Una de las mascotas de mis hijas tiene una afección en la sangre que no hayan como curársela. Podemos decir que ésta perrita fue rescatada puesto que en donde vivía no era atendida dignamente y eso que vivía en la casa de una persona que todos los días asiste a Misa. Yo estoy claro en que es un animal, pero también estoy claro en que si aceptaste en tu casa a un animal como mascota es para tratarlo con dignidad y educarlo sabiamente, sino no los tengas en casa.
Conversando con una de mis hijas le comenté que Celeste -la mascota de la cual les hablo- por lo menos morirá después de haber vivido unos cuantos años de paz y felicidad. Mi hija enseguida me dijo: "Hay no papi, si se me muere Celeste yo sufriré mucho". Este comentario, muy común en todas las personas que pierden a un ser querido, me inspiró a escribirles el presente artículo.
El caso es que, pese a lo común y cotidiano de la muerte aún no nos acostumbramos a ella. Todos habremos de morir y esto ocurrirá a su tiempo (algunos muy jóvenes y otros muy viejos), pero ésta sabiduría parece no calar muy bien en el ideario humano porque si un ser querido muere muy joven decimos: "Era tan joven" y si muere muy viejo entonces decimos: "Aún tenía tanto que dar". Simplemente no terminamos de comprender que nacemos con los segundos contados y que tarde o temprano habremos de morir.
De manera que, más que preocuparnos por la muerte o de cuándo esta llegará, debemos es OCUPARNOS de vivir dignamente para que cuando llegue la muerte estemos preparados para su encuentro. En algunos escritos les he comparado el vivir con estar en un enorme salón de clases presentando un examen. De éste salón de clases sólo podemos salir cuando suene el timbre y este timbre suena para algunos siendo muy jóvenes y para otros siendo muy viejos.
Ahora bien, todos desconocemos en que momento sonará nuestro timbre particular (llegada de la muerte), por lo que deberíamos OCUPARNOS en responder diligente y dignamente las preguntas del examen (pruebas de la vida), en lo posible antes de que suene el timbre. Tristemente, gran parte de la humanidad están sentados como despreocupados, sin responder ni siquiera mediocremente las preguntas, como si su timbre particular fuera a sonar dentro de mil millones de años. Pese a lo común y cotidiano de la muerte, gran parte de la humanidad parece no creer que les llegará.
SEÑALES EVIDENTES
Si hay algo más evidente que la vida es la muerte y aunque muchos no podemos determinar cuándo llegará ciertamente todos sabemos que en algún momento nos encontraremos con ella. Sin embargo, pareciera que todos creen que a ellos no les llegará y esto a pesar de que comparten con la muerte en el día a día. ¡La muerte nos es tan cercana como la vida misma!
Aunque ciertamente la gran mayoría de nosotros desconocemos cuándo nos habrá de llegar, a algunos la muerte les avisa que está próxima a llegar. Descubrir la presencia de una enfermedad terminal es quizás el mejor ejemplo de estas señales. Cuando a los sabios se les declara una enfermedad terminal, estos suelen esforzarse por terminar de responder dignamente las preguntas del examen de nuestras vidas. La gran mayoría -los negligentes y flojos- suelen esforzarse por evitar la muerte, buscando una solución a los males que les embargan, como si fuera posible esquivar la muerte. Algunos otros logran alguna cura milagrosa, la cual pocos aprovechan para responder dignamente las preguntas que les faltan responder y muchos otros desaprovechan ese tiempo adicional que se les concede viviendo como si nunca fueran a morir.
Algunas señales parecieran menos evidentes que la declaración de una enfermedad terminal, pero ciertamente son las señales de la posibilidad de que llegue la muerte. Este es el caso de los rumores de guerra. Los rumores de guerra deberían mover a todos al cambio de vida, a esforzarse por acercarse a Dios, pero suele ocurrir que además de no esforzarse por acercarse a Dios, muchos son los que, así como pretenden cerrar sus ojos ante la realidad de la muerte, cierran los ojos ante la posibilidad de una guerra. Muchos son los que comienzan a huir cuando las bombas comienzan a caer. Según lo veo yo, la gran mayoría de la humanidad están esperando a que caigan las bombas para creer que la muerte existe. ¡Muchos están esperando a que llegue la muerte para comenzar a buscar a Dios!
¿VIVIENDO O MURIENDO?
Según lo veo yo, muchos son los que en vez de estar viviendo simplemente están muriendo, porque en vez de OCUPARSE de responder digna y diligentemente las preguntas del examen de sus vidas, están sentados, ocupados quizás en su día a día material (dormir, comer, estudiar, trabajar,...) pero sin estar conscientes -porque están como muertos- de la importancia de hacer todas las cosas, incluso aquellas del día a día material, conscientes de que estamos siendo evaluados por Dios. ¡Muchos son los que al nacer comienzan a morir en vez de vivir!
Día a día veo a una de mis hijas trabajando diligentemente para lograr hacer dinero y me entristezco al ver a su mami pidiéndole dinero para cubrir alguna necesidad y nuestra hija se lo niega. Yo muchas veces, le doy el poco dinero que tengo a la mamá de mis hijas y lo hago adrede delante de nuestra avara hija para que con el ejemplo vea que si el dinero que tengo no me sirve para aliviar las necesidades de mis cercanos pues entonces no me sirve de nada. Pero nadie es profeta en su propia tierra. Le pido día a día a nuestro Amoroso Padre Dios que la muerte no alcance a mi amada hija sin que haya comprendido que la avaricia es la acumulación de males espirituales. Y no puedo decir que mi hija sea una mala hija -porque conmigo suele ser diferente- pero tristemente estoy claro que la pregunta acerca de la utilidad del dinero no la está respondiendo, quizás porque piensa que su timbre particular aún no sonará y que tiene bastante tiempo para hacer las paces con su mami y con su hermana.
Es evidente que mi amada hija está muriendo -¡No está viviendo!- porque parece poco preocupada por deslastrarse de la avaricia que la cubre, pese a que nuestro Amoroso Padre Dios le está dando muchísimas oportunidades para que se ejercite en la generosidad, al mostrarle las necesidades de su mami y de su hermana. Ciertamente esto me entristece muchísimo, porque amo muchísimo a mis hijas, pero no puedo obligarla a comprender que está siendo Evaluada por nuestro Amoroso Padre Dios.
EL SUMO JUSTO JUEZ
Yo he concluido que, esta pereza generalizada por responder digna y diligentemente las preguntas del examen de nuestras vidas, antes de que suene el timbre, se debe a que todos, consciente o inconscientemente, esperan que nuestro Amoroso Padre Dios Se Muestre Clemente y les conceda más tiempo para contestar, aunque sea mediocremente, las preguntas del examen de sus vida. A todos se les olvida que, nuestro Amoroso Padre Dios Es El Sumo Justo Juez y consecuentemente nos premiará cuando nuestras respuesta sea la correcta y nos corregirá cuando nuestra respuesta sea la incorrecta. El tiempo adicional sólo nos lo otorgará cuando ciertamente vea que nos estamos esforzando por responder diligente y dignamente, pero necesitamos alguito más de tiempo.
Soy consciente de que se nos ha amenazado tantas veces con el fin del mundo que dudamos de que ciertamente vaya a ocurrir, pero resulta que siempre ocurre, porque el fin de cada uno de nuestros mundos ocurre con la llegada de la muerte. Lo que ocurre es que, se nos ha inculcado que el fin del mundo es el fin del planeta y esto pareciera que nunca va a ocurrir. Sin embargo, es posible que ocurra un fin del mundo tal y como todos lo conocemos y las señales de que esto ocurra parece cada vez más evidentes. Si lo que está ocurriendo en el mundo (la pandemia, la guerra) no nos mueven a OCUPARNOS por nuestra espiritualidad evidentemente Al Sumo Justo Juez no le queda de otra que permitir que los acontecimientos nefastos que nos están embargando sigan su terrorífico curso. Y ciertamente el curso que llevan los acontecimientos actuales parecieran estar llevándonos al fin del mundo, tal y como lo conocemos.
Pero el fin del mundo generalizado no significa la destrucción del planeta, sino simplemente del mundo tal y como lo conocemos. Esto quiere decir que, aquello a lo que estábamos acostumbrados desaparecerá, se destruirá. Las enfermedades se incrementarán (pandemia), el caos se generalizará (las guerras), la hambruna aumentará,... el dinero ya no tendrá valor. De manera que, la acumulación de dólares de mi amada hija, de un momento a otro se le convertirá en una pérdida de tiempo habiendo trabajado por adquirirlo, sin haberlo aprovechado para deslastrarse de la avaricia que ha acumulado en sus vidas anteriores.
CONVERTIOS
De estás realidades, que acontecerán al ocurrir al finalizar el mundo tal y como lo conocemos, tenemos muchas indicaciones en la Biblia, pero como ya nadie la lee y muchos ya no creen en lo que profetiza porque nunca ha ocurrido, pues a gran parte de la humanidad el fin del mundo tal y como lo conocemos los agarrará desprevenidos. Ezequiel nos dice que en aquellos días muchos arrojarán su plata en las calles y su oro se convertirá en cosa abominable; ni su plata ni su oro podrán librarlos el día de la ira del Señor. No saciarán su apetito ni llenarán sus estómagos, porque su iniquidad ha llegado a ser ocasión de tropiezo –(Ezequiel 7:19)-.
El origen de todos estos males, que nosotros procuramos y nuestro Amoroso Padre Dios simplemente permite, se encuentra en nuestro apartarnos de Dios. Al apartarnos de nuestro Amoroso Padre Dios nos alejamos de Su Cobijo y rechazamos Sus Promesas de Amor. En Crónicas 7:14 se nos indica que: apartarse del camino, transitar por veredas que van contra las demandas divinas. ¿Cuáles son esos caminos? Aquellos que alejan de Dios, que son repudiados en la Palabra: injusticia, idolatría, hechicería, cultos paganos, un conjunto que es abominable a Dios. En Oseas 4:1-3 leemos: porque no hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra. Perjurar, mentir, matar, hurtar y adulterar prevalecen, y homicidio tras homicidio se suceden. Por lo cual se enlutará la tierra, y se extenuará todo morador de ella, con las bestias del campo y las aves del cielo; y aun los peces del mar morirán.
Muchos otros textos bíblicos nos muestran la fuente de los males nos agobian, pero también son muchos los textos bíblicos que nos indican que para erradicar aquellos males, no solo es necesario orar, clamar, y humillarse. La clave es 'convertirse totalmente de nuestros malos caminos'. En 2 Crónicas 7:13-14 podemos leer: "Si yo cerrare los cielos para que no haya lluvia, y si mandare a la langosta que consuma la tierra, o si enviare pestilencia a mi pueblo; si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra". Y en Isaías 55:6-7 se nos dice: "Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar".
Pero tristemente muchos son los que no quieren reconocer cuáles son los malos caminos. Por ejemplo, cada vez que intento corregir a mi amada hija de sus malos caminos ella se escuda diciendo que yo veo mis errores reflejados en ella y que consecuentemente soy yo quien debe convertirse de mis malos caminos. Ella parece no percatarse que un camino malo es aquel que no te conduce a nuestro Amoroso Padre Dios. Al no aceptar la corrección que pretendo inculcarle ella no está aceptando la corrección fraterna -de buenas maneras- de su papá, lo que evidentemente refleja que no honra a su papá (al no escuchar mis consejos), así como no honra a su mamá (al no asistirla en sus necesidades) ni nos respeta (al levantarnos la voz cuando le decimos algo). El camino que toma evidentemente no es bueno porque no la conduce a nuestro Amoroso Padre Dios, quien le exige "honrar y respetar a sus padres" -(Éxodo 20:12)-.
Y supongamos que sea verdad lo que ella supone -que reflejo mis errores en ella- pues nunca debería olvidar que yo soy su papá y que el hecho de que yo tenga errores no significa que ella no deba seguir mis consejos, porque simplemente ella es hija y la Palabra Divina le recomienda: "Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no abandones la enseñanza de tu madre" -(Proverbios 1:8)-. También le recomienda: "Aunque tu padre haya perdido la cabeza, sé indulgente, no le desprecies" -(Eclesiástico 3:13)-.
Para muestra un botón: hace un rato, mientras escribía estas letras, la mamá le preguntó algo y ella sencillamente se hizo la que no le oía. Entonces yo le dije que le respondiera a su mamá y simplemente dijo que a su mamá no le interesaba lo que ella estaba haciendo. Seguidamente le dije: "No sé porque odias tanto a tu madre" y ella simplemente dijo: "Mira quien habla de odio". Sólo me queda concluir que ella cree que nosotros la odiamos a pesar de tanto amor que le demostramos. Evidentemente no tiene claro quién es la que circula por 'caminos malos'. Sólo me queda continuar orando por ella para que, antes de que suene su timbre particular, se convierta de sus malos caminos. También espero que lo logre antes de que su mami o yo perezcamos, para que tenga chance de corregirse. Quiera a nuestro Amoroso Padre Dios que lea estas letras antes de que la muerte se le acerque.
ESTÉN PREPARADOS
De manera que, hoy más que nunca parece que tenemos que tomar en cuenta aquel consejo que nos dio nuestro Amado Yeshuá: "Estén preparados, porque a la hora que menos lo esperen vendrá el Hijo del Hombre" –(Mateo 24:44)-. Las señales son evidentes y, ya sea que el fin del mundo como lo conocemos esté cerca o no, deberíamos estar preparados para nuestro encuentro con nuestro Amoroso Padre Dios. La muerte, ya sea como consecuencia de una nefasta guerra o no, ciertamente llegará. Esto nos obliga a mantenernos vigilantes de evitar constantemente los 'malos caminos' y en el caso de encontrarnos en algún 'mal camino' -que evidentemente no nos conduce a nuestro Amoroso Padre Dios- pues debemos acometer las medidas necesarias para 'convertirnos' o redireccionar nuestro caminar procurando tomar sólo los caminos que nos ayuden a llegar a La Casa de nuestro Amoroso Padre Dios.
El desconocimiento de la hora de nuestra muerte no debería ser la excusa para mantenernos en nuestros 'malos caminos', como si tuviéramos tiempo suficiente para convertirnos. Todo lo contrario, el desconocimiento de la hora de nuestra muerte debería mantenernos vigilantes y ocupados en caminar por los caminos que nos conduzcan a La Casa de nuestro Amoroso Padre Dios, porque la muerte puede llegar en cualquier momento.
De hecho, 'estar preparados' implica reconocer que la muerte llegará, más temprano que tarde. Un hermoso Himno de la Liturgia de las Horas reza:
Mis ojos, mis pobres ojos
que acaban de despertar
los hiciste para ver,
no sólo para llorar.
Haz que sepa adivinar
entre las sombras la luz,
que nunca me ciegue el mal
ni olvide que existes tú.
Que, cuando llegue el dolor,
que yo sé que llegará,
no se me enturbie el amor,
ni se me nuble la paz.
Sostén ahora mi fe,
pues, cuando llegue a tu hogar,
con mis ojos te veré
y mi llanto cesará.
La vida es el camino que recorremos, desde la cuna hasta la tumba, para encontrarnos con nuestro Amoroso Padre Dios. En este camino se nos presentan muchos desvíos, algunos buenos y otros malos, que debemos saber dilucidar para escoger sólo los buenos, evitando a toda costa los malos. Sólo escogiendo los 'buenos caminos' lograremos la victoria.
En este recorrido muchas veces el dolor se presentará, pero en esos momentos debemos hacernos más conscientes de nuestra fragilidad para esforzarnos más por mantenernos en el 'buen camino' y, pese a la presencia del dolor, evitar recorrer el 'mal camino'. Esto sólo es posible lograrlo orando y leyendo, investigando y profundizando la Palabra Divina, para mantener fuerte nuestra fe en la Clemencia y Misericordia de nuestro Amoroso Padre Dios, conscientes de que estos dolores cesarán cuando lleguemos a La Hermosa Presencia de nuestro Amoroso Padre Dios.
Escrito por: Noel José Méndez Ydrogo
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