemplo de aquello que les quiero explicar. Descansar o dormir es una necesidad fisiológica, porque si no descanso de las tareas de cada día en algún momento el cuerpo se desplomará bajo el peso de las labores. Pero descansar es tan placentero que muchos parecen estar muertos de tanto descansar.
Como se los he venido recomendando, al hacer uso de algún bien, que nuestro Amoroso Padre Dios nos provee tan generosamente, debemos preguntarnos para qué nos lo ha proveído, recordando siempre que con toda seguridad nos lo ha proveído para que lo aprovechemos en procura de nuestros desarrollos espirituales. ¡Es satanás quien nos hace creer que esos bienes son para nuestro mero disfrute!!!
Cuando nuestro Amoroso Padre Dios nos provee de tiempo -lo cual ciertamente es un bien- con toda seguridad no lo hace para que lo desperdiciemos durmiendo. Ciertamente nos otorga de cierto tiempo para que descansemos y recuperemos fuerzas para seguir laborando, pero cuando este tiempo parece ser más abundante de lo necesario para recuperar fuerzas debemos sentarnos a pensar el para qué de esa abundancia. Con toda seguridad debe ser para que nos dediquemos a encontrarnos con Él, en la oración, en la lectura de La Palabra Divina,... en El Conocimiento Divino. No les voy a exigir que dejen de ver televisión o de jugar uno que otro juego de vídeo o que salgan a pasear,... que se relajen disfrutando de ese tiempo libre, pero POR FAVOR dedíquenle algo de tiempo a sus desarrollos espirituales, miren que el excesivo disfrute de lo material nos aleja de lo espiritual y es allí donde nuestros puntos positivos merman, a riesgo de perder todos los puntos positivos que quizás nos ganamos con grandes obras de piedad.
ENVIDIA
La envidia pareciera no estar relacionada con el abuso en el uso de un bien material, porque ciertamente se envidia lo que no se tiene, pero resulta que la envidia está ligada al bien más preciado que nuestro Amoroso Padre Dios nos provee: LA VIDA. Evidentemente, todos queremos tener una buena vida y nadie aprecia una vida de sufrimientos, por eso DESEAMOS MUCHAS COSAS para satisfacer nuestras necesidades materiales, pero a veces deseamos mucho más allá de lo que nos merecemos y comenzamos a desear lo que otros tienen.
Siddhartha nos aclaraba que el sufrimiento del hombre tenía su origen en sus propios deseos mundanos -materiales-. De manera que, cuando DESEAMOS MÁS ALLÁ DE LO QUE MERECEMOS estamos acarreando sufrimientos innecesarios para nuestra vida presente y quizás devastadores para nuestras vidas futuras. Cuando venimos al mundo somos nosotros los que hemos decidido en que condiciones habríamos de venir para superar los malos karmas acumulados en vidas pasadas. Consecuentemente, aquello que no tenemos en la vida presente es porque no lo merecemos, bien porque abusamos en vidas pasadas de ese bien o bien porque nos estorbaría para avanzar espiritualmente.
Claro está que, es posible que se espere de nosotros el esforzarnos para adquirir algún bien, puesto que esto es parte del Juego por nuestros Mundos a los fines de desarrollarnos material y espiritualmente, pero cuidado de que tu esfuerzo por adquirir algún bien no implique el dañar el bien de los demás (robar, actos de corrupción, matar, trafico de drogas o personas,...) porque estarías siendo motivado por los deseos de la envidia y con seguridad los bienes que así adquieras no serán para tu bien en la vida presente y tampoco en las futuras.
También debes considerar que, cuando sientes que debes esforzarte por adquirir algún bien, la clave para saber si te es lícito tener ese bien -te lo mereces o es para tu desarrollo- es que todo lo que es de Dios fluye armoniosamente y en consecuencia no surgirán grandes trabas para que adquieras ese bien. Si surgen grandes trabas siéntate a meditar si lo que estás procurando te es lícito, no sea que fuerces la barra y adquieras un bien para tu mal.
SOBERBIA - AVARICIA - IRA
Acerca de la soberbia, la avaricia y la ira les he escrito bastante, pero como quizás no parecen vicio asociados a los bienes materiales, les comentaré sucintamente la relación entre estos tres vicios.
La soberbia es el capital de los pecados capitales porque es intrínseco a nuestra propia naturaleza. ¡SOMOS SOBERBIOS PORQUE SOMOS DIOSES!!! Bien nos lo recuerda el Salmista: "Somos poco inferiores a los Ángeles" -(Salmo 8)-. De manera que, el orgullo de sabernos seres espirituales, creados por nuestro Amoroso Padre Dios, nos otorga de una superioridad ontológica que se refleja mucho en nuestra existencia material, al querer dominar a los demás.
Ligado a la soberbia se encuentra la avaricia, porque el poder o superioridad material nos lo otorga más eficientemente el dinero o más bien la acumulación de bienes materiales. La ira es el resultado de nuestra necesidad de demostrar nuestra superioridad (soberbia) por medio de la fuerza, la cual es más efectiva si la usamos con violencia.
Es así como, estos tres vicios capitales se encuentran ligados por la necesidad de acumular bienes materiales a los fines de ejercer el poder o la superioridad sobre los demás o en última instancia por la fuerza.
SOLUCIONES AL JUEGO
Ahora bien, otro de los detalles de los vicios capitales es que cada vicio capital tiene ciertos pequeños detalles que a veces hace imperceptible que estamos cayendo en el vicio. Es como lo que ocurre con los consumidores de drogas, alcohol o cualquier otra cosa -ciertamente dañina para el cuerpo- que les va destruyendo poco a poco, sin que aquel que las consume se percate de que ha caído en un vicio mortal. Así como las drogas, que suelen ser necesarias para superar alguna enfermedad o dolor, los bienes materiales ciertamente son necesarios para nuestro sustento material, pero en ambos casos el consumo excesivo de los mismos suele ser devastador. Pero ocurre también que, al igual que los drogadictos, los que sufren de algún vicio capital suelen no reconocer estar enfermos y consecuentemente insisten en que cuando decidan dejar de consumir en exceso ese bien lo lograrán. Pues al igual que los drogadictos, esta continua negación de la enfermedad hace que el vicioso se pierda en el caos que origina el consumo excesivo de lo que lo enferma, hasta que finalmente lo mata.
Otro de los pequeños detalles que esconden los vicios capitales es que en su conceptualización no se nos suele explicar que "Vicio es todo consumo DESORDENADO de algún bien" y ciertamente en su origen son un bien pero el consumo desordenado es lo que origina el vicio. Ocurre que, pocos comprenden que este DESORDEN puede ser por exceso o por defecto, porque muchas veces el dejar de consumir algún bien puede hacernos daño. Dejar de comer, por ejemplo, evidentemente nos puede matar. Dejar de tener sexo puede encerrar en nosotros tal cantidad de tensión que podemos llegar a volvernos locos, hasta el punto de que muchos que se han ordenado para ser clérigos se convierten en nefastos pederastas. No tener dinero para cubrir nuestras necesidades básicas puede conducirnos a dejar de creer en Dios... No desear los bienes que otros tienen es evitar que nos esforcemos -de buenas maneras- por adquirir ese bien y consecuentemente evitaremos desarrollarnos materialmente lo que de alguna manera impedirá que crezcamos espiritualmente, porque seríamos como zombis, sin razones para vivir.
En diversas oportunidades les he comentado que al ejercitarnos en los vicios capitales nos cubrimos de barro. También les he aclarado que la palabra pecado simplemente significa "mancha" y esto es porque al cubrirnos de barro evidentemente nos manchamos. Según lo veo yo, estas "manchas" son como las preseas de barro que satanás otorga a quienes se envician de lo material. El peso y magnitud de estas preseas dependen de la pasión conque se disfrutan los bienes materiales.
También les he comentado que, HEMOS VENIDO A JUGAR UN HERMOSO JUEGO, en el cual debemos evitar el apego por las cosas materiales y procurar mantener nuestros espíritus reinantes sobre la materia. Pero ocurre que, al ser revestidos de materialidad también se nos coloca un velo que nos impide ver lo que ontológicamente somos y nos hace olvidar lo que hemos venido a hacer. Ocurre también que, al estar revestidos de materialidad lo material se nos hace necesario y por eso lo deseamos. Estas dos "ocurrencias" hacen del Juego por nuestros Mundos bastante complicado, motivo por el cual, podemos afirmar que, toda la humanidad, de nuestra actualidad, se encuentra cubierta de preseas de barro (algunos más otros menos), debido a los enamoramientos que de la materia hemos venido ejerciendo, durante las muchas vidas que hemos venido a jugando.
De manera que, el Juego por nuestros Mundos de nuestros tiempos se ha complicado un tanto más debido a que, además de que debemos evitar seguir embarrándonos, debemos también desprendernos de esas preseas de barro que satanás ha colocado sobre nuestros espíritus, que ciertamente nos hemos ganado -para perder-, en los muchos Juegos que hemos jugado. Y justamente la solución a esta terrible realidad se encuentra primeramente en reconocer que somos seres espirituales que debemos reinar sobre la materia y en segunda instancia debemos reconocer que estamos jugando UN JUEGO MUY SERIO, tan serio que debemos dejar la vida en ello.
Ahora bien, las herramientas para vencer nos las han ido dando, a través de los tiempos. Muchos sabios iluminados nos han dejado alguna regla, alguna técnica,... alguna ayuda para que logremos vencer. Hasta El Mismo Dios Se Ha Hecho Hombre para recordarnos algunas de esas Reglas del Hermoso Juego que llamamos Vida, a los fines de que nos deslastremos de esas pesadas y sucias preseas y acumulemos méritos para alcanzar la Hermosa Amistad de nuestro Amoroso Padre Dios. Pero tristemente los susurros de satanás han podido más, porque tristemente al estar revestidos de materialidad pues lo material se hace necesario. Entonces, he aquí la clave para vencer: DEBEMOS HACER USO DE LOS BIENES MATERIALES TANTO CUANTO CUBRAMOS MÍNIMAMENTE NUESTRAS NECESIDADES EXISTENCIALES Y EVITANDO A TODA COSTA EL DISFRUTE DE LO MATERIAL.
Viéndolo en caliente, el Juego pareciera ser muy complicado y difícil. De hecho satanás ha logrado a través de la historia que aquellos quienes deberían indicarnos el camino nos digan que es casi imposible recorrerlo. Los curas (sacerdotes, pastores,... clérigos) de todos los tiempos nos han hecho creer que llegar al cielo es tan difícil que es casi imposible de lograr. Tan imposible que de hecho no vale la pena esforzarse. El resultado de tan extrañas prédicas lo estamos viviendo en nuestro caótico tiempo. La pandemia es uno de esos resultados. La gente de nuestros tiempos prefiere entregar su vida a los placeres mundanos y no esforzarse ni un ápice por lograr avanzar espiritualmente, dado que no vale la pena el esfuerzo por lograr aquello que le han asegurado es imposible. Y como guinda para el pastel, estos mismos clérigos se dieron a la tarea de alejarnos del conocimiento de la realidad existencial de la "reencarnación", incluso nos dijeron que si profundizábamos acerca de este concepto perderíamos toda virtud, al considerarnos herejes. Consecuentemente, la humanidad fue concluyendo que, si la única vida que tenemos es la presente y lograr entrar al cielo es imposible pues para que ocuparnos de lo espiritual, ¡gocemos el tiempo presente!!! y todo el juego se desvirtuó.
Si lo vemos en frió y calculadoramente nos percataremos que el Juego es verdaderamente sencillo, solo hay que reconocer y aceptar que es un Juego muy serio, en el cual hay que seguir ciertas Reglas y Técnicas, que nos han ido revelando durante el desarrollo del Juego, el cual es eterno y por eso se juega en muchas vidas. Al reconocer que el juego es eterno y aceptar que de mis jugadas dependerá mi siguiente vida, evidentemente me esforzaré por lograr anotar la mayor cantidad de puntos positivos y evitar las fallas que me otorgan puntos negativos. Reconocer la eternidad del Juego me ayuda también a aceptar y reconocer que los placeres son altamente efímeros por lo que no vale la pena arriesgarme a una vida de sufrimientos por disfrutar efímeramente de los bienes materiales. "De lo bueno poco", reza un sencillo refrán.
Veamos algunos ejemplos, para que vean que es sencillo jugar el Juego por nuestros Mundos.
El sexo, por ejemplo, es un placer tan efímero que no entiendo el por qué se han perdido reinos enteros y han muerto pueblos completos a causa de un vicio tan efímero. ¿Recuerdan la historia de David y Betsabé? -(2 Samuel 11 y 12)-. Incluso el gran sabio Salomón perdió puntos hermosos por disfrutar de un placer tan efímero. Es tan efímero que al eyacular ya el placer perdió todo su encanto. Pero ocurre que, el sabio satanás siempre nos susurra recordándonos ese precario momento de eyaculación, haciéndonos vivirlo una y otra vez en nuestras mentes, para que deseemos hacerlo la mayor cantidad de veces posibles y así logra enviciarnos de un bien que fue creado simplemente para nuestra reproducción. Yo sé que muchos me dirán que durante el sexo se disfruta desde la preparación, pero lo que realmente ocurre es que en nuestras mentes se encuentra fijado el momento culmen y es por eso que disfrutamos desde la preparación porque estamos pensando en el premio final del vicio, el cual es placer inmenso que sentimos con la eyaculación. De manera que, la solución para evitar embarrarnos del sexo es pensar en lo efímero del placer que produce y soslayar las mentiras que nos susurra satanás al intentar convencernos de que es lo más grande del planeta y por eso lo llamamos amor. Y como evidentemente el sexo también es una necesidad (para descargar tensiones) pues en vez de pensar en el sexo como un placer pensemos en él como lo que realmente es "una necesidad" que debemos satisfacer en ciertos momentos de nuestras vidas -cuando estemos muy tensos- pero al desentensarnos dejemos de pensar en él y así evitaremos ponernos tensos nuevamente. Pensemos en cosas más edificantes y espirituales en vez de seguir atendiendo los falsos susurros de satanás. Claro que esto no quiere decir que yo no disfrute del sexo -ciertamente me encanta- pero evito pensar mucho en él para no caer en el vicio de la lujuria y cuando lo ejecuto intento hacerlo sobriamente para no embelesarme. De hecho, yo acostumbro a llamarlo por su nombre "sexo" y evito llamarlo "hacer el amor", porque el amor no se hace sino que se vive plenamente en nuestro Amado Padre Dios. Las otras cosas a las que solemos llamar amor son simples quereres o deseos mundanos, de bienes o personas, que ciertamente son efímeras y el Amor es Eterno.
Comer, por ejemplo, pese a ser un placer menos efímero que el sexo, ciertamente se disfruta más largamente que el sexo, porque lo disfrutamos mientras comemos y bebemos, y esto puede durar todo el día, incluso días. En este sentido pareciera que la gula fuera más difícil de vencer que la lujuria, por la magnitud del tiempo que dura el placer de comer, pero ocurre que el comer lo sacamos más fácilmente de nuestras mentes que el clímax del acto sexual. Consecuentemente la gula se vence más fácilmente que la lujuria porque el truco está en comprender que los alimentos son para alimentarse no para embriagarse con ellos. Para vencer este vicio ayuda mucho en pensar en la gran cantidad de personas que hoy en día no tienen que comer. Se dice que, pese a que se produce ocho veces más alimentos de los que se requieren para alimentar a todos los habitantes de este planeta, hoy en día casi el 10% de la población mundial no tienen conque alimentarse y un más de un 20% se alimentan precariamente. Estos porcentajes suben cada año porque cada vez son más los que sufren de gula (los índices de obesidad son cada vez más altos mundialmente) y en consecuencia al renacer a esos obesos de hoy les toca nacer en lugares en donde les cueste mucho conseguir alimentos. El solo pensar en la posibilidad de renacer en alguno de esos nefastos lugares me hace controlarme mucho al disfrutar de los alimentos. Por eso cada día procuro comer casi que los mismos alimentos, para que mi cuerpo no disfrute mucho del repetir día a día lo que como. Cuando los disfruto mucho entonces evito añadirles aquel aderezo que lo hace exquisito. Claro que de vez en vez me doy uno que otro gustito, para no caer en el sufrimiento de la vida, pero recordando siempre que el disfrutar mucho de los alimentos me puede deparar un mundo sin alimentos. Claro que esto no quiere decir que no disfrute alimentarme -ciertamente me encanta comer- pero recuerdo hacerlo siempre sobriamente, sobre todo evitando aderezarlos demasiado y procurando darme los gustillos no tan seguidamente.
La pereza es otro vicio que se disfruta demasiado y por largo tiempo. Pocas cosas dan tanto placer como dormir cómodamente. De hecho, cuando dormimos mal amanecemos de mal humor y hasta incapacitados para laborar. Sin embargo, es un vicio fácil de vencer, sobre todo cuando tenemos muchas cosas que hacer. De manera que, el truco para vencer la pereza es siempre buscar que hacer y ejecutarlo diligentemente. Quizás la casa esté limpia, pero que te impide limpiarla más a fondo para evitar la pereza. Volver a leer la Biblia, con mayor detenimiento y empeño por comprender la Palabra Divina, es un excelente ejercicio para vencer la pereza. Hacer ejercicios físicos, leer un buen libro,... procurar el conocimiento de nuestro Amoroso Padre Dios, son otros buenos ejemplos de en qué ocupar nuestro tiempo para evitar embarrarnos de la pereza. Claro que esto no quiere decir que yo no disfrute de descansar o incluso dormir -ciertamente me encanta dormir-, pero me pongo límites al hacerlo (una siesta de 20 minutos al día no nos hace daño) y siempre procuro ocuparme en algo.
La envidia es un vicio difícil de atar a algún disfrute material, puesto que es el deseo de aquello que otros tienen y yo no. Pero ocurre que, como ocurre con la mayoría de los vicios, el disfrute es mental, porque perdemos tiempo pensando y deseando aquello que otros tienen y yo no. De manera que, pasamos tiempo pensando embelesadamente en aquello que otros tienen y llega un momento en que pensar en que lo tenemos nos produce el placer más efímeros de todos, porque ciertamente no lo tenemos. Ese pequeño y efímero gozo que nos produce el pensar que estamos manejando ese carro, viviendo en esa casa, poseyendo a aquella mujer,... creyendo que poseemos lo que ni siquiera tenemos es el disfrute material que genera el vicio de la envidia. Luego, la envidia es fácil de erradicar cuando pienso fríamente y concluyo certeramente que quizás aquello que deseo no me corresponde, porque abuse de ese bien en vidas pasadas o simplemente acepto que si ese bien pertenece a otra persona pues debo respetarlo. Ciertamente algunos bienes que otros tienen yo también los puedo tener pero debo procurar esforzarme -sin matarme- por adquirirlos, siempre evitando quitárselo a aquel que ya lo tiene, salvo que sea comprándoselo, de buena gana. Claro que esto no quiere decir que yo no envidie -ciertamente deseo muchas cosas que otros tienen- pero siempre evalúo aquello que deseo, tratando de dilucidar si lo merezco y si concluyo que lo merezco pues lucho por adquirirlo, pero pidiéndole siempre permiso a nuestro Amoroso Padre Dios para que me autorice el tener aquel bien que deseo y me facilite el adquirirlo, procurando que sea siempre para mi bien material y también espiritual. Siempre digo: "Si no me cae del cielo (no me lo da Dios) pues no lo quiero" y por eso nunca trato de forzar la barra cuando deseo adquirir algún bien y dejo que nuestro Amoroso Padre Dios me lo otorgue a su tiempo, aunque ciertamente no dejo de procurarlo de buenas maneras.
Respecto a los tres últimos vicios capitales que les mencioné, ya les expliqué que están muy relacionados con nuestra superioridad ontológica, por lo que la solución para eliminar esos vicios (y quizás con un poquito de esfuerzo el del resto de los vicios) es reconocer que aquellos que me rodean son mis "hermanos espirituales" -puesto que todos hemos sido engendrados por nuestro Amoroso Padre Dios- y en consecuencia son tan superiores como nosotros y merecen igualmente nuestro respeto y amor. Si reconocemos que en todas las cosas creadas hay un hermano nuestro (hijo del mismo Dios que me engendró) entonces se nos hará más fácil AMAR AL PRÓJIMO COMO A NOSOTROS MISMOS.
Ahora bien, el amor a los demás se demuestra con el servicio. De manera que, ejercitarnos en el servicio nos ayuda a vencer nuestra soberbia -haciéndonos más humildes-, nuestra avaricia -ejercitándonos en la generosidad- y nuestra ira -ejercitándonos en nuestra mansedumbre-, movidos por el amor y el respeto que sentimos por los demás. Evidentemente, el servicio también nos ayuda a controlar nuestra gula, porque nos hace pensar en la necesidades de los demás. Controla también nuestra lujuria, porque nos impide abusar de otros y de nosotros mismos. Como estamos siempre dispuestos a servir siempre tendremos algo que hacer y en consecuencia no tendremos tiempo para la pereza. Cuando nos ejercitamos en el servicio aprendemos a pensar en el bien de los demás y a olvidarnos un poco de nuestro propio bien, consecuentemente no envidiamos los bienes que otros tienen pero si nos alegramos de que los tengan, porque queremos lo mejor para nuestros hermanos. De hecho, el servicio nos mueve a proveer a nuestros hermanos de los bienes que ellos necesitan y consecuentemente nos acostumbramos a compartir todas nuestras pertenencias con nuestros hermanos.
No por casualidad sino por Providencia nuestro Amado Yeshuá nos garantizó que si nosotros comprendemos la importancia del servicio seremos MUY FELICES, en todas nuestras vidas, en todos nuestros mundos -(Juan 13:17)-.
Escrito por: Noel José Méndez Ydrogo
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