martes, 21 de diciembre de 2021

RANGOS Y FUNCIONES

En mi artículo pasado les comenté que iba a dejar de escribir porque esto de intentar comunicar algo tan descabellado como el hecho de que hemos venido a Jugar pues me está agobiando un poco, porque ciertamente hasta el momento ni mis más cercanos han leído mis artículos, quizás porque en este mundo de increencias creer ha dejado de ser una opción para ser felices. ¡TODOS BUSCAN LA FELICIDAD EN LOS PLACERES MUNDANOS!!! Sin embargo, al descubrir que hemos venido a jugar un Juego muy Serio, he venido perdiendo mi inclinación hacia los placeres materialistas, consecuentemente sólo hallo felicidad en intentar comunicar aquello que satanás logró ocultarnos con sus susurros. Quizás con mis desesperados intentos -aunque espero que no sean vanos- logre convencer a algunos de que nuestro Amoroso Padre Dios existe y que vale la pena jugar el Juego por nuestros Mundos, para que al finalizar alguna de nuestras vidas logremos obtener la Gloriosa Amistad de nuestro Amoroso Padre Dios. 

En este artículo les quiero recordar brevemente y con ejemplos la importancia de aceptar y reconocer las funciones que nos tocan ejercer durante el desarrollo del Juego por nuestros Mundos, ya sea que las hayamos escogido o que nos las hayan asignado. Acerca de este tema les escribo con mayor detalle en alguna de mis novelas, al comparar nuestras existencias con inquilinatos.

Muy probablemente mi hija mayor se va a molestar muchísimo al leer estas letras, pero a mi no me queda de otra que escribir aquello que se me inspira y sobre todo mis vivencias a los fines de que sirvan de ayuda para aquellos que quizás estén viviendo experiencias parecidas a las mías. Por supuesto, por sobre todas las cosas espero que estas letras le sirvan a mi hija mayor para su crecimiento espiritual, por lo que espero que al leerlas, en vez de molestarse, acepte lo que le escribo con mucha madurez, sin molestarse, entendiendo siempre que escribo sobre todo para el beneficio de mis dos grandes amores: MIS HIJAS. 

Ayer, al estar haciendo el mercado, en el supermercado vi a una ancianita caminando lentamente hacia la caja y de repente su hija se le acercó y, con mucha delicadeza y amor, le dijo: "No mami, aún no vamos a pagar, porque no hemos terminado de comprar". Se los comento porque me pareció hermoso ver la delicadeza y cariño conque aquella esmerada hija le hablaba a su anciana madre. Esa hija comprende que su función -como hija- es honrar a su madre, cumpliendo con lo que dice una de las principales Reglas del Juego: "Honra a tu padre y a tu madre, como el SEÑOR tu Dios te ha mandado, para que tus días sean prolongados y te vaya bien en la tierra que el SEÑOR tu Dios te da" -(Deuteronomio 5:16)-.

Les he señalado en negrilla que es un mandato sólo para que vean la enorme importancia que se circunscribe a la función de los hijos. Esto se los señalo para explicarles, una vez más, que hay funciones que en el Juego por nuestros Mundos podemos dejar de ejecutar, so pena de simplemente perder el cargo que me obligaba a cumplir con esas funciones, pero hay funciones que son insoslayables. Por ejemplo, suele ocurrir que algunas personas nacen en el campo probablemente para cumplir algún karma que requiera nacer y crecer en las penurias que significan dedicarse a la siembra, mas sin embargo es posible que, muchas de esas personas que han nacido en el campo puedan y DEBAN eludir las funciones del campesino y se dediquen a estudiar para superarse profesionalmente y hasta lleguen a ser grandes científicos, ingenieros, médicos,.... Pero algunas funciones son realmente insoslayables y el mejor ejemplo de estas es las de las funciones del hijo, porque al nacer no le queda de otra que ejecutar ese cargo.

Además de las funciones, tenemos que aceptar y reconocer que, en el desarrollo del Juego por nuestros Mundos, a cada quien se le asigna un rango, bien sea por Orden Divina o porque lo adquiere con su esfuerzo por desarrollarse materialmente. Todos, gústenos o no,  siempre tenemos que rendirle cuentas a alguien y consecuentemente obedecerle, ya sea por obligación o por respeto. Evidentemente el rango de un hijo no es similar al de un padre y esto es tan así que Jesús ben Sirá amplia un poco más la Regla de "Honrar padre y madre", para hacerla más explícita, y cito: "2 El Señor quiere que el padre sea honrado por sus hijos, y que la autoridad de la madre sea respetada por ellos. 3 El que respeta a su padre alcanza el perdón de sus pecados, 4 y el que honra a su madre reúne una gran riqueza. 5 El que respeta a su padre recibirá alegría de sus propios hijos; cuando ore, el Señor lo escuchará. 6 El que honra a su padre tendrá larga vida; el que respeta a su madre será premiado por el Señor, 7 pues obedece a sus padres como si fueran sus amos. 8 Hijo mío, honra a tu padre con obras y palabras, y así recibirás toda clase de bendiciones. 9 Porque la bendición del padre da raíces firmes a una familia, pero la maldición de la madre la arranca de raíz. 10 No te sientas orgulloso viendo a tu padre pasar vergüenza, pues esto no es ninguna honra para ti. 11 El honor de un hijo está en el honor de su padre; en cambio, el que desprecia a su madre se llena de pecados. 12 Hijo mío, empéñate en honrar a tu padre; no lo abandones mientras tengas vida. 13 Aunque su inteligencia se debilite, sé comprensivo con él; no lo avergüences mientras viva. 14 Socorrer al padre es algo que no se olvidará; será como ofrecer sacrificio por los pecados. 15 Cuando estés en aflicción, Dios se acordará de ti y perdonará tus pecados, como el calor del sol derrite el hielo. 16 El que abandona a su padre ofende al Señor, y el que hace enojar a su madre es maldecido por Dios" -(Eclesiástico 3)-.  

Les he colocado en negrillas algunos puntos que me gustaría aclararles. El primer punto es la aclaratoria de que es Dios Mismo Quien Lo Manda. De hecho, es uno de los llamados Mandamientos de la Ley de Dios. Jesús ben Sirá hace la aclaratoria acerca de la autoridad de la madre porque, suele ocurrir que los hijos olvidan -debido al profundo amor que les manifiesta la madre-, que la madre ocupa un rango muy superior al  de los hijos y en consecuencia éstos le deben respeto y obediencia, sino por amor a lo menos por obligación de cumplir un Mandato Divino. Quizás el autor del Eclesiástico pareciera no mencionar la autoridad del padre -debido a su rango- porque frecuentemente los hijos obedecen a los padres para evitar que éste les propine una paliza, cosa que a las madres se les suele dificultar ejecutar, pese a que también están obligadas a corregir a los hijos -(No dudes en corregir a tu hijo, porque si lo castigas con vara lo librarás del infierno / Proverbios 23:13)-. 

Jesús ben Sirá también nos aclara que la obediencia de los hijos para con los padres debe ser similar a la obediencia de los esclavos para con sus amos. Es decir, los hijos deben obedecer a los padres sin protestar. El rango de los hijos (en la relación padres-hijos) no les da ningún tipo de autoridad para contradecir, replicar, murmurar,... desobedecer a sus padres, ni siquiera cuando los hijos se hacen mayores y aun habiendo logrado un gran desarrollo material. Es decir, pudiera ocurrir que el hijo de un campesino haya logrado desarrollarse materialmente hasta el punto de ser el presidente de una gran compañía, pues aun así su rango de hijo no le da autoridad para ofender a sus padres, por considerarse más inteligente que ellos, y es por esto que Jesús ben Sirá nos señala que si la inteligencia de un padre merma respecto a la del hijo, esto no debe ser motivo para avergonzarlo, restregándole por la cara el hecho de nunca haber procurado dejar de ser campesino. ¿Se imaginan si todos los campesinos abandonan el campo y se hacen médicos? Pues todos estaríamos atendiéndonos unos a otros por causa de la desnutrición.

Todo lo anterior se los escribo reiteradamente porque, tengo que aceptar que si unas de mis hijas parece no comprender esta sencilla Regla, a pesar de que se la recuerdo frecuentemente, no me quiero imaginar el infierno que están viviendo muchos padres cuyos hijos ciertamente desconocen esta muy conocida Regla. Claro está que, la salsa que es buena para el pavo es también buena para la pava, por lo que cabe destacar que si esperas que tus hijos cumplan con la sencilla Regla de honrarte tú también debes cumplir con la Regla de corregirles, como se los he aclarado muchas veces: con severidad pero sin violencia y siempre por amor. Como la mamá de mis hijas nunca comprendió la importancia de esta sencilla Regla pues nuestra hija suele discutir, casi que caerse a golpes, con su mamá.

La función de los padres para con los hijos es altamente complicada porque nos exige hallar un equilibrio entre corregir con severidad pero sin violencia, en procura de que los hijos entiendan que lo hacemos por amor, para que no conozcan el infierno -(Proverbios 23:13 y 29:15)-. Evidentemente, si lo hemos hecho bien, en algún momento ya no se hace necesario corregirles con vara. Sin embargo, es muy común que, cuando los hijos dejan de sentir el peso de la vara, suelen olvidar la Regla de honrar a sus padres. Esto generalmente ocurre cuando los hijos están mayores y los padres comienzan a envejecer, porque pareciera que los hijos comienzan a sentirse más fuertes que sus padres y mucho más inteligentes que ellos, entonces le temen menos a la vara y se afianzan mucho más en el amor que sus padres, ya ancianos y cansados de corregir, les otorgan.

También ocurre que, cuando los hijos se hacen mayores y los padres comienzan a chochear (se debilitan física y mentalmente) los hijos comienzan a creer que ellos deben ser los padres de sus padres y pretenden corregirlos en sus desatinos, incluso haciendo uso de la vara. Estos torpes hijos se olvidan que la Regla dice que, en esos oscuros momentos de la senilidad de sus padres es cuando tienen que ser más compresivos con ellos y cuidarles con el mismo amor y ternura con que esos padres les cuidaron durante sus primeros meses de vida y no olvidar jamás que siguen siendo tus padres y ustedes siguen siendo hijos.

Ocurrió ayer que la hija que suele discutir mucho con su madre, por el simple hecho de que le comenté que iba a corregir a un tío de ella por un comentario mal sano que el hizo, entonces mi hija me gritó: "¿Qué te crees tú?", y yo no sé ustedes pero yo suelo colocar cada palabra en su sitio y otorgándole su significado, por lo que considero que al gritar qué y no quién pues sencillamente me estaba considerando una cosa y no una persona. Creo que se sintió con autoridad para preguntarme tal desfachatez  porque últimamente le he estado lanzando muchos besos y diciéndole reiteradamente que la amo. También ocurre que, esa hija parece más amar a sus tíos, quienes nunca velaron por ella, ni la alimentaron, ni le dieron educación hasta hacerlas profesionales, ni la llevaron de viajes,... ni la han amado como nosotros sus padres. Vieran como esa hija atiende a los tíos cuando está con ellos, se esmera un mundo, pero con nosotros sus padres pareciera que no existiéramos. De hecho, si algunos de nosotros -sus padres- le pregunta alguna cosa ella suele no responder o simplemente murmulla, como si no fuera interesante lo que nosotros preguntamos o comentamos. ¡Aaah! ¡Pero si es un tío la cosa cambia! 

A veces pienso que hubiera sido mejor ser su tío que su papá y eso lo pienso yo a quien ciertamente respeta, quizás por miedo a la vara, pero no me imagino qué sentirá su mamá a quien muchas veces trata como a un cero a la izquierda. El caso es que mi hija en esa casa parece menos que una inquilina, porque a todos se les complica compartir con ella, dado que pareciera que ella se siente la jefe de hogar y pretende darle órdenes a todo el mundo. Digo que parece menos que una inquilina porque si fuera inquilina a los menos pagaría la renta, pero ni siquiera eso, porque para que afloje un peso hay que jalarle muchísimo, a pesar de que come bastante y muy selectivamente y malgasta mucho los servicios. Menos que una inquilina parece un parásito, que sólo piensa en ella y en que le sirvan. 

Claro que, de este parásito también tenemos culpa los padres de la criatura. Es muy probable que, por el hecho de amarla, la consentimos muchísimo, porque a pesar de que ya es una vieja aún le damos de comer, le lavamos la ropa, le aseamos su cuarto, le hacemos los mandados que nos pide,... nos aguantamos su frialdad,... esperando que en algún momento nos manifieste algo de amor en agradecimiento a nuestro servicio, pero esto ocurre muy poco, tan pocas veces ocurre que ya yo estoy dispuesto a tirar la toalla. Y esto lo hago con todo el dolor de mi alma, porque ciertamente la amo con todo mi corazón, pero tengo que evitar cometer el mismo error que Job cometió, para evitar los puntos negativos, así pierda el poquito amor que mi hija nos manifiesta.

Gracias a nuestro Amoroso Padre Dios yo he aprendido a desprenderme de las cosas que no me dejan avanzar. Las cosas de las que debemos desprendernos, para avanzar espiritualmente, no son únicamente cosas, en el sentido estricto de la palabra, porque son también las personas con las que compartimos (amigos, familiares, esposa,... hijos). Yo tenía muchos amigos, pero al final comprendí que no eran amigos sino simples compinches, que sólo estaban presentes en las rumbas, pero cuando se requería de ellos algún servicio pues lo eludían con alguna tonta excusa, así que dejé de tratarlos, simplemente porque no cumplían con las funciones del amigo y porque estoy cansado de las rumbas. Me separé de mi esposa simplemente porque no cumplía con sus funciones de esposa. Yo me he ido acostumbrando a dejar de tratar a aquellos que no cumplen con sus funciones en los inquilinatos que comparten conmigo.

Tristemente tendré que dejar tratar también a mi hija mayor, simplemente porque no cumple con sus funciones de hija. Si ella no quiere ser mi hija pues yo tampoco quiero ser su papá. Sin embargo, ser padre es un inquilinato insoslayable, porque nos ha sido designado por nuestro Amoroso Padre Dios, por lo que no puedo dejar a mi hija a la deriva y, a pesar de que no lo merece, debo seguir alimentándola y proveyéndola de un techo para que se resguarde de las inclemencias del tiempo. Pero evitaré de aquí en adelante el servirla más allá de mis funciones como padre (lavarle la ropa, limpiar su habitación,...). Muy a mi pesar también evitaré manifestarle amor, porque creo que es esto lo que la hace sentirse enseñoreada. Puede que esto último la haga reaccionar o quizás tristemente no le importe, aunque he podido apreciar que cuando dejo de manifestarle amor suele tratar mejor a su mamá, de manera que, mi sacrificio por lo menos ayuda a su madre.

Espero en nuestro Amoroso Padre Dios que yo nunca tenga que necesitar materialmente de mi hija mayor porque con seguridad me abandonará y, como nos lo señala Jesús ben Sirá, ofenderá a Dios y se hará merecedora de maldiciones, lo cual para mí sería muy doloroso, aunque para ella pareciera no ser de importancia, porque aparentemente no cree en lo que dice la Palabra Inspirada por nuestro Amoroso Padre Dios. Leviatán (el espíritu de la soberbia) la tiene convencida de que sabe más que sus padres incluso de religión, sin haberse siquiera leído la Biblia completa y mucho menos intentado comprenderla. 

¿Quién se creerá ella? ¿Será que cree que es mi mamá? Será que cree que hoy en día ella es profesional porque estudió toda su vida sola, sin el apoyo de nosotros sus padres, quienes por cierto también somos profesionales. Y que no le vaya a echar la culpa de sus desatinos y groserías a un espíritu que la domina, porque todos nacemos con los espíritus que adquirimos en vidas pasadas, resultado de nuestros vicios, los cuales debemos dominar en la vida presente, para que no nacer con esos espíritus en vidas futuras.  ¡DE ESO SE TRATA EL JUEGO POR NUESTROS MUNDOS!!! O asume las funciones de su rango con dignidad o tristemente seguirá bajo el dominio de leviatán algunas vidas más. 

Yo por mi parte agradezco a nuestro Amoroso Padre Dios el permitirme vivir esta dura experiencia con mi malagradecida hija, porque eso me enseña que debo bajarle dos al amor que les manifiesto. Las múltiples atenciones que le otorgo parece que no le hacen bien a su espíritu, porque no es la primera vez que me sale con groserías. Los padres a veces tenemos que reconocer que los hijos ya crecieron y que deben valerse por sí mismos.

SENCILLAS SOLUCIONES

Meditando un poco en la actitud que muchas veces manifiesta mi hija mayor con sus más cercanos, sobre todo con su mamá y su hermana (conmigo creo que no tanto por temor a la vara), parece que nos odiara, como si no quisiera vivir con nosotros, como si ella cree que pudiera tener una familia mejor, como si nosotros le hubiéramos hecho algún mal, y eso que ella conoce familias bastantes más disfuncionales, por lo que no entiendo su actitud. A veces parece que mi hija mayor nos odia por haberla traído al mundo y eso que su mundo, por lo menos hasta el momento, ha sido muy placentero. No me quiero ni imaginar cómo sería su comportamiento con nosotros si no nos hubiéramos esmerado por darle la vida de princesa que hasta ahora ha venido disfrutando. 

Sé que muchos opinaran que quizás la 'aversión' ('odio')que manifiesta a sus familiares más cercanos es el resultado de haber aplicado la vara al corregirla, pero les diré que puedo contar con los dedos de una mano las veces en las cuales utilicé la vara para corregirlas y creo que me sobran dedos. Además, siempre procuré seguir la Regla señalada en Proverbios 29:15 y, en consecuencia, jamás las castigué con violencia y procuré siempre recordarles que lo hacía para evitar que conozcan el infierno. Si fuera el uso de la vara lo que la llevó a odiar a su familia, por qué esa 'aversión' pareciera ser más fructífera en contra de su mamá, quien jamás la corrigió con vara. Yo pudiera pensar que ese odio comenzó a desarrollarse cuando nació su hermana menor y quizás se sintió desplazada en el amor, pero no, siempre las hemos tratado a las dos con el mismo amor y les hemos dado a las dos siempre las mismas cosas, incluyendo la vara.

Miren, les contaré algo bastante delicado de mis vivencias, lo cual espero que mi amada mamá jamás lea, pero que necesito contarles para que comprendan un poco lo delicado de la relación padres-hijos. Cuando yo tenía cerca de 15 años mi papá y mi mamá se encontraban en los malestares del preludio de los muy comunes divorcios de nuestros tiempos, producto de las irresponsabilidades en el cumplimiento de sus funciones maritales. Por aquellos días mi mamá, pese aún estar viviendo con mi papá, tenía un pretendiente, con el cual hablaba frecuentemente por teléfono, cuando mi papá no estaba en casa. Esto a mí me molestaba muchísimo y cierto día, en un arranque de soberbia de mi parte, le quité el teléfono a mi mamá de las manos y lo colgué, mientras le decía: "¡Usted definitivamente está loca!". Y, tal y como el trueno sigue al relámpago, mi mamá me lanzó una bofetada a la par de gritarme: "¡Falta de respeto!". Seguidamente, con lágrimas en los ojos, mi mami se fue a su habitación a llorar. De la soberbia que tenía yo ni sentí el dolor de la cachetada de mi madre, aunque prácticamente me arrancó la cabeza. Al rato, cuando yo estaba más calmado, oyendo el llanto de mi amada mamá, medite en lo acontecido y comprendí que yo no tenía rango para corregir a mi mamá en sus desatinos. Seguidamente me fui, caminando de rodillas, a la habitación de mi madre, pidiéndole perdón por mi desatino. Mi mami me abrazó y también me pidió perdón por haberme corregido con violencia, pese a que ella ciertamente tampoco le gustaba corregir con vara, ¡ese trabajo se lo dejaba a mi papá!, trabajo que realizaba con mucho amor. 

Por cierto que, mi amada mamá finalmente se divorció de mi amado papá y se unió en matrimonio con aquel hombre que acostumbraba a hablar por teléfono y, según tengo entendido, por la forma en que ella habla de él, la hizo muy feliz, además de darle dos hermosos hijos, quienes son los que la atienden con esmerado amor en sus años dorados, cosa que yo no puedo hacer debido a la distancia física que nos separa. De manera que, era muy necesario que yo naciera en la familia que nuestro Amado padre Dios me otorgó porque de mi papá recibí la necesaria corrección con vara y de mi mamá recibí la educación religiosa que me ha traído hasta aquí. También era necesario que me dejaran solo, para yo crecer y desarrollarme, para poder hablarles de estos menesteres. Evidentemente el matrimonio entre mi papá y mi mamá era necesario para que yo naciera, de manera que el divorcio también era necesario para que cada uno pudiera vivir otras experiencias en busca de la felicidad marital, después de haberme engendrado y formado. Sé que pareciera que los que les comento parece un arranque de vanidad de mi parte pero a mis años he comprendido que nuestro Amoroso Padre Dios Escribe Derecho sobre líneas torcidas y ciertamente nunca pierde el control de las vidas de aquellos que le procuran.

Lo anterior se los comento porque tristemente es muy frecuente que mi hija mayor le diga a su mamá que está loca. Tan frecuente que ya es común oírlo. La soberbia de mi hija está tan desarrollada que además de sentirse con el rango de ofender a su mamá, ya varias veces me ha dicho -en los pocos encontronazos que hemos tenido- que yo no me doy cuenta de que ella la puso Dios en mi camino para que yo aprendiera algo de ella. Es como si yo antes de renacer le hubiera pedido a nuestro Amoroso Padre Dios que me enviara a nacer en las condiciones que permitieran que en algún momento yo pudiera engendrar a mi hija para que me corrija, eduque y forme. Tristemente la soberbia de mi hija no le deja aceptar que ha sido ella quien ha decidido renacer en esta familia para aprender algo, lo cual espero que aprenda en esta vida por las buenas y no tenga que aprenderlo en otra vida -o quizás en ésta- por las malas. De momento, por su bien, a mi no me queda de otra que bajarle dos al amor que le profeso y dedicarme simplemente a alimentarla y darle cobijo, evitando el tratarla mucho, no sea que me muerda.

De acuerdo a lo 'leído, investigado y profundizado', sé que esta 'aversión' ('odio') hacia su familia más cercana es motivada por leviatán, debido a la cantidad del barro de la soberbia que ha acumulado en vidas anteriores. Quizás por eso nació en esta familia, para que se le impartiera el conocimiento para superar su soberbia. Yo se lo he indicado varias veces: LA SOLUCIÓN PARA ELIMINAR LA SOBERBIA ES PEDIR PERDÓN A AQUEL A QUIEN OFENDEMOS. Cuando nuestra soberbia no nos deja ver que los demás merecen nuestro respeto (sobre todo los que están en rangos superiores) entonces solemos ofender o maltratar a los demás y éste maltrato es promovido por leviatán (espíritu de la soberbia) y sus secuaces. Luego, leviatán y sus secuaces aman la discordia, por lo que consecuentemente odian la humildad y la humildad se alcanza con ciertos ejercicios, uno de estos ejercicios es pedir constantemente perdón por las ofensas que propinamos, hasta que alcancemos la verdadera contrición (dolor) por las faltas que cometemos.

Pido a nuestro Amoroso Padre Dios que ilumine a mis amadas hijas con Su Sabiduría para que comprendan todo lo que les escribo y lo acepten con humildad. Que también las fortalezca para que se esfuercen y logren los cambios que requieren para crecer espiritualmente y logren alcanzar La Amistad de nuestro Amoroso Padre Dios. ¡Amén!!! ¡Amén!!! ¡Y Ameeeeeén!!!




Escrito por: Noel José Méndez Ydrogo  

 

 








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