domingo, 20 de marzo de 2022

JUGADOR SOLITARIO

No es el título de una película de acción, es más bien el título de un juego que parece virtual pero que es real. La triste realidad es que los que nos hacemos conscientes del juego lo estamos jugando en solitario porque el resto de los participantes o bien no son conscientes de las torpes jugadas que están realizando o simplemente parecen no querer jugar y juegan con desdén.  Y les recuerdo, ninguno de nosotros iniciamos el juego obligados, aunque sí estamos obligados a terminarlo.

Ayer, mientras caminaba hacia el supermercado a comprar tres cositas, recordaba la enorme prosperidad de la que gocé hace algunos años y al compararla con la austeridad en la que ahora me encuentro (debido al caos social generalizado) pues me entristecí levemente. También me entristecí levemente al traer a mi memoria algunos conocidos que aún gozan de una gran prosperidad pese a que no son muy dados a procurar a nuestro Amoroso Padre Dios, de hecho, muchos de esos conocidos gozan de una gran prosperidad, pese al caos generalizado existente, debido a que hicieron dinero indignamente. Como soy humano no puedo evitar entristecerme al ver la prosperidad de los que no procuran a Dios y compararlos con la austeridad en la que ahora vivo.  

Y digo que 'me entristecí levemente' porque en seguida le agradecí a nuestro Amoroso Padre Dios por aquellos años de mucha prosperidad y por sostenerme en la austeridad que suponen los tiempos de Prueba. Recordé enseguida que estamos jugando un hermoso pero muy serio juego y, así como ocurre en cualquier juego deportivo, los coach suelen colocar a sus mejores jugadores en las posiciones más complicadas, porque saben que es en las situaciones difíciles en donde tienen que lucirse.

Agradeciendo a nuestro Amoroso Padre Dios el haberme revelado estas extrañas verdades, acerca de lo que hemos venido a hacer en este hermoso mundo, comencé a entristecerme nuevamente al pensar en mis cercanos. El caso es que, siento que estoy jugando en solitario porque aparentemente soy el único interesado en estas extrañas verdades y ni siquiera mis más cercanos muestran el más leve interés en estos menesteres. Luego recordé algunos momentos de la vida terrena de nuestro Amado Yeshuá en los cuales manifestó similar tristeza por estar jugando solo y me animé a seguir jugando, al igual que nuestro Amado Yeshuá, aunque nadie comprenda el mensaje que, cada uno en su tiempo, a venido a entregar. Y al confesarles esto no me estoy comparando con La Grandeza de nuestro Amado Yeshuá, sólo me estoy animando a imitarle, a pesar de que como Él muchas veces pregunto: "¿Hasta cuándo estaré entre ustedes?". 

Al recordar los millares de personas que escucharon el mensaje de nuestro Amado Yeshuá en su tiempo de vida terrena y pensar en las pocas personas que lo acompañaron y apoyaron durante su Dolorosa Pasión y muerte, me regocijo en saber que, pese a que sabía que su muerte sería cruenta, nunca dejó de propagar el mensaje que nos vino a dejar, a pesar del poco apoyo con el que contó. Quizás por eso no dejo de escribirles, porque a estas alturas de mi vida sé que sólo soy un alma vieja encerrada en un cuerpo desgastado, que nuestro Amoroso Padre Dios utiliza como a un lápiz viejo, con la punta desgastada, para recordarles un mensaje antiguo que hemos olvidado. De manera que, mientras se me inspire algo que escribirles pues trataré de hacerlo lo más diligentemente posible, aunque nadie nunca lo lea. Así, al final de mis días podré decir con orgullo, pero sin soberbia: "¡Consummatum est!". Quiera nuestro Amoroso Padre Dios que, así como nuestro Amado Yeshuá, antes de ascender al más allá pueda gritar con alegría: "¡Yo he vencido al mundo!".

NADIE ESTÁ OBLIGADO  

Lo más hermoso sería que muchos de ustedes, sobre todo mis cercanos, también pudieran gritar con alegría: "¡Yo he vencido al mundo!", antes de marchar al más allá. Pero tristemente, ni siquiera a mis cercanos, no les puedo obligar a que se esfuerce por vencer al mundo. La misión del mensajero es dar el mensaje, sin importarle lo útil que sea para cada uno de los que lo reciben. De manera que, pese a la tristeza que me causa, no puedo obligar a mis Princesas a creer en el mensaje y mucho menos a utilizarlo para lograr vencer el mundo.

Nuestro Amado Yeshuá nos dejó varios ejemplos de está triste realidad: "¡Nadie está obligado a ganar el juego!". "¡Nadie está obligado a procurar ganar La Hermosa Amistad de nuestro Amoroso Padre Dios!".  En los Evangelios podemos leer que cada vez que nuestro Amado Yeshuá invitaba a alguien a seguir sus ejemplos simplemente les decía: "Sígueme". Al único que medio le explicó para qué fue a Pedro, quizás porque tenía destinado ser el primer Papa, pero al resto simplemente les invitó sin darles mayores explicaciones. 

Un pasaje de la vida de nuestro Amado Yeshuá nos cuenta que en algún momento le seguían, para todos lados, cerca de 120 personas y, en un arranque de locura, a nuestro Amado Yeshuá se le ocurrió comentar: "El que no coma mi carne y no beba mi sangre no entrará en el Reino de los Cielos" y seguidamente muchos le abandonaron, diciendo que estaba loco. Nuestro Amado Yeshuá ni siquiera hizo el menor intento por detenerles en sus partidas, simplemente aceptó que aquellos que se quedasen lo harían porque querían hacerlo y no porque estaban obligados a hacerlo. De hecho, a aquellos que se quedaron nuestro Amado Yeshuá simplemente les preguntó: "¿Ustedes también quieren dejarme?" y entonces Pedro, que parecía comprender el mensaje, hermosamente respondió: "¿Y a dónde iremos?, si sólo Tú tienes Palabras de Vida Eterna".

La decisión de creer o no en el mensaje que se intenta comunicar es muy particular y dependerá del interés que cada quien quiera prestarle al mensaje. Evidentemente, aquellos que están más interesados en las cosas materiales les costará más comprender un mensaje que se ha dado para el crecimiento espiritual. Queda claro entonces que, para aceptar y comprender el mensaje de nuestro Amado Yeshuá es preciso que aceptemos y comprendamos nuestra naturaleza espiritual y nos preocupemos de la salvación de nuestros espíritus, sino no lograremos vencer al mundo. 

San Agustín solía decir: "¡Aquel que te creó sin ti nunca podrá salvarte sin ti!". Nadie está obligado a procurar a nuestro Amoroso Padre Dios porque cada quien es libre de decidir la vida que quiere llevar. Los que deciden vivir una vida sin Dios pues eso es lo que tendrán, una vida llena de los sufrimientos en los que degeneran los deseos mundanos. Y esto habrá de ocurrir en esta vida o en la siguiente, pero con certeza ocurrirá porque siempre se ha de cosechar lo que se siembre.

SIMPLES MENSAJEROS

La labor del mensajero es muy dura y solitaria, porque muchas veces nos sentimos como el quijote, intentando derribar molinos de viento. Parecemos locos intentando comunicar un mensaje que a los demás no les es interesante o les parece una estupidez o las consideran simples ideas de una mente perturbada. No crean que no sé que muchos de ustedes, incluso mis más cercanos, me consideran un loco, pero a los mensajeros no nos queda de otra que comunicar el mensaje a riesgo de que, incluso nuestros más cercanos, nos lleguen a considerar unos parias.        

Por esto los mensajeros debemos estar conscientes que sólo eso somos: ¡SIMPLES MENSAJEROS!!! Y claro que es muy agotador comunicar un mensaje que nadie comprende. A veces parece que es nuestra culpa, porque quizás no nos estamos dando a entender. Por eso escribo y escribo, por si acaso en algunos de mis escritos logro atinar con que alguno de ustedes comprenda. Y esto lo hago no porque tenga el deseo de tener seguidores sino porque me preocupa que ni siquiera mis cercanos parecen comprender el mensaje y en consecuencia me preocupa que quizás no esté comunicando bien el mensaje. 

Al final del día comprendo que soy un simple mensajero, que debo vivir mi día a día siendo el mejor ejemplo de aquello que intento comunicar. La labor no es sencilla porque debemos vivir en el mundo como si no viviéramos en él. De hecho, eso significa "vencer al mundo", vivir en el mundo pero sin embarrarnos de él. Hacer comprender esto no es nada sencillo, por eso escribo y escribo intentando atinar en el cerebro de alguno, para ver si dejo de jugar solo.

Y he aquí mi deseo oculto: ¡Estoy cansado de jugar solo! Vanidad de vanidades, gritaba el predicador, y he aquí quizás mi torpe humanidad activa. Para poder "vencer al mundo" es preciso que me haga consciente de que soy un simple mensajero y siga comunicando lo que se me inspire sin esperar que mis pares respondan. Pues no me queda de otra que seguir viviendo en el mundo, realizando las tareas que este mundo me exige, pero sin mancharme de él. En consecuencia, debo aceptar la austeridad en la que vivo como un regalo de nuestro Amoroso Padre Dios para evitar que me embarre del mundo. Si tuviera los recursos con los que cuentan muchos de mis conocidos, con seguridad estaría haciendo lo mismo que ellos hacen y consecuentemente no vencería al mundo.



Escrito por: Noel Méndez


   

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